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27 nov Las luces de los Campos Elíseos

Robert St. John en el centro de la peatonal parisina de la última noche del año. Cortesía Robert St. John en el centro de la peatonal parisina de la última noche del año. Cortesía

Robert St. John en el centro de la peatonal parisina de la última noche del año. Cortesía

Cortesía del la Embajada de Francia Cortesía del la Embajada de Francia

Cortesía del la Embajada de Francia

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De haber tenido mi twiter el 31de diciembre de 2009 me hubiese dado el gustazo de poner en mi dirección o localización de google tres palabras: Ave. Champs-Élysées, en París.

Para los parisienses es una buena costumbre en la última noche del año acercarse a esta gran avenida y a la medianoche juntos esperar la llegada del nuevo año.

Como medida de seguridad la policía cierra a primeras horas de la tarde la avenida, se convierte en una gran peatonal y junto a cientos de miles se pueden presenciar los fuegos artificiales junto a la Torre Eiffel.

Este es un lugar de ensueño y con la peatonal se disfruta de un regalo excepcional, pues la grandiosa avenida, iluminada y decorada para las fiestas de diciembre por el ayuntamiento, forma parte del sector turístico muy apreciado, pues cerca se ubican la Torre Eiffel y el Arco del Triunfo.

Se podía reconocer por el idioma a otros ciudadanos europeos, así como latinoamericanos y estadounidenses, todos disfrutaban de la noche cargando sus botellas de champaña en espera del momento importante.

A la medianoche, además de contar los segundos para la llegada del año nuevo, también vimos nevar.

Siempre había leído de la particular tradición para la nochevieja francesa, mejor conocida como reveillón, que la celebración incluye salir a la calle a darle la bienvenida al nuevo año, y entre todos crear una atmósfera de mucha expectativa.

Ese compartir se convirtió en algo por hacer y quise ser parte de la fiesta en la ciudad mejor conocida como “la ciudad de luces”.

En los primeros segundos todos nos felicitamos, al que esté más cerca como si fueran viejos conocidos o miembros de la familia, se desean augurios de buena dicha para el nuevo año.

A la espera. El 31 de diciembre al mediodía cumplí con la promesa de visitar la capilla de la Medalla Milagrosa. En la tarde, a las 5:00 p.m., subí a Montmartre para visitar la Basílica y darle gracias al Sagrado Corazón por la dicha de estar allí. A la salida se topa uno con el tumulto de personas haciendo lo mismo.

En un café cercano disfruté de la última comida de fin de año, una cena que empecé con una rica sopa de cebolla, luego ostras frescas, foie gras, salmón ahumado y por supuesto, una burbujeante champaña y de postre, pastelería francesa. Después de la cena, tomé el funicular para observar desde lo alto a la ciudad de las luces encenderse: la Torre Eiffel, el Trocadero y el río Sena.

Me sentí seguro, con un despliegue de policías. Vivir esa experiencia fue algo mágico, algo que ojalá todos pudieran vivir. Volvería a París, sin embargo, tengo muchos lugares para visitar la próxima nochevieja.

El autor es travel industry consultant.

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