El trabajo de un artista

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La noche del Oscar estaba por terminar. Ya no quedaba lugar para las apuestas. En uno de los rincones, estaba el gran favorito George Clooney y su mejor amigo, Brad Pitt. En el otro, el factor latino del mexicano Demián Bichir y el pedigrí actoral de Gary Oldman. En el escenario, Natalie Portman ya los había nombrado, uno por uno. Y cuando se abrió el sobre, ya no quedaban contrincantes, solo un ganador del Oscar, un actor que se quedó mudo tal cual como en la película The Artist: Jean Dujardin.

El mejor actor del año nació en un suburbio de París, en Francia, el 19 de junio de 1972. Durante su adolescencia su trabajo tuvo que ver con la construcción, ayudando en la compañía de sus padres y la actuación recién empezó a tomar forma, unos años después, en medio del servicio militar. Al principio, se destacó con un espectáculo unipersonal que él mismo había preparado para presentarlo en diferentes bares y cabarés de París. Y recién después, decidió formar el grupo de comedia Nous C Nous (Nosotros Somos Nosotros), que apareció públicamente en el show Graines de Star, en 1996.

En TV protagonizó durante cuatro años la serie de comedias Un Gars, Une Fille con un formato de apenas siete minutos diarios que acaparó más de siete millones de televidentes, un 30% del público local.

Fue ahí, donde la ficción también se cruzó con la realidad y Dujardin se casó con la otra protagonista, Alexandra Larry, en el mismo año 2003 que terminaron con la serie, después de haber hecho juntos 486 episodios y 4 mil 500 sketches. En 2006, estuvo nominado como Mejor Actor para el premio Cesar por la comedia de espías OSS 117: Cairo, Nest of Spies. Y desde aquel entonces, del otro lado del Atlántico, lo señalan como la versión francesa de su más cercano competidor del Oscar, George Clooney. Hasta en la película The Artist tenía el mismo nombre, de George... Valentin. Habiendo ganado por el mismo rol, los premios del Sindicato de Actores de Hollywood, el Globo de Oro, el Bafta y el mismísimo trofeo local del Festival de Cannes, solo faltaba coronarlo con el Oscar.

Ningún otro actor francés había llegado tan alto. Solo él, Jean Dujardin.

–Dicen que el Oscar cambia la vida de cualquiera. ¿Siente que es así?

–No, no. Pero es algo irracional, es surrealista, estoy completamente choqueado. Todo esto parece un sueño, necesito que alguien me pellizque para saber que no estoy soñando. Pero no es un sueño, tengo el Oscar en la mano. Es increíble.

–¿Aunque ya era conocido en Francia, el Oscar lo convierte en una estrella internacional?

–No soy una estrella, soy un ser humano (Risas). Es un lujo tal vez. Me da más libertad, supongo. No soy una marioneta, soy un artista.

–¿Al menos espera que gracias al Oscar vaya más gente a ver la película The Artist?

–Hacemos cine para que la gente lo vea, para que se sienta mejor. Y si van más al cine, mucho mejor.

–¿Qué es lo que más le gusta de Hollywood?

–Me encanta porque en el auto se permite doblar a la derecha, aunque la luz del semáforo esté colorada. Es maravilloso. Para filmar la película The Artist viví cuatro o cinco meses. Me encantó la luz, la energía, las caras americanas y los rollos de canela. Lástima que no hablo tan bien el inglés.

–Al final del agradecimiento del Oscar, en pleno escenario dijo que su personaje de la película The Artist diría algo en especial, si la película no fuera muda. ¿Pero parece que dijo una mala palabra en francés?

–(Risas) No, no. Dije que era increíble, genial, formidable, gracias. Eso dije en francés.

–¿Tuvo tiempo de brindar con el perrito ´Uggie´ de la película The Artist?

– ´Uggie´ está en su casa, en Miami, creo. Ya se fue a dormir.

–¿Ahora que ganó un Oscar va a pedir que pronuncien bien su nombre en Hollywood?

–(Risas) No tengo problemas, que me llamen John From The Garden, Juan del Jardín. Es mucho más fácil.

–¿Sabía que al ganar el Oscar podía convertirse también en el primer actor francés que gana semejante trofeo?

–Sí, sí, lo sabía.

–¿Tiene mucho más sentido?

–Me siento orgulloso, pero también muy nervioso. Es demasiado haber podido estar en una ceremonia del Oscar. Me considero un hombre con suerte.

–¿Desde siempre quiso ser actor? ¿Era el típico sueño infantil?

–Sí, tenía muchos amigos imaginarios y también me gustaba hacer bromas entre familiares o la maestra. Actuar, para mí, es una buena forma de bromear.

Tampoco era muy buen estudiante, me la pasaba soñando en clase. Mis maestros decían que estaba siempre en la luna. Uno de mis maestros llegó a decirle a mi madre: “Su hijo nunca va a aprender nada”.

–¿Los grandes actores de Hollywood que lo inspiraron?

–John Wayne con su forma de caminar, Paul Newman con el saco siempre abierto y John Travolta con su forma de bailar.

–¿Después del éxito que tuvo con el cine mudo, es hora de hacer una película hablada en Hollywood?

–(Ríe) ¿En Estados Unidos? No soy un actor norteamericano, soy francés y pienso seguir actuando en Francia. Pero es posible. Si puedo hacer otra película muda en Estados Unidos, me encantaría. Pero sé que siempre voy a ser un actor francés en Hollywood y tendré que buscar esa clase de roles. Pero tengo algunas ideas que me gustaría desarrollar.

–¿Crear un personaje que no tiene diálogos en una película trae mayores desafíos que otros personajes normales?

–No es muy diferente, porque aunque el público ve una película muda, para mí es una película hablada. No es para nada intelectual, porque yo no soy intelectual.

–¿El hecho de haber realizado una película muda cambió el proceso de crear el personaje?

–No soy demasiado intelectual, pero miré muchas películas. Vi muchísimas películas de Douglas Fairbanks y también Gene Kelly. Me divertí mucho pretendiendo ser una estrella de cine de la década de 1920.

–¿Cuál es la escena que más le gusta de la película The Artist?

–Me encanta la escena del estreno, donde me cruzo por primera vez con el personaje de Bérénice Bejo, porque ahí empieza todo.

–¿Y el zapateo americano?

–También, también. Fue lo mejor, por tanta preparación. Nos llevó cinco meses de ensayo, casi todos los días y la filmamos el último día. No fue para nada fácil. Teníamos demasiada energía porque habíamos tomado un trago especial de cafeína con guaraná.

–¿Lo primero que hizo cuando terminó la película The Artist?

–Me afeité el bigote (Risas). Y aquí estoy, con el Oscar. ¿Te lo presento?

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