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27 nov Campanadas en NY

Cumplir un sueño. Diana, tercera a la izquierda, junto a amigos e hijo frente al Times Square.Cortesía Cumplir un sueño. Diana, tercera a la izquierda, junto a amigos e hijo frente al Times Square.Cortesía

Cumplir un sueño. Diana, tercera a la izquierda, junto a amigos e hijo frente al Times Square.Cortesía

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Desde niña veía las transmisiones por la televisión de cómo se celebraba la llegaba del nuevo año en diferentes lugares del mundo. Nueva York, Sidney, Londres y Japón llamaron mi atención. Ver cada año a la gente reunida en la Gran Manzana esperando que la gran bola de cristal descendiera sobre una multitud en Times Square se convirtió en una asignatura pendiente.

En 2009 tuve la oportunidad de estar, en primera fila, frente a la famosa bola, gracias a unos amigos de la policía de NYC que nos abrieron paso a las 11:30 de la noche. Dicen que ese año fue cuándo más gente asistió a la celebración: éramos más de tres millones de seres; la misma cantidad de gente que vive en Panamá.

Fue un momento especial que jamás olvidaré. La efervescencia se sentía y te das cuenta de que eres un grano de arena en el inmenso mar.

Los motivos. Me fascina Nueva York, una ciudad a la que he ido varias veces pero jamás en diciembre y quería cumplir mi sueño.

Acompañada de mi hijo más pequeño, Erin José, quien entonces tenía 13 años, recuerdo de esa noche con inmenso cariño a mis amigos Sam y JoAnn Koutousakis, quienes viven en New Jersey y han sido en mi vida unos ángeles.

Quedé maravillada con el show Christmas Spectacular en Radio City, hogar de las rockettes. Jamás vi tanta sincronización. ¡Simplemente perfectas!

¿Cómo olvidar mi cena del 31? Cenamos a las 8:00 p.m., en casa de una familia griega. Fue la primera vez que no comí el tradicional pavo y jamón o tamales. Comimos moussaka, giuvetzi, keftedes, kalamata (aceitunas, las mejores del Mediterráneo), arroz pilaf y de postre Baklava, de Grecia, y brindamos con retsina, vino con aroma a resina de pino.

Poco antes de la medianoche, junto a mi hijo y amigos estaba parada frente a la bola de cristal viendo cantar a Jennifer López y Marc Anthony. Y cuando la bola se abrió todo el mundo se abrazaba. Buenas vibras se sentían. Por ello, volvería mil veces más. De regresar, a mi agenda turística le añadiría otras actividades para disfrutar. Nueva York es una ciudad que nunca terminas de conocer. El 1 de enero me fui con mi hijo a esquiar a Camelback, montaña de Pocono, en Pensilvania.

La autora es periodista.

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