El último viaje

Temas:

Una bocina suena fuera de control. Es una alarma, anuncia que está cerca un diablo coloreteado y con ruedas. Un “diablo rojo”. “¡Los Pueblos, Vía España directo!” A toda boca y pulmón, el “pavo” promociona la ruta y ventila las beneficios que ofrecen: “¡Hay puesto y vamos rápido!”.

La gente se apresura, se amontona, se mira mal y se empuja en la lucha por abordar. La puerta del vehículo se convierte en una especie de embudo para seres humanos. Otros, hombres en su mayoría, invaden el interior del vehículo desde la escotilla trasera. El celaje se pinta de escarlata al fondo; casi sale el sol y hay que llegar, como sea, al destino.

Los “diablos rojos”, otrora amos y señores del transporte público panameño, viven sus últimos días. Especie sentenciada a la extinción tras el ultimátum del Gobierno: los 700 que quedan deben salir del sistema antes del 15 de marzo próximo. Solo habrá metrobuses refrigerados y con tarjetas prepago. Fin del libre albedrío.

¡ALLÁ VAMOS!

“Especial Vladimir”, “El odioso”, “Fello” o “Nave del sabor”. Suelen tener nombres llamativos los “diablos rojos”. El que se detuvo en el popular Parador entre Juan Díaz y Pedregal no fue bautizado con ninguno. O tal vez sí; la pintura –más bien, la poca que queda– está borrosa, descascarillada. Habla de años y años de rodar bajo sol y lluvia. No es el más nítido de los buses que han transitado por las avenidas de Panamá.

Sube el último pasajero. Fuera frenos, palanca en primera y vámonos. Ya adentro de la nave y en marcha, empieza la aventura y/o el suplicio, según se vea. Porque viajar en un bus tradicional con muchos kilómetros de tranque por delante puede ser como tener un boleto para una dimensión surrealista, en la que la ficción vence la realidad. Hay que estar preparado para todo.

La nave tiene las arrugas de un octogenario. El área cerca del conductor lleva un tapiz rojo chillón que pide a gritos reparaciones. Restos de pelusas azules o boas (las exóticas prendas de vestir) decoran la zona.

Hay nombres de chicas cerca de las ventanas: Karina, Zuleyka, Yara, Yamileth... También hay pregones, deteriorados, pero aún legibles: “Voy de frente”, “Los demás imitan”, “Soy el único dueño de tu corazón...”. Y por todos lados hay mensajes de amores del colegio; dentro de un gran corazón se lee “Gabriel y Margarita, for ever B1” o “Mariam, nunca podrás olvidarme”, y un corazón partido a la mitad. Los respaldares de las sillas fueron el lienzo. Y así por donde se mire, en los costados del bus o sobre los sillones, con tinta, piloto o líquido corrector. Versos de calle, la poesía en los buses.

El “diablo rojo” avanza y ya casi no quedan puestos vacíos. Más gente se suma al viaje. El pavo recuerda una y otra vez: “¡Córranse! ¡Los de la izquierda son de a tres!”.

El diablo metálico no va tan rápido. No puede por el tráfico. Nadie va con el alma en vilo o con el corazón en la boca, sello distintivo de la mayoría de su especie.

Pasa por Los Pueblos y se forma un tumulto en la parte delantera. Nadie quiere correrse hasta el fondo porque después les costará mucho salir. Entonces se vuelve un verdadero desafío pasar por entre tanta carne humana comprimida. Grandes, chicos, gordos y flacos. Todos están allí, bumper con bumper como dicen cuando el congestionamiento vehicular está en su punto. Ni el aire pasa.

Mientras, los que van sentados le dan gusto a su talante soñoliento y aprovechan lo que queda de oscuridad para dormir. Unos lo hacen increíblemente erguidos y otros sí se desparraman un poco. No falta el que se apoya, fresco, en el hombro vecino, sea amigo o extraño.

EL INFRAMUNDO

Cuando por fin el sol difumina las sombras, el mundillo en las entrañas del “diablo rojo” cobra vida. Empezando por la música: “Calla/mejor no digas nada/probemos hablarnos sin palabras...”. Salsa sensual, luego merengue, y por supuesto reggae a todo volumen. Algunos cantan. Otros usan su celular para oír su propia “tanda del bus”.

A la fiesta sonora pronto se le une la de los olores. Los viajeros llevan casi una hora allí, enlatados. Los perfumes y los sudores se van mezclando. Inevitable. El aroma a fritura que sale de las bolsitas plásticas de quienes no pudieron desayunar en casa no ayuda. El aire circula enrarecido.

“Y nos dieron las 10 y las 11/las 12 la 1, las 2 y las 3...”, se oye en ese momento.

La bocina suena descontrolada en cada parada y cuando una chica guapa va por la acera. “¡Ohhh mami!”. Piropos y besos salen de la ventana donde va el pavo secretario. En el fondo, una pareja se da besitos y cariñitos.

Un señor de bastantes primaveras y gruesos anteojos se concentra en su periódico. Algunos conversan o usan sus celulares con pantallas táctiles. Varias chicas se peinan y maquillan. Una señora de enormes proporciones se abre paso entre la masa usando un brazo; bajo el otro trae un perro con apariencia famélica.

Más atrás viene un hombre vendiendo pastillas “para llevar al trabajo o escuela y tener el aliento fresco”, pero antes, su letanía: “Buenos días, mi intención no es incomodar a nadie...”.

Y en el medio del pasillo se posa un hombre con el aspecto (y olor) de alguien que no ha probado baño en días. Todos a su alrededor lo miran pero no le dicen nada. Definitivo, hay que estar preparado para todo.

El vehículo se detiene en Río Abajo, en la parte que se conoce como Balboa. Un montón baja, otro montón se sube. Solo una señora da los “buenos días”.

El bus tarda en retomar el paso, el conductor está esperando que aparezcan más pasajeros. La paciencia se termina y desde atrás se oye un aireado: “¡Chof, mueve loco!”. De inmediato los ojos del conductor buscan al rebelde por el retrovisor y vocifera algunos improperios, aunque no se le puede escuchar bien. La banda sonora del tráfico matutino no lo permite.

En eso, otro “diablo rojo” más llega con velocidad y se estaciona en una manera que bloquea a todos los buses y metrobuses que están en la parada. Tiene colores más vivos, dibujos de personajes animados, mitológicos, un distorsionado retrato del que parece ser el rapero Snoop Dogg, lleva música más estruendosa y sobre todo prisa. Termina de despachar a sus clientes y sale disparado, cambiando de un carril a otro. Es la anarquía sobre ruedas.

Los nuevos viajeros intentan acomodarse en el poco espacio disponible mientras el bus gana velocidad. Debe ser la primera de sus vueltas y va lleno. Es que aunque tengan la peor de las famas encima y los días contados, los “diablos rojos” siguen movilizando a miles de usuarios a diario. Estudiantes, jubilados, obreros, enfermeras, vendedores, secretarias y un par de encorbatados. Todos comparten el ocaso de los “diablos rojos”, sus rarezas y su inframundo.

Justo como canta Pedrito Altamiranda en Mi Bus: “Porque mi bus es máquina e colores/mezcla de razas, clases y olores”. Pronto todos hablarán de su último viaje en “diablo rojo”.

El toque artístico sobre la lata

Con los “diablos rojos” se va el arte urbano que llevan dentro y fuera de sus carrocerías. Se trata de una técnica de decoración que se venía usando en Panamá desde la década de 1940 en “chivas” de rutas internas, cuenta Gabriel Santana, a quien todos conocen como Cokin, seudónimo que usa para firmar los más de 350 buses que ha pintado y decorado desde hace 14 años. Cokin asegura que la pintura lleva varios colores según la ruta: verde, rojo, azul. Luego se usan cintas, tapes especiales y moldes para decorar.

Los pregones, dibujos y ocurrencias dependen del gusto del dueño del bus. Unos piden lo básico (unos tres días de trabajo), otros quieren más (unos 10 días de faena). El costo total oscila entre mil 200 dólares y mil 500 dólares, incluyendo el famoso retrato en la puerta trasera del bus, en donde puede ir (muchas veces deforme, reconoce Cokin) el rostro de un artista, político, deportista, celebridad televisiva o algún familiar del propietario.

HELKIN GUEVARA

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.


Tu suscripción viene con regalo este fin de año.

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Lo último en La Prensa

CRISIS POLÍTICA Lilian Tintori se encadena en el Vaticano; pide la liberación de los 'presos políticos' en Venezuela

Mitzi de Ledezma, Lilian Tintori y Antonieta de López. Mitzi de Ledezma, Lilian Tintori y Antonieta de López.
Mitzi de Ledezma, Lilian Tintori y Antonieta de López. Tomada de Twitter

Lilian Tintori, esposa del opositor venezolano Leopoldo López, se encadenó frente al Vaticano para pedir la liberación de su ...

NUEVO PRESIDENTE Derrota de la extrema derecha en las elecciones presidenciales de Austria

El presidente electo Alexander Van der Bellen. El presidente electo Alexander Van der Bellen.
El presidente electo Alexander Van der Bellen. AP/Matthias Schrader

La extrema derecha austriaca perdió el domingo su apuesta por concretar el avance populista en Europa y su candidato a la ...

TRAGEDIA DEL CHAPECOENSE Bolivia investiga a LaMia tras accidente en Colombia

El gobierno busca saber cómo la nave hizo vuelo directo ese día, sin tener la suficiente autonomía de vuelo, y cómo obtuvo autorización para operar en Bolivia con un único aeroplano. El gobierno busca saber cómo la nave hizo vuelo directo ese día, sin tener la suficiente autonomía de vuelo, y cómo obtuvo autorización para operar en Bolivia con un único aeroplano.
El gobierno busca saber cómo la nave hizo vuelo directo ese día, sin tener la suficiente autonomía de vuelo, y cómo obtuvo autorización para operar en Bolivia con un único aeroplano. REUTERS/Fredy Builes

El gobierno boliviano encontró los primeros indicios de irregularidades en el funcionamiento y operaciones del avión Lamia que ...