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26 dic Capital del imperio

Por siglos fue capital del imperio egipcio; hoy ese poderío se revive en templos y enormes estatuas.

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A 721 kilómetros de El Cairo se ubica la ciudad de Luxor, un punto turístico muy relevante en la ruta para recorrer el Valle de los Reyes, varios templos de faraones, enormes estatuas y el puerto en la ribera del Nilo.

Luego de dos días de navegación por el río desde Aswan, el crucero llega a Luxor, la que fuera conocida como Tebas, capital del imperio egipcio por su riqueza económica y política; prueba de ello son los templos en el Valle de los Reyes.

La primera cita es el templo de Luxor dedicado a Amon-Ra y Khonu. El sendero está flanqueado por enormes estatuas de Ramsés II, un obelisco y columnas con inscripciones de las conquistas del faraón.

Descubrimos en las paredes que los artesanos y artistas egipcios han evolucionado, dando forma más humana a los dibujos de dioses, faraones y esclavos.

Los personajes aparecen con bustos, nalgas, pectorales y rasgos acentuados en las rodillas; dan la impresión de movimiento. El pie del faraón sobre los soldados del ejército conquistado, ya como esclavos, impresiona por su fuerza y detalles.

En tanto, las columnas con venas, adornos y capiteles con diseños trabajados adornan el patio dedicado a los funcionarios para la veneración del faraón.

Los turistas hacen varias tomas fotográficas a la estatua de Ramsés sentado, de más de 15 metros de alto, que lleva la corona del reino y junto a su pierna izquierda, su esposa, la reina Nefertari.

Emprendemos viaje para visitar el Valle de los Reyes, elaborado en un desfiladero que se mimetiza con el color de la roca y el desierto.

Cuenta el guía que Tutmosis I toma la decisión de separar su tumba del templo funerario y encuentra en este valle un lugar secreto. Para su sepultura opta por una cámara al final de una escalera tallada en la roca. Otros faraones deciden acompañar a Tutmosis I, pero este alejado lugar no espanta a ladrones, cuyos saqueos obligan a los sacerdotes a renovar los tesoros, como ocurrió con Ramsés II, el tres veces sepultado.

El paseo bajo un sol candente lleva a cada una de las tumbas, donde un largo pasillo para acceder al sitio del sarcófago relata con dibujos coloreados y en bajorrelieve las conquistas militares del faraón.

Gracias a la envidia el mundo conoce más a fondo el trabajo de los sacerdotes en el templo funerario. El faraón Ramsés VI, lleno de celos, ordenó tirar la tierra que se sacaba de su tumba sobre la apertura de la tumba de Tutankamón, un faraón que murió entre los 18 y 19 años.

Un día de noviembre de 1922, el líder de una expedición, Howard Carter, viaja a la excavación en un burro, y mientras espera a que el animal termine de mover piedras, llama su atención el brillo de un objeto, y el instinto le apresura a moverlas él mismo. Descubre entonces la apertura de la tumba del faraón niño, completa, sin saqueos y que, a pesar de la poca historia de conquistas, está repleta de ropajes, carruajes, utensilios, y lo más importante, su máscara azul y oro.

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