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11 ene Un turismo poco convencional en Panamá

El ecoturismo, una industria poco explotada en Panamá, se une al concepto de hotel boutique, creando así un ambiente único, íntimo, y con un poco de aventura. Típico de un hotel boutique, no cuentan con muchas habitaciones, no son dados al mercadeo masivo, tienen un servicio personalizado, y por lo general brindan una atmósfera de privacidad.

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AVENTURA SOBRE UN ‘HOTEL’ FLOTANTE

Desde el momento que se toma la lancha en la rampa pública de Gamboa comienza la aventura. Carl Davis, propietario de Jungle Land Panama, recibe a los visitantes en un barco con instalaciones de alojamiento en medio del Lago Gatún.

Durante la travesía, Davis habla sobre datos históricos del Canal de Panamá, con un español muy fluido (es estadounidense) y con un par de chistes de vez en cuando. Hace pequeñas paradas para observar monos, a los cuales se les puede alimentar, sin embargo él mismo advierte a los turistas que lo mejor es no tocarlos, ya que son criaturas salvajes.

Después de aproximadamente treinta minutos de viaje desde la rampa, se llega a una estructura flotante conformada por un barco de dos pisos con el resto de la estructura hecha de madera, muy bien construida, con un color verduzco que logra mimetizarse con el paisaje del área, la selva.

Se pueden apreciar varios animales, incluso algunos que se encuentran en peligro de extinción. “No sé si calificamos como hotel boutique. Somos más rústicos y nos inclinamos más para una aventura en vez de una experiencia mimada. No estamos registrados como hotel sino como bote”, comenta Davis.

“Cuenta con cinco habitaciones, y los turistas pueden hacer turismo en botes, ver la fauna, la flora, pescar, navegar en kayak”, o simplemente bañarse en el área, la cual tiene una temperatura sumamente agradable, explica el empresario. La instalación ofrece varias opciones de servicios, tanto a nacionales como a extranjeros. Para los nacionales el pasadía cuesta 65 dólares para los adultos y 40 dólares para los niños de seis a 12 años.

La estadía de 24 horas cuesta 125 dólares para los adultos y 75 dólares para los niños. Estos precios no incluyen el transporte a la rampa pública donde se aborda la lancha rápida.

Para los extranjeros los pasadías se ofrecen a 95 dólares; estadías de una noche, a 125 dólares; de 24 horas, a 175 dólares. Los precios son por persona y los paquetes son “todo incluido”, aclara el dueño. “No sólo incluye las comidas y la estadía, sino también las actividades sin costo extra”. “Por lo general los clientes no se quedan más de una semana”, agrega.

Cuenta con energía eléctrica producida por un generador, aunque no es mucho lo que se necesita, dice Davis. Esta instalación no cuenta con “wi-fi” o internet inalámbrico, así que llevar una laptop no es una opción.

Davis empezó a trabajar con el barco hace nueve años. En ese entonces solo ofrecía paseos turísticos por el lago Gatún. Con el paso del tiempo realizó algunas expansiones y ha estado anclado en varios lugares del lago. Desde hace seis años se encuentra en el mismo lugar.

AVISTAMIENTO DE AVES

Ubicado a 285 metros de altura en el Cerro Semáforo, dentro del Parque Nacional Soberanía, y a solo 30 minutos de la ciudad de Panamá, está el Canopy Tower, hotel boutique ideal para los amantes de las aves o animales, o para aquellas personas que simplemente buscan estar rodeados de la naturaleza.

Originalmente fue construido en 1965 por la Fuerza Aérea de Estados Unidos (EU) como radar para la defensa del Canal de Panamá, pero actualmente es un centro de observación de selva tropical y hotel eco turístico.

Este hotel cuenta con cinco pisos, y tiene 12 habitaciones. En el último piso tiene una variación de esfera geodésica de aproximadamente nueve metros de altura, la cual era utilizada para proteger el radar de los elementos.

Su decoración es sencilla, pero acogedora. Y por supuesto la vista es “verde”: árboles, aves, animales y naturaleza por doquier.

Las habitaciones no cuentan con aire acondicionado. ¿La razón? La temperatura es agradable y siempre hay brisa. Además, el ruido de los sistemas de aire acondicionado no permitiría que se aprecie el sonido de la naturaleza.

Cuenta su propietario, Raul Arias de Para, “que cuando estaba construyendo el Canopy Tower hubo momentos de duda sobre el éxito que iba a tener la empresa. Cuando esos momentos aparecían yo me iba al Mirador y sentía el viento, escuchaba a los monos aulladores y veía las aves, y mis miedos desvanecían”.

Por supuesto, la vista desde el Mirador es única e indescriptiblemente fascinante. No todos los días se puede apreciar la copa de los árboles desde el confort de un hotel.

Sus precios oscilan desde 105 dólares, para una habitación sencilla en temporada baja, y 245 dólares para una suite en temporada alta. Estos precios son por persona y por noche. El hotel requiere un mínimo de tres noches. Incluye alojamiento, impuestos, comidas (con vino en la cena), internet inalámbrico y un tour introductorio de aves.

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