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Un ´remake´ decente

Aunque ´Noches de miedo´ no supera en lo absoluto a la cinta original de 1985, se deja ver y ofrece un par de buenos sustos.

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Cuando Tom Holland escribió y dirigió Fright Night (Noches de miedo) lo hizo como un homenaje a las películas de terror que lo asustaron de niño.

Al estrenarse en 1985, su película no causó mayor revuelo entre la audiencia en general, salvo entre los fanáticos de los vampiros.

Aunque con el andar de los años se ha vuelto una producción de culto para los admiradores del terror juvenil.

Tres años más tarde, el realizador Tommy Lee Wallace hizo una segunda parte de lo más deprimente y que merece un justo olvido porque no aportó nada a lo ya planteado por la imaginación de Holland.

Ahora llega un remake (una reposición) de esa primera entrega, que tiene como principal atractivo a un Colin Farrell que se nota disfrutó su papel de vecino misterioso que se alimenta de la sangre de los habitantes de su barrio. Ese gozo se debe a que el actor vio la película original cuando tenía 13 años y le encantó participar de este nuevo proyecto.

Otro elemento a favor de la actual Noches de miedo es que los efectos especiales ayudan a darle carisma a la cinta y el recurso de la tercera dimensión colabora en un par de sustos (aunque en ocasiones convertidos en chistes) que ofrece su argumento.

Lo que tienen en contra tanto la producción de la década de 1980 como la que ahora está en las salas nacionales es que una trama harto conocida, y por ende, réquete usada en este género de miedos y sobresaltos: chico avispado se da cuenta de una presencia letal, ningún adulto le hace el más mínimo caso y el muchacho no le queda de otra que buscar la manera de resolver el problema por su cuenta.

Noches de miedo tiene en su contra que hay escenas que duran una eternidad, no se aprovechó la presencia de la gran actriz que es Toni Collette (la madre del chico que descubre a su vampiro enemigo) y el final de la trama no es nada fuera de lo común.

El vampiro, todo un personaje cinematográfico, ha pasado por una época de vacas flacas por culpa de Twilight.

Sé que esta saga tiene legiones de fanáticos, pero antes de odiarme deberían ver el Nosferatu (1922, Alemania) de F.W. Murnau; el Drácula de Bram Stoker (1992, Estados Unidos), de Francis Ford Coppola o Entrevista con el vampiro (1994, EU) de Neil Jordan.

¿Quieren un ejemplo más cercano para que no se me acuse de promotor de antigüedades fílmicas relacionadas con señores que se alimentan de la sangre ajena? Les recomiendo Déjame entrar (2008, Suecia), de Tomas Alfredson. Ya verán.

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