Niños y su entorno

Hablando de emociones

Los niños son muy receptivos y es mejor explicarles lo que sucede en su entorno.

Especialistas recomiendan enseñarles a identificar sus sentimientos.

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El proyecto Tammy Gazal-Mizrachi les brinda a los niños y a los padres las herramientas para hablar sobre emociones. El proyecto Tammy Gazal-Mizrachi les brinda a los niños y a los padres las herramientas para hablar sobre emociones.
El proyecto Tammy Gazal-Mizrachi les brinda a los niños y a los padres las herramientas para hablar sobre emociones. FOTOLIA

Miró a su hija de 13 años y entendió que muchas cosas habían cambiado desde que ella hiciera una de las voces de la película animada Up (2009) a los 9 años.

La motivación por descubrir lo que pasaba allí dentro fue la chispa que llevó al director de cine Pete Docter a crear la producción Intensa Mente (2015), junto a su colega Ronaldo Del Carmen.

Alegría, Tristeza, Ira, Asco y Miedo son los protagonistas en un filme que explica de forma didáctica cómo se mueve todo dentro de la mente humana.

Los padres tienen la tarea de enseñarles a los niños a identificar sus emociones para que fluya la comunicación.

Y es que se sabe que existen, pero no se nace conociendo sus nombres, ni cómo identificarlas o cómo reaccionar. Las emociones están en la gran torre de control, que es la mente, pero de algunas de ellas se habla poco.

NO TODO ES COLOR DE ROSA

En lo cotidiano, los padres quieren que sus hijos sean felices, que tengan todo lo que necesitan y, al verlos experimentar tristeza, ira o miedo, pueden llegar a pensar que en algo están fallando, según Rita Banús, psicóloga y coordinadora del proyecto Tammy Gazal-Mizrachi.

“Pensamos que nuestro hijo no debería estar sintiendo eso, y de una vez queremos deshacernos de esa emoción ‘negativa”, comenta. Sin embargo, estas emociones también tienen su lado útil, agrega.

En el caso de la película Intensa Mente, la expresión de la Tristeza hizo que la protagonista, Riley, de 11 años, encontrara el balance en sus emociones.

También el Miedo ayudó a Riley. “El miedo debe ser interpretado como una alerta y debemos aprender a actuar de una manera racional ante él”, comenta Banús, quien en el caso de la ira, explica que es una reacción ante la injusticia y sirve para darnos valor y enfrentar este tipo de situaciones.

“Es importante explicarle al niño: ‘estás enojado, y debes decidir qué quieres hacer’. El problema que tenemos con la ira es que puede convertirse en violencia y hacernos actuar de una manera irracional”, explica.

Es por eso que identificar y comprender lo que se siente es el primer paso para que un niño sea emocionalmente saludable.

“A los niños hay que enseñarles a identificar sus emociones, más allá de estoy bravo, triste o contento (...) Además, enseñarles cómo reacciona su cuerpo cuando sienten algo”, explica la psicóloga Elis Ceballos, de la Fundación Amigos del Niño con Leucemia y Cáncer.

Las especialistas aseguran que los niños son más perceptivos de lo que los adultos creen y, cuando algo distinto sucede en el hogar, lo mejor es que la comunicación fluya. 

VOCABULARIO EMOCIONAL

Bien o mal. Partiendo por lo básico, las emociones son como los colores. Se comienza sintiendo o comprendiendo unas cuantas, pero con los años se va llenando todo de matices.

Alegría, miedo, ira, tristeza, desagrado y sorpresa son elementales, y aprender a identificarlas es el primer paso para la educación emocional del ser humano.

Para la psicóloga Ceballos, esta educación debe ser continua.

“Así como desde kínder les hablamos a los niños de las plantas, más tarde se les habla de las fotosíntesis y en la secundaria la complejidad de las células”, indica.

Se comienza por nombrar las emociones y mostrarles a los niños una carita que representa cada una. Luego se identifica qué produce cada una en el cuerpo. La reacción puede ser distinta en cada persona, y por eso es importante que el niño sepa qué es lo que se produce en él, según la especialista.

Abrir el diálogo sobre las emociones les da a los niños la posibilidad de saber qué es lo que están sintiendo y cómo reaccionar.

“Además, si le abres la posibilidad al niño de hablar de su ira, de su tristeza, de su miedo, de la misma manera que habla de su felicidad; entonces, podrá empezar a contarte cosas que le suceden en su vida cotidiana. Hay una realidad, y es que el niño tiene una vida lejos de sus padres”, comenta la psicóloga Rita Banús, del proyecto Tammy Gazal-Mizrachi.

HABLAR DE LO QUE PASA

En situaciones de enfermedad o de pérdida, los padres no siempre saben cómo comunicarse con los hijos.

Puede ser que piensen que es mejor esconder la tristeza o la preocupación. Sin embargo, los niños son perceptivos y notan cuando algo pasa, lo que podría generar toda una fantasía en la cabeza del pequeño, en donde su pensamiento egocéntrico lo lleva a sentirse responsable de lo que sucede en su entorno.

“Los niños leen los códigos de sus papás y sus reacciones, y apenas los ven saben que algo pasa, pero no saben qué es. El problema viene cuando llenan ese vacío con fantasías”, comenta Ceballos.

Por eso es muy importante explicarles el porqué de las cosas, pues a veces se van a echar la culpa, de acuerdo con Banús.

En el caso de los niños cuyos padres pasan por un tratamiento contra el cáncer, se les puede decir que se tiene una enfermedad que requiere de tratamiento, que asistirán a citas médicas y expresarles que aunque estén lejos los quieren mucho.

DE ACUERDO CON LA EDAD

Acompañar a los niños en sus procesos de enfermedad y guiar a los padres ha sido la labor de Elis Ceballos, de Fanlyc. La psicóloga explica cómo se debe tratar a los niños acuerdo con la edad.

En los niños entre 0 y 2 años, cuando aún no han desarrollado el lenguaje por completo, es importante transmitirles tranquilidad.

“El contacto, la piel, los latidos del corazón calmado, así se transmite esa emoción. El adulto debe estar con ellos para aliviarlos”, comenta Ceballos.

En los de 3 a 5 años, edades en las que ya los pequeños empiezan a entender a los doctores y que algo les duele, el adulto debe ayudarlos a prepararse para los procedimientos, explicarles qué va a pasar cuando vayan al hospital y por qué.

Entre los 6 y 10 años, ya el niño entiende el concepto de la enfermedad y tiene preguntas, y es importante atender a las preguntas sobre la enfermedad, e incluso sobre la muerte.

Ya en la preadolescencia y en la adolescencia, las emociones van tomando matices y los chicos buscan independencia e información.

Además, es importante que los niños enfermos puedan hablar con sus pares acerca de lo que experimentan. Algo que en Fanlyc ocurre durante los campamentos que organizan cada año.

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