Cultura
Hizo añicos ese eterno pregón de que es divo e inalcanzable. Mario Vargas Llosa, el último premio Nobel de Literatura de Latinoamérica, llegó antes de la hora programada a la inauguración del 14 congreso de la Asociación de las Academias de la Lengua que se celebra desde hoy, lunes 21 de noviembre, en Panamá.
Alto, imponente y vestido de azul oscuro, irrumpió en el salón Gran Barú del Sheraton con el magnetismo de una estrella, de una estrella de las letras. Estaba escoltado por la escritora Rosa María Britton y de un señor de pelo cano y bajito que le hacía reír a veces. “Me puedo tomar una foto con usted”, le dijo una mujer con la mirada extasiada.
Él le sonrió como galán de película de los 40 y luego el flash de un Blackberry inmortalizó la escena. Vendrían muchas fotos más. Saludos por doquier y hasta quienes le hablaron de sus libros. Él a todos atendió por igual. Se le veía sereno y contento.
¿Hace cuanto no venía a Panamá? me anime a preguntarle. Me respondió sin dudarlo: “Hace tres años”.
Le volví a preguntar: – ¿Y cómo le parece? “Ha cambiado mucho, está más bonito, se nota el progreso, es un gran país”, dijo.
Y por último le dije – ¿cómo ve el resultado de las elecciones en España? Sonrió brevemente, y luego contó que no las siguió con mucha atención pero que era el resultado que se esperaba. “Es una esperanza para un pueblo en crisis”.
Y allí terminó esta mini entrevista sin grabadora. Más adelante en medio del acto inaugural, volvió a piropear a Panamá. “Se ha hablado de sus virtudes, pero no se ha hablado de la virtud de su universabilidad. Panamá ha vivido en contacto con todas las naciones (...) Panamá se adelantó a su tiempo”, señaló.
De la lengua española, el acto que lo trajo a Panamá, advirtió que no hay que permitir que se barbarice y ni se empobrezca. Y a los jóvenes escritores les mandó un mensaje: “No tienen que sentir que la Academia española de la lengua tiene una especie de sarcófago (...) allí se habla normal... hasta como en las cantinas".
Después de sus palabras llegaron más discursos y el evento se terminó. En medio del torbellino de saludos y de peticiones de autógrafos y fotos, se observó a una mujer vestida inmaculadamente que lo miraba desde lejos con adoración. Era Patricia Llosa, su esposa y madre de sus tres hijos Álvaro, Gonzalo y Morgana. Se hablaron al oído, se dejaron fotografiar y luego salieron del recinto abarrotado de admiradores. Ella le dijo: “Gonzalo está ahí esperándonos” y en efecto.
A pocos pasos se reunieron con Gonzalo, quien en el pasado vivió en Panamá. Se fueron rumbo a la Presidencia donde el presidente Ricardo Martinelli y su esposa Marta les ofrecerían una cena en la Casa Amarilla.
Mañana, martes, la agenda del autor de La Ciudad y Los Perros y El Paraíso en la Otra Esquina será intensa en Panamá. Bueno, es que todos los días no se tiene a un nobel de visita.
(En el video que acompaña esta nota podrá apreciar las palabras que diera Vargas Llosa en el inicio del Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española).
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