El regreso del exdictador
09/12/2011 - Para Aurelio BarrÃa, dirigente de la Cruzada Civilista, el retorno del exdictador Manuel Antonio Noriega a Panamá exacerba los espÃritus y los sentimientos, hace recordar los aciagos momentos que se vivieron en la dictadura y hace recordar lo acontecido hace más de 22 años “para que no se vuelva a repetir”.
BarrÃa, un empresario que participó activamente en el movimiento civil que combatió abiertamente a Noriega –que gobernó de facto Panamá entre 1983 y 1989–, asegura no tenerle “odio ni rencores”, a pesar de que fue vÃctima de los ataques y persecuciones de los militares.
“Noriega [de 77 años] regresa para cumplir con las condenas que le fueron dadas por homicidio (…). Nosotros pedÃamos justicia, libertad y democracia… Eso es lo que evoca el sentimiento civilista en este momento”, sostiene BarrÃa en una entrevista con Prensa.com.
RECORDAR PARA NO OLVIDAR
Cuando BarrÃa participó en aquellas concentraciones de centenares de ciudadanos, que salÃan a las calles vestidos de blanco, tenÃa 35 años y formaba parte de la mayorÃa de los panameños que “estaban cansados” de la opresión. Fuimos los indignados de la época, comenta.
Por la situación que se vivÃa en el paÃs, recuerda BarrÃa, “habÃa miedo en las calles, la gente no se atrevÃa a hablar… Fuimos perseguidos y agredidos; mantuvimos una resistencia constante, pacÃfica, no violenta”.
Por eso salimos a las calles, vestidos de blanco, con pañuelos, pitos y pailas. Era una forma de protestar pacÃficamente en las calles y de gritarle al mundo lo que aquà estaba pasando, explica. “Un pañuelo no puede enfrentar un fusil, pero inspira la voluntad de los ciudadanos”, agrega.
‘CERTEZA DEL CASTIGO’
Noriega no solo cometió crÃmenes de lesa humanidad, también hizo graves daños a la población, por los cuales debe ser castigado, sostiene BarrÃa, quien este viernes, 9 de diciembre, volvió a la Calle 50 a protestar con otros miembros de la reactivada Cruzada Civilista para exigir “justicia”.
En efecto, el exdictador panameño tiene pendientes casos de delitos de lesa humanidad, por la desaparición forzada de personas en la dictadura.
Noriega debe pagar condenas por el homicidio de Hugo Spadafora, ocurrido el 13 de septiembre de 1985; por el crimen del mayor Moisés Giroldi; y por la denominada “la masacre de Albrook”, en 1989, donde fueron fusilados nueve militares.
Por tal razón, sostiene BarrÃa, el juez que evalúe la situación de Noriega y determine si se le da o no su casa por cárcel, debe tener en cuenta “que aquà ha habido no solo un homicidio”.
BarrÃa afirma que hay otros casos que no se han ventilado, como el de Carlos Guzmán, personas que fallecieron, que desaparecieron, cuyos procesos judiciales no se han efectuado porque Noriega solo ha sido procesado por los crÃmenes “más notorios”.
Por eso, insiste, hay que pensar: ¿Qué pasa con las madres que perdieron a sus hijos y los hijos que perdieron a sus padres? ¿Qué le vamos a decir a ellos ahora? Que la persona que cometió delitos, que violentó derechos, tiene que pagar sus condenas en la cárcel.
“Lo único que pido es que el Ejecutivo, el Presidente de la República, no se involucre, y deje esto en manos del Órgano Judicial”, puntualiza BarrÃa.
Vea la entrevista completa con Aurelio BarrÃa en el video que acompaña esta nota y que forma parte de una entrega especial de Prensa.com sobre el retorno del exdictador.
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