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31 oct Otro paraíso olvidado

A hora y media de Panamá se encuentra la pequeña Isla Grande, un sitio valorado por extranjeros al que no se le aprovecha su potencial.

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Hace una década pensar en tener una carretera buena que conectara La Guaira con Portobelo era una utopía.

La gente que viajaba a La Guaira a tomar el bote hacia la pequeña Isla Grande zigzagueaba entre baches de lodo sobre la desastrosa vía por más de una hora.

Ahora que la brecha de tiempo disminuyó a unos 20 minutos gracias al asfalto, tanto La Guaira como Isla Grande se convirtieron en la nueva utopía del paraíso caribeño.

Isla Grande, no solo no ha progresado en 10 años, aun peor, tiene el atraso marcado de la marginación, quedando a hora y media de una capital que se ufana de ser la más moderna de Centroamérica.

La Cholita, Villa Ensueño, Congo e Isla Grande, que no deberían llamarse hoteles ni cabañas, sino pensiones, por su destartalada existencia, tienen tan poco que ofrecer al turista que su ocupación es baja el fin de semana común, y casi nula entre semana.

Es cierto que el mar es bello, tranquilo y provoca un sentimiento apacible, pero a la hora de descansar la comodidad es necesaria. Solo dos hoteles sacan la cara por la isla: el Sister Moon y el Bananas Village Resort.

El primero se encontraba cerrado por remodelación y abrirá el primero de noviembre, dijo uno de los empleados; del Bananas Village Resort puede enterarse en su página web.

Al llegar a La Guaira, el terreno donde se estacionan los carros está salpicado con botellas de plástico, latas de soda y basura.

Lo mismo ocurre en Isla Grande, según el lugareño Nelson Hurtado, panguero de 18 años, quien solo realizó estudios hasta tercer año de secundaria, “la basura la recoge el municipio, a veces hasta después de un mes”.

Mientras tanto, los isleños llenan de bolsas con desechos el frente de sus casas, “y lo peor es la basura que se acumula de los hoteles”, agrega.

La casa en Isla Grande del diputado Nelson Jackson sobresale, está pintada de manera impecable con paredes naranjas y techos azules, y en su frente no tiene basura.

En la isla no hay farmacia, algunas medicinas básicas se pueden conseguir en la tienda.

El centro de salud solo abre los fines de semana. Si alguien se enferma entre semana “tiene que ir a Portobelo o Colón”, cuenta Nelson, que con su nueva mayoría de edad es padre de una niña de un año.

La panga que maneja Nelson para transportar los visitantes de La Guaira a Isla Grande tiene el tapón flojo. por eso cada vez que llega a cada orilla debe sacar el agua que se va llenando en el fondo.

Él, como delantero del equipo de fútbol de Isla Grande, añora tener toda la indumentaria, incluidos los tacos, para enfrentarse a los cuadros vecinos de La Guaira, Juan Gallego, Portobelo y Palenque. Nelson solo sabe manejar el computador para chatear y desconoce los programas básicos.

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