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26 dic El oasis de Aswan

Para ser una ciudad tan pequeña, la importancia de esta zona puede descalibrar su itinerario. La mezcla de historia y paisajismo lo dejará embelesado por horas.

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Si se encuentra en El Cairo y quiere conocer más del encanto que guarda Egipto en todas sus esquinas, solo debe tomar un avión que lo traslade al pueblo sureño de Aswan, el cual se encuentra a tan solo hora y media de la ciudad, en la parte oriental del río Nilo.

En Aswan están muchos de los sitios emblemáticos que debe conocer de Egipto.

Las canteras de granito rosado más grandes del país y de donde se extraía el material para grandes estructuras religiosas, colosos, obeliscos y templos se hallan en esta zona, a pocos kilómetros de la ciudad. Incluso el material era trasladado varios kilómetros, a petición de los faraones, para la construcción de sus templos.

Otra parada obligada es La Nueva Represa de Aswan, culminada en 1964 y situada a cuatro millas de la represa antigua o menor (como se le conoce), que es donde se produce toda la energía que consume Egipto. Estas estructuras –que se alimentan del río Nilo– son resguardadas por militares, ya que una sola falla en ellas perjudicaría a todo el país.

La colosal masa de agua que es el Nilo fue redirigida para crear uno de los lagos artificiales más grandes del área (157 mil millones de metros cúbicos de agua).

Precisamente es en esta zona de Egipto en donde es ideal tomar un crucero que lo lleve desde la parte sur del río Nilo hasta Luxor –una población egipcia edificada sobre las ruinas de la ciudad de Tebas, que fuera capital del imperio–, otro punto que no puede dejar de recorrer. Aquí se concentran más de 400 cruceros de los cuales no provoca salir. Estos ofrecen hospedaje con servicios básicos y a precios accesibles.

Mientras el barco esté anclado usted puede contratar un paseo en faluca o falucho (típicas embarcaciones de pescadores). Durante este recorrido podrá bañarse en las aguas del histórico Nilo y, más tarde, recostarse en las suaves y rojizas arenas del Sahara.

Vale la pena, luego de este merecido descanso, visitar el Pueblo Nubio, comunidades que viven en el desierto y en donde aún se puede apreciar de primera mano la cultura de estas afables personas.

Sus calles de arena están paradójicamente plagadas de colores vivos de los puestos de mercadería que abundan en el área.

Hacerse tatuajes de henna (un tinte natural), bailar con los niños de una familia local, y beber un poco de té verde con menta son algunas de las actividades que puede disfrutar antes o después de detenerse en cada puesto de artesanías, especias y ropa que ellos mismos tienen al lado de sus casas.

Al salir del pueblo, y ya de regreso al crucero, observe el color azul oscuro y brillante del río. Es un paseo lleno de relajación y cultura.

Desde este punto y a unos 320 kilómetros de Aswan se encuentra Abu-Simbel, sendos templos, uno dedicado al dios Amon-Ra (el dios de los faraones, de la vida, de la muerte y la resurrección) y otro en honor a la diosa Hathor (diosa del amor, la alegría, las danzas y las artes musicales). Ambos fueron mandados a hacer por Ramsés II en el siglo XII a.C., para él y su mujer Nefertari.

Tras un acuerdo internacional y con la colaboración de la Unesco y decenas de países, los templos fueron rescatados de la inminente amenaza que les representaba la erosión provocada por las aguas de las presas de Aswan. Se tomó la decisión de separar las estructuras en miles de partes para trasladarlas de su sitio de origen.

Su gran tamaño y perfecto estado de conservación hacen de este templo uno de los más atractivos de Egipto. En la fachada hay seis estatuas, cuatro de Ramsés II y dos de su mujer predilecta Nefertari, cada una de 20 metros de altura.

Al continuar navegando por el Nilo hasta llegar a Kom-Ombo, en la ribera oriental del río, hallará un templo particular, por ser doble, es decir, dedicado a dos dioses: Haroeris y Sobeck.

Más arriba y casi llegando a Luxor está Edfu, una pequeña ciudad que es custodia del templo Khnum, uno de los mejor conservados en el tiempo, ya que estuvo bajo la arena del desierto hasta el año 1900.

Es recomendable dar un paseo por Edfu en calesa, una especie de carruaje que aún usan locales y turistas. Es una buena manera de despedirse de esta ciudad.

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