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23 dic De fracaso en fracaso

CAMPO ELÍAS ESTRADA cestrada@prensa.com

OPINIÓN

El fracaso del argentino Leonardo Pipino con la Sub-23 lo vivieron también Gary Stempel, Cheché Hernández, Alexander Guimaraes y Julio Dely Valdés.

En su momento se criticó que faltaron otros jugadores, que se regaló edad, que faltó físico, las mismas críticas que hacemos hoy. La diferencia con Pipino está en que sus antecesores entrenaron también la selección mayor e igual fracasaron unos meses después en su intento de clasificar a un Mundial. Es decir, fallaron doblemente.

Hoy El Bolillo Gómez no quiso asumir la responsabilidad de dirigir a los chicos de la Sub-23 como sí lo hizo su compatriota Jorge Luis Pinto con Honduras después del papelón que hizo en la Copa Oro. El exentrenador de Costa Rica asumió el reto con la Sub-23, perdió en tres amistosos con Panamá y hoy está en las semifinales del Preolímpico de Concacaf.

Desde el comienzo hubo un relajo con esta selección Sub-23. Primero dijeron que el equipo lo iba a tomar Nelson Gallego, uno de los asistentes del Bolillo, quien lo dirigió una vez, pero repentinamente cambiaron de idea y se lo tiraron a Pipino.

Me parece que el pecado de Pipino fue aceptar y el error de la Federación Panameña de Fútbol fue haberle dado tres selecciones al argentino para que participara en tres diferentes torneos internacionales que se desarrollarían en un lapso de cinco meses.

Primero el Mundial Sub-20 de Nueva Zelanda en junio y al mes siguiente la Sub-22 en los Juegos Panamericanos de Toronto. En los dos torneos participó con la base del equipo Sub-20 y asimismo lo hizo en el Preolímpico de Concacaf. Pipino hizo la más fácil, confió en sus pelaos por el buen proceso que tuvo en el Mundial y los Panamericanos y se la jugó en el Preolímpico donde los jugadores no respondieron.

Nadie puede asegurar que con otros futbolistas de más edad la historia hubiese sido diferente. La realidad que se vivió con este equipo la hemos visto con nuestros juveniles, que siempre han sido inconstantes, en sus rondas eliminatorias son unos bárbaros, pero cuando llega la competencia oficial se les pierde el chip.

Si la federación le hubiese dado la Sub-23 a otro técnico le hubieran hecho un favor a Pipino, pero no garantizaba que se cambiara el curso de este fracaso.

Que Pipino se haya equivocado, claro que se equivocó. Como también se equivocó la federación. Pero es una realidad que el fútbol juvenil está en medio de un mal endémico y la federación no ha dado con la cura.

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