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23 dic Pedro Chaluja debe renunciar de Concacaf

CAMPO ELÍAS ESTRADA cestrada@prensa.com

OPINIÓN

La Federación Panameña de Fútbol (Fepafut) hizo público un comunicado de prensa donde pedía la remoción integral de la comisión arbitral de la Concacaf después de los sucesos del miércoles en la Copa Oro, donde se despojó de la victoria a la selección nacional en Atlanta. Me parece que se quedaron cortos, fue una reacción tibia tirando a fría, lo más sensato hubiese sido, por ejemplo, que el presidente Pedro Chaluja hubiera presentado su renuncia como uno de los siete integrantes del comité ejecutivo de la Concacaf, donde fue elegido el pasado mes de abril en Bahamas. Más fácil hubiese sido para el presidente haber dado un paso a un costado como una muestra de descontento y de solidaridad con los jugadores de la selección, que haberle pedido a Andrés Guardado que no cobrara el primer penal que se inventó el árbitro y que empató el partido.

Chaluja no aprovechó la oportunidad de oro que se le presentó para pronunciarse enérgicamente como la máxima autoridad de nuestro fútbol. Le escuché decir a Ramón Cardoze que como él llevaba poco tiempo en la Concacaf, le faltaba más experiencia, pero estaba seguro de que lo iba a hacer. Entre el miércoles y ayer todos se pronunciaron: jugadores, medios, aficionados, Pandeportes y hasta en la Asamblea Nacional, pero nuestro presidente estuvo frío como el comunicado de la Fepafut en el que se quejaba del arbitraje. Chaluja no robó cámara cuando debió hacerlo, por tratarse de un hecho que le dio la vuelta al mundo por la manera descarada e infame como un árbitro le robó a los panameños.

El árbitro Mark Geiger fue solo el instrumento que se utilizó para beneficiar al seleccionado mexicano dentro de esta oscura organización llamada Concacaf y de la que Chaluja es miembro desde abril.

Tal vez por ser integrante del comité ejecutivo de la Concacaf, el presidente de la Fepafut se sintió cohibido para pronunciarse enérgicamente como muchos esperábamos de la máxima autoridad del fútbol en defensa de los intereses de la selección, porque no basta con decir que el árbitro nos robó, era el momento para renunciar y haber dejado un precedente como un signo de protesta.

Hoy ser parte de la Concacaf da más pena que gloria por la manera como esa organización se ha desprestigiado y donde hoy toda su dirigencia huele a corrupción. De haber renunciado, Chaluja hubiese trascendido internacionalmente, pero no haberlo hecho es como refunfuñar entre dientes con la cabeza abajo. Todavía está a tiempo.

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