Locales
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Putas, llovía. La marcha estaba anunciada y el octubre lluvioso amenazaba. La organizadora de la caminata, Joyce Araujo, dijo por Facebook en medio de una tregua de sol: “¡La madre naturaleza nos brilla!”. ¿La cita? El Ministerio Público, a las cuatro de la tarde.
La Marcha de las Putas, versión Panamá, se hizo el martes con su dosis de máscaras, tacones e irreverencias. Arrancó justo frente a la iglesia Don Bosco, y cuando desde el campanario se anunció la misa de las cuatro y media, un joven alzó su cartelón en el que se leía: “Menos violencia, más orgasmos”.
La historia es conocida. Un policía canadiense -tal vez de esos que tan bien describe Calle 13 en su tema Tributo a la Policía- tuvo la desafortunada idea de culpar a las mujeres (y sus vestimentas) por las agresiones sexuales que sufren. Pues bien, como escribió una en un pedazo de cartón: “Estamos indignadas y emputadas”.
Porque no puede ser -se oyó por el megáfono- que al que robe una vaca le caigan más años de cárcel que al que mata a una mujer. Y así pasa en Panamá.
Las cuentas que lleva el Espacio de Encuentro de Mujeres son de angustia: 46 mujeres muertas de forma violenta durante 2011. Treinta de ellas, víctimas del femicidio. Por eso hay que denunciar “el encubrimiento y la tolerancia a la violencia sexual contra las niñas y mujeres de todas las edades y apariencias”, establece un comunicado del Comité Latinoamericano para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (Cladem).
Dulce Ana, representante de las trabajadoras comerciales del sexo, se calzó tacos altos y exigió que cesen las muertes: “Hace unos días nos mataron a otra”, denunció.
Venus Tejada, representante de la Asociación Panameña de Personas Trans, hizo el trayecto hasta la Plaza 5 de Mayo portando un cartelón. En la marcha estuvo también la Asociación de Hombres y Mujeres Nuevos, la juventud perredé, estudiantes universitarios, algún político que aprovechó para estrechar manos, la Red de Mujeres Trabajadoras, y mujeres y hombres de todos tamaños, colores y preferencias.
“¡Exigimos que la paridad política deje de tomarse como broma! ¡No puede ser que una mujer gane 28% menos!” ¡Exigimos un estado laico y una educación sexual responsable!”.
Desde las aceras, niños de la Escuela Pedro J. Sosa miraron a los participantes y se rieron de la que llevaba una peluca verde. Otro más reaccionó con ansiedad al ver al chico con una máscara de Scary Movie.
Las reacciones de los adultos fueron más “pintorescas”. Una mujer se escribió en el pecho “No tocar”, y más de una mirada se posó allí para luego quitarla, nerviosamente.
Otra mujer cargó un cartelón en el que escribió un mensaje explícito: “No soy una vagina caminante”. Algunas mujeres lo leyeron y sonrieron; otras pusieron gesto de desaprobación.
Entre mensajes y consignas, Malucón tuvo tiempo para bailar y pintar graffittis. Un peatón enjumado decidió unirse, solo para aprovechar el ritmo de la murga.
“¡En un Estado de derecho no mueren niños encarcelados!” “¡Abajo la corrupción!” “¡No más Juan Hombrón!”. Las “putas”, todas alegres, aprovecharon el momento para expresar también su disconformidad política.
Araujo dijo en alguna entrevista que inicialmente se pensó en cambiar el nombre de la marcha, porque la palabra puta tiene una fuerte connotación en Panamá. Al final lo dejaron así, con todo y los argumentos en contra.
Por eso pasaron cosas como esta: están dos mujeres en la acera, observando, como lo hizo toda Calidonia. ¿Y esta marcha de qué es?, pregunta una. “De las putas”, responde la otra. Y la primera se lo cree a pie juntillas: “¿Sí?”.
Quien sabe, vamos, que por ahí andábamos algunas. Como escribió una en su pedazo de cartón: “Si ser libre, independiente y feliz es ser puta... Entonces sí, soy bien puta”.
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