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<rss version="2.0" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"><channel><title>La Prensa</title><link>https://www.prensa.com</link><atom:link href="https://www.prensa.com/arcio/rss/" rel="self" type="application/rss+xml"/><description>La Prensa News Feed</description><lastBuildDate>Thu, 19 Aug 2021 02:23:08 +0000</lastBuildDate><ttl>1</ttl><sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod><sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency><item><title>El holocausto llegó a mi vida para quedarse</title><link>https://www.prensa.com/impresa/opinion/el-holocausto-llego-a-mi-vida-para-quedarse/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/opinion/el-holocausto-llego-a-mi-vida-para-quedarse/</guid><dc:creator> Betty Eskenazi de Dirnfeld</dc:creator><pubDate>Wed, 14 Apr 2021 03:33:56 +0000</pubDate><description>El que me conoce bien, sabe que yo tengo dos temas favoritos de lectura. De los 500 libros que tengo en mi casa, ya leídos o pendientes por leer, hay dos temas que sobresalen. Uno es el holocausto, y el otro es el crecimiento personal.</description><content:encoded><![CDATA[<p>El que me conoce bien, sabe que yo tengo dos temas favoritos de lectura. De los 500 libros que tengo en mi casa, ya leídos o pendientes por leer, hay dos temas que sobresalen. Uno es el holocausto, y el otro es el crecimiento personal.</p><p>Por mucho tiempo me preguntaba, qué tenían que ver uno con el otro. Por qué me llamaban tanto la atención. Y además me preguntaba, cómo es posible que cada vez que me leía algún libro de estos temas, seguían apareciendo cada vez nuevas enseñanzas, o nuevos secretos (que a veces no son tan nuevos, pero para mí lo son).</p><p>Una vez leí en un libro sobre el holocausto, que cuando liberaron el campo de Auschwitz, un prisionero entró en una de las barracas de los soldados para ver qué había por esos lados. Era un mundo, que aunque lo tenía tan cerca por tanto tiempo, nunca había podido conocer.</p><p>Al entrar vio que habían uniformes limpiecitos y bien planchados, además de otras ropas de civil. Todo lo contrario a los trapos que él estaba vistiendo. Vio las botas, que brillaban como dos espejos, mientras que él andaba descalzo y con llagas en los pies. Y vio todas las comodidades que una persona podía tener.</p><p>Al final del cuarto, vio que había un baño. Entró y vio que tenía una ducha. Tomó una de las ropas del nazi cobarde que había escapado, y fue a bañarse por primera vez en cuatro años. En ese momento, cuando prendió el agua, que tenía hasta agua caliente, se puso a llorar.</p><p>No había llorado desde hacía tanto tiempo. El horror se había vuelto parte de su vida, y le había secado las lágrimas. Pero este día, fue el día en que se volvió a sentir humano nuevamente. Haciendo algo tan natural y sencillo como bañarse.</p><p>En ese momento, esa ducha valía mucho más que un diamante. Fue un aterrizaje a la vida real. A la vida que todavía existía para muchos fuera de esas paredes alambradas.</p><p>Esto lo leí hace muchos años, y desde entonces no hay día que no lo recuerde.</p><p>Todo el sufrimiento que vivieron nuestros hermanos en aquellos momentos no puede ser en vano. Y lo que me regalaron los que contaron sus historias de terror, ha sido la enseñanza de valorar lo hermoso de la vida, cada día. Las cosas sencillas. El hacerle cosquillas a mi hija antes de dormir. El poder bañarme con agua limpia y caliente. El tener ropa para vestir.</p><p>Es cierto que uno es humano y a veces se le olvidan estas cosas. Como cuando uno entra al closet que está lleno de ropa, pero igual decimos que no tenemos nada para ponernos. O como cuando abrimos la despensa de la cocina y decimos que no hay nada de comer a pesar de que está llena y lo único que no hay es el sabor de la galleta que se me antojaba en ese momento.</p><p>Son esos momentos en los que el recuerdo del holocausto se reafirma en mí y me hace recordar lo afortunada que soy. Puede que no tenga el sabor de galleta que quiero, pero mis hermanos, en el holocausto, comían pasto para sobrevivir, cuando había.</p><p>No sé qué zapatos ponerme y digo que no me combina ninguno, pero mis hermanos en el holocausto usaban suecos de madera que les reventaban los pies, o andaban descalzos congelándose literalmente. (El papá de mi suegra ZL, sobreviviente del holocausto, quedó con quemaduras en los pies por lo que restó de su vida, por haber estado tantos años sin zapatos en la nieve en Buchenwald y en otros campos de concentración).</p><p>No sé qué ropa ponerme, pero mis hermanos en el holocausto usaban el pijama de rayas, que cuando se les desgastaba después de tanto tiempo de usarla sin quitársela ni para dormir, los nazis los castigaban por haber dañado la “propiedad del Estado”.</p><p>Me quejo de que se me va el wifi de mi casa, pero mis hermanos en el holocausto ni siquiera tenían un libro para poder distraer su mente y escaparse de ese infierno, por lo menos por un rato. Y si conseguían un pedazo de periódico en las letrinas, y trataban de leerlo, corrían el riesgo de que los mataran a palazos.</p><p>Los niños se aburren y no saben qué hacer, aunque tienen el cuarto lleno de juguetes, pero mis hermanitos en el holocausto arriesgaban sus vidas como si fuera un juego. Se escapaban por debajo de las rejas alambradas cuando los guardias no veían, para robarse papas de los alrededores y tener algo más para comer. (Esto era algo que mi suegra ZL hacía, sin que su mamá supiera).</p><p>Nuestros hijos a veces nos desesperan, pero mis hermanos en el holocausto no tenían esa bendición. Muchos de ellos perdieron a sus hijos en el segundo después de haberse bajado de los vagones al llegar al destino de la muerte, o dentro de los vagones en camino a lo incierto.</p><p>El holocausto me enseñó lo afortunada que soy. Me enseñó a agradecele a Dios cada segundo que estoy en este planeta.</p><p><i>La autora es coach de vida y licenciada en educación</i></p>]]></content:encoded></item></channel></rss>