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26 dic El puerto de Egipto

Ciudad que tiene como fundador al conquistador Alejandro Magno, ha sido y es punto comercial y archivo del saber humano

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Al escuchar su nombre, Alejandría, se evocan aventuras, conquistas, la puerta de entrada al Oriente Medio para el comercio y sede del estudio.

La historia de esta tierra costeña nace con el sueño que de ella tuvo el conquistador Alejandro Magno, y su fama política, comercial y cultural creció con los años, por conocidas razones y personajes que en ella vivieron.

En una isla frente a su costa se construyó, en el siglo III antes de Cristo, un enorme faro, que por siglos fue una de las estructuras más altas del mundo conocido. Hoy ese faro es otro atractivo turístico al ser redescubierto entre 2008-2009 bajo las aguas de esta costa egipcia.

Además, está inscrita en la historia del mundo por ser capital cultural al abrir las puertas, en dos ocasiones, a una enorme biblioteca, en la que se reunieron los manuscritos con todo el conocimiento humano.

Visitar Alejandría es una de las giras adicionales que se le ofrecen al turista. Por ser un día completo de viaje, la llamada para levantarse fue a las 5:30 de la mañana, pues había que estar listos para salir una hora más tarde.

El viaje desde El Cairo por la autopista toma tres horas, a la que agregamos una hora más por el pago del peaje. El paisaje es similar al de los otros dos viajes de larga distancia que hemos realizado. A ambos lados el desierto ordena e impera, es como si el sol mismo hubiese bajado a pintar con su color personal cada grano de arena.

A las 9:00 de la mañana el guía anuncia una parada de media hora en un centro comercial para ir al baño y tomar una taza de café. Como en otras ocasiones, el baño femenino es punto de encuentro de lenguas y razas, todas entienden que la sonriente mujer egipcia que abre la puerta solo requiere de nosotras una gracia, sea en libras egipcias o dólares (esta última es la divisa preferida), para ganar un trozo de papel y ayudar con lo que se necesite. El café se agradece, fuerte y oloroso, para aguantar lo que falta.

Entramos a la ciudad, que tiene rasgos de actualidad y vestigios del tiempo, algo menos contaminada y con mucho más movimiento peatonal. El caos vehicular es peor que en la capital, pues entre los autos avanzan carretas cargando sacas de algodón que llevan el mercado o la pesca diaria, la que se expone a la mirada del comprador. El guía nos recuerda que estamos junto al mar, y que en Alejandría la gastronomía atrae a los turistas, y promete para el almuerzo un menú diferente al que llevamos degustando en 7 días de gira.

La maestría del chofer vuelve a maravillarnos –cual si fuera el mismo que condujo el autobús que utilizó Harry Potter en su tercer libro (El prisionero de Azkaban) en su fuga de la casa familiar, el cual se desdoblaba entre dos autobuses por el centro de Londres–, para cruzar las estrechas y cuadrados bloques de calles de esta ciudad.

El movimiento comercial es más variado en esta ciudad, con la mercancía expuesta en las tiendas al menudeo como los locales de llantas para autos, hilos de coser y técnicos de aire acondicionado, estufas, abanicos y reconstrucción de autos.

Esta urbe acunó a científicos, pensadores e historiadores, y creó innovadores centros de estudios, como las bibliotecas. La Gran Biblioteca maravilló al mundo, donde se guardaron más de nueve mil documentos, y fue destruida, según unas versiones históricas, en el siglo XVI, perdiéndose su invaluable tesoro. En 1987 se planteó un proyecto cultural para construir una nueva biblioteca y este contó con el apoyo de la Unesco y el aval económico de varios países europeos, árabes y Egipto.

La Nueva Biblioteca de Alejandría fue inaugurada el 16 de octubre de 2002, y el evento, contó con la presencia de presidentes, miembros de la realeza y personalidades de la ciencia y la cultura. Ubicado en el área universitaria, el edificio es una hermosa estructura semicircular, con una pared con escritura jeroglífica, fuentes, un enorme globo terráqueo y un patio para exhibiciones culturales. Pero su verdadera belleza está en el interior.

Un cartel anuncia la oferta de la sala de lectura: Impresiones de Alejandría, El mundo de Shadi Abdel Salam, ciencias sociales, colección especial de libros raros, arte, biblioteca multimedia, religiones, centro de aprendizaje, filosofía y psicología, revistas y periódicos, mapas, referencias periódicas, sala de exhibiciones, lenguas, retórica, ciencias naturales, matemáticas, tecnología (ciencias aplicadas), archivo en internet, literatura, geografía e historia y el depósito de colecciones.

La luz solar entra a raudales gracias al techo de vidrio iluminando el recinto y los desniveles para las diferentes opciones. Reina el silencio, a pesar de que en la sala hay parejas de jóvenes universitarios trabajando en la computadora o en mesas revisando varios libros en los miles de anaqueles.

Comenta el guía que al finalizar la construcción llegaron donaciones del extranjero y de los mismos egipcios con piezas invaluables, libros, tesoros arqueológicos y variedad de objetos que forman parte de la colección privada.

De las tantas opciones turísticas, el grupo se dirige al centro de la ciudad para visitar un parque arqueológico bien conservado y con exhibiciones al aire libre. Estando al otro lado del Mediterráneo, Alejandría fue ciudad del imperio romano y los arqueólogos han hallado pruebas de ello, siendo la más simbólica la Columna de Pompeyo, una estructura de más de 20 metros de altura, con un diámetro de 2.71 metros en la base.

De la columna se han escrito varios posibles orígenes, tanto que debe su nombre a la suposición hecha por los cruzados de que ésta señalaba el lugar donde había sido enterrado Pompeyo, como que fue erigida en honor del emperador Diocleciano, gracias a una inscripción hallada en el lugar.

Antes de emprender el regreso a la capital, cumplimos con la tradición vespertina del pueblo, dar una caminata por el muelle, recorrer el mercadillo, las últimas compras y contemplar cómo el sol deja de iluminar el cielo del puerto de Alejandría.

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