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Un problema por resolver

LA PRENSA/Ana Rentería.

El auge que ha tomado el Casco Antiguo de la ciudad de Panamá, gracias a la restauración de edificios e iglesias y a la mejora de la oferta de sitios de esparcimiento como bares y restaurantes, no va acorde con la disponibilidad de estacionamientos públicos que sirvan a los visitantes. Por esta razón, muchos conductores estacionan sus vehículos sobre las aceras, lo que limita el paso de otros automóviles y ocasiona tranques diarios en las ya de por sí estrechas calles.

Piden aclarar organización de un evento en el Canal

El pasado sábado 16 de agosto del presente, el diario La Prensa publicó en su primera plana y en la página 7A fotografías alusivas a una actividad a la que asistieron invitados por la Asociación de Prácticos del Canal de Panamá y la Unión de Prácticos del Canal de Panamá.

La actividad se realizó el pasado viernes 15, y fue organizada por nuestros gremios en el marco de la celebración del centenario del Canal, y consistió en la participación de 200 menores de la Asociación Pro Rescate de la Niñez y Juventud de El Chorrillo, en un tránsito por la vía a bordo del barco “Tuira II”.

Si bien agradecemos la cobertura de su medio de comunicación en nuestra actividad, nos toma por sorpresa que en los pies de ambas fotografías no colocaran que esta fue organizada por la Asociación de Prácticos del Canal de Panamá y se incluyeran dentro de una nota (página 7A), en la que pareciera que la Autoridad del Canal de Panamá fuese la organizadora de ese evento.

Rainiero Salas

Presidente de la Asociación de Prácticos del Canal de Panamá


A mal tiempo, mala cara

No estoy de buen humor. Ha transcurrido gran parte del día, y ese ha sido el caso por varias horas. Así me levanté y así he permanecido. A mi madre no le gusta, como ha de ser natural, pero así es. Sufro de un trastorno de humor causado por un inequilibrio químico en mi cerebro. No “soy” bipolar, como en este lugar arbitrariamente han decidido catalogar a los “locos”. Sufro de trastorno bipolar, tipo 2. Relativamente común y relacionado con mi mal diagnosticado desorden de déficit de atención. Esta condición afecta mi concentración, ánimo y motivación, y lógicamente, mi humor. Al rato uno va aprendiendo a manejar estas cosas. También al rato uno va atribuyéndole cualquier sentimiento encontrado a la condición. La línea entre un síntoma y una rabia justificada se vuelve borrosa, y muchas veces es tal la aflicción que es mejor salir a caminar y olvidar.

Así como me debilita e influencia gran parte de mis días, también hay varios aspectos que mi condición no alcanza a corromper. Mi condición no es responsable de mis valores. Tampoco es responsable por mi capacidad de razonamiento lógico. Mi condición no es responsable de mi moralidad ni de mi absoluto compromiso con la verdad y el bien común. Y no es responsable de esta confesión.

Este diario es el responsable. Este diario, su pobre integridad periodística y su inapaciguable fervor por perpetuar dentro de esta sociedad todo estereotipo posible. Este diario con su capacidad editorial. Aquella que solo puede ser comparada con la de un perro que intenta conducir una motocicleta. Que día tras día se dedica al negocio de la chabacanería y que, sin desaprovechar su oportunidad de nuevamente ser rey de la estupidez, hoy martes 19 de agosto le ha publicado a un tal Carlos Galán Ponce, usual colaborador, tengo entendido, un artículo en el que el señor alude públicamente a la necesidad de discrimar en contra de las personas que sufren de trastornos “emocionales” y que deseen ocupar “cargos relevantes de elección popular”. A raíz de qué, se preguntará usted, querido lector. Pues va.

Dice el señor Galán Ponce, ingeniero agrónomo, como claro profesional que es en esto de la medicina psiquiátrica, que esto impedirá que volvamos a ver la “descomposición moral de los órganos del Estado al solo grito de un líder fuera de sus cabales...”. Ahora, permítanme dirigirme directamente al señor Galán.

Señor Galán: “Descomposición moral” es un término muy romántico. Para algo descomponerse, primero debe existir en absoluto. Espero estemos de acuerdo con que la moralidad es una cosa muy subjetiva. Usted puede considerar inmoral, por ejemplo, que Ricardo Martinelli haya hecho negocio tras negocio con este país. En eso estaríamos felizmente de acuerdo. Infortunadamente, yo no puedo medir la existencia de su moralidad por esa simple aseveración. Es más, no hay forma de que con ninguna palabra de su artículo usted pueda defender moralidad alguna. Cualquiera puede escribir sobre el esperpento del cual fue responsable el gobierno de Martinelli. Absolutamente cualquier persona. Entonces es posible argumentar que usted escribió este artículo con dos motivos: el primero, para vanagloriarse de que hace 20 años escribió un artículo curándose en salud, y el segundo, para hacer una generalización sin fundamentos sobre la capacidad de una persona con alguna discapacidad para tener los mismos derechos que usted se ganó en el momento desafortunado de su nacimiento. Si es cierto que no estoy equivocado –y no lo estoy – tengo la misma autoridad que usted ha despilfarrado para asegurarle, señor Galán, que es usted un ignorante y un inmoral.

Ahora, paciente lector, si ha estado prestando atención, se dará cuenta de que no solo tengo un problema gigantesco soportando argumentos inocuos de gente que abre la boca con el solitario propósito de hacer bulla, sino que también, y quizás con mayor ímpetu, lo tengo contra quien le facilita un megáfono. Lo fácil sería dejar de recibir este periódico, como ya es costumbre con otros, “cambiar el canal”, como dicen. Pero es que es así, cambiando el canal, que permitimos a diario que se pierda cualquier rastro de responsabilidad social. No la misma “responsabilidad social” con la que los medios en este país se lavan las manos ante su desinformación, pero el tipo de responsabilidad social que no olvida su deber para con el progreso de una nación. El hecho de que el diario La Prensa haya escogido hoy 19 de agosto publicar semejante barbaridad, subrayando, incluso, la frase con la que el autor demuestra su incapacidad de discernir y su falta de criterio, es el mayor de los agravios. El diario La Prensa nos ha dado hoy muestra de que el criterio es opcional en esto de la información masiva. No solo es esta postura del diario La Prensa un reflejo de la actitud de “no me importa” que aflige a nuestra comunidad, sino que es directamente responsable, y por esto se le debe considerar, a partir de hoy, una amenaza para la sociedad.

ANDRÉS FELIPE VARGAS

CINEMATÓGRAFO


Sobre el aporte de la comunidad china

Como orgulloso miembro de la comunidad chino-panameña, deseo agradecer al Dr. Enrique Lau Cortés por su artículo “Esto no lo cura ni el médico chino” (La Prensa, 20/8/2014). En efecto, la contribución de mis paisanos ha sido vasta tanto en el campo científico y médico como en otras áreas económicas de Panamá, en las que laboran políticos, ingenieros, abogados, arquitectos, comerciantes, docentes, escritores, artistas plásticos, entre muchos otros.

Quiero aprovechar este espacio para aclarar que el nombre correcto del Dr. Tang Luque era Carlos Manuel Tang Luque (no Manuel), a quien tuve el honor de conocer. También es importante destacar la labor del ginecólogo oncólogo Dr. Ángel Díaz, quien realiza una labor excepcional en el Instituto Oncológico Nacional y se destaca por su gran sensibilidad y don de gente. Ojalá tengamos el placer de leer más artículos como ese, que nos une a todos los panameños y reconoce las valiosas contribuciones de todos los ciudadanos de nuestro pequeño, pero orgulloso país.

Analida Wong Lee

Miembro de la comunidad chino-panameña


Encargado del proyecto Trinity responde nota

Escribo con relación a una nota periodística “Denuncia penal por construcción de edificio” (La Prensa 14/8/2014) escrita por el periodista Rubén Polanco, en la que al final él señala: “Este diario llamó a la oficina de Alfonso Pinzón Lozano, encargado del proyecto, pero su secretaria informó que no estaba” , de alguna manera sugiriendo que no se quiere dar la cara.

Toda nota periodística debe ser investigada de manera responsable, sobre todo si la información –como en este caso– es de dominio público, lo que el periodista claramente no hizo. Entonces cambió la falta de investigación, acercándose a las autoridades competentes, y utilizó como excusa que no tuvo acceso a la información, porque alguien no le devolvió la llamada.

El proyecto Trinity ha sido diseñado por nuestra firma de intachable récord profesional y con mucha experiencia en edificios, lo que seguro podrá investigar también muy fácilmente.

El proyecto Trinity fue aprobado en las instituciones gubernamentales que regulan los proyectos arquitectónicos en nuestra ciudad, tales como: la Autoridad Nacional del Ambiente, la Dirección de Obras y Construcciones Municipales de Panamá y el Ministerio de Obras Públicas. En estas, él habría podido confirmar, si se hubiera apersonado, todos los permisos y documentos que avalan tanto el proyecto como el entubamiento de la media canal posterior.

Debería saber también que los que están detrás de esa demanda, ahora por delitos contra el ambiente, son vecinos que viven en edificios de alta densidad, quienes solo parecen proteger las vistas desde sus apartamentos. Se trata de un doble discurso que hace que no tengan un argumento sólido para quejarse de la construcción del proyecto Trinity.

¡Qué ironía! Pensar en delitos contra el ambiente me recuerda que estos supuestos vecinos, que se proyectan como “paladines de la justicia”, al oponerse a un aumento natural de la densidad en el centro urbano de nuestra capital, están entonces a favor de un crecimiento horizontal en el perímetro de la ciudad, lo que destruiría miles de hectáreas de bosques al año, matando la flora y fauna que son tesoros de nuestro país y el futuro de nuestros hijos.

El periodista Rubén Polanco reiteró que se comunicó con las oficinas del arquitecto Alfonso Pinzón, y que su secretaria le informó que no se encontraba. Le dejó un mensaje, pero no se le devolvió la llamada.

Alfonso Pinzón Méndez

Arquitecto


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