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24 jun Vueltas por la capital francesa

Sitio obligado. El Obelisco.Cortesía Sitio obligado. El Obelisco.Cortesía
Sitio obligado. El Obelisco.Cortesía

Llegué a París con mis primas Nelissa, Nilsa y Aneth Sarmiento Serrud, para recorrer las calles y avenidas de la capital francesa. Nos acercamos a los monumentos turísticos tradicionales para vivir experiencias únicas.

Por mi profesión, esta ciudad europea me regaló muchas motivaciones que disfruté. Pude observar la maravillosa creatividad que es la entrada del Museo de Louvre, innovadora, impresionante y que no atenta contra el estilo y la importancia de este monumento patrimonio de la humanidad.

Recomiendo invertir buenas horas para recorrer los pasillos de este lugar.

París tiene un urbanismo impresionante, con una luminosidad nocturna muy cálida, más aún cuando sabemos que su construcción data de siglos.

A los parisinos los sentimos amables a pesar de la barrera del idioma, dado que por lo regular no les agrada comunicarse en inglés, y el francés para nosotros no es un idioma habitual.

De París nos gustó el área cercana a la catedral de Notre Dame, los alrededores del río Sena y de la Torre Eiffel; en todas disfrutamos de vistas muy bonitas desde cualquier ángulo.

Del palacio de Versalles el turista queda impresionado por su gran tamaño; es monumental. Lastimosamente, cuando lo visitamos sus jardines y fuentes no estaban en su mejor momento por el invierno europeo, pero igual es un sitio que siempre se debe visitar durante un viaje a París. Es fuera de este mundo.

La comida es espectacular, me comí un filete mignon muy bueno y el precio fue accesible.

Nada es barato en París, les comento que en los Campos Elíseos los precios son altos, por ejemplo, una cerveza puede costar de unos 10 a 11 dólares.

De esas experiencias únicas les cuento que una noche perdimos el último metro en circulación para regresar al hotel, por lo que tratamos de detener un taxi en la calle, pero ninguno se detuvo y tuvimos que caminar por unas dos horas hasta “la Défense”. Llegamos de madrugada al hotel. Después nos enteramos de que los taxis no se detienen en la calle como lo hacen en Panamá. Tome nota: en París hay que pedir los taxis.

El autor es arquitecto

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