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<rss version="2.0" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"><channel><title>La Prensa</title><link>https://www.prensa.com</link><atom:link href="https://www.prensa.com/arcio/rss/" rel="self" type="application/rss+xml"/><description>La Prensa News Feed</description><lastBuildDate>Thu, 19 Aug 2021 00:32:29 +0000</lastBuildDate><ttl>1</ttl><sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod><sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency><item><title>La serpiente que se muerde la cola</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/la-serpiente-que-se-muerde-la-cola/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/la-serpiente-que-se-muerde-la-cola/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sun, 01 Aug 2021 03:34:55 +0000</pubDate><description>Los dictadores que conocimos en el pasado de América Latina, llamaban al asombro por su desmesura, y por todo lo que tuvieron de personajes de drama y de ópera bufa; quedaron en retratos hablados que van desde Tirano Banderas de Valle Inclán a Maten al león, de Jorge Ibargüengoitia.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Los dictadores que conocimos en el pasado de América Latina, llamaban al asombro por su desmesura, y por todo lo que tuvieron de personajes de drama y de ópera bufa; quedaron en retratos hablados que van desde Tirano Banderas de Valle Inclán a Maten al león, de Jorge Ibargüengoitia .</p><p>El tirano que ordena clausurar su país para aislarlo del mundo está en Yo, El Supremo de Roa Bastos. El doctor Francia convierte el poder en la razón única de su existencia, y de él sólo es capaz de apartarlo la muerte; reencarna en el caudillo solitario, encerrado en su propio laberinto de soledad, en El otoño del patriarca de García Márquez.</p><p>Los ideales se vuelven pretextos para las tiranías que arrastran los harapos ideológicos del siglo diecinueve y pueblan la primera mitad del siglo veinte. Como Estrada Cabrera, el dictador de El señor presidente de Asturias, arquetipo de los presidentes de las repúblicas bananeras, tal como fueron bautizadas por O. Henry en De coles y reyes.</p><p>Presidentes para siempre que mueren en su cama, o son derrocados por golpes de estado, sustituto de las urnas electorales. Y los depuestos huyen con las maletas llenas de dólares en compañía de sus amantes, cantantes de ópera, o de vodevil. La república de Anchuria de O. Henry es Honduras, pero llegará a ser el símil de todas las repúblicas del Caribe.</p><p>La siguiente oleada de dictadores, los que salen de sus cuarteles para asaltar el poder en uniforme de fatiga, se ampara en la doctrina de seguridad nacional de Kissinger. Son los que buscan salvar a la patria del comunismo, igual que sus antecesores, criaturas de los hermanos Dulles; pero ahora se trata de gorilas orgánicos.</p><p>No hay novelas sobre Videla, Bordaberry, Pinochet, sino más bien sobre las consecuencias de sus reinados siniestros, miles de desaparecidos lanzados al mar desde aviones, o enterrados en cementerios clandestinos. Son figuras atroces, pero no despiertan la imaginación. Piezas maestras de una maquinaria sin nombre, que mata lista en mano.</p><p>La segunda mitad del siglo se abre con una nueva mitología, la de las revolucionarios triunfantes que bajan de las montañas. Pero esta mitología propone como nuevo sustento ideológico la implantación de un sistema en el que se prescinde de la democracia electoral. Ahora se busca la panacea del partido único.</p><p>El siglo veinte se cierra con las revoluciones armadas de Cuba y Nicaragua, de una u otra manera devenidas en tiranías sin plazo, y que, cuando agotan su discurso redentor, recurren a la represión bajo el disfraz de que el pueblo organizado se defiende a sí mismo cuando castiga a palos y a balazos toda disidencia. Las opiniones contrarias al poder, se vuelven traición.</p><p>Y en este molde de romanticismo ya mortecino, se fabrica el socialismo del siglo veintiuno en Venezuela. No parte del triunfo de una revolución armada, sino del viejo golpe de estado, al que se le da un tinte redentor, y es la demagogia la que conquista el voto popular, bajo el mismo discurso redentor. El viejo populismo que conocimos en las figuras de Getulio Vargas y Juan Domingo Perón se encarna en la figura de Hugo Chávez.</p><p>En la medida en que el aura romántica de los guerrilleros heroicos devenidos en caudillos se disipa, y la historia empieza a reconocerlos sólo como tiranos, porque ya no se distingue entre dictaduras de izquierda o de derecha, el doctor Francia empieza a parecerse a Fidel Castro, y Ortega se convierte en el símil de Videla. Ya están novelados desde antes, o no son novelables.</p><p>Chávez pasa a ser en la memoria un mago de feria ofreciendo aguas de colores, él y su sucesor, que es su caricatura: pero más que a su figura de “comandante eterno”, los novelistas venezolanos son atraídos por la cauda de miseria y ruinas que deja tras de sí su proyecto, un país devastado como tras una guerra que nunca se libró, más que contra los ciudadanos indefensos, víctimas de la demagogia.</p><p>Y la serpiente no deja de morderse la cola.</p><p><i>(Sígalo en Twitter: sergioramirezm. Instagram: sergioramirezmercado)</i></p>]]></content:encoded></item><item><title>Una primavera lejana</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/una-primavera-lejana/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/una-primavera-lejana/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sun, 18 Jul 2021 05:00:00 +0000</pubDate><description>Cuando cayó Somoza en 1979, una de las fotos que dio vuelta al mundo fue la de unos guerrilleros enjabonándose en la pileta de mármol donde él se bañaba.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Cuando cayó Somoza en 1979, una de las fotos que dio vuelta al mundo fue la de unos guerrilleros enjabonándose en la pileta de mármol donde él se bañaba. Y en las oficinas presidenciales lo que quedaba era un reguero de papeles y uniformes militares, y en una esquina en el suelo un retrato del dictador sonriente, perforado de un balazo.</p><p>Una guerra de liberación tras un terremoto que había destruido la capital siete años antes, y la Plaza de la Revolución, donde se celebró el triunfo, se abría entre escombros, solares y esqueletos de edificios. Frente a la plaza, el reloj de una de las torres de la catedral en ruinas aún marcaba la hora del sismo, las 12:35 de la madrugada del 23 de diciembre de 1972.</p><p>Esta es la ciudad desolada que recordaría Julio Cortázar:<i> “la viste desde el aire, ésta es Managua/ de pie entre ruinas, bella en sus baldíos/ pobre como las armas combatientes/rica como la sangre de sus hijos…”.</i> Y su voz representaba la de numerosos intelectuales que veían en la revolución nicaragüense un fenómeno distinto que encarnaba esperanzas de cambio para un país pobre y atrasado.</p><p>Ya habían pasado para entonces veinte años desde el triunfo de la revolución cubana, que era entonces el referente más próximo, de entre las tres únicas revoluciones armadas que se dieron en América Latina en el siglo veinte, contando como la primera de ellas la revolución mexicana de 1910. En los tres casos, el sistema sería remecido desde sus cimientos, y se daba paso a un nuevo orden que implicaba cambios radicales.</p><p>La revolución cubana había sido vista en su momento como un fenómeno novedoso que atrajo también a los intelectuales, empezando por Jean Paul Sartre. Y ninguno de los escritores latinoamericanos del boom, que llegarían a marcar una época en nuestra literatura fueron ajenos a esa atracción, entre ellos el propio Cortázar.</p><p>Pero cuando aquellos guerrilleros entran en Managua, alumbrados por una nueva aura romántica, para muchos de esos intelectuales ya se habían creado demasiadas decepciones alrededor del modelo cubano; del caso Padilla, que ponía en evidencia la intolerancia frente a la libertad de creación, a los campos de concentración donde fueron a dar no pocos escritores, bajo el cargo de homosexuales que debían ser reeducados.</p><p>El modelo nicaragüense comenzó a parecerse al cubano en no pocos aspectos, el primero de ellos la pretensión de constituir un partido único, pero el Frente Sandinista perdió de manera democrática las elecciones en 1990, algo que no estaba presente en el esquema ideológico, pero estaba en la realidad, que terminó derrotando a la ideología.</p><p>Salman Rushdie, en su libro <b>La sonrisa del jaguar,</b> resultado de la experiencia de su viaje a Nicaragua en 1986, usó una imagen muy bella y eficaz:<i> “había una muchacha nicaragüense/que cabalgaba sonriendo a lomo de un jaguar. /Volvieron del paseo/la muchacha dentro/ y la sonrisa en el rostro del jaguar”</i>. El jaguar podía terminar devorando a la muchacha y quedarse con su sonrisa. Ese era el gran riesgo, y la gran pregunta.</p><p>Aquella primavera lejana atrajo también a García Márquez, Carlos Fuentes, Günter Grass, Heinrich Böll, Harold Pinter, Graham Greene, William Styron, Noam Chomsky, Alice Walker, Margaret Randall, y a decenas de intelectuales más. Cuarenta años después, quienes de entre ellos aún viven no se callan frente a lo que está ocurriendo ahora en Nicaragua; el viejo sueño revolucionario convertido en una pesadilla de represión despiadada.</p><p>De quienes ya no están, al menos puedo dar fe de lo que pensaban Carlos Fuentes y García Márquez, cuya frase lapidaria, cuando se refería al proyecto de poder para siempre de Ortega, era: “a mí, me estafaron”.</p><p>Y allí se alzan ahora las voces de Elena Poniatowska, Alice Walker, Margaret  Randall, Salman Ruhsdie, Noam Chomsky, denunciando que, de las ruinas de aquella revolución, lo que ha nacido es una dictadura familiar. Y la de José Mujica, ex presidente de Uruguay, y su esposa Lucía Topolansky, todos ellos figuras sin tacha de la izquierda mundial.</p><p>Para que sepamos bien que, de aquello de entonces, nada queda.</p><p><i>(Sígalo en Twitter: </i><a href="https://twitter.com/sergioramirezm" target="_blank"><i>sergioramirezm</i></a><i>. Instagram: sergioramirezmercado)</i></p>]]></content:encoded></item><item><title>Mujeres para hacer historia</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/mujeres-para-hacer-historia/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/mujeres-para-hacer-historia/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sun, 27 Jun 2021 16:10:13 +0000</pubDate><description>Entre la lista cada vez más creciente de rehenes secuestrados por la dictadura en Nicaragua, hay un buen número de mujeres de distintas edades y credos políticos, unidas por el fervor de la libertad y la democracia, valores que en mi país se imponen ahora ante cualquier diferencia ideológica. Volver a ser una república, como demandaba desde las páginas de La Prensa Pedro Joaquin Chamorro, asesinado por Somoza en 1978.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Entre la lista cada vez más creciente de rehenes secuestrados por la dictadura en Nicaragua, hay un buen número de mujeres de distintas edades y credos políticos, unidas por el fervor de la libertad y la democracia, valores que en mi país se imponen ahora ante cualquier diferencia ideológica. Volver a ser una república, como demandaba desde las páginas de<b> La Prensa </b>Pedro Joaquin Chamorro, asesinado por Somoza en 1978.</p><p>Algunas son jóvenes, o muy jóvenes, una generación de relevo que busca dejar atrás el pasado amargo y repetitivo de demagogia y represión en nombre de ideales hace tiempo enterrados. Sus rostros están ahora en las pantallas de los teléfonos celulares: Ana Margarita Vigil, Tamara Dávila, Suyen Barahona…cada una de ellas aislada en una celda de castigo.</p><p>Conscientes de que el cerco se estrechaba alrededor de ellas, nunca buscaron esconderse, y lo que hicieron, y siguen haciendo, es grabar mensajes estremecedores: “si están viendo este video es porque la policía allanó mi casa y me han secuestrado…”, comienza diciendo Suyen Barahona, madre de una niña y presidenta del partido Unamos.</p><p>Violeta Granera se acerca a los 70 años. Su padre fue asesinado a sangre fría en 1979 por una escuadra de milicianos sandinistas. Cuando ella cuenta que antes de que lo mataran, desapercibido, extendió la mano en gesto de saludo a sus verdugos, sus ojos se llenan de lágrimas, pero nunca hay amargura en su voz. Su estatura ética está muy por encima de la revancha.</p><p>Violeta es la presidenta del Movimiento por Nicaragua. Afable, conciliadora, incansable en la búsqueda de la unidad de las fuerzas de oposición a Ortega, apoyó hasta el último momento a través de las redes sociales a todos los que estaban siendo detenidos, y su voz de denuncia no bajó nunca de tono.</p><p>Se podría pensar que, entre ella, exiliada durante los años ochenta, los años de la revolución, y Dora María Téllez, forjadora de esa misma revolución, existe una gran distancia. Pero ambas luchan juntas por una nación diferente.</p><p>Dora María fue uno de los iconos de la gesta contra la anterior dictadura de Anastasio Somoza. A los 22 años, en 1978, fue la segunda al mando en la toma del Palacio Nacional, y la encargada de las negociaciones con Somoza para el canje de los más de 60 presos políticos por los diputados del Congreso Nacional retenidos por el comando. Un año después, dirigió la toma de la ciudad de León, cuadra por cuadra, y puso en huida al general de cinco estrellas, comandante militar de la plaza.</p><p>Igual que Violeta, no rehuyó su captura, un operativo que involucró a decenas de vehículos policiales, un cerco militar en las calles adyacentes, y drones volando sobre su casa. Y también, igual que Violeta, fue golpeada y esposada.</p><p>Cuando se ocultaba en casas de seguridad en tiempos de Somoza, a Dora María nunca la habrían cogido viva. Sucedió muchas veces. Guerrilleros solitarios que se enfrentaban a contingentes militares enteros, y su sacrificio era el ejemplo.</p><p>Hoy, el ejemplo es otro. La resistencia que se hace sin armas busca alterar radicalmente la manera en que los cambios políticos se han dado en la historia de Nicaragua, siempre un caudillo armado que encabeza una guerra contra otro caudillo que detenta el poder, y, al final, el libertador vuelve a entronizar una nueva dictadura.</p><p>Suena quizás a Gandhi, y suena a Martin Luther King. Y quizás se está abriendo una vía para romper el eterno círculo vicioso que ha convertido al país en un paria de la democracia, desprovisto de instituciones capaces de parar la mano del que siempre está dictando desde arriba capturas, tortura, muerte, exilio.</p><p>El secuestro de candidatos a la presidencia y de numerosos dirigentes políticos, y hasta de empresarios y banqueros, deja atrás la idea de que unas elecciones creíbles pueden darse en el mes de noviembre en Nicaragua.</p><p>Ortega mismo ha dinamitado esa posibilidad, y cualquier remedo de elecciones que intente, será solo eso, un remedo, incapaz de otorgarle la legitimidad que busca para continuar indefinidamente en el poder.</p><p><i>(Sígalo en Twitter: sergioramirezm. Instagram: sergioramirezmercado)</i></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/UZgISIjewMFIPyWmI81i_CULVhc=/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/corprensa/UYRE3JFH5NEURPDYIC6QOIDFXY.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[(FILES) In this file photo taken on August 23, 2019 the director of the opposition Movement for Nicaragua, Violeta Granera, speaks during an interview with AFP in Managua. - The detention on June 20, 2021 of the fifth opposition presidential pre-candidate opens the way for a fourth term of Nicaraguan President Daniel Ortega, who will probably have to negociate to prevent international isolation. (Photo by Inti OCON / AFP)]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[INTI OCON]]></media:credit></media:content></item><item><title>Un abismo que se ensancha</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/un-abismo-que-se-ensancha/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/un-abismo-que-se-ensancha/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sun, 13 Jun 2021 05:00:00 +0000</pubDate><description>Para el régimen en Nicaragua la mejor de las soluciones sería que las elecciones que según la Constitución y las leyes deben realizarse en noviembre de este año, fueran nada más un trámite burocrático, o, mejor que eso, que no existieran del todo.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Para el régimen en Nicaragua la mejor de las soluciones sería que las elecciones que según la <b>Constitución</b> y las leyes deben realizarse en noviembre de este año, fueran nada más un trámite burocrático, o, mejor que eso, que no existieran del todo. Que no existieran los partidos políticos de oposición, ni tampoco los candidatos capaces de desafiar la cuarta reelección consecutiva de Daniel Ortega.</p><p>Esta es una antigua idea sacada del leninismo de manual acondicionado al trópico, donde, de todas maneras, el vicio de la reelección es más viejo que la revolución de octubre. La supuesta escogencia, ya tan obsoleta, sigue siendo entre democracia burguesa o democracia proletaria, aunque, en fin de cuentas, no es sino otra más simple:  poder temporal, con alternancia democrática, o poder para siempre a toda costa.</p><p>La democracia representativa sale sobrando en la simpleza de este credo, porque la existencia de varios partidos en competencia, reza el alegato ideológico, sólo provoca disensiones. Entonces, la panacea, por mucho que huela a naftalina, es el partido único.</p><p>Los viejos telones rotos enseñan el tinglado de trampas y artimañas donde estas elecciones van a representarse. Sólo tocará calcular de antemano la cifra abrumadora de votos con que el candidato oficial a presidente y su esposa, candidata a vicepresidenta, ganarán las elecciones; y decidir, de antemano también, cuántos asientos tendrá su partido en la Asamblea Nacional; no menos de dos tercios, por supuesto, lo que les garantiza el control absoluto.</p><p>Hallarse a la cabeza de las encuestas de opinión, vuelve indeseable a un aspirante a la candidatura presidencial en estas condiciones. Es lo que ha ocurrido con Cristiana Chamorro, hija del periodista Pedro Joaquín Chamorro, asesinado por la anterior dictadura de Somoza en 1978, y de Violeta Barrios de Chamorro, quien ganó las elecciones de 1990 que pusieron fin a la dramática década de la revolución.</p><p>Cristiana, quien presidió la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, dedicada a promover la libertad de expresión, está  siendo acusada del delito de lavado de dinero, y sus cuentas bancarias han sido congeladas, han allanado su domicilio, la han dejado incomunicada, con la casa por cárcel, y le han quitado sus derechos políticos, inhibiéndola sin que exista ninguna sentencia judicial condenatoria, para que no pueda ser candidata.</p><p>Dos funcionarios de la Fundación han sido llevados a la cárcel, porque una atrabiliaria ley faculta al Estado a detener por tres meses a personas sujetas a investigación penal, con lo que el derecho de habeas corpus, que es una garantía universal, queda anulado. Dos presos políticos más, que se suman a los cerca de cien que ya había antes.</p><p>Todos los periodistas que han recibido alguna vez respaldo económico de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, o becas, están siendo llamados a declarar a cuenta de un delito inexistente, y también como una manera de amedrentarlos. Algunos de ellos han sido ya indiciados, y no pueden salir del país.</p><p>La Fundación Luisa Mercado, que yo presido, y que realiza cada año el Festival Centroamérica Cuenta, ha firmado convenios con la Fundación Violeta Barrios de Chamorro para organizar talleres y mesas sobre nuevo periodismo en el marco del festival, que tiene relieve internacional. Fui llamado a declarar ante la Fiscalía por este motivo, a pesar de que no hay nada oculto ni nada que no sea legal en esos convenios.</p><p>El pretexto de la acusación de lavado de dinero es que la Fundación Violeta Barrios de Chamorro recibió fondos de la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID) del gobierno de Estados Unidos.</p><p>Han buscado el nombre de un delito que evoque al crimen organizado, por absurdo que pueda ser. El lavado de dinero, de acuerdo al Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) sólo existe cuando se busca legitimar fondos “generados por actividades ilegales o criminales, por ejemplo, narcotráfico, contrabando de armas, corrupción, desfalco, extorsión, secuestro, piratería”.</p><p>Todo esto lo que demuestra es que el Estado de derecho dejó de existir en Nicaragua. Lo demás es ficción y remedo. Y mientras tanto, el abismo se ensancha a nuestros pies.</p><p><i>(Sígalo en: Twitter: sergioramirezmInstagram: sergioramirezmercado)</i></p>]]></content:encoded></item><item><title>Una vieja conversación que no termina</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/una-vieja-conversacion-que-no-termina/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/una-vieja-conversacion-que-no-termina/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sun, 23 May 2021 03:29:36 +0000</pubDate><description>El libro recién publicado por Alfaguara, Dos soledades, Un diálogo sobre la novela en América Latina, recoge la conversación que sostuvieron Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa en la Universidad de Ingeniería de Lima en septiembre de 1967.</description><content:encoded><![CDATA[<p>El libro recién publicado por Alfaguara, <b>Dos soledades, Un diálogo sobre la novela en América Latina</b>, recoge la conversación que sostuvieron<a href="https://www.prensa.com/tema/gabriel-garc-a-m-rquez/" target="_blank"> Gabriel García Márquez</a> y <a href="https://www.prensa.com/tema/mario-vargas-llosa/" target="_blank">Mario Vargas Llosa</a> en la Universidad de Ingeniería de Lima en septiembre de 1967.</p><p>Conversaciones literarias ha habido por miles desde entonces sobre el mismo tema, especialmente en estos tiempos de pandemia cuando todos nos hemos vuelto <i>zoombies</i>; pero esta, leída más de medio siglo después, y con tanta agua literaria pasada debajo del puente, ofrece claves fundamentales.</p><p>Apenas pocos meses antes de esta conversación, ha aparecido Cien años de soledad, y García Márquez viene de Buenos Aires, donde se ha publicado la novela, arrastrando su cauda de fama repentina; y Vargas Llosa acaba de recibir en Caracas el premio Rómulo Gallegos por La casa verde. Es la década del boom, cuando se publican también La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes, en 1962, y Rayuela, de Julio Cortázar, en 1963, año en que sale también La ciudad y los perros, del mismo Vargas Llosa, ganadora del premio Seix Barral.</p><p>En la conversación de Lima se habla reiteradamente del <i>boom. </i>“Yo no sé si el fenómeno del <i>boom </i>es en realidad un <i>boom </i>de escritores o si es un <i>boom </i>de lectores…”, afirma García Márquez.</p><p>El boom pueden ser todo menos una generación literaria. Cuando Rayuela se publica, Cortázar, que podría ser más bien el abuelo, o el padre, de todos los demás, ronda ya los cincuenta años, y para la aparición de La ciudad y los perros, Vargas Llosa tiene apenas veintisiete. Los únicos contemporáneos entre ellos son Fuentes y García Márquez.</p><p>Tampoco pudieron haber suscrito nunca ningún manifiesto generacional, ni se confabularon para matar a sus padres, como ocurre con cada nueva generación de jóvenes escritores que se precie de tal. Para algunos de ellos, los padres reconocidos con gratitud, son Jun Rulfo, Juan Carlos Onetti, o William Faulkner.</p><p>El único padre con el que se desquitan los protagonistas de la conversación de Lima, es Borges, porque “escapa de una realidad concreta, de una realidad histórica” como opina Vargas Llosa entonces; aunque García Márquez reconoce que no puede dejar de leerlo. Y lo lee sólo porque “es un hombre que enseña a escribir”. Casi podemos ver a Borges en este diálogo como una deidad menor, que no sobrevivirá al paso de los años.</p><p>Pero Borges se vuelve un tema recurrente en la conversación. Es una espina que sigue allí, clavada en la garganta de ambos, y Vargas Llosa no parece tranquilo de conciencia. No puede ser que esa tentación de volver siempre y otra vez a Borges, de leerlo y releerlo, no tenga una razón, más allá de que su obra sea un buen manual para aprender a escribir. Borges, de alguna manera, dice Vargas Llosa, “está describiendo, mostrando la irrealidad argentina, la irrealidad latinoamericana. Y esa irrealidad “es también una dimensión, un nivel, un estado de esa realidad total que es el dominio de la literatura”.</p><p>Lo plantea como una pregunta. “Te hago esta pregunta”, le dice a García Márquez, “porque yo siempre he tenido problemas para justificar mi admiración por Borges. Pero el otro no cede. “No tengo ningún problema para justificar mi admiración, lo leo todas las noches”, dice. Pero lo único que le interesa es “el violín que usa para expresar sus cosas”.</p><p>Su irrealidad es falsa, no es la irrealidad de América Latina, que “es una cosa tan real y cotidiana que está totalmente confundida con lo que se entienda por realidad”.</p><p>Esos dos que reniegan del maestro al que admiran y al que no pueden dejar de leer, un reaccionario, además, de ideas vetustas, ignoran que ambos van a recibir en el futuro el Premio Nobel de Literatura que a Borges le será negado; pero ignoran también que ese viejo ciego y tan molesto por sus opiniones atrabiliarias, será en todo sentido universal, como lo serán ellos, y que su obra tendrá una inmensa influencia en generaciones sucesivas de escritores de otras lenguas. Un clásico mayor.</p>]]></content:encoded></item><item><title>Maneras de la inmortalidad</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/maneras-de-la-inmortalidad/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/maneras-de-la-inmortalidad/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sun, 09 May 2021 05:10:31 +0000</pubDate><description>Jorge Luis Borges, siendo maestro de tantas cosas, lo fue de los textos falsos presentados como verdaderos, y hoy en día su posteridad parece ser perseguida por lo apócrifo, si tomamos en cuenta los numerosos escritos, en poesía y en prosa, y aún los textos de autoayuda, que le son atribuidos en las redes sociales. Una manifestación muy palpable de su inmortalidad literaria.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Jorge Luis Borges, siendo maestro de tantas cosas, lo fue de los textos falsos presentados como verdaderos, y hoy en día su posteridad parece ser perseguida por lo apócrifo, si tomamos en cuenta los numerosos escritos, en poesía y en prosa, y aún los textos de autoayuda, que le son atribuidos en las redes sociales. Una manifestación muy palpable de su inmortalidad literaria.</p><p>En 1963, el escritor salvadoreño Álvaro Menen Desleal ganó un segundo lugar en el Certamen Nacional de Cultura con su libro <b>Cuentos Breves y Maravillosos</b>, título que recordaba demasiado el de Cuentos Breves y extraordinarios de Borges, aparecido diez años atrás. Pero eso no fue todo. Cuando el libro se publicó, traía a manera de prólogo una carta con la firma de Borges, que comenzaba:</p><p><i>“Mi querido amigo: Al conocer sus </i><i><b>Cuentos breves y maravillosos</b></i><i>, pienso que no fue meramente accidental que Kafka escribiera La Muralla China: se repite en usted la nota de lo que con Bioy Casares llamamos las antiguas y generosas fuentes orientales.”</i></p><p>Sobraron entonces las acusaciones de falsificación de la carta. Pero nadie reparó en la nota con que, en la última página, el autor completaba su ardid:</p><p><i>“Querido maestro Borges:</i></p><p><i>Mi vanidad y mi nostalgia –me digo con sus palabras– han armado una escena imposible. De pronto despierto de un sueño y tengo su carta en las manos, como la flor de Coleridge…”.</i></p><p>En 1999, para el centenario del nacimiento de Borges, se organizó en Buenos Aires un seminario internacional. Allí me encontré, a Álvaro. Cuando tomó la palabra, hizo una detallada confesión acerca del prólogo apócrifo.</p><p>En uno de los descansos de las sesiones, me dijo que ya nunca alcanzaría a saber si Borges alguna vez habría llegado a tener entre sus manos sus <b>Cuentos Breves y Maravillosos</b>. Lo más probable, me dijo, abatido, es que no. Murió menos de un año después en San Salvador.</p><p>Y ya no pudo enterarse que Borges sí supo del affaire, y que leyó sus cuentos. Así consta en Borges, el libro publicado en 2006, que reúne las entradas de los diarios de Adolfo Bioy Casares donde este reseña las conversaciones con su amigo por cerca de sesenta años. Es un impresionante volumen de 1663 páginas.</p><p>En la entrada correspondiente al miércoles 11 de septiembre de 1963, cuenta Bioy que Borges le dice: <i>“tengo que consultarte sobre algo” …; y “trae un libro </i><i><b>Cuentos Breves y Maravillosos</b></i><i>, de un tal Menen Desleal, y una carta, de otra persona, guatemalteca, según creo, que le ha enviado el libro...”. </i>Luego ambos hablan de la carta elogiosa que sirve de prólogo, y Borges expresa el temor de que su madre, doña Leonor Acevedo, su constante y terrible ángel tutelar, sin consultárselo, la hubiera escrito y enviado; pero descartan la posibilidad, porque la señora nunca escribe tan largo, ni hubiera imitado el estilo de Borges.</p><p>Leen algunos de los cuentos, y uno de ellos, <b>Los Cerdos</b>, les parece muy gracioso.</p><p><b>Borges</b>, cuenta Bioy, no sabe qué hacer. Considera que el autor del libro es más inteligente que quien lo denuncia, pero que  alguna razón tiene el denunciante…los generosos elogios que prodiga a sus propios cuentos, invalidan su carácter de obra desinteresada. Bioy lo contradice: <i>“no podés ponerte en contra de un pobre individuo bastante inteligente, que no tiene libertad ni posibilidad de escribir sino como imagina que vos escribís...”</i>. Y entonces, <b>Borges</b>, sin dar más importancia al asunto, termina elogiando el libro, y aún la carta apócrifa.</p><p>Por fin <b>Borges</b> contesta ese mismo mes al denunciante, que es el escritor guatemalteco Alfonso Orantes, y le dice: <i>“Ya que el volumen consta de una serie de juegos sobre la vigilia y los sueños, queda la posibilidad de que mi carta sea uno de tales juegos y travesuras…”</i></p><p>Dice “mi carta”. Y con eso pasa a ser auténtica. Y aparece incluida en<b> El círculo secreto</b>, el libro que contiene los prólogos y notas escritos por <b>Borges</b>, (Emecé, Buenos Aires, 2003). Más auténtica aún.</p><p><b>Borges</b> nunca escribió esa carta, pero ahora la ha escrito. Es su carta.</p>]]></content:encoded></item><item><title>Me duele respirar</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/me-duele-respirar/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/me-duele-respirar/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sun, 25 Apr 2021 00:37:15 +0000</pubDate><description>Álvaro Conrado fue alcanzado por el disparo de un francotirador armado de un fusil Dragunov el mediodía del viernes 20 de abril de 2018, mientras corría llevando dos botellas de agua que quería entregar a los estudiantes que ocupaban una barricada en las inmediaciones de la Universidad de Ingeniería en Managua.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Álvaro Conrado fue alcanzado por el disparo de un francotirador armado de un fusil Dragunov el mediodía del viernes 20 de abril de 2018, mientras corría llevando dos botellas de agua que quería entregar a los estudiantes que ocupaban una barricada en las inmediaciones de la Universidad de Ingeniería en Managua.</p><p>Recién había cumplido 15 años y correr era una de sus pasiones. Al día siguiente participaría en una competencia colegial en la cual esperaba ganar su cuarta medalla.</p><p>Vestía jeans azules, zapatos deportivos, una gorra con el emblema de los Yanquis de Nueva York, y una chaqueta roja que lo hizo blanco fácil para el francotirador. El disparo entró por el labio inferior, atravesó el cuello, dañando la laringe y el esófago, y fue a alojarse en el tórax.</p><p>Hay un video de 16 segundos del momento en que, tras recibir el disparo, mientras es auxiliado por los estudiantes, no deja de decir: “me duele respirar”. Sentado en el suelo, jadea con dificultad, la chaqueta roja remangada. Alguien parece acercarle una botella de agua. Son segundos demasiado fugaces.</p><p>Un desconocido lo llevó en su vehículo al hospital Cruz Azul. En el trayecto, pedía que por favor no lo dejaran dormirse, tenía miedo de no volver a despertar. Se desangraba, y le seguía doliendo respirar.</p><p>“En lugar de recibirlo lo que hicieron fue cerrar apresuradamente la puerta”, dice el padre. Entonces, el mismo desconocido lo llevó al hospital Alemán Nicaragüense, donde tampoco quisieron admitirlo. En el hospital Bautista, que es privado, sí lo acogieron. Pero a las dos de la tarde murió en el quirófano.</p><p>Llevaba cuarto año de secundaria. Quería estudiar leyes, dice su padre. Lo discutían juntos. Y después de sacar su título ya verían de conseguir una beca para un posgrado.</p><p>Su padre se llama también Álvaro Conrado, ingeniero informático, y su madre Liseth Dávila. Viven en el barrio Monseñor Lezcano. Luz Marina, la abuela, vive con ellos.</p><p>“Cuando se le metía una idea en la cabeza nadie lo hacía cambiar”, dice la abuela. Y no soportaba las injusticias. Lo atraían los animes. Soñaba con viajar a Japón.</p><p>El día anterior le había pedido a su padre que le explicara lo que estaba pasando.</p><p>Después de escuchar con atención, dijo: “papá, ¿por qué no nos vamos a asomar?” “No, eso es muy peligroso” respondió el padre. “Vos sos un niño todavía”.</p><p>Antes de dormirse, le envió un mensaje a una amiga, que la madre encontró despué en el teléfono: “…Somos nicaragüenses. Somos uno solo. Contra eso no podrán nunca jamás”.</p><p>“Desayunamos juntos, y eso fue lo último”, dice el padre. “Entonces pasado el mediodía recibo en mi oficina una llamada desde su propio teléfono, y cuál es mi susto cuando esa persona desconocida que lo había recogido me informa que mi hijo está entrando al quirófano del hospital Bautista. Yo corrí al hospital, pero, ya no lo alcancé a verlo vivo”.</p><p>En la casa fue levantado un altar fúnebre con sus pertenencias: su certificado de notas, sus medallas de atletismo, su guitarra, su patineta.</p><p>El artista gráfico Juancho Tijerino le hizo un retrato estilo manga, por eso de que le gustaban los animes. El pelo abundante y revuelto, los ojos diáfanos agrandados tras sus lentes de pasta, el pecho erguido cruzado por la bandera de Nicaragua que flota por encima de su camiseta deportiva, y posado sobre su hombro izquierdo un guardabarranco, el colorido pájaro nacional. Esa figura prendió en las redes y fue impresa en pancartas que navegaron entre las multitudes en las marchas, en camisetas, calcomanías. Hasta que fue prohibida.</p><p>El día en que fue asesinado, otros muchachos cayeron también víctimas de los francotiradores, y muchos más seguirían cayendo en lo sucesivo. La cuenta de los muertos por la represión que empezó en ese mes de abril de hace tres años alcanzó más de trescientos.</p><p>“Mi hijo hoy cumpliera 18 años y fuera un hombrecito, estaría estudiando en alguna universidad”, dice su padre.</p><p>El sol es de incendio sobre Nicaragua en abril. Pero la hierba verde renace de los carbones, dice Ernesto Cardenal.</p>]]></content:encoded></item><item><title>La boca del infierno</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/la-boca-del-infierno/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/la-boca-del-infierno/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sun, 11 Apr 2021 01:12:25 +0000</pubDate><description>Hace algunos días conversé con el escritor canadiense John Ralston Saul, anterior presidente del Pen International, y quien estuvo hace algunos años en Nicaragua. El Pen fue fundado en Londres en 1921, y entre sus socios constituyentes estuvieron nada menos que Joseph Conrad,  George Bernard Shaw y H. G. Wells. Hoy agrupa escritores de todo el mundo, y se dedica sobre todo a promover y proteger la libertad de expresión, y los derechos humanos.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Hace algunos días conversé con el escritor canadiense John Ralston Saul, anterior presidente del Pen International, y quien estuvo hace algunos años en Nicaragua. El Pen fue fundado en Londres en 1921, y entre sus socios constituyentes estuvieron nada menos que Joseph Conrad,  George Bernard Shaw y H. G. Wells. Hoy agrupa escritores de todo el mundo, y se dedica sobre todo a promover y proteger la libertad de expresión, y los derechos humanos.</p><p>John quería saber de Nicaragua, donde el capítulo nacional del Pen, presidido por Gioconda Belli, se vio obligado a cerrar sus puertas, y recordamos la vez que lo llevé a asomarse al cráter encendido del volcán Masaya; una oquedad espantable desde donde sube una densa humareda de azufre, como si siempre viviéramos en la boca del infierno. Es como llamó el cronista Fernández de Oviedo a este cráter.</p><p>Le dije, para empezar, que los gobiernos resultantes de elecciones en América Latina tienen distintas formas de comportamiento democrático, pero que la legitimidad del voto popular ha logrado ser establecida, todo distante de la vieja historia de las urnas llenas de votos falsos, con gran concurrencia de ciudadanos difuntos.</p><p>Nadie puede alegar la legitimidad de la aplastante mayoría ganada en las últimas elecciones legislativas de El Salvador por el presidente Bukele. Si esa mayoría será usada para fortalecer el sistema democrático, o para acabar con él, está por verse; pero los votos están bien contados. Y si en el Perú hay una crisis de credibilidad política que se ha vuelto crónica, no se debe a elecciones fraudulentas, sino al desprestigio que trae la reiterada corrupción de los electos.</p><p>En Nicaragua hay elecciones presidenciales y parlamentarias en el mes de noviembre. Es decir, dentro de algunos meses, y aún a esta fecha no existen las condiciones mínimas para que se pueda pensar en un proceso electoral creíble, que pueda servir como un mecanismo de transición democrática.</p><p>Una resolución de la Asamblea General de la OEA de noviembre del año pasado, demanda “reformas electorales significativas y coherentes con las normas internacionales”; la independencia del Consejo Supremo Electoral; actualización del registro de votantes; y observación electoral nacional e internacional.</p><p>Agrega que debe haber un proceso político pluralista “que conduzca al ejercicio de los derechos civiles y políticos, incluidos los derechos de libertad de reunión pacífica y libertad de expresión y registro abierto de nuevos partidos políticos”.</p><p>Tales compromisos deberían estar concluidos en el mes de mayo, que ya llega, sin que el régimen haya movido un dedo. Por ahora, la única certeza es la de que Ortega y su esposa la vicepresidenta, se disponen a ser reelectos de nuevo, lo que supone continuar, como desde hace ya 15 años, en el control total del poder civil, económico, policiaco y militar. Nada hace prever que exista la mínima voluntad política para someter ese poder total al libre escrutinio de los votantes.</p><p>Y el Consejo Permanente de Derechos Humanos de las Naciones Unidos, reunido en Ginebra en marzo de este año, manda “abandonar las detenciones arbitrarias, las amenazas y otras formas de intimidación”, y “liberar a todos aquellos arrestados ilegal o arbitrariamente”. Y exige, también, la derogación de las leyes contrarias a los derechos humanos. Baste mencionar la ley de ciberdelitos, la ley de agente extranjeros, y el establecimiento de la cadena perpetua para “crímenes de odio”.</p><p>¿Es posible un clima electoral aceptable cuando hay más de 120 presos políticos, jóvenes en su inmensa mayoría, y miles de exiliados, jóvenes también, que huyeron de la represión desatada a partir de abril de 2018?</p><p>¿Y cómo puede desarrollarse así una campaña electoral? La policía vigila en las calles para desbaratar cualquier atisbo de manifestación pacífica, encierra ilegalmente a los opositores en sus casas con prohibición de salir, e irrumpe en locales bajo techo para disolver reuniones políticas. Hay medios de comunicación con sus instalaciones confiscadas, y otros que viven bajo asedio.</p><p>Seguimos asomados al cráter encendido, le digo a John. Encontrar el camino para alejarse de la boca del infierno costará mucho, pero no hay esperanzas perdidas.</p>]]></content:encoded></item><item><title>Hola, Soledad</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/hola-soledad/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/hola-soledad/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sun, 28 Mar 2021 03:51:55 +0000</pubDate><description>En Japón el gobierno ha creado un ministerio de la Soledad ante el crecimiento del número de suicidios a raíz de la pandemia. Pero, obviamente, el virus de la soledad ha estado en el aire desde muchos antes; en 2018 se había establecido ya otro ministerio de la Soledad en Inglaterra, cuando nueve millones de personas declararon sentirse solas.</description><content:encoded><![CDATA[<p>En Japón el gobierno ha creado un ministerio de la Soledad ante el crecimiento del número de suicidios a raíz de la pandemia. Pero, obviamente, el virus de la soledad ha estado en el aire desde muchos antes; en 2018 se había establecido ya otro ministerio de la Soledad en Inglaterra, cuando nueve millones de personas declararon sentirse solas.</p><p>En España, un estudio reciente de la Universidad Pontificia Comillas deja ver que la soledad ha aumentado en un 50%. Y 11% de los encuestados confiesa sentir “soledad grave”.</p><p>En el mundo orwelliano de 1984, el Gran Hermano crea ministerios que sirven para todo lo contrario de lo que sus nombres expresan: el ministerio de la Paz organiza la guerra, el de la Verdad, difunde las mentiras, el del Amor ejecuta las torturas, y el de la Abundancia administra el racionamiento. En este caso, el ministerio de la Soledad se ocupa verdaderamente de los solitarios. Se trata de la intervención burocrática del estado en las vidas de las personas agobiadas por la desolación en el encierro.</p><p>A finales de los sesenta, cuando vivía en San José, Costa Rica, asistí a un festival de cortometrajes de directores jóvenes de Estados Unidos, y entre ellos recuerdo uno: una muchacha camina sola un atardecer por las calles de Nueva York, sin tener qué hacer ni con quién hablar, ve en un escaparate de una tienda de discos un vinilo que la atrae por el título, “Cómo ganar un amigo”, y lo compra; de vuelta en la estrechez de su apartamento se pone a oírlo.</p><p>La voz masculina, entrenada para divertir a los solitarios, la saluda, le pregunta por su trabajo, por sus gustos; después la invita a aplaudir, y aplauden, a cantar, y cantan; y le pide que se acerque. Ella ríe, con pena, con cierto miedo; él le dice que no tema, que va a decirle algo privado, y el mensaje es: has ganado tu primer amigo. Al final, la voz amistosa que la ha hecho aplaudir, cantar y reír se traba en el último surco del disco y queda repitiendo fin fin fin.</p><p>En la década siguiente, en Berlín Occidental las noticias de la soledad me llegaron de otra manera: los ancianos morían confinados, lejos de sus familias. La policía se enteraba por el aviso de los vecinos de que la luz, en ese apartamento, no se apagaba.</p><p>Entonces escribí un cuento que se llama Vallejo, donde imagino esas ventanas encendidas brillando como estrellas dispersas en los distintos barrios del inmenso mapa de Berlín, hasta formar toda una constelación.</p><p>Un ministerio de la Soledad debe, tener por fuerza, un organigrama; un ministro a la cabeza, un gabinete de dirección, mandos medios, un sistema de detección de casos y de alertas. Sicoterapeutas entrenados para ofrecer antídotos contra la sensación asfixiante de aislamiento; convencer a quienes se sienten atrapados en la ratonera que hay esperanzas de que el futuro no serán las sesiones de zoom que se repiten en ese infinito juego de espejos donde lo plano se ha impuesto como la realidad, y empezamos a olvidar el mundo tridimensional donde había manos de las que asirse, brazos que abrazaban, rostros que acariciar.</p><p>La soledad vista desde el otro lado de la soledad. En Managua, vivir confinado en un apartamento es una rareza bastante excéntrica, ya se ve por el fracaso del negocio inmobiliario de construir torres de viviendas en el centro urbano, que envejecen deshabitadas. Una ciudad horizontal, aún teñida por la cultura de la convivencia rural, de casas con patios divididos por cercos y setos por encima de los cuales los vecinos pueden sostener conversaciones, allí o en las tertulias en las aceras; y donde toda medida de prevención contra el virus, empezando por el aislamiento social, ha fracasado bajo el estímulo del gobierno mismo, que sigue incitando a la gente a salir a la calle y juntarse en ferias y procesiones despreciando las mascarillas.</p><p>Mas que un ministerio de la Soledad, les tocaría instituir un ministerio del Jolgorio, y otro de la Contaminación.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/WTa9Bqj2vGWCJef34_UHSf0wL_o=/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/corprensa/ONX5RB23LNHEPC5J5DF3U52XPE.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[ En España, un estudio reciente de la Universidad Pontificia Comillas deja ver que la soledad ha aumentado en un 50%. Archivo]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[]]></media:credit></media:content></item><item><title>El equilibrio y el caos</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/el-equilibrio-y-el-caos/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/el-equilibrio-y-el-caos/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sun, 14 Mar 2021 00:54:57 +0000</pubDate><description>Hay una reflexión sobre el equilibrio y el caos que, tantos años después, saco de los recuerdos de mi infancia en Masatepe, el pueblo por encima de cuyos tejados se alzaba el volcán Santiago, que me despertaba con sus retumbos en las noches, como los de un cañoneo de asedio a una ciudad sitiada. </description><content:encoded><![CDATA[<p>Hay una reflexión sobre el equilibrio y el caos que, tantos años después, saco de los recuerdos de mi infancia en Masatepe, el pueblo por encima de cuyos tejados se alzaba el volcán Santiago, que me despertaba con sus retumbos en las noches, como los de un cañoneo de asedio a una ciudad sitiada.</p><p>Mi padre fue construyendo a retazos nuestra casa, en un solar que hacía esquina con la plaza frente a la iglesia parroquial. Recién casado, quería abrir allí su tienda de abarrotes; porque despreciando el oficio de músico que ejercían sus hermanos bajo la batuta de mi abuelo, decidió hacerse comerciante.</p><p>Primero levantó el local destinado a la tienda, y el dormitorio matrimonial; luego agregó el comedor y una sala, y los demás dormitorios se fueron sumando a medida que aumentaban los hijos. Él mismo definía el lugar de puertas y ventanas y la altura de las paredes.</p><p>Me recuerdo siempre entre albañiles y carpinteros pendencieros y bromistas, que iban y venían entre andamios y escaleras, la cal apilada en un corralillo, el cerro de arena y la zaranda para colarla; rimeros de tejas de barro, piedras de cantera, costales de cemento Portland, el cajón de la argamasa.</p><p>Los instrumentos y herramientas podían encontrarse al paso en aquel desconcierto, o sobre el banco de carpintero castigado y carcomido como pasado por el fuego. Garlopas de mango torneado, cucharas triangulares para batir la argamasa, gubias, martillos de oreja, el berbiquí y su juego de brocas, la garlopa como un zapato ortopédico, la escofina dentada.</p><p>Y estaban el nivel y la plomada.</p><p>El nivel  era  custodiado por el maestro de obras malhumorado, de sombrero borsalino de ancha badana, el lápiz en la oreja y el metro plegable en el bolsillo, distante por su solo atuendo de la pandilla de operarios, respetuosos y a la vez burlones, que trabajaban en camisolas sin mangas, las gorras de beisboleros con roturas por las que asomaban moños de cabello, los zapatos sin cordones, el olor a argamasa mezclado en su piel con el rezumo de alcohol de estanco y sudor viejo.</p><p>El nivel era una pieza rectangular de madera que conservaba el brillo del barniz a pesar de los rigores de su uso, al medio la burbuja que parpadeaba como un ojo atento y preocupado de que la exactitud del eje entre las dos muescas marcadas en la hilada de piedras, sobre la que era colocado, se mantuviera sereno, y no acusara inclinaciones a uno u otro lado, como un juez recto de criterio que debe mostrar su imparcialidad.</p><p>La redundancia no sobra cuando digo que el nivel atestiguaba el nivel. Era el custodio de lo justo y lo exacto y prevenía las catástrofes y los derrumbes cuando, rematadas las paredes, el techo de tejas asentado en las soleras de cedro recién labradas por el escoplo, descendiera desde la cumbrera de dos aguas hacia los aleros en un oleaje tranquilo, sin riesgos ni sobresaltos.</p><p>Y si el orden horizontal del mundo lo custodiaba el ojo imperturbable del nivel, el orden vertical correspondía a la plomada. El albañil lo llevaba en el bolsillo trasero del pantalón y semejaba más bien un trompo con la cuerda enrollada, sólo que este era de fierro, y la cuerda servía para colgarlo junto a la pared, aún desnuda del repello, de modo que, separado apenas unos milímetros, probara que la correspondencia entre la cuerda y la pared era exacta, ambas en la misma perspectiva, sin rozarse, y que de esta manera la pared a plomo jamás se desplomaría sobre nuestras cabezas.</p><p>Esa casa sigue allí, con sus estancias ahora desiertas, la tienda de abarrotes desaparecida hace tiempo, con su tráfago de clientes, desde los últimos en entrar en el cine vecino que compraban apresuradamente cigarrillos porque la función ya empezaba, a los cazadores de venados que se aprovisionaban de tiros veintidós para sus excursiones nocturnas en las faldas del volcán. Sola, pero sus muros y la techumbre resisten el tiempo, bajo el imperio del nivel y la plomada.</p>]]></content:encoded></item><item><title>Las gotas milagrosas del doctor Maduro</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/las-gotas-milagrosas-del-doctor-maduro/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/las-gotas-milagrosas-del-doctor-maduro/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sun, 14 Feb 2021 00:33:00 +0000</pubDate><description>Uno de mis personajes favoritos del bestiario político centroamericano es el dictador de El Salvador, el general Maximiliano Hernández Martínez, militar y teósofo a la vez. Era un ciego creyente en los poderes de los médicos invisibles, por cuyo consejo mantenía en el patio de la casa presidencial decenas de botellas de distintos colores llenas de agua, que expuestas al sol adquirían facultades sanadoras para cualquier enfermedad, desde la tiña a la disentería. Fue con el agua de una de estas botellas, de color azul, que pretendió curar la apendicitis de un hijo suyo, con resultados fatales. El niño murió entre terribles gritos de dolor.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Uno de mis personajes favoritos del bestiario político centroamericano es el dictador de El Salvador, el general Maximiliano Hernández Martínez, militar y teósofo a la vez. Era un ciego creyente en los poderes de los médicos invisibles, por cuyo consejo mantenía en el patio de la casa presidencial decenas de botellas de distintos colores llenas de agua, que expuestas al sol adquirían facultades sanadoras para cualquier enfermedad, desde la tiña a la disentería. Fue con el agua de una de estas botellas, de color azul, que pretendió curar la apendicitis de un hijo suyo, con resultados fatales. El niño murió entre terribles gritos de dolor.</p><p>Cuenta también Roque Dalton en Historias prohibidas de Pulgarcito, que ante una tenaz epidemia de viruela no se le ocurrió nada más sabio que mandar a forrar en papel celofán coloreado las farolas del alumbrado público, pues matizar la luz eléctrica era suficiente para matar las bacterias causantes de la peste, que por supuestos siguió creciendo a sus anchas y matando niños y adultos, indiferente a la artes mágicas del presidente de la república y su corte de médicos invisibles.</p><p>El presidente <a href="https://www.prensa.com/tema/nicol-s-maduro/" target="_blank">Nicolás Maduro</a> no será discípulo de los médicos invisibles, pero sí de Sathya Sai Baba, quien se proclamó en vida avatar del dios Visnú. Maduro visitó a su maestro en el santuario de Puttaparthi en la India, y ahora que ya el gran gurú pasó a otro plano de vida, a lo mejor desde el más allá es quien le aconseja las políticas sanitarias.</p><p>Para asombro de la comunidad científica internacional, Maduro ha anunciado que un genio científico de su confianza, cuyo nombre “por el momento se protegerá” ha descubierto una medicina milagrosa, más potente que ninguna de las vacunas patentadas hasta ahora, para acabar de una vez por todas con la pandemia.</p><p>“Diez gotitas debajo de la lengua, cada cuatro horas, y el milagro se hace, es un antiviral, muy poderoso, que neutraliza el coronavirus”. La pócima “es producto de varios estudios clínicos, científicos y biológicos que se extendieron durante nueve meses e incluyeron experimentación en enfermos, moderados y graves, que se recuperaron de la enfermedad gracias a estas gotas”.</p><p>La asombrosa panacea, que vendrá en un frasquito provisto de gotero, se llama Carvativir “mejor conocido como las gotitas milagrosas de José Gregorio Hernández” ha dicho Maduro. Y aquí la manipulación asoma sus peludas orejas.</p><p>Este médico de los pobres, nacido en 1864, que ha estado por un siglo en los altares populares, santo de una devoción sincrética, según me recuerda Ibsen Martínez, se graduó en La Sorbona y fue discípulo de Claude Bernard, con lo que no fue de ninguna manera un curandero de aguas de colores, sino un científico pionero, de gran espíritu humanista, quien se entregó de lleno a enfrentar la influenza española, la pandemia de entonces. Murió atropellado por un automóvil en una calle de Caracas en 1919, mientras corría a socorrer un enfermo.</p><p>Una figura muy conveniente para endosarle las gotitas milagrosas, pues será beatificado por la iglesia católica este año, con lo que tendrá abierta las puertas de la canonización oficial. Santo ya es, de todas maneras, para los miles que le rezan.</p><p>La Academia Nacional de Medicina de Venezuela quitó toda seriedad al anuncio presidencial de las “goticas milagrosas” del doctor Maduro y demandó al régimen que no desinforme a la población creando expectativas falsas. “Esta Academia no tiene conocimiento de estudio alguno que demuestre científicamente la efectividad de este u otro tratamiento ‘natural’ para la enfermedad COVID-19” advierte en un comunicado. Y agrega: “hacemos un llamado al gobierno nacional y a la población en general a no difundir información carente de sustento científico y a acatar las directrices emanadas de la OMS, ya que puede ser contraproducente en una situación de pandemia, el generar falsa sensación de seguridad en una población vulnerable, dado lo depauperado de la salud de los venezolanos”.</p><p>Los médicos de feria se multiplican en medio de las catástrofes sanitarias, ofreciendo remedios milagrosos, como ya se puede ver en El diario de la peste, de Daniel Defoe, que narra la plaga mortal que asoló Londres hace 350 años. La desesperación ante la inminencia de la muerte hace que se empiece a creer en el poder curativo de los brebajes de hierbas, del aceite de culebra, o de los sahumerios de azufre.</p><p>Lo grave es cuando desde los palacios presidenciales se proclaman las virtudes de las aguas de colores y la luz tamizada de las farolas, las inyecciones de lejía, o, como en este caso, el poder de gotas milagrosas aplicadas debajo de la lengua cuatro veces al día, según la maravillosa receta del doctor Maduro.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/giYrJvl8PcoMeuBy9LSuJlihBhc=/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/corprensa/45GKDL7H6BETHOE2I7LB3ZW32U.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Nicolás Maduro emite un discurso en el marco del Día Internacional de la Juventud. AFP]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[AFP]]></media:credit></media:content></item><item><title> Los protocolos de los sabios deTrump</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/los-protocolos-de-los-sabios-detrump/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/los-protocolos-de-los-sabios-detrump/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sun, 24 Jan 2021 05:00:00 +0000</pubDate><description>Igual que las novelitas pornográficas copiadas a máquina que circulaban de mano en  mano con grave sigilo entre los adolescentes en mi pueblo, los adultos se pasaban entre ellos en las barberías, con no menos avidez, un folleto en cuya portada figuraba un judío barbado a cuyas espaldas brillaba, con fulgores luciferinos, una estrella de David.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Igual que las novelitas pornográficas copiadas a máquina que circulaban de mano en  mano con grave sigilo entre los adolescentes en mi pueblo, los adultos se pasaban entre ellos en las barberías, con no menos avidez, un folleto en cuya portada figuraba un judío barbado a cuyas espaldas brillaba, con fulgores luciferinos, una estrella de David.</p><p><b>Los Protocolos de los sabios de Sión.</b> Este panfleto, de pobres pero convincentes invenciones, exponía la trama de una conspiración tejida por los judíos para sojuzgar al mundo. Nadie, ni en un lugar tan alejado de los centros de poder como Masatepe, ni en ningún otro de la tierra, escaparía a esos tentáculos viscosos; hasta el magnate Henry Ford, quien había pagado de su abundante bolsillo la impresión de ediciones enteras del folleto en Estados Unidos.</p><p>Y a Hitler creyó también le sirvió como pretexto para el exterminio de millones de judíos. Cuando me topé con ese folleto, estoy hablando de los años cincuenta del siglo pasado. Entonces ya se conocía el horror de los campos de concentración nazi, pero era mucho más fuerte la avidez de la gente sencilla por los graves secretos que los protocolos revelaban.</p><p>Sencillos y letrados, todos somos hijos del mito, y es tentador siempre pensar en términos de fábula; en ese terreno pantanoso, la conspiración y la profecía se hallan a sus anchas para explicar desde las catástrofes naturales a las guerras; no en balde las<b> Profecías de Nostradamus </b>reviven cada comienzo de año para develar las contingenciasamenazadoras del futuro.</p><p>Y <b>Los Protocolos de los Sabios de Sión </b>no sólo no pierden vigencia hoy día, en pleno siglo veintiuno, sino que engendran descendencia. Las fábulas inventadas de la secta QAnon de la ultraderecha de Estados Unidos pertenecen a la misma estirpe alimentada en la puerilidad de que debajo de nuestros pies hay un mundo subterráneo donde figuras famosas celebran aquelarres para manipular a su antojo nuestras vidas. La esencia de las historietas dibujadas en cuadros.</p><p>Y ese otro mundo que no vemos, pero desde el que se controlan nuestras mentes, es regido por claves secretas, como en <b>El código Da Vinci,</b> de Dan Brown.</p><p>No es que quiera culpar a Dan Brown de la existencia de QAnon, pero la credibilidad de un dedicado lector suyo, viene a ser la misma. En una ocasión, me encontraba en la iglesia de San Sulpicio en París frente al cuadro de Delacroix, Jacob luchando contra el ángel, cuando la voz del guía al que rodeaba un grupo de turistas llamó mi atención: habían viajado hasta allí, desde Ohio o desde Dakota, con el exclusivo propósito de ver el lugar donde Silas, el albino, busca la clave del paradero del Santo Grial.</p><p>Claves siniestras, hilos conductores de la conspiración de que se sienten víctimas, dirigida por estrellas de Hollywood, y a cuya cabeza se halla el villano mayor, George Soros, Gran Maestro del Estado Profundo, peor que Lex Luthor, el archienemigo de Supermán.</p><p>Es una historieta cómica, pero con consecuencias. Uno de los QAnonianos entró disparando en 2016 en una pizzería de un barrio de Washington. El agresor había sido convencido de que desde allí se dirigía una red de ritos satánicos dedicada a la pedofilia. A la cabeza de esa red se hallaba nada menos que Hilary Clinton.</p><p>Enlistados por el FBI como terroristas potenciales, los cabecillas de QAnon se hicieron visibles en el reciente asalto al Capitolio. Y como en las tramas de los comics, responden ante un Jefe Supremo incógnito que se halla dentro de la misma Casa Blanca, al lado de Trump, y que a través de las redes va dejando rastros para que sean encontrados por los soldados de la causa de la pureza racial.</p><p>Que los QAnon pertenecen a una historieta cómica puede verse por sus atuendos, como el de Yellowstone Wolf, con sus cuernos de vikingo, y su lanza en ristre.</p><p>Y, por supuesto, los QAnon creen en los platillos voladores, y en los extraterrestres, desde luego que las civilizaciones intergalácticas desarrolladas están gobernadas por supremacistas blancos. Faltaría más.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/7BafCiAZuzVHsHIU5LxdGKluAWg=/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/corprensa/LWNWRSRUORFFZKDGYUKQCX6KYI.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Los conspiracionionistas se aglutinaron detrás de la figura de Donald Trump.AFP]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[AFP]]></media:credit></media:content></item><item><title>La vieja utopía en ruina</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/la-vieja-utopia-en-ruinas/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/la-vieja-utopia-en-ruinas/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sat, 22 Aug 2020 01:28:03 +0000</pubDate><description>La última vez que estuve en Venezuela fue en 2007, tiempo ya lejano en que el chavismo buscaba consolidarse apretando todas las tuercas posibles de la maquinaria de poder, para convertir, tantos años después, la incierta utopía del socialismo del siglo veintiuno en la alucinante distopía que es ahora. Y me acompañaban entonces dos libros que me ayudaban a entender el paisaje viviente, la novela País Portátil, de Adriano González León, de 1967; y Chávez sin uniforme, de Cristina Marcano y Alberto Barrera Tyszka, entonces recién aparecido.</description><content:encoded><![CDATA[<p>La última vez que estuve en Venezuela fue en 2007, tiempo ya lejano en que el chavismo buscaba consolidarse apretando todas las tuercas posibles de la maquinaria de poder, para convertir, tantos años después, la incierta utopía del socialismo del siglo veintiuno en la alucinante distopía que es ahora. Y me acompañaban entonces dos libros que me ayudaban a entender el paisaje viviente, la novela <b>País Portátil</b>, de Adriano González León, de 1967; y <b>Chávez sin uniforme</b>, de Cristina Marcano y Alberto Barrera Tyszka, entonces recién aparecido.</p><p>Uno podía entonces imaginar aún a Venezuela de dos maneras: como en la historia del rey Midas, que todo lo que tocaba lo convertía en oro; o como el país de Jauja, donde estando todo tan a mano, no se necesita ni arar ni aserrar.</p><p>“Detrás de un Mitsubishi hay gente comprometida”, rezaba el lema de un anuncio de página entera, cuándo aún había diarios impresos: un ejército de técnicos sonrientes, custodiaba un deslumbrante modelo Lancer. La palabra compromiso, igual que la palabra revolución, pertenecían al léxico sagrado de Chávez, y aún podía sacarse partido a los eslóganes revolucionarios. </p><p>“Venezuela rueda, y rueda en carros y camiones hechos en Venezuela”, dice el anuncio de la Chrysler citado como epígrafe en <b>País portátil</b>.  Todavía en 2007 había colas de espera de hasta seis meses para recibir el modelo de coche reservado, Mercedes, Jaguar, Hummers.  Y una fiesta para los cirujanos plásticos. Una muchacha solía recibir como regalo de sus padres, al cumplir los quince años, un lift de los senos, no en balde el país producía reinas de belleza en serie.</p><p>Pero en los años setenta, gracias a la misma bendición inagotable del petróleo, tan mal repartida, Venezuela era también un foco cultural único: el premio de novela Rómulo Gallegos, el más importante del continente; la Biblioteca Ayacucho, dirigida por Ángel Rama, destinada a publicar todos los libros capitales de la cultura latinoamericana; periódicos innovadores como<b> El diario de Caracas</b>, que dirigió Tomás Eloy Martínez.</p><p>El personaje de <b>País portátil</b>, un combatiente guerrillero, busca en la lucha clandestina lo que aún es posible para la utopía personal en los años sesenta, las claves perdidas del país desigual en que ha nacido. Hoy, la utopía se ha degradado hasta la caricatura, convertida en un adefesio mentiroso, burocrático y letal. </p><p>Por eso es que las novelas que escriben los jóvenes para contar el siglo veintiuno venezolano, son distópicas.</p><p><b>The Night</b>, de Rodrigo Blanco Calderón, ganadora de la Bienal de Novela Vargas Llosa: Caracas en la oscuridad de los apagones como un cementerio sin voces, el alucinante retrato en sombras de un inframundo donde los psicópatas andan sueltos como almas en pena. </p><p>Y<b> La hija de la española</b>, de Karina Sainz Borgo, premiada en España, Francia y Alemania, que recién he leído, y que ha provocado este artículo. Es un libro que se lee con creciente sensación de asfixia, uno mismo acorralado en la trama.</p><p>Caracas ha dejado de ser la ciudad abierta, de agudos contrastes, para convertirse en un escenario de agria confrontación sin escape posible; porque el poder de garras sucias que controla a la gente, invade viviendas, tirotea a los disidentes en las calles, llena las morgues de cadáveres sin nombre.</p><p>Entonces, Adriana Falcón, expulsada de su casa, busca refugio metiéndose dentro de la identidad de Aurora Peralta, su vecina, hija de una inmigrante española. El cambio de identidad es la única puerta para escapar del infierno que arde día y noche en las calles, partidas de motorizados, la policía coludida con los acólitos del poder de “los hijos de la revolución”. </p><p>Y la Mariscala, y sus secuaces, personajes de los bajos fondos que repiten los eslóganes encendidos que se cantan a ritmo de reguetón, mientras trafican con los alimentos de la cartilla de racionamiento, son la imagen última de la metamorfosis entre la vieja utopía en ruinas y la distopia que arde en las fogatas callejeras con llamas de azufre.</p><p>La redención prometida, ha terminado en una fantasmagoría de esperpentos.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/SCyO2-BwxSCRW9UIJHI-Apz6paY=/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/corprensa/D5NHOPUVSBHTZBYZSAY2OVNQ24.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Hoy en Venezuela, la utopía se ha degradado hasta la caricatura, convertida en un adefesio mentiroso, burocrático y letal. AFP]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[AFP]]></media:credit></media:content></item><item><title>Contrapunto entre mezquindad y grandeza</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/contrapunto-entre-mezquindad-y-grandeza/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/contrapunto-entre-mezquindad-y-grandeza/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez </dc:creator><pubDate>Mon, 27 Jul 2020 03:19:57 +0000</pubDate><description>Una noche de marzo del año 2003 me senté frente al televisor para ver el ritual de la entrega de los premios Oscar de ese año, esa larga y aburrida ceremonia que tiene tanto del glamour de las revistas del corazón, y tanto de excelsa mediocridad. </description><content:encoded><![CDATA[<p>Una noche de marzo del año 2003 me senté frente al televisor para ver el ritual de la entrega de los premios Oscar de ese año, esa larga y aburrida ceremonia que tiene tanto del glamour de las revistas del corazón, y tanto de excelsa mediocridad. </p><p>Soportaba la larga ceremonia porque esperaba su momento cumbre, cuando Elia Kazan habría de recibir el Oscar por su obra de toda la vida. Algunas de las estrellas de Hollywood que ocupaban las butacas del teatro cumplieron la consigna de no ponerse de pie, ni aplaudir, mientras otras lo aclamaban. Y yo me sentía parte de los dos bandos. </p><p>En abril de 1952, se había presentado a declarar ante el Comité contra Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes presidido por el senador Joe McCarthy, que entonces sembraba el terror entre intelectuales, escritores y cineastas, a denunciar a sus compañeros. </p><p>Una parte de mí me decía que alguien así no merecía siquiera un desvelo; y la otra parte me retenía en el sillón porque se trataba de uno de los directores de cine que más he admirado.</p><p>La pregunta acerca de si es posible separar la política y el arte no es la correcta en este caso. Importa poco, y cada vez importará menos, la biografía política de Kazan, miembro del partido Comunista primero, y luego, reacio a que sus ideas artísticas tuvieran que ser aprobadas por algún burócrata de corte estalinista, renunció a su militancia.</p><p>La verdadera pregunta se abre al confrontar el hecho de que se hubiera prestado al papel de delator. Y peor la contradicción, cuando recordamos que en sus películas exaltó siempre la libertad del individuo en contra de la injerencia del estado, la misma que defendían Tennessee Williams y Arthur Miller; esa injerencia totalitaria que McCarthy, un fanático, representaba. </p><p>El conflicto se presenta entre arte y ética, y no entre arte y política. ¿Cómo aceptar que alguien que fue capaz de realizar <b>Nido de rata</b>s, pudo arruinar para siempre a otros de su mismo oficio al denunciarlos?  Mezquindad contra grandeza. Los delatados, actores, dramaturgos, guionistas, camarógrafos, mucho de ellos inmigrantes pobres como el propio Kazan, no volvieron a recibir jamás un contrato en Hollywood. </p><p>Y no lo hizo por miedo, según afirmó, sino “por principios”, aunque al mismo tiempo de condoliera de la suerte de alguna de sus víctimas, entre las que se hallaba Dashiell Hammett, el gran maestro de la novela negra. Tuvo “remordimientos por el costo humano” provocado, pero no se arrepintió, porque consideraba “haber hecho lo correcto para proteger su carrera, y porque creía que, de lo contrario, hubiera beneficiado al Partido Comunista”. </p><p>Quienes se oponían a que Elia Kazan recibiera el Oscar, lo que alegaban era estas razones éticas, y no la excelencia de sus películas. ¿Es posible separar una y otra cosa, admiración y condena? Intenté hacerlo entonces, frente al televisor, y no lo logré. Intento hacerlo de nuevo ahora, cuando se vuelve a hablar tanto de la conducta de los artistas y de las consecuencias de esa conducta para su obra, y tampoco lo he logrado. </p><p>Hubiera preferido un Elia Kazan convencido de que la delación no cabe en ninguna escala ética, ni se puede vivir con ella. Así lo creyeron Chaplin y John Houston, que se fueron al exilio, y Humphrey Bogart, que tampoco se doblegó. Ése Elia Kazan, y no el que se sentó frente al comité cazador de brujas, pero cuyas películas seguiré viendo con la misma admiración, aunque a alguien se le ocurra ponerlas en una lista negra.</p><p>George Steiner recuerda a Wagner y a Céline, odiosos antisemitas. A Heidegger, “el más grande entre los pensadores y el más mezquino entre los hombres”, admirador del Führer. Peor habría que estar dispuestos a defender que sus obras son imprescindibles y nadie debería ni expurgarlas ni prohibirlas.</p><p>A fin de cuentas, si a un autor se lo traga el olvido junto con su obra, nada tendrán que decir los siglos. Pero si la obra sobrevive con su propia majestad, es la que nos seguirá   importando.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/lj--tLqylnCq-M5LnjBr4p9fV0A=/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/corprensa/EN5OV2WS5BENJKKDQ6ARSS4S64.png"><media:description type="plain"><![CDATA[Elia Kazan ganó múltiples premios, como el Oso de Oro del Festival de Berlín.  Archivo]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[]]></media:credit></media:content></item><item><title>El mundo que da miedo</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/el-mundo-que-da-miedo/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/el-mundo-que-da-miedo/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sat, 11 Jul 2020 03:20:28 +0000</pubDate><description>El tenor canta Nessun Dorma en un patio rodeado de los edificios de un hospital de Varsovia, por cuyas ventanas se asoman médicos, enfermeras, pacientes con mascarillas, mientras los miembros del coro, y como si pasaran por el patio por mera casualidad, van juntando sus voces. Al final, los espectadores enclaustrados aplauden, lanzan vivas al tenor. Son voces remotas, son como de otro mundo. </description><content:encoded><![CDATA[<p>El tenor canta Nessun Dorma en un patio rodeado de los edificios de un hospital de Varsovia, por cuyas ventanas se asoman médicos, enfermeras, pacientes con mascarillas, mientras los miembros del coro, y como si pasaran por el patio por mera casualidad, van juntando sus voces. Al final, los espectadores enclaustrados aplauden, lanzan vivas al tenor. Son voces remotas, son como de otro mundo. </p><p>El aria de Puccini, ascendiendo hacia el pozo de luz arriba de los edificios grises. Nadie duerme. Nadie sabrá mi nombre. Por desgracia hay que morir. Que se vaya la noche. Que se pongan las estrellas. El amanecer será un triunfo. ¿Vendrá el amanecer? </p><p>Es uno de esos videos donde los cantantes andan por las plazas, los cafés, los centros comerciales, los mercados, y de pronto el tenor, o la soprano, rompen a cantar, se les junta el coro, van llegando uno a uno los músicos con sus instrumentos, y la gente se detiene primero extrañada, luego empieza a prestar atención. </p><p>Qué otro escenario más espléndido que el café Iruña de Pamplona para el coro del brindis de La Traviata. En el mercado de San Ambrosio, en Florencia, la mezzosoprano disfrazada de expendedora de carne se quita el mandil y empieza a cantar una de las arias de Carmen.</p><p>Estos videos son de hace tiempo, diez años a lo menos. Es un pasado demasiado remoto, ahora que el tiempo se ha quebrado en astillas y nos cuesta más recomponer el cuadro del pasado, cómo fue, que fuimos, y del futuro sólo tenemos una visión borrosa y llena de signos abstractos, como en las pantallas de los viejos televisores cuando se iba la transmisión. </p><p>Hasta ayer mismo teníamos una idea más o menos razonable del tiempo transcurrido y por transcurrir. El progreso era inevitable, y veíamos cómo los sistemas y objetos, fruto del afán tecnológico, y de la capacidad de invención, se sucedían unos a otros para volverse al rato obsoletos. </p><p>Y la mejor novedad tecnológica era la prolongación de la vida. Adivinar por adelantado los pasos de la muerte. La longevidad como panacea. La vejez saludable, sin carencias, empezando por el vigor sexual. Un fetiche benefactor llamado calidad de vida. </p><p>Y, de pronto, la incertidumbre. De la seguridad del progreso que vuela en alas del ángel de la historia, hemos pasado a escuchar el fragor del huracán que arrastra esas alas hacia atrás, para recordar la reflexión de Walter Benjamín frente al cuadro de Klee. Sabemos que estamos viviendo el principio de algo todavía desconocido. Ignoramos lo que será, pero no será lo mismo. </p><p>Y desesperamos por una vacuna milagrosa. No se sabe cuánto tardará en descubrirse y luego fabricarse. Y, mientras tanto, la inseguridad continuará, y no se podrá prescindir del distanciamiento como regla de vida. Es otro mundo. El mundo que da miedo. </p><p>La gente sale de sus encierros, con la ansiedad de dejar atrás la pesadilla. La vida está afuera, esperando. Pero la mano oscura te detiene. La contaminación recrudece, la curva no se aplaca, se mueve hacia arriba otra vez, con movimiento de látigo implacable. Los índices crecen de nuevo en Estados Unidos. América Latina es el nuevo centro mundial de la pandemia. </p><p>¿Volverá el mundo a ser tan seguro como antes, en el sentido de que no le temíamos al prójimo? Al amigo escritor que tenías tiempo de no ver, junto al que te sientas en la mesa donde van a dialogar sobre literatura. El chofer del taxi que te lleva al recinto de ferias, a mí que me gusta sentarme adelante y entretenerme e instruirme en la conversación con los taxistas, que saben de todo y le mientan la madre al gobierno de turno. </p><p>Se acabaron las certezas. Porque llegará un momento en que la pandemia habrá dejado de ser una amenaza constante para la mayoría, que tendrá que regresar de cualquier manera a la vida diaria. </p><p>Pero habrá quienes deberemos ser más cautos, por vulnerables. Los más viejos. O, en todo caso, si queremos sobrevivir, deberemos aceptar las reglas del claustro, como los monjes medievales.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/hVUxqJm86X3KfKrsE9m1EC3OmUI=/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/corprensa/WFCUW4MOQRA4ZIKQZTY6PK3B5Y.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El mundo que da miedo]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[]]></media:credit></media:content></item><item><title>Un escritor que crea gobernando</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/un-escritor-que-crea-gobernando/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/un-escritor-que-crea-gobernando/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sat, 27 Jun 2020 03:05:54 +0000</pubDate><description>En julio de este año deberíamos haber celebrado el festival literario Centroamérica Cuenta en Guatemala, pero la pandemia paralizó nuestros planes, como tantas otras cosas en el mundo. De modo que decidimos tomar provecho del tiempo muerto de los encierros, y de la imposibilidad de verse cara a cara, creando un foro de conversaciones en línea que hemos llamado “Autores en cuarentena”. </description><content:encoded><![CDATA[<p>En julio de este año deberíamos haber celebrado el festival literario Centroamérica Cuenta en Guatemala, pero la pandemia paralizó nuestros planes, como tantas otras cosas en el mundo. De modo que decidimos tomar provecho del tiempo muerto de los encierros, y de la imposibilidad de verse cara a cara, creando un foro de conversaciones en línea que hemos llamado “Autores en cuarentena”. </p><p>En este marco compareció el presidente de Costa Rica, Carlos Alvarado Quesada, para conversar conmigo sobre literatura y política, y sobre su propia obra literaria, con la mediación del periodista Arturo Wallace de la <b>BBC </b>de Londres.</p><p>Cuando ganó las elecciones en 2018 no fue sólo el más joven en la historia del país en alcanzar la presidencia, con 38 años, sino que, además, tenía ya una carrera literaria en marcha, con tres novelas y un libro de cuentos publicados. Y cuando deje la presidencia seguirá siendo un escritor joven, o un político joven, según su escogencia. Pero, en cualquier caso, podrá seguir creando.</p><p>Porque, para él, “ambas, la literatura y la política, son ejercicios creativos, transformadores, pero en frascos separados. A mí no me gusta necesariamente traslaparlos”.</p><p>La política como acción creativa es posible en Costa Rica, donde la participación democrática se halla arraigada en las instituciones y en el espíritu de los ciudadanos. De manera que gobernar, según recuerda el presidente Alvarado, se convierte en un ejercicio constante de diálogo y transacción, de persuasión y búsqueda de consensos; es en eso que reside el carácter creativo de la política.</p><p>No pocas veces se llega a confundir la artimaña del engaño, y las formas de imponer la mano dura, con el talento político creativo. Pero es poca la inteligencia que se necesita para acumular poder en una sola mano, si faltan los escrúpulos, se reprime a los disidentes, y se pone precio a las voluntades.</p><p>En la literatura se crean mentiras que deben ser creíbles. En la política se crean verdades que deben hacer creíble el oficio de gobernar. “Creo que la dimensión de la verdad y lo ficticio en la literatura tiene un componente y en la política la verdad tiene que ser la verdad”, dice. “Y creo que el espacio de ficción no debe existir ahí”.</p><p>No es usual encontrarse a un presidente capaz de entregarse a un diálogo literario. El periodista salvadoreño Carlos Dada, fundador de<b> El Faro</b>, emitió un tuit con divertido asombro: “¿Un presidente centroamericano hablando cómodamente de literatura?: Sí, ahora mismo”. </p><p>Tampoco es usual que un presidente que viene de la literatura termine su período. Escritores gobernantes ha habido pocos en América Latina, y se me viene el recuerdo de Rómulo Gallegos, presidente de Venezuela derrocado en 1948 por la casta militar, y el de Juan Bosch, presidente de la República Dominicana, derrocado en 1963, también por la casta militar. Ambos habían sido electos legítimamente y duraron los dos en el poder exactamente nueve meses.</p><p>La diferencia es que en Costa Rica no hay ejército que le pueda dar un golpe de estado a un presidente, porque las fuerzas armadas, para bien de los recursos dedicados a la educación y la salud, fueron abolidas en 1948 tras la revolución que encabezó José Figueres. Y para bien de la democracia.</p><p>Es una democracia, bajo la presidencia de este escritor que ahora ocupa todo su tiempo en los asuntos de gobierno, la que ha hecho frente con éxito relevante a la pandemia. Costa Rica y Uruguay, ambos países ejemplo de alternancia democrática, son los que mejor han enfrentado la emergencia sanitaria del virus. </p><p>Cuando le propuse hace algunas semanas al presidente Alvarado este diálogo, algunos de sus asesores le aconsejaron que no se vería bien que, en tiempo de crisis, él apareciera hablando de literatura. Pero pensó que valía la pena.</p><p>“Pensé que en estos tiempos en el que estamos muy ocupados haciendo muchas cosas, la literatura y el arte son muy importantes…son momentos difíciles ciertamente, pero hay que defender esa comarca que es la literatura que lleva consuelo, bienestar, imaginación, vitalidad a tantas personas en un momento como la cuarentena”.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/ds_lZXBQGgCYB5j7YV-cPDQfoXk=/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/corprensa/GCWNLWIDEZBK3DWYGQDUIJS6UM.png"><media:description type="plain"><![CDATA[El presidente de Costa Rica, Carlos Alvarado Quesada, durante su visita a Panamá en 2019.  Archivo]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[]]></media:credit></media:content></item><item><title>Una historia de platillos voladores</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/una-historia-de-platillos-voladores/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/una-historia-de-platillos-voladores/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sat, 13 Jun 2020 03:39:34 +0000</pubDate><description>Me fascinan las viejas historias que comienzan como novelas: “en 1975, Marshall Applewhite, un profesor de música, y su pareja Bonnie Nettles, enfermera de profesión, decidieron contactar a los extraterrestres y buscaron seguidores que pensaran como ellos. Publicaron avisos en busca de reclutar discípulos, a los que llamaban tripulantes”. Lograron reunir inicialmente treinta, que abandonaron sus hogares y sus trabajos para seguirlos; pero luego este número continuó creciendo, y llegaron a conquistar a centenares.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Me fascinan las viejas historias que comienzan como novelas: “en 1975, Marshall Applewhite, un profesor de música, y su pareja Bonnie Nettles, enfermera de profesión, decidieron contactar a los extraterrestres y buscaron seguidores que pensaran como ellos. Publicaron avisos en busca de reclutar discípulos, a los que llamaban tripulantes”. Lograron reunir inicialmente treinta, que abandonaron sus hogares y sus trabajos para seguirlos; pero luego este número continuó creciendo, y llegaron a conquistar a centenares.</p><p>Esta pareja de iluminados creía ciegamente que seres de una estrella lejana habían arribado a la Tierra en un pasado remoto, dejando a algunos de ellos como colonos. De aquellos viajeros llegados en platillos voladores proviene la humanidad, y nuestros ancestros regresarían un día a recoger a sus descendientes para llevárselos con ellos.</p><p>Marshall y Bonnie educaron a sus discípulos en ciencias ocultas, astrología, misticismo y teosofía, tiñendo siempre su discurso de citas bíblicas, y les dieron a leer libro tras libro de literatura esotérica y de ciencia ficción, llegándolos a convencer de que su vida futura verdadera se hallaba en el firmamento, adonde volarían algún día. Y era obligatorio ver los capítulos de la serie <b>Star Trek</b>, porque en los diálogos de los personajes había mensajes ocultos que enviaban los alienígenas, dirigidos a los miembros de la secta. </p><p>Ambos se consideraban la reencarnación de los Dos Testigos del Apocalipsis de San Juan, elegidos para subir al cielo en una nube. Cuando Bonnie, la sacerdotisa, murió en 1985, víctima de cáncer, Marshall, el supremo sacerdote, convenció a sus discípulos de que una nave espacial había venido a buscarla.</p><p>Para 1996, la secta había adoptado el nombre de “La puerta del cielo”. Tomaron alquilada una mansión rural al norte de San Diego, en California, y como para entonces se acercaba a la tierra el cometa Hale-Bopp, el gran sacerdote decidió que era la hora de partir en la estela del cometa. </p><p>Eran 39. Se tomaron una dosis generosa de fenobarbital mezclado con vodka y jugo de manzana, y para que no quedaran dudas de que su viaje no tenía regreso, se colocaron bolsas de plástico en la cabeza. Todos pasaron a otro plano de vida.</p><p>Mi fascinación frente a esta historia tiene mucho que ver con la disposición del rebaño, así adoctrinado, a dar más peso a un conjunto de ideas estrafalarias, al fin y al cabo, una ideología, que al temor natural ante la propia muerte.</p><p>Y más fascinado aún al encontrar que los platillos voladores han aterrizado en Nicaragua. Una secta política ha sido convencida de que la pandemia fatal que anda suelta sin control por las calles, sembrando la muerte porque el gobierno se niega a ponerle freno, no existe. </p><p>Comenzaron por rechazar la existencia del virus, y repitieron la propaganda oficial de que quien usara mascarillas era un agente subversivo, promoviendo la consigna de que los médicos y enfermeras no tenían por qué usar medios de protección en los hospitales, y hubo casos en que la policía despojó de los tapabocas a los transeúntes. </p><p>El sectario estará dispuesto a alterar o falsificar las estadísticas, para negar la pandemia. O no vacilará en seguir alentando, aún en la fase de descontrol que vivimos, las campañas destinadas a atraer gente hacia los mataderos en que se convierten las celebraciones callejeras y las concentraciones políticas. </p><p>Todas son formas de subirse al platillo volador. Diputados, ministros, alcaldes, jefes de policía, activistas de barrio, militantes, que se burlaban de los riesgos mortales de la pandemia, hoy están muertos, o enfermos.</p><p>Nada hace cambiar de actitud ni de discurso al tripulante, mientras desde arriba le sigan pasando la consigna de la negación. </p><p>Una perversión que se extiende con su aliento pestífero hacia miles de inocentes, que, sin ser parte de la secta de los elegidos, resultan sacrificados por el fanatismo, desprotegidos de toda política de contención del virus, y más bien inducidos a contaminarse; empezando por el personal médico, entre el que hay ya numerosas víctimas. </p><p>Todos los ciudadanos indefensos, convertidos en tripulantes obligados de la nave espacial que vuela hacia la muerte.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/BMY3CG2Csx0jRJ_5cSViAaMWZiY=/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/corprensa/EKEVIXN2MRG7BIVRBDDBQMPRKA.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Una secta política ha sido convencida de que la pandemia fatal que anda suelta sin control por las calles de Nicaragua, no existe.  AFP]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[AFP]]></media:credit></media:content></item><item><title>Los oscuros pasillos de la historia</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/los-oscuros-pasillos-de-la-historia/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/los-oscuros-pasillos-de-la-historia/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sat, 30 May 2020 03:01:44 +0000</pubDate><description>Entre mis lecturas de cuarentena he vuelto a Suetonio, quien, en su Vida de los doce césares, entra en los pasillos mal alumbrados de la historia con paso de espía del pasado, y con diligencia de escritor de nota roja, o de gacetillero de revistas del corazón, busca penetrar los viejos misterios de la vida de los poderosos, sus vicios y excesos, taras familiares, incestos, megalomanías, crímenes, lujuria, avaricia.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Entre mis lecturas de cuarentena he vuelto a Suetonio, quien, en su Vida de los doce césares, entra en los pasillos mal alumbrados de la historia con paso de espía del pasado, y con diligencia de escritor de nota roja, o de gacetillero de revistas del corazón, busca penetrar los viejos misterios de la vida de los poderosos, sus vicios y excesos, taras familiares, incestos, megalomanías, crímenes, lujuria, avaricia.</p><p>El lector, que busca instruirse en las minucias de las vidas narradas, con la misma curiosidad de este historiador de hace dos milenios, puede dejar de lado las arideces de las fechas de batallas. Mejor seguirlo por los caminos escabrosos que recorre con la barbilla levantada solemnemente para mostrar su desprecio moral ante las inmundicias de que se alimenta el poder.</p><p>Bajo Trajano fue supervisor de bibliotecas públicas, y luego jefe de los archivos imperiales; y fue secretario de Adriano, encargado de su correspondencia, con lo que tuvo acceso a los archivos donde figuraban las cartas, testamentos y demás documentos personales de los emperadores anteriores, desde Julio César y Augusto.</p><p>Nadie es tan sabio en los detalles como Suetonio, y en esto se ampara en una de las reglas básicas de toda buena narración, que es convencer al lector que lo que cuenta es verdadero, a través del registro de lo minucioso.</p><p>Son once puñales, ni uno más ni uno menos, los que se levantan contra Julio César, quien al verse perdido tiene el delicado gesto “de bajarse con la mano izquierda los paños sobre las piernas, a fin de caer más noblemente, manteniendo oculta la parte inferior del cuerpo”. Son veintitrés heridas las que recibe. Son tres los esclavos que lo llevan a su casa en una litera, “de la que pendía uno de sus brazos”. Los números hablan.</p><p>Pero la mejor enseñanza que nos deja es una profunda indagación de los mecanismos del poder, compuesto de vanidades y veleidades, de obsesiones y mentiras, crimen y locura. Los subterráneos que recorre son de doble fondo; arriba están las anécdotas que pueden parecer banales, banquetes excesivos, triunfos militares fingidos; debajo corren las aguas negras que fluyen desde la naturaleza misma del poder.</p><p>Sus personajes, obsesos y arbitrarios, están muy lejos de pensar que al final serán cosidos a puñaladas, o acabarán envenenados. Es su destino de déspotas.</p><p>Psicópatas, como Calígula, que apenas podía conciliar el sueño y pasaba la noche deambulando por los pasillos, con la mente encendida urdiendo crímenes, y que tenía por divisa la regla de que todo le estaba permitido, y con todas las personas, dueño de sus vidas, de sus cuerpos, y de sus muertes.</p><p>O locos de otro tipo, como Nerón, y ambos han llegado hasta nuestros días convertidos en caricaturas de historieta, el uno elevando al consulado a su caballo, el otro tocando la lira mientras ardía Roma. Esas historias, siempre tan populares, se las debemos a Suetonio.</p><p>Nerón, quien tenía la vanidad infantil de creerse un genio del bel canto, tanto como para presentarse en los teatros, y gastar fortunas en sus lujosas puestas en escena, a costillas del erario público. A nadie le estaba permitido abandonar el recinto cuando subía al escenario, y así hubo mujeres que dieron a luz en las gradas, y muchos espectadores “saltaron furtivamente por encima de las murallas…o se fingieron muertos para que los sacaran”.</p><p>Vigilaba que los aterrorizados jueces no fueran a dejar de escogerlo ganador de los concursos de canto, y perseguía a sus competidores hasta arruinarlos. A sus súbditos los clasificaba entre quienes alababan la excelencia de su arte, y quienes cometían traición al no elogiarlo. El ridículo es también una forma del poder desmedido.</p><p>Suetonio se vuelve al final un personaje suyo. En el año 122, cayó en desgracia. El rumor sigue repitiendo en ecos, a través de los pasillos oscuros de la historia, que llegó a tomarse demasiadas libertades con Vibia Sabina, la esposa del emperador Adriano, quien, furioso, lo alejó del entorno palaciego.</p><p>Quién iba a decirlo. Suetonio, quien tantos adulterios nos dejó narrados.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/Kw1MCHRpa3gomslw54eILmkkENU=/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/corprensa/MF6DKPVZCBGLFDJG7PURDFUEOE.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Los libros han sido la fiel compañía de Sergio Ramírez durante esta crisis. iStock]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[]]></media:credit></media:content></item><item><title>Prohibido quedarse en casa</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/prohibido-quedarse-en-casa/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/prohibido-quedarse-en-casa/</guid><dc:creator> Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sat, 16 May 2020 03:20:11 +0000</pubDate><description>Cuando a comienzos del siglo XX uno de tantos volcanes de Guatemala entró en erupción, el dictador Manuel Estrada Cabrera mandó desde su encierro en el palacio presidencial a leer por las calles un decreto, en el que  se establecía la falsedad de la supuesta erupción, fruto mentiroso de una conspiración política para desestabilizar el país, dañar la economía y atrasar el progreso. La mentira oficial pretendía, así, sustituir a la realidad.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Cuando a comienzos del siglo XX uno de tantos volcanes de Guatemala entró en erupción, el dictador Manuel Estrada Cabrera mandó desde su encierro en el palacio presidencial a leer por las calles un decreto, en el que se establecía la falsedad de la supuesta erupción, fruto mentiroso de una conspiración política para desestabilizar el país, dañar la economía y atrasar el progreso. La mentira oficial pretendía, así, sustituir a la realidad.</p><p>Pero la lluvia de ceniza ardiente aventada por el volcán, que oscurecía el sol, impedía al empleado público a cargo de divulgar el decreto cumplir con su cometido, y a falta de claridad debía auxiliarse con una lámpara de acetileno; además de que, ante la violencia de los temblores, nadie se quedaba a oír su pregón.</p><p>En Nicaragua no existe ninguna epidemia causada por la Covid-19, porque las fronteras del país han sido blindadas, gracias al imaginario oficial, por la protección divina. Todo lo demás, es fruto de la conspiración de cerebros deformes y enfermos, que sólo buscan calumniar y difamar.</p><p>Los propagandistas oficiales empezaron diciendo que era una enfermedad de ricos ociosos, de manera que eso de quedarse en casa es una aberración de la propaganda imperialista. </p><p>Vivimos algo así como una lucha de clases sanitaria, con lo que el virus se ha vuelto un asunto ideológico. Negar que exista en Nicaragua, un deber revolucionario; prevenir contra su diseminación, una maquinación de la derecha.</p><p>En los centros de salud se llegó a prohibir que los médicos y enfermeras usaran guantes y mascarillas para atender a los pacientes, porque crea alarmas innecesarias. Y se les advirtió no dar ninguna información sobre la enfermedad, para no crear un estado de histeria colectiva.</p><p>La propaganda oficial se ha desplegado en gran alarde para inducir a la gente a amontonarse en las playas, se inventan ferias gastronómicas, se convoca a fiestas patronales. Y además de que se mantienen abiertas las escuelas y las universidades, se atrae hacia los estadios a los incautos; se montan veladas de boxeo, que la cadena internacional ESPN transmite como si fueran funciones de circo pobre, rarezas “atípicas” del pintoresco tercer mundo en tiempos de pandemia. </p><p>Los resultados de las pocas pruebas que se realizan no son del conocimiento de los pacientes, y los hospitales y clínicas del Estado tienen órdenes de registrar los casos como “enfermedades respiratorias atípicas”. </p><p>Pero mientras el mal es declarado inexistente, los hospitales se hallan abarrotados de pacientes que cuando mueren deben ser enterrados sin acompañamiento familiar, bajo vigilancia de la policía. Y hablar del virus puede convertirse en un acto subversivo. Los deudos de los muertos prefieren callar.</p><p>El mecanismo de falsificación de la verdad viene a ser el mismo utilizado a raíz de la represión que dejó centenares de muertos hace dos años. Los asesinados nunca existieron. Las víctimas, enlistadas por los organismos de derechos humanos, habían muerto a consecuencia de riñas por drogas, pleitos callejeros o accidentes de tráfico. El cinismo en toda su majestad, como ahora otra vez.</p><p>Las autoridades sanitarias reconocen solamente 16 casos, con 5 fallecidos, lo que, por una paradoja siniestra, convierte a Nicaragua en el país de más alta mortalidad en el mundo por causa de la pandemia. Pero se ha entrado ya en la fase de transmisión comunitaria del virus, y el Observatorio Ciudadano reporta ya cerca de 800 casos de infección en el país. Infección clandestina. </p><p>645 profesionales de la salud han firmado un documento público de denuncia, con el respaldo de todos los gremios médicos. Es tarde, dicen, pero, “en el momento de inicio del ascenso de la curva de casos graves, aún es posible realizar acciones de mitigación que reduzcan el catastrófico impacto en la tasa de letalidad y en el sistema de salud”. </p><p>Es un documento valiente, porque muchos de los firmantes se exponen a ser despedidos de los hospitales por quebrantar la imagen del estado perpetuo de felicidad en que viven los nicaragüenses, presos dentro de este increíble y fatal espejismo en el que te dicen que quedarse en casa no es más que un vicio burgués.</p>]]></content:encoded></item><item><title>Una extraña cuarentena</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/una-extrana-cuarentena/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/una-extrana-cuarentena/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sat, 02 May 2020 03:24:09 +0000</pubDate><description>Hay una escena de El aviador, la película de Martin Scorsese, en la que Leonardo DiCaprio se lava maniáticamente las manos hasta sacarse sangre. En estos tiempos de pandemia esa imagen resulta memorable, porque seguir al pie de la letra las indicaciones de un buen y eficaz lavado de manos después de que hemos tocado algo que puede contaminarnos, el dinero, el periódico, ya no se diga las manos de otro, puede pasar por algo comparable a una obsesión. No tocarse tampoco la cara, la boca, los ojos; llevar una mascarilla, usar guantes para tocar los artículos expuestos en el supermercado, desinfectar bolsas y empaques cuando regresamos a casa, y desinfectar, además, la superficie donde los colocamos para desinfectarlos. Cambiarnos de zapatos cuando trasponemos el umbral, usar platos y cubierto separados, limpiar las manijas de las puertas. El horror de la cercanía. Las asépticas reglas de vida de Howard Robard Hughes, el personaje a quien Scorsese busca retratar en El aviador, no eran muy diferentes, solo que él padecía de microfobia, un trastorno obsesivo compulsivo que causa aversión a los bacilos, gérmenes microbios, virus: la parentela infinita del Covid 19 que en tan pocos meses ha trastocado nuestras existencias. Hughes, piloto, diseñador y constructor de aviones, productor de cine, dueño de compañías aéreas y de casinos en Las Vegas, según sus biógrafos heredó esta enfermedad mental de la madre, que obligaba a su hijo a enfrentar la legión de enemigos invisibles que acechaban día y noche en el aire, en la saliva, en la piel de los otros. Algunos otros dicen que su demencia no era hereditaria, sino que provenía de la sífilis. Acosado por el gobierno de Bahamas donde había buscado refugio, y bajo la mira de los inspectores fiscales de su país, frente a los que el presidente Nixon no podía influir como quería para que dejaran en paz a su amigo, Hughes se vio obligado a buscar la protección del dictador Anastasio Somoza, y así aterrizó en Managua en febrero de 1972, adonde se quedaría, encerrado por el resto del año en el último piso del hotel Intercontinental. Somoza pensó que había hallado un excelente socio para instalar una cadena casinos, multiplicar la flota de su línea aérea, que solo tenía un avión, y seducirlo para que financiara la construcción de un oleoducto, y por supuesto, el canal interoceánico, que, como se sabe, es una manía recurrente de los dictadores de Nicaragua. Solo se entrevistaron una vez, a medianoche, a bordo del jet Gulf Stream de Hughes en la pista del aeropuerto de Managua. La única deferencia de Hughes para con su anfitrión fue hacer que le recortaran las uñas, que se dejaba crecer como garfios, y la barba y el pelo, que formaban una hirsuta maraña. ¿Le habrá extendido la mano calzada en un guante de látex a Somoza, o se habrá abstenido del saludo? Nadie pudo verlo nunca mientras vivió en la reclusión del hotel, una pirámide trunca, rodeado por su guardia mormona, todos abstemios por regla, y todos fieles de la iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, que se encargaban de asearlo y cargarlo en brazos. </description><content:encoded><![CDATA[<p>Hay una escena de<b> El aviador</b>, la película de Martin Scorsese, en la que Leonardo DiCaprio se lava maniáticamente las manos hasta sacarse sangre. En estos tiempos de pandemia esa imagen resulta memorable, porque seguir al pie de la letra las indicaciones de un buen y eficaz lavado de manos después de que hemos tocado algo que puede contaminarnos, el dinero, el periódico, ya no se diga las manos de otro, puede pasar por algo comparable a una obsesión. </p><p>No tocarse tampoco la cara, la boca, los ojos; llevar una mascarilla, usar guantes para tocar los artículos expuestos en el supermercado, desinfectar bolsas y empaques cuando regresamos a casa, y desinfectar, además, la superficie donde los colocamos para desinfectarlos. Cambiarnos de zapatos cuando trasponemos el umbral, usar platos y cubierto separados, limpiar las manijas de las puertas. El horror de la cercanía.</p><p> Las asépticas reglas de vida de Howard Robard Hughes, el personaje a quien Scorsese busca retratar en<b> El aviador</b>, no eran muy diferentes, solo que él padecía de microfobia, un trastorno obsesivo compulsivo que causa aversión a los bacilos, gérmenes microbios, virus: la parentela infinita del Covid 19 que en tan pocos meses ha trastocado nuestras existencias. Hughes, piloto, diseñador y constructor de aviones, productor de cine, dueño de compañías aéreas y de casinos en Las Vegas, según sus biógrafos heredó esta enfermedad mental de la madre, que obligaba a su hijo a enfrentar la legión de enemigos invisibles que acechaban día y noche en el aire, en la saliva, en la piel de los otros. Algunos otros dicen que su demencia no era hereditaria, sino que provenía de la sífilis. </p><p>Acosado por el gobierno de Bahamas donde había buscado refugio, y bajo la mira de los inspectores fiscales de su país, frente a los que el presidente Nixon no podía influir como quería para que dejaran en paz a su amigo, Hughes se vio obligado a buscar la protección del dictador Anastasio Somoza, y así aterrizó en Managua en febrero de 1972, adonde se quedaría, encerrado por el resto del año en el último piso del hotel Intercontinental. Somoza pensó que había hallado un excelente socio para instalar una cadena casinos, multiplicar la flota de su línea aérea, que solo tenía un avión, y seducirlo para que financiara la construcción de un oleoducto, y por supuesto, el canal interoceánico, que, como se sabe, es una manía recurrente de los dictadores de Nicaragua. Solo se entrevistaron una vez, a medianoche, a bordo del jet Gulf Stream de Hughes en la pista del aeropuerto de Managua. </p><p>La única deferencia de Hughes para con su anfitrión fue hacer que le recortaran las uñas, que se dejaba crecer como garfios, y la barba y el pelo, que formaban una hirsuta maraña. ¿Le habrá extendido la mano calzada en un guante de látex a Somoza, o se habrá abstenido del saludo? Nadie pudo verlo nunca mientras vivió en la reclusión del hotel, una pirámide trunca, rodeado por su guardia mormona, todos abstemios por regla, y todos fieles de la iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, que se encargaban de asearlo y cargarlo en brazos. </p><p>Se alimentaba de sopas Campbell y barras de chocolate Hershey. Hizo instalar en las habitaciones un sistema de purificación del aire, y el personal de la limpieza recogía cada día decenas de mascarillas y guantes desechados, mientras las mucamas debían dejar las sábanas y las toallas en la puerta. Pero alguna de ellas logró vislumbrar en la penumbra una cama de hospital, y a una enfermera moviéndose alrededor de la cama. </p><p>La medianoche del 22 de diciembre se encontraba viendo la película <b>Goldfinger</b>, la tercera de la serie de <b>James Bond</b>, cuando el edificio empezó a cimbrarse violentamente. Era el primer anuncio del terremoto que arrasaría la ciudad en pocos segundos. Los guardias mormones lo bajaron a toda prisa en una angarilla, y tuvo que esperar el amanecer para abordar el Gulf Stream que se lo llevó para siempre de Nicaragua, mientras abajo se alzaba la humareda de los incendios.</p>]]></content:encoded></item><item><title>El futuro que se nos vino encima</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/el-futuro-que-se-nos-vino-encima/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/el-futuro-que-se-nos-vino-encima/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sun, 19 Apr 2020 03:05:16 +0000</pubDate><description>Los pájaros de Alfred Hitchcock no termina con un amanecer esplendoroso, ni los protagonistas, tras el terror del ataque sin sentido de las aves, despiertan a una vida feliz.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Los pájaros de Alfred Hitchcock no termina con un amanecer esplendoroso, ni los protagonistas, tras el terror del ataque sin sentido de las aves, despiertan a una vida feliz. Al contrario. Los pájaros siguen allí, aglomerados en los techos, en los tendidos eléctricos. Volverán a atacar.</p><p>Quizás sea uno de los mejores símiles para imaginar el futuro después de esta fase crítica de la pandemia del coronavirus, cuyo final comienza a avizorarse ya en algunos países, como ocurrió en China, y se hacen planes para el retorno a la vida normal. Habrá cambios fundamentales no sólo en el sistema mundial de producción y consumo, sino en las relaciones sociales. Saludarse estrechando las manos, los besos en la mejilla, pueden ser ya un asunto del pasado, porque la regla será la distancia social para evitar el contagio de un virus que no sabremos si ya se ha ido, o ha mutado.</p><p>Un virus ha tenido el poder de provocar un cambio más radical en las maneras en que nos relacionamos y nos comportamos, que el causado por la revolución tecnológica del paradigma digital.</p><p>¿Volveremos a sentarnos lado a lado en la sala de cine a oscuras con alguien que no conocemos? ¿Podemos imaginar un estadio lleno de miles de fanáticos, o un concierto de música pop masivo? ¿Cómo funcionarán los bares, los gimnasios, los restaurantes? ¿Tendremos confianza en las manos de quienes preparan la comida en la cocina que no vemos? ¿Y los trenes, los vagones del metro?</p><p>El turismo masivo, que ofrece paraísos a mano baratos, a lo mejor queda congelado. Abordar un avión, tal como está ocurriendo ya en China, se volverá un proceso de control sanitario tedioso por riguroso. Los cruceros. Nunca antes habíamos visto barcos errantes llenos de viajeros que no pueden atracar en ningún puerto porque la peste los hace indeseables, como en las películas.</p><p>¿Volveremos a ver las aulas llenas de estudiantes, o reinará la enseñanza a distancia? El<i> mall, </i>verdadero parque de atracciones, y los Black Fridays, inventados en Estados Unidos, que llevan a la gente hasta el paroxismo, ¿entrarán en agonía, y pronto será costumbre ver a los drones aterrizando en los patios de las casas acarreando prendas de vestir, electrodomésticos, alimentos? Libros. ¿Cuál será la suerte de las librerías?</p><p>La entidad Board of Innovation ha emitido un documento de previsiones para ese futuro a la vuelta de la esquina, llamado “Hacia una economía de escaso contacto”. La premisa es simple: “hasta que haya una vacuna o inmunidad colectiva, el escenario base es un continuo aumento y disminución de interrupciones en la forma en que trabajaremos y viviremos durante los próximos dos años, lo que resultará en nuevos hábitos”.</p><p>La medida del acercamiento, o del alejamiento, tendrá que ver con los sistemas sociales, la seguridad pública, las políticas laborales, la migración, el control de las fronteras, la globalización. Y la democracia. El autoritarismo, y la demagogia, saben sacar sus uñas en las crisis. Mucho parecerá provenir de novelas distópicas, donde se representan mundos indeseables, y los controles sociales contradicen los parámetros de libertad individual que cautelan las sociedades democráticas.</p><p>Te pueden detener en plena calle, no por portar un artefacto terrorista, sino porque tu temperatura corporal no es la normal, según el termómetro instalado en el casco del agente de policía. O aquel que presenta síntomas y queda en cuarentena, controlado en su casa mediante un grillete, como el que se obliga a llevar a los prisioneros bajo fianza. <b>Minority Report. </b></p><p>Pero la recesión que afectará a los países ricos como nunca desde el crack de 1929, tendrá efectos devastadores sobre las economías más débiles, y desordenadas, y donde las nuevas reglas de conducta social a distancia no serán fáciles de establecer, porque la realidad de la vida diaria las contradice. ¿Educación a distancia sin computadoras personales? ¿Trabajo en casa donde las ocupaciones informales obligan a la gente a salir a la calle en busca del sustento? ¿Distancia social, donde reina el hacinamiento?</p><p>El futuro, tan lejano, se nos vino encima.</p>]]></content:encoded></item><item><title>Estado de sitio</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/estado-de-sitio/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/estado-de-sitio/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Mon, 09 Mar 2020 05:00:00 +0000</pubDate><description>“El ambiente de este país es bélico, se siente en la calle”, me dice Mónica González, la periodista chilena ganadora del premio a la excelencia García Márquez, que ha venido a Managua para participar como jurado de los premios de periodismo que otorga anualmente la Fundación Violeta Barrios de Chamorro. Y le sobra razón. </description><content:encoded><![CDATA[<p>“El ambiente de este país es bélico, se siente en la calle”, me dice <b>Mónica González</b>, la periodista chilena ganadora del premio a la excelencia García Márquez, que ha venido a Managua para participar como jurado de los premios de periodismo que otorga anualmente la Fundación Violeta Barrios de Chamorro. Y le sobra razón. </p><p>La ceremonia se ha celebrado bajo acoso, con escuadrones de policías antimotines apostados en las afueras del local, y los invitados entrando de a poco, escondiéndose de las cámaras de los teléfonos celulares de los oficiales de policía, o de los agentes de civil. </p><p>Hoy, tras la ola de represión que empezó en abril de 2018 y dejó al menos 500 muertos, más de 2 mil heridos, cerca de un millar de presos políticos y unos 65 mil exiliados, la decisión del régimen es paralizar a la gente. No sólo que no salga a manifestarse, sino que quienes están anotados como peligrosos, o quienes organizan las demostraciones, ni siquiera puedan salir de sus casas. Casa por cárcel.</p><p>Sus viviendas son rodeadas y no se les permiten dirigirse a sus trabajos, ni proveerse de alimentos. Se puede ver en los videos que las propias víctimas, o sus vecinos, filman, y que son trasmitidos por las redes sociales. Las protestas, hechas con valentía, la invocación de los preceptos constitucionales, son recibidos con oídos sordos.</p><p>Manifestarse se ha convertido en toda una guerra de la pulga que se libra a diario. Ante cada demostración anunciada, el despliegue policial se vuelve grotesco por la desproporción: hasta 20 transportes repletos de antimotines, muchos de ellos recién reclutados, y tan jóvenes como los manifestantes a los que tienen órdenes de reprimir. </p><p><b>Los escuadrones de antimotines</b>, marchando de cuatro en fondo, como una tropa de ocupación, penetran en los centros comerciales, ahuyentando a compradores y paseantes, y desalojan los patios de comidas mientras buscaban a sus perseguidos. Las iglesias católicas son cercadas.</p><p>Un país no puede vivir de manera permanente en una situación de asfixia, ni bajo la pretensión de imponer el miedo y el silencio como regla de autoridad, o como castigo, ni se puede enjaular a los ciudadanos en sus propias casas cada día, ni llevarlos de manera recurrente a los centros de detención, ni fotografiar cada uno de sus movimientos, ni despojarlos de sus teléfonos celulares para revisar lo que escriben o archivan en sus redes sociales.</p><p>La pretensión, que desborda ya el absurdo, es perseguir no sólo al que sale a la calle con una bandera, sino averiguar lo que opina y lo que opinan sus amigos, qué piensan del régimen, de qué manera se ríen en sus memes y mensajes del poder que busca controlaron todo. Hasta que un día se les ocurra decretar un apagón digital, porque entrar en todas las conciencias es una tarea imposible, aún para el Gran Hermano o la Gran Hermana.</p><p>No es viable la vida social en un país donde todos los ciudadanos son tratados como sospechosos de ser enemigos públicos. Enemigos de la verdad oficial que es la verdad única, que no admite el menor grito de protesta, ni el menor desdén, ni la menor sonrisa de burla. </p><p>Se supone que hay elecciones para el año que viene. ¿Es posible elegir, con la gente encerrada en sus casas, sin derecho a manifestarse en las calles, sin acudir a mítines electorales en las plazas públicas, o aquellos que acudieran perseguidos por subversivos? </p><p>¿Sin que los medios de comunicación aún confiscados sean devueltos a sus dueños, con periodistas apaleados y despojados de sus cámaras y grabadoras, y con policías armados de teléfonos celulares fotografiando a los votantes en las urnas, o, aún más probable, patrullas policiales o turbas garrote en mano impidiendo votar?</p><p><i>¿Elecciones bajo estado de sitio, y, además, bajo las mismas reglas del juego, con el tribunal electoral bajo el control del partido oficial, y los votos contados de antemano? </i> </p><p>Es una buena pregunta para la comunidad internacional. Porque de esta manera, estaríamos aún más lejos de la paz y de la democracia.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/zQtMUQtYPGMd1WHd4WQ-JvyYPt8=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/BJBQBVSUORHBZCE6YGITBGHNCM.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Un país no puede vivir de manera permanente en una situación de asfixia, ni bajo la pretensión de imponer el miedo y el silencio como regla de autoridad.  AFP]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[AFP]]></media:credit></media:content></item><item><title>El diablo en la cocina</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/el-diablo-en-la-cocina/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/el-diablo-en-la-cocina/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sun, 09 Feb 2020 05:00:00 +0000</pubDate><description>El marqués de Queensbury, inventor de las reglas del boxeo, se indignó al descubrir la pecaminosa relación de su hijo con Oscar Wilde, alrededor de la cual la maledicencia tejía su alegre red en Londres. Entonces, muy al estilo británico, le dejó con el conserje de su club una nota: “Para Oscar Wilde, ostentoso sodomita [SIC]”.</description><content:encoded><![CDATA[<p>El marqués de Queensbury, inventor de las reglas del boxeo, se indignó al descubrir la pecaminosa relación de su hijo con Oscar Wilde, alrededor de la cual la maledicencia tejía su alegre red en Londres. Entonces, muy al estilo británico, le dejó con el conserje de su club una nota: “Para Oscar Wilde, ostentoso sodomita [SIC]”.</p><p>Demandó por injurias al marqués, y el sonado juicio, que tuvo lugar en 1895, se volvió contra el acusador, al punto de que fue condenado a prisión. Un juicio de la sociedad victoriana, estrictamente hipócrita, en contra del homosexualismo como vicio y pecado capital.</p><p>En <b>El perfeccionista en la cocina</b>, el novelista Julien Barnes recuerda el interrogatorio que, durante la vista del juicio, Wilde sufre de parte del abogado acusador acerca de sus relaciones con Edward Carson, un tratante de efebos. Y el arte de cocinar salta de por medio: “¿Cocinaba él mismo?”, pregunta el abogado. “No lo sé”, responde Wilde, “nunca he comido en su casa”. “¿Quiere decir que no sabe que Taylor cocinaba él mismo?”, insiste el otro. “No, y si lo hacía, no me parecería mal. Más bien me parece inteligente… cocinar es un arte”. Y el público congregado en la sala ríe. </p><p>Un hombre metido en la cocina es necesariamente un homosexual, o al menos un afeminado. La cocina es el reino de las mujeres a las que desde niñas se enseña a guisar, a bordar, a zurcir, tocar el piano y cantar; a callar, y a obedecer. </p><p>La palabra cuque, un anglicismo como tantos en la lengua tan híbrida de Nicaragua, implicaba burla solapada. Quizás en los barcos de vapor que surcaban el Gran Lago la presencia de un cuque se justificaba, pero no en tierra firme. Y las primeras en rechazar esa presencia eran las cocineras robustas y mandonas, dueñas absolutas de las cocinas, y quienes proclamaban la incompatibilidad de los sexos en los asuntos culinarios.</p><p>Por eso es que en mi infancia me mantuve lejos de la cocina. Y por eso es que me convertí en un cocinero teórico, que es como me califica mi mujer, alguien que sólo habla con gusto de la comida, conoce los registros de los sabores, y puede describir los ingredientes de un plato. El machismo me sacó de la cocina.</p><p>Aunque quizás no deba exagerar. En casos de extrema necesidad, cuando me ha tocado vivir fuera de Nicaragua, he cocinado con algún éxito, en Berlín, en Los Ángeles, en Cambridge, mi mujer ocupada en clases de pintura, o de idiomas; apartamentos pequeños donde no hay sino pocos pasos entre la mesa de escribir, la cocina, y la mesa de comer. Y he aprendido, también, y que no desmerezca, a lavar los platos.</p><p>En Berlín, en los años setenta, un amigo venezolano que había estudiado música en la Academia de Santa Cecilia, y había terminado estirando la masa con el bolillo en una pizzería en Roma, me enseñó a hacer pizzas, empezando por la masa, el principal secreto hacerle crecer al calor del aparato de la calefacción. </p><p>E intentaba también, por pura nostalgia, la muy nicaragüense sopa de mondongo, para agasajar a los compatriotas que nos visitaban los domingos. El carnicero me miraba extrañado cada vez que iba por los cinco habituales kilos de mondongo, hasta que no se resistió y me preguntó cuántos perros tenía, pues los berlineses no conocen, como alimento humano, las delicias de los callos.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/jvs1WLeM3IohAGbWr4TpnyMu4GU=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/XSHE3MI2QFHT7GQESSLVWHUG3Q.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[La cocina es el  reino de las mujeres... Archivo]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[]]></media:credit></media:content></item><item><title>Las fotos que sopla la brisa </title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/las-fotos-que-sopla-la-brisa/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/las-fotos-que-sopla-la-brisa/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Mon, 27 Jan 2020 05:00:00 +0000</pubDate><description>Las fotografías suspendidas de hilos que penden del techo, se mueven levemente como las hojas de un árbol sopladas por la brisa. Son fotos con una foto.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Las fotografías suspendidas de hilos que penden del techo, se mueven levemente como las hojas de un árbol sopladas por la brisa. Son fotos con una foto. Madres solas a veces, una abuela, un matrimonio, el matrimonio y los hijos, sostienen con amoroso cuidado la fotografía de sus deudos, adolescentes y muchachos caídos bajo las balas en el año funesto de 2018. Un total de 514 víctimas, de acuerdo a la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos.</p><p>El Museo de la Memoria contra la Impunidad fue organizado por la Asociación de Madres de Abril (AMA), bajo el lema Ama y no Olvida, y abrió sus puertas en septiembre del año pasado, por un mes, en el Instituto de Historia de la Universidad Centroamericana en Managua. Ahora puede recorrerse en la red.</p><p>El día que fui a visitarlo, me acompañó como guía doña Guillermina Zapata, la madre de Francisco Javier Reyes Zapata, de 34 años de edad, comerciante ambulante de ropa. Su padre era entonces policía de línea. Francisco Javier fue alcanzado en la cabeza por el disparo de un francotirador, cerca de la Universidad Nacional de Ingeniería, el 30 de mayo, día de la Madre, al final de una multitudinaria manifestación que había recorrido las calles de Managua.</p><p>Me cuenta que ella misma participaba también en la manifestación, de cómo empezó a sonar la balacera, de su incertidumbre porque el muchacho no respondía las llamadas a su celular, hasta que le avisaron que lo habían llevado herido de muerte al hospital Bautista donde por fin lo encontró.</p><p>Cada familia ha traído al museo alguna pertenencia de los muchachos caídos, algo que hubiera estado cerca de sus vidas. Un par de zapatos deportivos, sudaderas, un diploma de bachillerato, mochilas escolares, trofeos de competencias deportivas, medallas ganadas en el colegio, una camiseta del Barsa, una guitarra, uno al que le gustaba bailar danzas folclóricas y allí está su sombrero y su traje, un par de anteojos en el estuche abierto, una pelota de futbol llena de firmas, una patineta.</p><p>Sobre un muro de adoquines que recuerda las barricadas que se alzaron entonces, un ejemplar empastado en tapa dura de Los Miserables, que Franco Valdivia, asesinado el 20 de abril en el parque central de Estelí, ya no pudo terminar de leer. La sotana de monaguillo de Sandor Dolmus, asesinado el 14 de junio en León, cuando apenas llegaba a los 15 años.</p><p>Es la misma sotana que luce en la fotografía enmarcada en dorado que sostiene su madre Ivania del Socorro Dolmus, solo que encima de la sotana rojo escarlata tiene puesta el alba y sus ornamentos completos de monaguillo de la catedral de León. Y es la misma que llevaba en el ataúd, la seda del forro del envés de la tapa plisada en forma de abanico, donde parece un cardenal primado, a menos que uno se acerque, como la hace la cámara, y advierta que se trata de un niño que entraba apenas en la adolescencia. </p><p>Doña Ivania, su madre, morena como Sandor, no tendrá más de 35 años de edad. Trabaja como empleada doméstica. Quizás no alcanzaba los 20 cuando tuvo al hijo monaguillo que luego querría ser sacerdote. Su único hijo. Su vestido color fucsia lleva un tenue estampado floral en el pecho, y luce un collar de cuentas oscuras del que pende lo que puede ser un escapulario. Su mirada, dirigida al ojo de la cámara, y por tanto a nosotros, es firme y serena:</p><p>“Cuando le dispararon él estaba en una barricada con mi sobrino, de aquí de esta casa como a tres cuadras para abajo. Siempre que salía me decía muy serio: si no vuelvo es que me fui con la patria… entonces vieron que venían los paramilitares. Fue llevado al hospital…el doctor sale diciéndome que él había fallecido, que la bala le tocó el pulmón, le tocó el corazón… una madre puede quedarse ronca de tanto gritar exigiendo justicia aunque con eso ya sé que no me lo van a revivir…”</p><p>Esta mujer, ronca de tanto gritar, como las otras, ama y no olvida.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/prrFVZ27f3gIHR76kP_KInIFFlU=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/7NHZYWG5RVABRA3QVGCSUFBBTQ.jpg"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[]]></media:credit></media:content></item><item><title>La lengua que nunca termina</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/prensa_0_4090091029.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/prensa_0_4090091029.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Tue, 14 Jan 2020 21:48:08 +0000</pubDate><description>En América quedamos esperando a Cervantes. Habría venido, si Felipe II atiende su petición “de hacerle merced de un oficio en las Indias de los tres a cuatro que al presente están vacantes, que es uno la contaduría del Nuevo Reino de Granada o la Gobernación de la Provincia de Soconusco en Guatemala, contador de las galeras de Cartagena, o corregidor de la ciudad de la Paz”.</description><content:encoded><![CDATA[<p>En América quedamos esperando a Cervantes. Habría venido, si Felipe II atiende su petición “de hacerle merced de un oficio en las Indias de los tres a cuatro que al presente están vacantes, que es uno la contaduría del Nuevo Reino de Granada o la Gobernación de la Provincia de Soconusco en Guatemala, contador de las galeras de Cartagena, o corregidor de la ciudad de la Paz”.</p><p>De haberse escrito El Quijote en América, imaginemos al hidalgo manchego cabalgando por los páramos de la cordillera oriental de los Andes, o por la planicie costera de Chiapas, o haciendo estaciones en el ardiente litoral del Caribe cartagenero, o subiendo las alturas del altiplano andino, en el techo americano del mundo, como subió por las estribaciones de la Sierra Morena en busca de la cueva de Montesinos.</p><p>Sí vino a nosotros don Pablos, criatura de don Francisco de Quevedo en la Historia de la vida del Buscón, que se pasó a las Indias a ver si mudando mundo y tierra mejoraría su suerte; “Y fueme peor, como v.m. verá en la segunda parte, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres”, declara, y promete explicarlo en esa segunda parte que ya nunca se escribió.</p><p>Pícaros y buscones trasplantados por la lengua, no en balde Mulata de tal, la novela de Miguel Ángel Asturias, empieza con la entrada de Celestino Yumí a la iglesia de San Martín Chile Verde, en plena misa mayor de fiesta patronal cantada por tres curas gordos; y entra a la iglesia con la bragueta abierta, porque así se lo ha ordenado el diablo Tazol, con quien anda en pactos, sin duda hermano del diablo Cojuelo, que levantaba los techos de Madrid para exponer los lances y liviandades que ocurrían en los aposentos.</p><p>Somos hijos de la exageración que no podemos expresar sino en palabras, y de las revoluciones, como yo lo soy, que son otra forma de la exageración.</p><p>Cataclismos que cambian para siempre el paisaje y luego vuelven a la nada, pero antes convierten en codiciosos a quienes una vez estuvieron dispuestos a sacrificarlo todo, tal la maldición de aquel Víctor Huges, revolucionario intransigente que después llegó a empuñar el fuete del amo en la páginas de El siglo de las luces de Alejo Carpentier.</p><p>Un territorio del mito que nunca deja de crecer. En Aracataca, el coronel Nicolás Márquez lleva a su nieto a conocer el hielo, tal como el coronel Félix Ramírez Madregil lleva décadas atrás a Rubén Darío, su hijo adoptivo, a conocer el hielo, y las manzanas de California, y los cuentos pintados, y el champaña de Francia.</p><p>Y de Cervantes aprendimos que, viviendo en el mito, nunca podremos huir de la realidad.</p><p>A medida que don Quijote se acerca a Barcelona, que será el final de su camino, los escenarios se van poblando de seres reales, contemporáneos de la novela, y el bandido de invención Jinés de Pasamonte será sustituido por Roque Guinart, un bandido de carne y hueso, cuyas hazañas andaban de boca en boca entre la gente, y que pertenecía a la crónica roja de entonces.</p><p>Caudillos enlutados antes, caudillos como magos de feria hoy, que prometen remedio para todos los males. Y los caudillos del narcotráfico vestidos como reyes de baraja, y el exilio hacia la frontera de Estados Unidos impuesto por la marginación y la miseria, y el tren de la muerte con su eterno silbido de bestia herida, y la corrupción que el cuerpo social exuda por todos sus poros, y la violencia como la funesta de nuestras deidades, adorada en los altares de la Santa Muerte.</p><p>Las fosas clandestinas que se siguen abriendo, los basureros convertidos en cementerios.</p><p>Es de lo que los escritores nos ocupamos. Todo irá a desembocar tarde o temprano en el relato, todo entrará sin remedio en las aguas de la novela. Y lo que calla o mal escribe la historia, lo dirá la imaginación, espejo de múltiples reflejos de la realidad.</p><p>Porque somos testigos de cargo. Es nuestro oficio.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/mBRxyupCLE8WZZbaMTLTz-h283o=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/Q3DAADBEV5CZROIRJXP3LAGLBY.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[¿Sería diferente ‘El Quijote’ si Cervantes lo hubiera escrito en Latinoamérica?]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Los fantasmas de la pantalla de plata</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/fantasmas-pantalla-plata_0_4100590020.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/fantasmas-pantalla-plata_0_4100590020.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Tue, 14 Jan 2020 16:52:05 +0000</pubDate><description>Carlos Fuentes nunca dejó de recordar el día en que su padre lo llevó a Nueva York a visitar la Feria Mundial que se había abierto en 1939 en el Corona Park, y recuerda también que esa misma vez vio la película Citizen Kane.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Carlos Fuentes nunca dejó de recordar el día en que su padre lo llevó a Nueva York a visitar la Feria Mundial que se había abierto en 1939 en el Corona Park, y recuerda también que esa misma vez vio la película Citizen Kane.</p><p>Así lo cuenta en el libro póstumo Pantallas de plata (Alfaguara, 2014), que recoge sus escritos sobre cine.</p><p>Tenía 10 años, y para acercar los dos hechos debemos suponer que recorrió los recintos de la feria antes de que cerrara sus puertas en el otoño de 1940, y que asistió a alguna de las primeras funciones de Citizen Kane que se estrenó en febrero de 1941.</p><p>Los dos acontecimientos ponen a Fuentes desde entonces en el escenario contemporáneo, del que fue siempre un habitante inquieto, disconforme e inquisitivo: en esa Feria Mundial se celebraba el mañana esplendoroso que la humanidad anhelaba después de la crisis financiera de 1929, no en balde su lema era “Construyendo el mundo del futuro”.</p><p>Alemania e Italia tenían vistosos pabellones en la feria, lo mismo que la Unión Soviética, y el futuro ya estaba allí, solo que pintado en colores tenebrosos, pues la Segunda Guerra Mundial, sin que Estados Unidos se involucrara todavía, ya había empezado: aniquilación de ciudades enteras bajo las bombas, campos de concentración, hornos crematorios, los gulag, la destrucción nuclear de Nagasaki e Hiroshima.</p><p>“Esa película fue un mazazo en mitad de mi imaginación y nunca me abandonó. Desde ese momento he vivido con el fantasma de Citizen Kane en la cabeza. Hay pocas otras películas de las que estoy consciente cuando escribo”, dice.</p><p>Y cuando a los 32 años emprendió una de sus novelas capitales, La muerte de Artemio Cruz, no hay duda de que aquel fantasma seguía estando dentro de él.</p><p>Fuentes fue ese escritor de la modernidad que no despreció ninguno de los medios de expresión del siglo veinte, el primero de ellos el cine, que además abrían la posibilidad de introducir nuevas técnicas en la escritura, sobre todo el flash-back, que utiliza para ir del pasado al presente y contarnos la historia de Artemio Cruz, quien recuerda su vida desde su lecho de muerte; una novela que es “un filme en prosa”.</p><p>Pero en Pantallas de plata hay también imágenes lapidarias sobre las diosas del celuloide. Gloria Swanson, ojos de laguna envenenada. Pola Negri, ojos de incendio nocturno. Greta Garbo, ojos de orgasmo nómada. Y de Joan Crawford dirá que “tolera los más despiadados close-up con una mirada enorme, líquida y melancólica encima de los labios que habrían de ser un sello de fábrica. Enormes, tan grandes como las hombreras que el modista le diseñó para ocultar el hecho de que tenía cabeza grande y cuerpo pequeño…”.</p><p>La Swanson invitó una vez a almorzar a Fuentes en su apartamento de Nueva York, compartieron en la cocina sándwiches sacados del refrigerador, y ella le enseñó, pieza por pieza, su ropero, una escena que parece sacada de la película Sunset Boulevard. ¿Y Marlene Dietrich?</p><p>La vio cantar en Washington “vestida de satín y estrellas, la melena suelta, las piernas que no envejecen. Ella sí. El vestido de noche era solo un cascarón que escondía un cuerpo envejecido. Pero las piernas no se hacen viejas”.</p><p>Cuando describe la escena final de Los violentos años veinte, donde el gánster al que interpreta James Cagney, ametrallado llega a morir a la escalinata de una iglesia, y expira en brazos de Gladys George, ella exclama: “he was a big shot”. Y Fuentes traduce: “fue un chingón”.</p><p>Y entonces no podemos dejar de recordar la muerte de Falstaff en brazos de Mistress Quickly, la hostelera, quien al recoger su último aliento exclama: “No, de seguro que no ha ido al infierno: está en el seno de Arturo, si es que algún hombre fue alguna vez al seno de Arturo…”.</p><p>El cine en la vida, o más bien en las entrañas. Los fantasmas que nunca dejaron de acecharlo desde las pantallas de plata: “Al cine se entra a soñar, lector, espectador, mi semejante, mi hermano…”.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/lJq0BLnhukduE0Q19P25eKWMvKI=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/433ADAZYWFDPNN2WIP4N3RSN64.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[‘Ciudadano Kane’, de Orson Wells, fue una producción clave en la vida del escritor mexicano Carlos Fuentes.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Los 90 años de Ernesto Cardenal</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/anos-Ernesto-Cardenal_0_4116338441.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/anos-Ernesto-Cardenal_0_4116338441.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSAS PROFANAS | </dc:creator><pubDate>Mon, 13 Jan 2020 17:31:05 +0000</pubDate><description>Ernesto Cardenal cumple 90 años en este mes de enero. La naturaleza narrativa de su poesía, que la acerca a las fronteras de la prosa y no pocas veces traspasa esas fronteras, es lo que se ha dado en llamar exteriorismo, un término que puede prestarse a confusiones, pues parecería negar la dimensión íntima que esta poesía tiene.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Ernesto Cardenal cumple 90 años en este mes de enero. La naturaleza narrativa de su poesía, que la acerca a las fronteras de la prosa y no pocas veces traspasa esas fronteras, es lo que se ha dado en llamar exteriorismo, un término que puede prestarse a confusiones, pues parecería negar la dimensión íntima que esta poesía tiene.</p><p>Lo que Ernesto hace es utilizar los elementos del mundo exterior, ese que creemos visible y palpable, para trasegarlos hacia la intimidad y hacer que nos enseñen que aun lo más prosaico posee un misterio.</p><p>Desde entonces se encamina ya hacia la poesía narrativa, y así llegará en 1957 Hora 0, relato de las dictaduras tropicales de Centroamérica. Y desde ese registro que se puede ver y tocar, pasará en Gethsemani Ky, publicado en 1960, a darnos el relato en contrapunto de su vida de novicio trapense en Kentucky.</p><p>Luego vendrán sus Epigramas, publicados en 1961. Entre ellos figuran algunos de sus poemas más populares, sobre todos los de tema amoroso, de ingeniosa precisión.</p><p>Abandonó el monasterio trapense, pero continuó sus estudios sacerdotales y fue ordenado en 1965 en Colombia, cuando fundó la comunidad cristiana de Solentiname, en el Gran Lago de Nicaragua.</p><p>De este tiempo son los Salmos, escritos en el tono admonitorio de los del Antiguo Testamento, pero llevando los suyos a los asuntos de la vida moderna: la opresión, los sistemas totalitarios, el genocidio, los campos de concentración, las amenazas del cataclismo nuclear.</p><p>La muerte en 1962 de Marilyn Monroe inspiró su elegía que cuenta la vida de la muchacha que como toda empleadita de tienda soñó ser estrella de cine, y abre una profunda reflexión sobre la fabricación de los ídolos del espectáculo a costa de los propios seres humanos elevados a los altares de la fama.</p><p>Luego vendría en 1966 El estrecho dudoso. Apegándose a la letra de las crónicas de Indias, y a la vez iluminándolas, revive episodios de la conquista fijados alrededor de la obsesión por el estrecho dudoso, el paso hacia la mar del sur buscado tan afanosamente desde entonces, asunto que ha tenido tanto que ver con la historia de Nicaragua, donde la ambición por el canal interoceánico sigue causando estragos.</p><p>Al sobrevenir el triunfo de la revolución en 1979 fue nombrado Ministro de Cultura, y entró en conflicto con el Vaticano que exigía su renuncia.</p><p>Cuando el papa Juan Pablo II visitó Nicaragua en 1983, se hizo célebre la fotografía del momento en que, con el dedo alzado en señal de admonición, el pontífice reprende a Ernesto.</p><p>Permaneció en ese cargo hasta 1987, cuando renunció, en medio de amargos conflictos con Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo.</p><p>En La revolución perdida, que apareció en 2004, puede leerse su juicio, que es también profético por implacable, sobre quienes malversaron aquel proceso en el que él se comprometió a fondo, desde su fe y desde sus convicciones espirituales.</p><p>En adelante su escritura comenzará a dar el vuelco trascendental que lo lleva hasta el Cántico Cósmico, de 1989.</p><p>Su comunicación mística con la divinidad se convierte en una relación de pleno erotismo, el alma que se acopla con su creador en el más exaltado de los gozos, tal como San Juan de la Cruz y Santa Teresa.</p><p>Es esta visión, donde todo se funde y se condensa, junto a la mística como íntima vivencia personal del poeta entra la exploración científica de los cielos, y entran también los recuerdos de su propio pasado, la vieja Granada de su infancia, las muchachas que amó en la adolescencia, los episodios de su juventud.</p><p>Un gran final de fiesta que funde los misterios de la creación y los de la existencia, el cosmos y el microcosmos, y va de los agujeros negros a la célula, de las galaxias perdidas a los protones, y la mirada mística busca en el Creador la explicación de todas las cosas, amor, muerte, poder, locura, pasado y futuro, formas todas de la eternidad.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/yJ2D-MSlMzvmMXRNIvPwRgbIbeo=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/VGY2PTP7FVBBBHQFICYJUOCVEU.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Ernesto Cardenal, poeta y político nicaragüense.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>La tormenta perfecta</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/tormenta-perfecta_0_4147835224.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/tormenta-perfecta_0_4147835224.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Fri, 10 Jan 2020 22:53:15 +0000</pubDate><description>Hace años, a comienzos de los 2000, en un hotel de Maracaibo donde debía presentar mi libro Adiós muchachos, me tocó ver el ir y venir de los participantes a un entusiasta cónclave de partidarios del comandante Hugo Chávez, recién llegado entonces a la presidencia, que se celebraba en otra sala vecina, todos de boinas y camisas rojas, broches en las boinas e insignias en las camisas, y todos con rostros sonrientes y entusiastas, como si acabaran de atrapar el futuro y no estuvieran dispuestos a soltarlo.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Hace años, a comienzos de los 2000, en un hotel de Maracaibo donde debía presentar mi libro Adiós muchachos, me tocó ver el ir y venir de los participantes a un entusiasta cónclave de partidarios del comandante Hugo Chávez, recién llegado entonces a la presidencia, que se celebraba en otra sala vecina, todos de boinas y camisas rojas, broches en las boinas e insignias en las camisas, y todos con rostros sonrientes y entusiastas, como si acabaran de atrapar el futuro y no estuvieran dispuestos a soltarlo.</p><p>Para entonces yo ya venía de vuelta de mi propia revolución en Nicaragua, y precisamente en aquel libro de memorias contaba mis experiencias, un libro lleno de nostalgias por lo que pudo haber sido y no fue; y para quien quisiera leerlo buscando lecciones, que yo no me proponía dar, también estaba lleno de advertencias acerca de los errores y equivocaciones que una revolución incuba desde el primer día, a lo mejor sin proponérselo, pero que indefectiblemente conducen a la fatalidad.</p><p>Y mientras escuchaba al otro lado del tabique corear las ardorosas consignas bolivarianas, me invadía un sentimiento confuso en el que se mezclaban mis recuerdos de cuando los diques se rompen, se sueltan las aguas caudalosas y entonces todo parece posible; mi respeto por la devoción con la que aquellos militantes improvisados, de diversas edades, compartían aquel sueño que creían realizable; y la voz que por dentro me decía que esa película yo ya la había visto.</p><p>Para entonces ya sabía que lo mejor de una revolución ocurre el primer día, cuando se puede ver el mundo desde la altura, tan pequeño que se piensa que la empresa de transformarlo no tendrá mayores obstáculos, y que lo peor empieza al mismo día siguiente, cuando se decide que los sueños necesitan un reglamento. Y los sueños reglamentados, se vuelven siempre pesadillas.</p><p>Es cuando el socialismo redentor empieza por acaparar la verdad absoluta, y para entrar en el reino de los justos se necesita del carné, una estrecha vía de acceso exclusiva para quienes piensan de la misma manera, o fingen que piensan de la misma manera. Es cuando los sueños de cambio entran en un rígido orden burocrático. Cuando toda voz o pensamiento distinto se castiga primero como disidencia, y luego como traición. Cuando todos los errores que se cometen por estulticia burocrática, o por estrechez de miras, se achacan al infaltable imperialismo.</p><p>Ya había aprendido para entonces en mi propia experiencia algo que una vez escuché decir a Lula da Silva en Managua, cuando nosotros ya habíamos perdido la revolución y él seguía aún intentando ser presidente de Brasil: y es que el gran error de la izquierda, un error estratégico, era pensar que la democracia se dividía en democracia burguesa y democracia proletaria, cuando lo que existía era una sola clase de democracia, sin apellidos.</p><p>Aquellas palabras desafiaban el dictum de exclusión que sigue caracterizando a la izquierda populista de América Latina en el siglo XXI, y que solo revela un sentimiento primitivo profundo, que es el de sentirse dueño exclusivo de la verdad: el dictum que divide al mundo entre feligreses y traidores. Para pertenecer a la fila de los buenos, hay que ponerse la camisa roja.</p><p>Bajo esta concepción simplista, todos los que no rezan el credo que el caudillo y su camarilla dictan, están destinados a ser silenciados, o a pasar el resto de sus días en las prisiones políticas que el Estado redentor establece en beneficio de la sanidad ideológica, y de la permanencia sin fin de los mismos en el poder: ellos, sus esposas, o sus hijos.</p><p>Cuando alguien se considera dueño exclusivo de la verdad, y tiene en el puño las llaves del paraíso donde los justos con carné deben vivir hacinados, todo lo malo que ocurra dentro de las fronteras cerradas de ese paraíso será culpa de quienes se niegan a ponerse la librea ideológica. Porque para quienes dictan la regla no es posible advertir que esa regla está fundamentalmente equivocada.</p><p>Mientras la regla excluya el consenso, mientras el sistema que todo lo quiere monopolizar niegue espacios de convivencia, mientras la democracia siga teniendo apellidos, mientras desde las tribunas oficiales se siga predicando el discurso obsoleto de que el pueblo está formado solo por los partidarios del régimen, y todos los demás, cualquiera que sea su condición económica, aún los más pobres, son la derecha aliada del imperialismo, la tormenta seguirá acumulando nubes oscuras hasta convertirse en la tormenta perfecta.</p><p>Y el ogro burocrático, frente a la imposibilidad de lograr que la sociedad funcione con la normalidad pacífica que se necesita para la vida diaria, alimentos, medicinas, servicios básicos, lo único que puede hacer es ponerle más cercos a la libertad. Dictar más leyes y más reglamentos de control, más medidas de represión, confiscar más supermercados y farmacias, buscar más culpables, cuando la culpa está en el sistema mismo, que agotó hace tiempo sus sueños, y solo conserva y multiplica sus pesadillas.</p><p>Los sueños mesiánicos comienzan siempre con grandes discursos y terminan en grandes colas.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/m-cIfNfU5C555a34yqIa7vcWjts=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/KENA4MDAH5HLDEIR7IDLKVX2M4.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Todos los que no rezan el credo que el caudillo y su camarilla dictan, están destinados a ser silenciados. Reuters]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>El poder soberano de la imaginación</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/poder-soberano-imaginacion_0_4158334160.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/poder-soberano-imaginacion_0_4158334160.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Fri, 10 Jan 2020 21:10:38 +0000</pubDate><description>El premio internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria, que he recibido de manos del presidente Enrique Peña Nieto, pone al maestro delante de su discípulo, porque de Fuentes aprendí lecciones de escritura desde mis primeros viajes a México, cuando bajaba ansioso las escaleras de la librería El Sótano para encontrarme con sus libros.</description><content:encoded><![CDATA[<p>El premio internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria, que he recibido de manos del presidente Enrique Peña Nieto, pone al maestro delante de su discípulo, porque de Fuentes aprendí lecciones de escritura desde mis primeros viajes a México, cuando bajaba ansioso las escaleras de la librería El Sótano para encontrarme con sus libros.</p><p>Al pintar la historia de México con los colores de la imaginación, que nunca desprecia la realidad, pinta también a América Latina y nos enseña que somos un organismo vivo de vasos comunicantes, realidades compartidas, sueños y derrotas también compartidos, desilusiones y esperanzas. Que debemos convertir la escritura en una permanente expresión de inconformidad y advertencia.</p><p>Antes, los temas literarios de nuestra América fueron los dictadores engalonados, el infierno verde de los enclaves bananeros, las intervenciones militares, las revoluciones y las guerras civiles; y otro, aún hoy no dilucidado, el de la lucha permanente entre civilización y barbarie; y otro, tampoco dilucidado todavía, el de la marginación y la miseria, que llevan a la angustiosa odisea de las emigraciones masivas hacia la frontera con Estados Unidos.</p><p>Las viejas parcas se visten hoy de sicarios. La anormalidad de nuestra historia es una macabra fotografía de cuerpos regados en un baldío, un titular en letras rojas sobre alguna masacre. Pero en la vida y en la muerte de cada uno de esos seres, hay una historia que contar. Y la novela es eso, descender al infierno de cada vida, de cada cuerpo mutilado, de cada cuerpo incinerado.</p><p>Porque la literatura no se ocupa de lo general, como los titulares de los periódicos, sino de lo específico, que son los seres humanos.</p><p>Hemos buscado siempre indagar en la sustancia de la realidad para nutrir la imaginación. Porque nuestra historia ha vivido en un estado de anormalidad permanente, y esa anormalidad se transmuta a la literatura.</p><p>Las anormalidades varían, pero sus inclemencias persisten. Y nos fijamos en ellas porque asombran, y porque son, antes que nada, anormalidades éticas.</p><p>Fui protagonista en mi patria de una revolución triunfante, y puedo decir que la de hoy no es una violencia que busca transformar la sociedad para hacerla más justa, sino una violencia criminal, para envilecerla. Pero tiene la misma raíz, porque se alimenta de la pobreza.</p><p>Para entrar en el siglo XXI, debemos dejar atrás primero el siglo XIX.</p><p>Somos cronistas de los hechos, y debemos registrarlos, exponerlos. Iluminarlos. Somos testigos privilegiados de la vida cotidiana trastocada por la violencia, el miedo, la corrupción. Somos testigos de cargo.</p><p>Mi oficio es levantar piedras, decía el premio Nobel de Literatura José Saramago; no es mi culpa si debajo de esas piedras lo que encuentro son monstruos que quedan al descubierto.</p><p>El escritor no es otra cosa que un cazador de monstruos.</p><p>La palabra siempre ha luchado por defenderse de los autoritarismos mesiánicos, de los sectarismos religiosos, de los nacionalismos extremos, de las veleidades del poder económico, de las ideologías totalizantes que pretenden imponer un pensamiento único, lo que significa también imponer la mediocridad.</p><p>La literatura no existe para convencer a nadie sobre credos ideológicos, sino para hacer preguntas.</p><p>Cuando el escritor se expresa como ciudadano desde la tribuna que le da la literatura, su voz se multiplica porque es escuchado. Está ejerciendo entonces su primer deber cívico, que es el de nunca callarse.</p><p>Puede ser que un libro no cambie el mundo, pero sí que cambie a quien lo ha escrito, y que cambie también a quien lo lee, porque la imaginación tiene un poder soberano.</p><p>Pero un libro debe ser para un escritor un territorio libre de imposiciones, libre de la cobardía de la autocensura, y al mismo tiempo libre de la pretensión de imponer verdades.</p><p>La verdad siempre estará sujeta a revisión, porque las creencias eternas se vuelven inmóviles, y la inmovilidad significa la muerte. La creencia de que el mundo puede ser cambiado desde los libros es una arrogancia. Más bien el mundo debe ser interrogado una y otra vez desde los libros. Es allí donde reside ese poder incesante y soberano de la imaginación.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/19uord1MYlI24ty5md7kpPzlUDo=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/EBXY24JAWBBK3PN7UU5NK5OI4I.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Carlos Fuentes, novelista, cuentista y ensayista mexicano.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>La democracia como mentira</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/democracia-mentira_0_4179332041.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/democracia-mentira_0_4179332041.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Fri, 10 Jan 2020 16:57:19 +0000</pubDate><description>Después de padecer largas dictaduras militares a lo largo del siglo XX, la recuperación o edificación del estado de derecho en América Latina pareció ser la meta a conseguir como salvaguarda de un futuro en que democracia y desarrollo pudieran caminar de manera paralela.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Después de padecer largas dictaduras militares a lo largo del siglo XX, la recuperación o edificación del estado de derecho en América Latina pareció ser la meta a conseguir como salvaguarda de un futuro en que democracia y desarrollo pudieran caminar de manera paralela.</p><p>La aspiración de finales del siglo XX fue hacer que la realidad política respondiera a la letra de las Constituciones, un ajuste en el que habíamos fracasado desde los días de la independencia. Ni más ni menos, regresar al siglo XIX para poder tener siglo XXI.</p><p>Las democracias empezaron a funcionar, basadas en el regreso al derecho de elegir, y a partir de allí fue necesario probar la eficacia de las instituciones para evitar el temido regreso al arbitrio de una sola persona, mandando por encima de las leyes. Esta había sido la persistente realidad impuesta desde el siglo XIX, que acabó con la majestad de las Constituciones, algo que a los caudillos siempre les pareció una tontería infantil.</p><p>Pronto se descubrió, antes de que se cerrara el siglo XX, que la institucionalidad democrática era capaz de resucitar de las cenizas de las dictaduras militares solamente donde esa institucionalidad había prosperado antes, como en Uruguay o en Chile; pero donde históricamente había sido débil, o apenas existente, era difícil reinventarla, como en la mayoría de los países centroamericanos.</p><p>En otros, como en Venezuela, era el agotamiento del sistema democrático, desprestigiado por la corrupción, el que abría paso a nuevas propuestas que con el tiempo vinieron a probar su fracaso. Pero tampoco el populismo, proclamado con pompa revolucionaria, venía a ser nada nuevo en América Latina; ya lo conocíamos desde tiempos de Perón, Getulio Vargas y Rojas Pinilla.</p><p>La “democracia populista” no es más que un seudónimo del autoritarismo, o una etapa previa antes de entrar en la dictadura sin apellidos. Si hay concentración absoluta de poder, cercenamiento de la libertad de expresión; si hay miedo de los ciudadanos, si la corrupción descompone a la autoridad, estamos en los umbrales de la dictadura. De allí a la represión sangrienta no hay más que un pequeño paso. Y el populismo no es más que el celofán en que se envuelve ese regalo envenenado.</p><p>Pero otro elemento vino a sumarse, y se expandió con fuerza de incendio: la corrupción, tan integral a la propia democracia recuperada, como si fuera parte de ella; en muchos sentidos, porque la propia debilidad institucional, que incluye la falta de controles, la facilita. Y sigue. Si no, veamos el caso de Petrobras en Brasil.</p><p>El electorado parece padecer de una incurable nostalgia por los gobernantes corruptos. Allí tenemos el reciente regreso triunfal a Guatemala del expresidente Alfonso Portillo, recibido multitudinariamente en el aeropuerto tras cumplir en Estados Unidos una condena por lavado de dinero, bajo propia confesión.</p><p>El panorama se agrava con la incidencia pertinaz del crimen organizado, que alienta la corrupción en todos los estratos, como en México, donde los narcocarteles han minado el estado de derecho. Es una hidra de múltiples cabezas que apenas le cortan una retoñan 100; una hidra capaz de asesinar masivamente, incinerar, desmembrar, decapitar, tan eficaces en crueldad como los sicarios del califato islámico.</p><p>Hay que hacer que el estado exista, volviéndolo visible; si no, tiende a ser sustituido, en los barrios por las pandillas juveniles criminales, como en San Salvador o San Pedro Sula, en los municipios y en las áreas rurales por los propios jefes narcos, que actúan como si fueran el Estado, pero al margen del Estado. Es una anarquía concertada, que aparenta orden, pero es un orden impuesto por el miedo y el terror.</p><p>Seguridad ciudadana significa crear vínculos activos con la comunidad. Los narcos no son marcianos, nacen y crecen en las comunidades pobres, tienen vínculos afectivos con los suyos y saben ejerce el populismo. El Estado debe vincularse socialmente con esas comunidades. Las fuerzas especiales de tarea, enmascaradas con pasamontañas, seguirán fracasando en la prevención y el control del delito si el Estado no piensa primero en la integración, la transformación social y la eliminación de la pobreza crónica.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/s-Y8QjcSRuPqG33we8_fBpxXYOQ=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/HN7ZC3BXSNEENGRU635Q5RZBMI.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El caso de Petrobras en Brasil ilustra los efectos de la corrupción y debilidad institucional.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Centroamérica, territorio de la imaginación</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Centroamerica-territorio-imaginacion_0_4210828898.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Centroamerica-territorio-imaginacion_0_4210828898.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Wed, 08 Jan 2020 21:18:33 +0000</pubDate><description>¿Cuál es verdaderamente el rostro de Centroamérica? Uno y distinto, varios rostros en uno, una identidad que a veces parece contradictoria, pero que existe quizás precisamente por eso, porque no se deja ganar por la homogeneidad.</description><content:encoded><![CDATA[<p>¿Cuál es verdaderamente el rostro de Centroamérica? Uno y distinto, varios rostros en uno, una identidad que a veces parece contradictoria, pero que existe quizás precisamente por eso, porque no se deja ganar por la homogeneidad.</p><p>Un rostro fragmentado, difícil de apreciar en su conjunto porque aún estamos lejos de la integración política que se frustró después de la independencia.</p><p>En nuestra realidad cotidiana siguen abiertos los grandes abismos de desigualdad social, y padecemos de déficits notables, el primero el de la educación; hemos visto avances en el funcionamiento del sistema democrático, aunque penosos en algunos países. Una lucha entre autoritarismo e institucionalidad que aún se sigue librando.</p><p>¿Por qué saltamos a veces a las primeras planas? Porque somos puente del tráfico de drogas. Porque las pandillas juveniles, convertidas en organizaciones criminales, se han adueñado de no pocas ciudades. Porque los más pobres siguen huyendo de la miseria y de la violencia hacia el norte, en busca del perverso sueño americano, un camino señalado por el riesgo constante de la muerte.</p><p>Pero tenemos otro rostro, el de la cultura, que debemos buscar como superponer a los demás. Quizás es nuestro mejor rostro, un rostro para enseñar. El rostro de la invención que hunde sus raíces en nuestra realidad dramática, y la transforma y la ilumina. De alguna manera, la literatura nos redime y deja que se revele esa identidad tantas veces escondida.</p><p>Este mes vamos a mostrar ese rostro al celebrar por tercera vez en Nicaragua el encuentro anual Centroamérica Cuenta. Se trata de un espacio abierto a los narradores, sobre todo los más jóvenes, que ya entrado el siglo XXI se multiplican en nuestros países. Son los cronistas de nuestro mundo contemporáneo. Sin ellos, nuestro rostro, o nuestros rostros, serían más difusos.</p><p>Más de 50 escritores provenientes de todos los países centroamericanos, y otros que llegarán invitados de Alemania, España, Holanda, Italia, Francia, México, Colombia y Puerto Rico, se darán cita entre el 18 y el 23 de mayo en las ciudades de Managua y León, para participar en un intenso programa de talleres, mesas redondas, lecturas, charlas, representaciones teatrales y musicales, en diferentes escenarios que incluyen centros culturales, universidades y colegios de secundaria.</p><p>El encuentro de este año se desarrollará bajo el lema “Palabras en libertad”. La libertad de palabra y de creación frente a cualquier clase de poder, empezando por el poder político; y Centroamérica Cuenta será un homenaje a Charlie Hebdo, en defensa del humor como uno de los pilares de esa libertad de expresión. Este acto de barbarie nunca debe pasar al olvido. La intransigencia criminal que nace del fanatismo es una amenaza sobre las cabezas de quienes creen en el poder liberador del periodismo, el arte y la escritura, y nunca deberemos tolerar que se prohíba la risa.</p><p>También Centroamérica Cuenta será un homenaje a Ernesto Cardenal en sus 90 años, el escritor nicaragüense reconocido como uno de los grandes poetas de la lengua, y quien sigue escribiendo sin tregua; autor también de un cuento magistral, El Sueco, infaltable en cualquier antología centroamericana.</p><p>Soy un convencido empecinado de que Centroamérica existe, o de que al menos es posible. En estos albores inciertos del siglo XXI, la hora de Centroamérica es la cultura, la hora en que debemos poner todos nuestros relojes. Esa es la razón por la que nos reunimos en Centroamérica Cuenta. Se trata de abrir puertas a la cultura, hacia afuera y hacia dentro.</p><p>Como centroamericanos, debemos interrogarnos acerca de lo que somos y de nuestro destino latinoamericano, lo mismo que acerca de nuestro destino en la lengua que hablamos. La lengua es también una patria que no tiene fronteras, ese territorio inconmensurable de la Mancha que dejó en nuestros mapas Carlos Fuentes.</p><p>Queremos ver y ser vistos. Cómo nos ven y cómo vemos a los demás. Comparar notas acerca de nuestras realidades y las formas de escribirla y describirla. Aprender de los demás, y enseñar a los demás lo que somos. Al fin y al cabo, todos somos hijos de la imaginación.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/72SimdOzi-4WiPkZylnnMegVYtc=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/OQEF3L7Q4FBWTIPTHAFZVNUX5Q.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El poeta nicaragüense Ernesto Cardenal]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Cuba sí, yanquis sí</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Cuba-yanquis_0_4189830999.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Cuba-yanquis_0_4189830999.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Wed, 08 Jan 2020 20:05:31 +0000</pubDate><description>A estas alturas es ya un lugar común repetir que el encuentro entre Barak Obama y Raúl Castro durante la Cumbre de las Américas en Panamá, representa un hito histórico. Por supuesto que lo es, y tiene consecuencias para todo el continente, porque cambia la naturaleza de las relaciones entre América Latina y Estados Unidos, dándoles un nuevo tono.</description><content:encoded><![CDATA[<p>A estas alturas es ya un lugar común repetir que el encuentro entre Barak Obama y Raúl Castro durante la Cumbre de las Américas en Panamá, representa un hito histórico. Por supuesto que lo es, y tiene consecuencias para todo el continente, porque cambia la naturaleza de las relaciones entre América Latina y Estados Unidos, dándoles un nuevo tono.</p><p>Si el entendimiento entre los dos países sigue progresando, hay dos fantasmas que parecen destinados a regresar a sus tumbas, y son el antiimperialismo y el anticomunismo, aunque la extrema derecha del tea party en Estados Unidos, y los adalides del socialismo del siglo XXI entre nosotros, van a agitar esos fantasmas mientras puedan darles réditos políticos.</p><p>La frase bien meditada de Raúl Castro exculpando a Obama de las agresiones imperialistas del pasado y dándole la calificación de “hombre honesto”, encuentra un complemento adecuado en otra del propio Obama, cuando dijo: “Nuestras naciones deben liberarse de los viejos argumentos, debemos compartir la responsabilidad del futuro. Este cambio es un punto de inflexión para toda la región”.</p><p>El argumento de quienes adversan este entendimiento en marcha, es que el Gobierno de Cuba pone muy poco de su parte, en cuanto a derechos humanos y libertades democráticas, mientras todas las concesiones vienen a ser hechas por Estados Unidos. Sin embargo, cuando se habla de derechos humanos y libertades civiles en Cuba, no se trata de meras concesiones, sino de asuntos que conciernen a la naturaleza del sistema político: el poder de un solo partido, el control de la sociedad civil, y el monopolio de los medios de comunicación. Aquí es donde Raúl Castro se ha mostrado intransigente al afirmar que Cuba no cambiará su sistema, y entonces todo parece quedar en un punto muerto.</p><p>Pero no hay puntos muertos de aquí en adelante. Raúl Castro, que pasa ya los 80 años, representa una generación que se despide. Por tanto, en Cuba habrá necesariamente un relevo generacional. Si estos nuevos dirigentes se atendrán a la ortodoxia política, y se aferrarán a la idea del partido único, es algo que está por verse.</p><p>Seguramente todo está siendo minuciosamente planeado para que los actores del relevo no se aparten de la línea tradicional, y sigan tolerando la apertura económica, pero no la apertura política. Pero la historia ha demostrado reiteradamente que el futuro no puede ser dictado para que se cumpla al pie de la letra.</p><p>Una vez que una generación desaparece, ni desde la tumba ni desde el lecho de muerte se pueden controlar los acontecimientos del mañana, que no dependen de una voluntad conservada en formol, sino de un sinfín de elementos que chocan y se entrecruzan: nuevas concepciones del mundo, nuevas necesidades, nuevas realidades, cambios abruptos del entorno: la vieja dialéctica que vuelve siempre por sus fueros.</p><p>El cambio generacional se vuelve determinante para derribar barreras, dejando la intransigencia para los viejos, y esto tendrá que ver también con los cubanos de dentro y de fuera. Los jóvenes nunca quieren el pasado entregado en bandeja, para que se repita de manera incesante. Tienen su propia idea de futuro, que desborda el corsé ideológico, sobre todo en un país como Cuba, donde han demostrado creatividad en tantos sentidos, empezando por el artístico, y sin duda el económico, como emprendedores, desde que se autorizó el funcionamiento de pequeños negocios, y han aprendido a moverse en aguas antaño prohibidas, las de la iniciativa privada.</p><p>Por otro lado está la cercanía geográfica, que ha jugado un papel esencial, aunque no pocas veces negativo, en la historia moderna de Cuba. Si nos acordamos bien, señalar que Cuba y Estados Unidos se encuentran a una distancia de apenas 90 millas el uno del otro, se volvió recurrente durante la guerra fría en el discurso de las dos partes. Hoy, al levantarse las barreras, esa cercanía tendrá sin duda un signo positivo.</p><p>Por eso es que ese encuentro de Panamá entre los gobernantes de dos países largamente enfrentados es histórico, porque ha quitado cerrojo a las puertas del futuro, que será sin duda novedoso.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/AsMkmtImKfoXQNLrXRTQ8zpnFI0=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/CPZA7WNLTRGE3BKV6Q42BPA5FU.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[La naturaleza de las relaciones entre América Latina y Estados Unidos están cambiando.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Tiempo de contar en serie</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Tiempo-contar-serie_0_4221327847.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Tiempo-contar-serie_0_4221327847.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ LA ÚLTIMA PALABRA | </dc:creator><pubDate>Wed, 08 Jan 2020 16:36:17 +0000</pubDate><description>He oído alabar tanto las series de televisión ahora tan de moda, que por fin me puse a ver una de ellas, Mad Men, hasta salir airoso de mi tarea tras recorrer una extensa galería de cerca de 200 capítulos, que significan unas 150 horas; algo para lo que se requiere espíritu atlético, pues se acabaron aquellos tiempos en que se imponía esperar una próxima tanda para ver el siguiente episodio.</description><content:encoded><![CDATA[<p>He oído alabar tanto las series de televisión ahora tan de moda, que por fin me puse a ver una de ellas, Mad Men, hasta salir airoso de mi tarea tras recorrer una extensa galería de cerca de 200 capítulos, que significan unas 150 horas; algo para lo que se requiere espíritu atlético, pues se acabaron aquellos tiempos en que se imponía esperar una próxima tanda para ver el siguiente episodio.</p><p>Eso formaba parte de lo que podríamos llamar “la estructura del suspenso”, y está pasando a mejor vida. Las predicciones dicen que la televisión de penetración directa e instantánea, tipo Netflix, es la que se impondrá en el futuro cercano, y eso permitirá al espectador verse toda una serie en tiempo continuo, según su aguante y su ociosidad.</p><p>Mad Men tiene lugar en los años 1970 del siglo pasado, y se puede ver la historia pasar a través de los personajes, no solo en sus vestimentas, ambiente doméstico y objetos de consumo, cuya representación fiel y minuciosa es admirable, sino en los acontecimientos de la época, del asesinato de Kennedy al de Martin Luther King, los años de Nixon, la guerra de Vietnam y la cultura hippie.</p><p>Alguien asegura que estas series vienen a ser en el siglo XXI lo que fue la novela en el siglo XIX: la manera extensa, panorámica, profunda, de narrar las vidas de los seres humanos, yendo de las vidas hacia la historia, y viceversa, tal como en las grandes sagas de Balzac o de Dickens.</p><p>Novelas extensas, series extensas. ¿Pero es eso suficiente? Las similitudes entre novela y serial no pueden empezar por un asunto de longitud, Guerra y Paz es tan larga como Mad Men.</p><p>Otro alegato a favor de estas series es que pueden ser vistas de manera continua, tal como ocurre con las novelas: si nos atrapan, las seguimos leyendo hasta el final. Cierto.</p><p>Pero nadie se lee de una sentada un libro tan extenso como Crimen y Castigo, por intrigante que sea.</p><p>La gran diferencia está en que la novela está hecha de palabras que en la mente del lector se convierten en imágenes, mientras que la serie lo que nos ofrece son fundamentalmente imágenes, que se vuelven más repetitivas que las palabras.</p><p>Por eso la virtud del cine, y no de la serie, es su capacidad de síntesis, y que el director no pretende imitar al novelista cuando se trata de adaptaciones, sino crear un universo paralelo, y allí están la magia de El Gran Gatsby de Elliot Nugent, y de Matar un ruiseñor de Robert Mulligan, por ejemplo.</p><p>Pero la serie se expone a lo repetitivo, sobre todo si uno tiene la oportunidad de ver sus capítulos de manera continua, y entonces lo que parece ser la gran novedad se vuelve su gran defecto.</p><p>Los personajes cínicos y decadentes de Mad Men, que pertenecen al mundo de la publicidad, repiten de manera infinita los mismos actos, y mi ocio no ha llegado a tanto como para ponerme a contar las veces que alguien toma una botella y se sirve un trago o enciende un cigarrillo, o las veces que una pareja se mete en la cama, tanto que estas escenas podrían volverse prescindibles y simplemente anotar: aquí sexo.</p><p>Y como uno tiene el todo enfrente, ocurre lo que un buen novelista sabe evitar, y enseñar la lista de ingredientes que se van tachando a medida que son usados: infidelidades, divorcios, arribismo, dinero, suicidios, homosexualidad...</p><p>Es cuando una historia se va construyendo mientras se filma, en base a lo que el público quiere, y para eso están los surveys, los focus groups, y así el argumento puede ir cambiando de acuerdo a las tendencias que marcan las preferencias. Dickens, que también escribía en seriales, aunque sus lectores, claro está, debían esperar al capítulo siguiente, recibía por correo miles de sugerencias, pero no se dejaba ir por el gusto público, sino por lo que el relato necesitaba, y era él quien lo sabía, y nadie más.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/nl1-kqy4DkpWCJxa8g6ypaWhzG0=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/5KLG7BQXW5ARZBDAQ7AHRXJZII.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[La oficina del personaje de Don Draper, de la serie de televisión “Mad Men”, se exhibe en el Museum of the Moving Image de la ciudad de New York.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>La patria del león ‘Cecil’</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/patria-leon-Cecil_0_4273822597.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/patria-leon-Cecil_0_4273822597.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Mon, 06 Jan 2020 17:41:16 +0000</pubDate><description>La imagen del león ‘Cecil’ me persigue en todas las pantallas de televisión de las salas de los aeropuertos, y no hay pasajero que no le dedique una mirada de conmiseración, mientras el locutor de la CNN hace el relato de la tragedia, que induce también a movimientos desaprobatorios de la cabeza, llenos de pesar.</description><content:encoded><![CDATA[<p>La imagen del león ‘Cecil’ me persigue en todas las pantallas de televisión de las salas de los aeropuertos, y no hay pasajero que no le dedique una mirada de conmiseración, mientras el locutor de la CNN hace el relato de la tragedia, que induce también a movimientos desaprobatorios de la cabeza, llenos de pesar.</p><p>‘Cecil’, de 13 años de edad, era un amable huésped cautivo en un parque de Zimbabue, estimado por los visitantes, hasta que un forajido de nombre Walter Palmer, dentista de profesión, con domicilio en Minnesota, lo mató con un rifle de alto poder.</p><p>No bastándole, hizo que lo despellejaran y le cortaran la cabeza para llevarla como trofeo a Estados Unidos donde seguramente pretendía adornar con ella su consultorio. Y la felonía se hace más explícita al saberse que pagó 50 mil dólares en sobornos para cazar a ‘Cecil’.</p><p>Ya no son los tiempos de Teodoro Roosevelt, cuando cazar leones era heroico; ni los de Ernest Hemingway, cuando era un asunto no exento de romanticismo.</p><p>Los noticieros presentan hoy las informaciones mundiales de manera muy rápida; la imagen de ‘Cecil’ desaparece, y el locutor está hablando ya de Donald Trump que visita un campo de golf de su propiedad en Escocia. Y no nos dice nada de Zimbabue.</p><p>Los pasajeros de la sala de espera, que ahora vuelven a sus teléfonos celulares, saben que es un país de África, porque se presume que los leones son parte de la fauna africana, igual que los elefantes, los rinocerontes y las jirafas.</p><p>Menos tiempo tienen los noticieros que hablan del desgraciado ‘Cecil’ para explicar que Zimbabue, antigua colonia británica en el sur de África, llamado antes Rodesia, está gobernado desde su independencia en 1980 por el antiguo líder guerrillero Roberto Mugabe, 35 años de mando continuo y corrupto, con puño firme y sangriento, eliminando o comprando sistemáticamente a sus opositores.</p><p>Quien quiera saber de Zimbabue, sus antiguos sueños de libertad y su realidad actual de postración y miseria, haría bien en leer el libro de memorias de la Premio Nobel de Literatura Doris Lessing, Risa africana.</p><p>Según las cifras de los organismos financieros internacionales, en el paraíso socialista donde hasta hace poco vivía el desdichado ‘Cecil’, el desempleo alcanza el 95%; el 72% de la población vive en la pobreza, sin acceso a la electricidad y al agua potable; solo el 6% alcanza el tercer grado de primaria, y la esperanza de vida es de apenas 56 años.</p><p>Por si fuera poco, la pretendida reforma agraria de Mugabe destruyó la organización productiva de las fincas, y solo trajo escasez y desabastecimiento crónicos.</p><p>Mugabe pasa ya de los 90 años y a su avanzada edad suele dormirse durante las reuniones de gabinete. Pero para eso tiene siempre a su lado a su esposa Gracia Marufu, su antigua secretaria, a quien sus súbditos llaman en secreto Desgracia Marufu, y en lugar de primera dama, primera compradora de la nación, pues es fama que en sus excursiones a París suele gastarse hasta 120 mil dólares diarios en las boutiques de la rue Montaigne, de su propio bolsillo, según ella alega, pues es la dueña única del negocio de producción y distribución de leche en el país.</p><p>Actualmente es la presidenta de la Liga de Mujeres de la Unión Nacional Africana, el partido de su marido, quien ordenó que le otorgaran un doctorado en sociología en la Universidad de Zimbabue, siendo él mismo quien le colocó el birrete en la ceremonia de graduación; y a su muerte será su sucesora, según él la ha designado, si es que puede imponerse a las inquinas y a las intrigas que ya arden desde ahora.</p><p>¿Pero qué tiene que ver todo esto con ‘Cecil’, el gentil león asesinado a mansalva? Ya vamos a verlo. Y es que, si Zimbabue ha pedido oficialmente la extradición del dentista de Minnesota por el crimen, Mugabe puede matar a todos los leones y demás animales que quiera, y servir su carne en sus fiestas de cumpleaños.</p><p>Hace pocos meses, cuando celebró sus 91 años de vida, dio una fiesta para 20 mil invitados, que por supuesto no cabían en un salón cualquiera, y fueron concentrados en un estadio.</p><p>Se sirvió entonces una parrillada gigante, digna de los Guinnes Records, donde podía escogerse entre lomos de elefante, entrecotes de búfalo, piernas de impala y costillas de antílopes negros, todo un zoológico sobre las brasas.</p><p>¿Y cómo se financió este célebre ágape, que costó más de un millón de dólares? Cada empleado público, empezando por los maestros de escuela, que son siempre los primeros en pagar desmanes, fueron obligados a donar de sus escuálidos sueldos una cuota de dos dólares por cabeza.</p><p>Los remisos recibieron la visita persuasiva de los comités de base de los barrios, formados por veteranos de la guerra de liberación, miembros de la liga de mujeres y de la juventud del partido, para invitarlos a entregar sus contribuciones voluntarias.</p><p>Huéspedes especiales de la festividad fueron 100 niños escogidos entre quienes han tenido la dicha de nacer en la misma fecha de Mugabe. Pero la cumbre de la celebración fue la entrega que hicieron al líder eterno de una cabeza de león recién cazado, con lo cual nos acercamos cada vez más al desgraciado ‘Cecil’.</p><p>Un campeón de serviles, de los que nunca faltan, Tendai Musasa, organizador de los festejos, declaró la misma noche de la memorable comilona: “Hemos negociado con la Autoridad de Parques y Gestión de la Vida Salvaje de Zimbabue para poder cazar a los animales un día antes de la fiesta, y así disponer de su carne fresca y no tener que congelarla”.</p><p>‘Cecil’, el león bien portado, se salvó de que su cabeza fuera llevada a la mesa de Mugabe en una bandeja de plata. Otro destino fatal, aunque menos glorioso, le esperaba.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/s5v8N88FBpHQ6Sa6alGZmAfTdS4=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/HD4YN3MA4NEC5F64H2237X3QAQ.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El artista urbano J. Morello pinta al león ‘Cecil’ en un mural en la ciudad de Nueva York.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Quienes se aventuran más allá</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/aventuran-alla_0_4284321555.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/aventuran-alla_0_4284321555.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Fri, 03 Jan 2020 23:46:35 +0000</pubDate><description>Vine a Tegucigalpa por primera vez hace más de 50 años. Hoy cuesta reconocer aquella ciudad provinciana entre pasos a desnivel, gigantescos centros comerciales y edificios de 20 pisos, una modernidad dudosa, como la del resto de las capitales centroamericanas.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Vine a Tegucigalpa por primera vez hace más de 50 años. Hoy cuesta reconocer aquella ciudad provinciana entre pasos a desnivel, gigantescos centros comerciales y edificios de 20 pisos, una modernidad dudosa, como la del resto de las capitales centroamericanas.</p><p>Y debajo de esa modernidad se tejen las tupidas redes de la violencia que llenan planas enteras de los periódicos cada mañana.</p><p>Ese es el tema que ocupa mis conversaciones estos dos días intensos. Sobre todo el asesinato de periodistas. En la última década, 55 han muerto víctimas de ataques en la calle, en sus casas o en sus centros de trabajo, o cuando no, sus cadáveres aparecen en lugares desolados.</p><p>Los autores materiales son siempre asesinos a sueldo que a veces resultan identificados, pero, en toda esa larga lista, sólo en tres casos han sido condenados por los tribunales; y peor, quienes les pagan permanecen siempre en el anonimato, y en la impunidad.</p><p>Las víctimas provienen en muchos casos de medios de provincia, o de comunidades alejadas y aisladas, periodistas de pequeñas estaciones de radio y televisión por cable, algunas de carácter comunitario.</p><p>La lista de los últimos asesinatos este año nos puede ilustrar mejor: Carlos Fernández dirigía el programa ‘La verdad desnuda’ por Caribe TV Canal 27, de Roatán, en islas de la Bahía. Fue tiroteado al entrar a su casa una noche de lluvia de febrero de este año. El sicario le disparó tres balazos, uno en la cabeza y dos en el tórax. Las investigaciones siguen estancadas.</p><p>Franklin Dubón daba las noticias en radio Sulaco, departamento de Yoro. Salió a una fiesta en mayo a la comunidad de Aguas Blancas y al día siguiente fue encontrado en una quebrada, asesinado a cuchilladas. Era ciego y componía canciones. Según la policía pudo tratarse de un robo, pero había sido amenazado repetidas veces, según su madre.</p><p>En junio, Juan Carlos Cruz Andara, periodista del canal Teleport de Puerto Cortés, fue asesinado a cuchillo en su propia casa. Meses antes había denunciado en la policía que recibía amenazas de muerte. Además era activista del movimiento de la diversidad sexual LGBTI.</p><p>Ese mismo mes, Jacobo Montoya Ramírez, periodista de radio y televisión en Copán Ruinas, fue muerto dentro de su propia casa por pistoleros que le dispararon primero desde la puerta y entraron luego en su persecución, rematándolo en presencia de su madre.</p><p>El 3 de julio, Joel Aquiles Torres, propietario del Canal 67 en Taulabé, Comayagua,en el centro del país, fue atacado a tiros desde una motocicleta cuando iba al volante de su vehículo, el que recibió 30 impactos; según los reportes de prensa, “se conoce poco sobre los avances de la investigación policíaca”.</p><p>¿Por qué los periodistas? ¿Y por qué la impunidad?</p><p>La red subterránea que alienta los asesinatos en Honduras, y que coloca al país en los primeros lugares de violencia en el mundo, está alimentada por el crimen organizado, los carteles de la droga, las pandillas de los maras, de entre cuyas filas salen no pocos de los sicarios. Y la debilidad institucional.</p><p>El poder de penetración que el delito tiene en la policía, y en el sistema judicial, es uno de los factores que conduce a la impunidad; y para llegar hasta los culpables hay que atravesar obstáculos que se muestran insalvables, entre la interminable burocracia, las complicidades políticas y la inercia.</p><p>El Congreso Nacional aprobó en abril una ley de protección de los periodistas, y su eficacia aún está por verse. ¿Puede una ley protegerlos cuando la violencia se ha vuelto orgánica, y la impunidad es parte del sistema?</p><p>Es la pregunta que se hacen mis amigos, varios periodistas ellos mismos.</p><p>“O agarrás plata, o agarrás plomo”, es una de las frases más comunes para definir esta disyuntiva. Algunos, pensando en sus propias vidas, se moderan y calculan bien cuáles son los límites que no deben traspasar para no agarrar plomo.</p><p>Otros, se aventuran más allá, en busca de cumplir con su deber de informar, y pagan las consecuencias de su compromiso con la verdad.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/luEQkogUjPnw_q2wUqxZpGgsZAk=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/SXAA45CJLBBENOFGYWIQNLEGEU.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[En la última década, 55 periodistas han muerto en Honduras víctimas de ataques en la calle, en sus casas o en sus trabajos.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>La superproducción más cara de la historia</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/superproduccion-cara-historia_0_4405059475.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/superproduccion-cara-historia_0_4405059475.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Fri, 03 Jan 2020 16:44:52 +0000</pubDate><description>Estamos en plena chapomanía. Siendo el muy mentado Chapo Guzmán un mito, ya no sabemos cuánto hay en él verdad o mentira.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Estamos en plena chapomanía. Siendo el muy mentado Chapo Guzmán un mito, ya no sabemos cuánto hay en él verdad o mentira.</p><p>Su grueso bigote, por ejemplo, ¿es real o pintado al carbón, como el de Groucho Marx? Un aspirante al glamur de Hollywood con muertos a cuestas que solo pueden contarse de manera estadística: 67% de los 45,000 que ha costado la guerra narco en México: y no con balas de mentira con las que mataba John Wayne en las batallas de tramoya de la guerra de Vietnam.</p><p>Las telenovelas nos ofrecen argumentos ya viejos. La campesina que entra en la mansión suntuosa como empleada doméstica, y saldrá casada con el hijo de los patrones venciendo la maldad de la suegra. Caminos para llegar al dinero fácil, pero a la postre inocentes.</p><p>Ahora el guion se ha pervertido, nos lo dice el mismísimo Sean Penn: el héroe sumido en la miseria campesina desde su infancia ha sido empujado desde los 15 años a vender drogas para poder sobrevivir. Y se ha hecho a sí mismo, como aquellos magnates que enmarcan el primer dólar ganado, a lo Rico McPato.</p><p>“El día que yo no exista, no va a mermar lo que es nada el tráfico de droga”, nos advierte, lo cual no deja de servirnos de consuelo moral.</p><p>Sería un honrado labriego o pastor de cabras en Badiraguato si los viciosos consuetudinarios de Wall Street y Beverly Hills no fueran tan buenos clientes.</p><p>De su parte, no prueba drogas, una de las formas de reclamar honestidad. Comercia con ellas, pero no es un adicto como sus clientes ricos.</p><p>El guion de esta formidable superproducción ya está siendo escrito, y de la telenovela hogareña recibe los toques maestros: “no duermo mucho desde que te vi. Estoy emocionada con nuestra historia. Es en lo único que pienso…”, susurra Kate, la heroína, en un mensaje de texto. Y el galán del bigote poblado responde: “eres lo mejor de este mundo. Te cuidaré más que a mis ojos”. Y entonces ella: “me mueve demasiado que me digas que me cuidas, jamás nadie me ha cuidado”.</p><p>El galán tiene un corazón sentimental: 7 esposas, 18 hijos, amantes a granel. Un semental que para no desmerecer de su fama, antes de ir una vez más prisión se había hecho una cirugía de los testículos para mejorar su rendimiento sexual.</p><p>Aunque el arrepentido Sean Penn no fue en su búsqueda para encontrarse con un garañón patriarcal, sino con alguien enlistado por la revista Forbes entre los supermillonarios, y por la revista Foreign Policy, entre los superpoderosos.</p><p>Él mismo lo revela con toda candidez, cuando nos dice que en México hay dos presidentes, uno de ellos su entrevistado. Dos sillas del águila.</p><p>Había visto, dice, “videos y fotografías de decapitados, reventados, desmembrados o acribillados a balazos: inocentes, activistas, periodistas valientes y enemigos por igual del cártel”, pero eso no ataja su seducción por la erótica del poder, precisamente porque su entrevistado tiene poder de vida o muerte, que ejerce a través de redes secretas, de órdenes que llegan al último rincón y se cumplen puntuales.</p><p>Los asesinatos en serie, los crímenes masivos, no atajan tampoco nuestra fascinación porque vivimos frente a la gran pantalla, donde la épica nunca deja de estar teñida de sangre, y vivimos frente a la pequeña, donde se celebra el ascenso de los pobres hacia la riqueza, cualquiera que sea el camino. Y en ambos casos nos conectamos sin pudor al mercado que espera a todos con sus fauces abiertas.</p><p>La firma Barabas agotó las existencias del modelo Fantasy de sus camisas, que el Chapo luce al lado de la estrella de cine.</p><p>Una extravagante prenda de sicario, de esas muy apropiadas para lucirse abiertas y enseñar la gruesa cadena de oro en el pecho, y para usarse por fuera, de modo que el faldón pueda esconder la pistola de grueso calibre.</p><p>¿Si hay novelas, telenovelas, series, música grupera y altares para los narcos, por qué no camisas? El glamur debe ser total.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/5J_Whszh6XYjxXkQLu431Ip_jtE=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/2YFVNI3DERHELC3BPJLAZ3MSOM.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Una playera con la imagen de Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, se exhibe para su venta en Tepito, en la ciudad de México. Xinhua]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>De árboles muertos</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/arboles-muertos_0_4410308959.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/arboles-muertos_0_4410308959.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Fri, 03 Jan 2020 15:48:01 +0000</pubDate><description>El periodista norteamericano Robert Hitchens me entrevistó en Managua en 1985, cuando yo ejercía el cargo de vicepresidente de un país en guerra contra los contras armados y financiados por el gobierno de Ronald Reagan, quien en sus discursos televisivos explicaba frente a un mapa el peligro que significaba Nicaragua, más cerca de Washington que Wyoming.</description><content:encoded><![CDATA[<p>El periodista norteamericano Robert Hitchens me entrevistó en Managua en 1985, cuando yo ejercía el cargo de vicepresidente de un país en guerra contra los contras armados y financiados por el gobierno de Ronald Reagan, quien en sus discursos televisivos explicaba frente a un mapa el peligro que significaba Nicaragua, más cerca de Washington que Wyoming.</p><p>Hitchens venía en nombre de The Nation, la clásica revista de la izquierda intelectual norteamericana, donde se habían publicado las entrevistas que otro periodista memorable, Carleton Beals, hizo en 1928 al general Sandino en sus cuarteles en San Rafael del Norte, cuando luchaba contra las tropas de ocupación de Estados Unidos.</p><p>Yo no recordaba ese encuentro de 1985, ni el reportaje que en base a nuestra conversación fue publicado en la revista Granta de Londres, hasta que Valerie Miles, la directora de la edición en español, me lo hizo llegar; por mi cuenta, rastreando en la red, me encontré con una foto que registra la ocasión, publicada en The Guardian en 2010. Hitchens murió pocos meses después, en 2011, de un cáncer en el esófago. Ya nunca volvería a encontrarme con él.</p><p>En esa foto aparecemos conversando en mi despacho de la Casa de Gobierno, él sentado en el extremo de un sofá, mientras toma notas, y yo en una mecedora tejida de junco, de esas que los nicaragüenses solían sacar a las aceras de sus casas para las tertulias vespertinas, como todavía se hace en nuestras ciudades de provincia. Viste una camisa a cuadros, con las mangas enrolladas, y yo uno de esos trajes safari que usaba entonces para las funciones oficiales. Enfrente hay una mesa baja de sobre de vidrio, con un vaso de agua, y una grabadora. En la esquina, en otra mesa, un teléfono solitario, y detrás una cortina que cubre el ventanal que da a las ruinas y baldíos de lo que había sido el corazón de la ciudad, baldíos donde era posible ver algún caballo pastando la hierba reseca, y había familias hacinadas en las ruinas de los edificios aún no demolidos.</p><p>Él recuerda en su reportaje que hablamos a lo largo de cinco horas, hasta tarde de la noche, y recuerda también que hubo mientras tanto dos temblores, parte de la vida diaria en Nicaragua.</p><p>Fuera del cuadro de la foto queda el despacho, en una de cuyas paredes se exhibía una secuencia de imágenes de distintos momentos de la vida del general Sandino, más allá mi escritorio cargado de papeles, y al lado un cuadro del pintor venezolano Jesús Rafael Soto, donado por él al recién fundado Museo de Arte Moderno Julio Cortázar, recibido en custodia porque el museo no tenía sede, solo obras de arte igualmente donadas por otros pintores, solidarios con la Nicaragua de los sueños de entonces: Roberto Matta, Joan Miró, Wilfredo Lam, Antoni Tapies.</p><p>Al triunfo de la revolución en 1979 no teníamos dónde instalarnos y por fin encontramos este edificio en medio de las ruinas del terremoto; solo habían sobrevivido los primeros tres pisos de lo que había sido el rascacielos del Banco Central, y enfrente funcionaba la Asamblea Nacional, en la vieja sede del Banco Nacional. Hoy, 30 años después, el panorama de los alrededores es distinto y, según la opinión generalizada, el viejo centro de Managua “ha recuperado el alma”.</p><p>La avenida Bolívar, que corre al lado de lo que fue la Casa de Gobierno, ahora se llama Avenida de Chávez a Bolívar. Comienza en la rotonda en la que se alza el monumento a Chávez, donde el rostro del comandante venezolano descuella en medio de una flor luminosa de pétalos multicolores, y atravesando las canchas y juegos infantiles de un parque, termina en el puerto Salvador Allende, en la ribera del lago Xolotlán, con su malecón que entra en la lista de los 10 mejores de América Latina del diario El País.</p><p>Allí se han construido réplicas exactas de las casas de Rubén Darío y el general Sandino. Es como en el cuento del mapa en relieve que ordenó hacer un emperador chino, igual al tamaño del reino, que escribió Jorge Luis Borges.</p><p>En el cuento, es el mapa el que se deteriora, hasta quedar solo despedazadas ruinas “habitadas por animales y mendigos”; aquí, son las casas originales las que van menoscabándose, víctimas de la incuria, pues no se provee a su mantenimiento, mientras estas otras, las falsas, aún huelen a cemento fresco. Igual que en Las Vegas. ¿Para qué ir tan lejos si en la misma avenida de los casinos de juego se pueden visitar la torre Eiffel, los canales de Venecia y el coliseo romano, todo junto?</p><p>Cuadra tras cuadra, la Avenida de Chávez a Bolívar, igual que las vías principales de Managua, se halla sembrada de decenas de árboles de la vida, que la gente llama “arbolatas”, extrañas estructuras metálicas de 10 toneladas y 17 metros de altura, pintadas originalmente de amarillo y ahora de los más diversos colores, e iluminadas con 15 mil bombillos led cada una, con sus ramas en formas de arabescos. Un bosque muerto que no deja de crecer.</p><p>Un profuso kitsch sostenido por los petrodólares venezolanos, que ya menguan, y que no hubiera pasado desapercibido para Hitchens, quien en su reportaje observa que ya entonces Managua combinaba “lo peor de las ciudades del tercer mundo con lo peor del mal gusto del primero”.</p><p>Managua era entonces fruto de una miseria humilde, cuando la revolución llenaba de esperanzas la oscuridad de aquellas ruinas y baldíos; en cambio, cuando ya no hay revolución, todo parece tan falso como el extraño bosque de árboles de fierro que se multiplican en una incontrolable epidemia.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/dhOTvR5_RhbUPR0ScdxtzLpc-UQ=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/MHTB3RSWV5GIFMGKGHWDHQED4A.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Las Vegas, donde el visitante encuentra huellas del mundo en una sola ciudad.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Archivo]]></media:credit></media:content></item><item><title>Lengua sin fronteras</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Lengua-fronteras_0_4441805807.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Lengua-fronteras_0_4441805807.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Thu, 02 Jan 2020 20:10:12 +0000</pubDate><description>Se celebra en Puerto Rico el VII Congreso Internacional de la Lengua, y empiezo por decir que se trata de celebrar un idioma que hablan más de 400 millones de personas, dato que puede parecer un lugar común, pero del que no puedo prescindir.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Se celebra en Puerto Rico el VII Congreso Internacional de la Lengua, y empiezo por decir que se trata de celebrar un idioma que hablan más de 400 millones de personas, dato que puede parecer un lugar común, pero del que no puedo prescindir.</p><p>El castellano, español, o Castilla, como aún se dice en las lejanías rurales de Centroamérica, es la tercera lengua del mundo, tras el mandarín y el inglés.</p><p>Con semejante envergadura, no puede hallarse a la defensiva ni en proceso de fragmentación, ya no digamos de extinción.</p><p>Muta y se transforma, agresiva, y avanza cubriendo distancias; y además de eso, o por eso, es una lengua invasiva.</p><p>El inglés es una hermosa lengua literaria en el ámbito contemporáneo, sin duda, y podemos comprobarlo sin necesidad de alejar nuestra mirada del Caribe insular, donde se alzan las espléndidas voces de dos premios Nobel, Derek Walcott y V.S. Naipul. Pero además domina las torres de control de los aeropuertos, y ahora la comunicación digital.</p><p>Y la cultura que produce tecnología es la que designa sus instrumentos y procedimientos. Así, el español abre sus valvas para recibir esas palabras ajenas y volverlas propias.</p><p>De esa misma cultura anglosajona recibimos también la avalancha de términos que tienen que ver con el insaciable mercado, con las modas y los espectáculos, el comer y el vestir, la música de punta, la parafernalia del cine y la televisión, y demás artilugios enlatados, o descodificados, manufacturados en inglés.</p><p>Y es también, por su lado, una lengua invasiva que afecta y modifica al español con una fuerza que no puede ser ignorada; pero no la sustituye ni menos la extingue.</p><p>Es una lingua franca de los menesteres tecnológicos en el mundo, pero no lo es para nosotros ni en la literatura ni en la calle, ni en la intimidad de los hogares, ni aun entre los más de 50 millones de hispanohablantes dentro de Estados Unidos.</p><p>Las migraciones, motivadas por la marginación y la violencia, empujan el español hacia Estados Unidos y crean una resistencia xenofóbica que raya en la locura, si no recordemos el muro orwelliano o soviético que pretende levantar el señor Trump.</p><p>El español atraviesa fronteras bajo la necesidad. Es la necesidad la que somete a quienes emprenden el éxodo, expuestos a iniquidades, despojos, secuestros, y a la muerte por asfixia, hacinados dentro de vagones de carga y furgones, por sed e insolación en la travesía del desierto. O asesinados.</p><p>La lengua es también un pasajero clandestino del tren de la muerte que va de Tierra Blanca a Sonora.</p><p>En ningún otro momento como ahora el español ha estado sometido a tan amplios traspasos culturales, determinados por la globalización, y cada vez más es territorio de los jóvenes que dominan las cotas demográficas en proporciones nunca antes vistas, y que, además, son los que más emigran. Pero al atravesar la frontera en busca del sueño americano, ocurre un choque cultural, que es también un choque de lenguas, que nunca deja de ser creativo, y que termina en fusión.</p><p>¿Es el mismo español? Ya no. Pero no es cierto que se haya corrompido o degradado.</p><p>Términos que un día ofenden el oído, mezclas de vocablos, neologismos, terminan entrando indefectiblemente en las páginas del diccionario, porque la lengua no expresa sino la vida.</p><p>Marqueta por mercado, grosería por grocery, tuna por atún, soques por calcetines, sopa por jabón, carpeta por alfombra, un día reclamarán carta de legitimidad.</p><p>Surgirán más expresiones, más palabras híbridas o neologismos desconcertantes. Pero tampoco el español del río de La Plata fue nunca ya el mismo después de mezclarse con el italiano, lengua de inmigrantes, ni mucho antes el español peninsular siguió siendo el mismo después de tantos siglos de mezclarse con el árabe.</p><p>Esa lengua desde la que vengo y hacia la que voy, en la que escribo, se halla en continuo movimiento y me lleva consigo de una a otra frontera, de uno a otro territorio, reales o verbales.</p><p>Una lengua que es capaz de ser siempre otra siendo siempre la misma.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/KBhK3hpWmxBClEk2CPhsyLH9LsU=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/JRAF542DZJGPDBBRMNE5OHUOUU.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El monarca español Felipe VI, durante su intervención en el VII Congreso Internacional de la Lengua Española.REUTERS]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>El final está cerca</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/final-cerca_0_4473302647.html-2</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/final-cerca_0_4473302647.html-2</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Mon, 30 Dec 2019 15:59:31 +0000</pubDate><description>La catástrofe ecológica que vive Nicaragua da la idea de que estamos hablando de un país del pasado. Cauces secos de ríos de los que se alzan nubes de polvo, y son más de 30 los que se han secado; el emblemático río San Juan, que ahora puede atravesarse a pie en ciertos trechos; el Gran Lago de Nicaragua que se agosta, humedales que ahora son inhóspitos suelos cuarteados.</description><content:encoded><![CDATA[<p>La catástrofe ecológica que vive Nicaragua da la idea de que estamos hablando de un país del pasado. Cauces secos de ríos de los que se alzan nubes de polvo, y son más de 30 los que se han secado; el emblemático río San Juan, que ahora puede atravesarse a pie en ciertos trechos; el Gran Lago de Nicaragua que se agosta, humedales que ahora son inhóspitos suelos cuarteados.</p><p>Los tuertos dicen que la sequía es cíclica, que apenas termine el fenómeno adverso de El Niño todo volverá a la normalidad y tendremos de nuevo agua de sobra, ríos caudalosos y pozos rebosantes de agua; y, como consuelo final, que este es una anomalía meteorológica que afecta no solo a Nicaragua, sino que trastorna al mundo entero.</p><p>Pero el ojo tuerto que contempla así la calamidad, necesitaría del otro para ver cómo la reserva de Bosawás, declarada Reserva Mundial de la Biósfera por la Unesco, está siendo exterminada. Junto con la de río Plátano de Honduras, al otro lado de la frontera, comparte un territorio originalmente de 50 mil kilómetros cuadrados, segundo en extensión en el continente americano después de la selva amazónica.</p><p>Bosawás, según el ambientalista Camilo de Castro, desde el año 1987 ha perdido 580 mil hectáreas, de las que 280 mil han sido depredadas en los últimos 10 años, consecuencias de las constantes invasiones de colonos que destruyen la selva para plantar granos básicos, o convertir el terreno en pastos para ganado.</p><p>Extraer las maderas preciosas de Bosawás, caoba, cedro, es el brillante negocio de mafias invisibles, así como también lo es vender por adelantado las tierras selváticas a los colonos, extendiéndoles títulos de propiedad falsos.</p><p>Los suelos, que no son para agricultura, se agotan pronto, y entonces sigue la penetración para arrasar más bosque. Lo mismo sucede con la otra gran reserva de 3 mil kilómetros cuadrados, la de río Indio-río Maíz, al sur del país, y vecina al río San Juan, ese por el que iban a transitar los barcos de uno a otro océano, y que ahora puede atravesarse a pie.</p><p>Las comunidades indígenas son habitantes de esas selvas agredidas.</p><p>En su cultura ancestral ven a la naturaleza como una verdadera madre. Para ellos el bosque no puede tener dueños particulares.</p><p>Este choque cultural entre mestizos del Pacífico y etnias del Caribe, misquitos, mayagnas, creoles, ramas, ha devenido en agresiones armadas con muertos, desaparecidos y secuestrados, y quema y destrucción de poblados. Hay una llama encendida allí, que puede llegar a desatar una conflagración.</p><p>El país está siendo destruido por la irresponsabilidad, y por el apetito del enriquecimiento ilícito. Bastan los mapas satelitales para saberlo; del verde hemos pasado al marrón. Eso no lo ven los tuertos.</p><p>Pero también hay tuertos de los dos ojos. El empresario chino Wang Ying sigue empecinado en la construcción del canal interoceánico, y su demiurgo Bill Wild, que dirige por telepatía todas las operaciones desde Hong Kong, afirma con cara impasible: “Estamos revisando aún más el balance de agua de nuestro canal… estamos más convencidos de que el canal sí va a tener suficiente agua para su operación”.</p><p>Y agrega, con cómica sabiduría: “En este proceso se están generando aún más diseños y optimizaciones nuevas, que nos ayudan a reducir aún más la necesidad de agua”.</p><p>El canal pretende atravesar el Gran Lago de Nicaragua, donde el agua se ha retirado de sus costas a tal punto que las embarcaciones tienen dificultades para atracar.</p><p>Nadie quita que pronto haya trechos que, igual que en el río San Juan, se podrán atravesar a pie. Quizás entonces lo que convenga a Wang Ying sea construir una carretera interoceánica, y no un canal.</p><p>Un campesino explicaba con perfección didáctica en la televisión, delante de su maizal desolado, lo que la mortandad de árboles tenía que ver con la falta de lluvia. “Eso me lleva a pensar”, me decía un amigo, “que dentro de 30 años también otro campesino como este hablará con la misma convicción de lo que la desigualdad económica y la falta de oportunidades tienen que ver con su pobreza”.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/MckhD5x46mLyuHi-hnCvcNdApMs=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/NEWPFKNKSJAR3HXX5TCFKUOOYY.png"><media:description type="plain"><![CDATA[De acuerdo al autor de esta columna, Nicaragua es destruido por la irresponsabilidad, y el enriquecimiento ilícito.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Confesiones de un coleccionista</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/confesiones-de-un-coleccionista/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/confesiones-de-un-coleccionista/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sun, 29 Dec 2019 05:00:00 +0000</pubDate><description>Leyendo la novela Los errantes de Olga Tokarczuk, premio Nobel de Literatura 2018, he recordado que los museos empezaron siendo llamados gabinetes de curiosidades. Se mostraban al público las rarezas y veleidades que la propia naturaleza ofrecía, traídas de lugares remotos cuando los viajes eran una exploración de lo desconocido y no la rutina previsible en que se han convertido ahora. </description><content:encoded><![CDATA[<p>Leyendo la novela Los errantes de<b> Olga Tokarczuk</b>, premio Nobel de Literatura 2018, he recordado que los museos empezaron siendo llamados gabinetes de curiosidades. Se mostraban al público las rarezas y veleidades que la propia naturaleza ofrecía, traídas de lugares remotos cuando los viajes eran una exploración de lo desconocido y no la rutina previsible en que se han convertido ahora. </p><p>Esos gabinetes son el antecedente directo de los museos de historia natural, y luego vinieron las colecciones de arte de los potentados, que se convirtieron en museos de arte como hoy las conocemos, que congregan a millones de visitantes organizados en pelotones, turistas chinos sobre todo, bajo el comando de un guía que los conduce enarbolando una banderita, digamos en el Louvre, para situarlos en masa frente a la Mona Lisa.</p><p>Aparte de la aberración de los zoológicos humanos, que son parte de esta historia, el ser coleccionista nace de lo profundo del deseo de la posesión de lo que otra manera nunca volveríamos a ver; de la curiosidad por lo extraño, de lo que nos atrae y creemos esencial en nuestra vida, aunque sea superfluo. Una vez leí sobre alguien que coleccionaba botellines de agua que ha ido recogiendo por el mundo, de todos los países y marcas posibles, y los exhibe en su casa con orgullo, ordenados en estantes y vitrinas.</p><p>Yo, por mi parte, sin intención ni plan previo alguno, empecé a formar mi colección de llaves electrónicas de hoteles, sólo porque las olvidaba en los bolsillos. Luego, ya poseído por el demonio de los coleccionistas, me las fui guardando intencionalmente. Ahora son centenares de tarjetas de diversos logos y colores, y hasta tengo una de las antes, con una pesada chapa oval de metal, del hotel El Convento del viejo San Juan de Puerto Rico. </p><p>Es algo más inocente, aunque no deje de ser una forma de cleptomanía, y menos llamativo que coleccionar cabezas humanas reducidas por los jíbaros de la Amazonía, o sirenas, como hacía en su Museo de los Seres Increíbles en Coney Island, el empresario de variedades Phineas Taylor Barnum.</p><p>Allí podía admirarse la momia de una sirena capturada por un barco ballenero, en realidad una vaca marina, la única en salvarse del cuchillo del cocinero de abordo gracias a ser la más vieja de toda la manada, y a la que, según proclamaba mister Barnum, el contramaestre del barco había tomado luego por esposa hasta que llegó la muerte a separarlos y ella pasó a ser disecada y colocada, para solaz de los visitantes, en lo alto de un peñasco marino de cartón piedra.</p><p>En el Museo de los Seres Increíbles se mostraban también especímenes vivos y saludables, como el diminuto Tom Thumb, de sesenta centímetros de alto, recibido en audiencia en su día por la reina Victoria Isabel en Madrid, y luego de su boda con una enana de su misma estatura a la que doblaba en años, por el presidente Lincoln en la Casa Blanca.</p><p>Y los siameses Chang y Eng, provenientes de la corte del rey de Siam, casados luego en Carolina del Norte con dos hermanas, y que llegaron a procrear con sus respectivas esposas doce hijos el primero, y diez el segundo, sin lugar a dudas en la misma cama.</p><p>Los zoológicos humanos no fueron sólo asunto de empresarios de circo. Formaban parte de la política de estado. En 1914 el propio rey Haakon VII inauguró en Oslo uno, donde nativos de Senegal exhibían sus modos de vida diaria en cabañas abiertas, para que los visitantes, que fueron millón y medio, pudieran observar sus costumbres.</p><p>Se pretendía demostrar que aquella vida primitiva debía ser redimida por la civilización europea, no importaba que los exhibidos hubieran sido secuestrados, como ocurrió con los indígenas de la Tierra del Fuego llevados a París al Jardín de Aclimatación en 1881; o que acabaran muriéndose, como ocurrió en Bruselas con familias enteras llevadas desde el Congo, enterradas en una fosa común.</p><p>Volvamos mejor a la afición por las llaves de hoteles, que de alguna manera abren puertas infinitas.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/mKMhoy9YyMePp2m0sjYXZlrdP2Y=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/KD3U3KZFBFH7XAJMQHXQ7WWZUY.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[En Panamá se celebra cada año una feria en la que participan más de 50 grupos de coleccionistas.  Archivo]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[]]></media:credit></media:content></item><item><title>La ‘Ópera del malandro’</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Opera-malandro_0_4494300553.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Opera-malandro_0_4494300553.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Thu, 26 Dec 2019 21:43:14 +0000</pubDate><description>Hasta hace poco hablábamos de Brasil como el ejemplo de un país donde la izquierda gobernaba de manera más que exitosa. Lula da Silva, un obrero metalúrgico entrenado en las fraguas sindicales, había conquistado a puro pulso electoral la presidencia, hasta llevar al poder a su Partido de los Trabajadores; y sus programas sociales habían logrado que amplios sectores de población dejaran la pobreza para incorporarse a la clase media. Treinta millones de personas de la llamada “economía sumergida” pasaron a tener un salario formal, nada menos que un 15% de la población.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Hasta hace poco hablábamos de Brasil como el ejemplo de un país donde la izquierda gobernaba de manera más que exitosa. Lula da Silva, un obrero metalúrgico entrenado en las fraguas sindicales, había conquistado a puro pulso electoral la presidencia, hasta llevar al poder a su Partido de los Trabajadores; y sus programas sociales habían logrado que amplios sectores de población dejaran la pobreza para incorporarse a la clase media. Treinta millones de personas de la llamada “economía sumergida” pasaron a tener un salario formal, nada menos que un 15% de la población.</p><p>Estos programas de asistencia no contradecían a la economía de mercado, que seguía funcionando a plenitud para felicidad de los empresarios, entre ellos quienes talaban la selva amazónica para sembrar soya y venderla a China; y, por primera vez el crecimiento sostenido parecía ser obra de la continuidad, pues Lula no había hecho tabla rasa de las políticas de su antecesor Fernando Henrique Cardoso, como suele ocurrir en América Latina a cada cambio de gobierno.</p><p>Y Lula pudo escoger como sucesora a una antigua guerrillera urbana, encarcelada y torturada por la dictadura militar. Dilma Rousseff era la heredera de un modelo exitoso, a la cabeza de un país que se colocaba entre las 10 economías más grandes del planeta, listo para colarse entre las cinco mayores, al lado de Estados Unidos, China e India, y que reclamaba un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.</p><p>Nadie metió nunca a Brasil en el saco de los gobiernos populistas fallidos, y era fácil hacer comparaciones con Venezuela, donde más bien la pobreza seguía creciendo. Hasta que comenzaron las protestas masivas en las semanas anteriores al Mundial de Fútbol de 2014. Millones salieron a las calles en más de 200 ciudades pidiendo la renuncia de la presidenta.</p><p>Es cierto que la economía se había desacelerado, llegando la inflación y el desempleo. Pero el edificio comenzaba a venirse abajo porque lo carcomía la polilla implacable de la corrupción, escándalo tras escándalo que llegarían a alcanzar al propio Lula y a su círculo más íntimo, y del que no se escapan tampoco los líderes de los partidos de oposición, diputados y senadores.</p><p>Todo comenzó desde entonces a parecerse a la Ópera de Malandro, el musical de Chico Buarque de Holanda que tiene por personajes a los arribistas y buscones del dinero fácil salidos de los bajo fondos. Estos otros, más conspicuos, se atropellan en la carrera para hacerse millonarios de la noche a la mañana.</p><p>En las cámaras legislativas, donde la presidenta Rousseff fue desaforada, la cuchilla pende sobre las cabezas de más de la mitad de diputados y senadores, acusados de delitos de corrupción, y hasta de narcotráfico y homicidios, según la organización independiente Transparencia Brasil.</p><p>Un alegre y ruidoso escenario de vodevil. Hay 28 partidos políticos, entre los que se repite la denominación “cristiano”, pues no pocos son apéndices de sectas religiosas. El payaso Tiririca ganó su asiento de diputado con un mensaje simple: “¿qué hace un diputado? La verdad no lo sé, pero si votas por mí, te lo diré”.</p><p>La sesión donde se desaforó a la presidenta Rousseff fue un reality show insuperable, seguida como un partido de fútbol, cada voto cantado en versos rimados o en prosa, y dedicado a “la familia cuadrangular”, a la secta evangélica de pertenencia, a la madre querida, al hijo por nacer, al cumpleaños de la tía solterona. Y a los torturadores del tiempo de la dictadura.</p><p>El diputado Jair Messias Bolsonaro, quien ha cambiado siete veces de partido, y aspirante a la presidencia de la república, evocó el triunfante golpe militar de 1964, al emitir su voto “por la memoria del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, el pavor de Dilma Rousseff…”. El coronel homenajeado dirigió un centro de tortura, y al llegar la democracia fue procesado y condenado.</p><p>Brasil sigue siendo un país promisorio, diverso, creativo y sorprendente. A los jueces toca apuntalar ahora el edificio de la democracia con más electores en América Latina, metiendo en cintura a los malandros.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/u3Ku_jWzhNkjYqEJa4hFyph2Oqc=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/CPPKAC47SVC5HOCN2PEDGMYY4U.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El escritor califica la sesión donde se desaforó a la presidenta Rousseff como un ‘reality show’ insuperable.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Historias que siempre habrá que contar</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Historias-siempre-contar_0_4510048983.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Historias-siempre-contar_0_4510048983.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Tue, 24 Dec 2019 17:22:34 +0000</pubDate><description>En Honduras suelen circular listas de ciudadanos sentenciados a muerte, y Berta Cáceres estaba a la cabeza de esas listas. Cerca de la medianoche del miércoles 2 de marzo de este año, los asesinos entraron a su sencilla vivienda del poblado de La Esperanza, y le pegaron tres balazos en el estómago. La sentencia había sido cumplida.</description><content:encoded><![CDATA[<p>En Honduras suelen circular listas de ciudadanos sentenciados a muerte, y Berta Cáceres estaba a la cabeza de esas listas. Cerca de la medianoche del miércoles 2 de marzo de este año, los asesinos entraron a su sencilla vivienda del poblado de La Esperanza, y le pegaron tres balazos en el estómago. La sentencia había sido cumplida.</p><p>Tenía un huésped esa noche, el mexicano Gustavo Castro, director de una organización ambiental de Chiapas, quien había llegado para dictar un taller de capacitación. También lo atacaron a tiros, sorprendidos de encontrárselo allí, pues creían que su víctima se hallaba sola. Al verlo ensangrentado e inerte lo dieron por muerto, pero sobrevivió para contar la historia.</p><p>Berta Cáceres era líder de la comunidad lenca, uno de los pueblos aborígenes centroamericanos de origen maya, asentados al noroccidente del territorio hondureño, fronterizos con El Salvador, donde también hay comunidades lencas.</p><p>Había logrado crear un vigoroso movimiento de defensa de estos territorios, y luchaba a brazo partido para evitar que se construyera la represa hidroeléctrica Agua Zarca en San Francisco de Ojuera. Está previsto que el embalse utilice aguas del río Gualcarque, que para los lencas han sido sagradas desde antes de la colonia. Nunca fueron consultados por el gobierno acerca del proyecto, según sus derechos.</p><p>Los lencas, bajo el liderazgo de Berta, lograron una victoria crucial cuando ese mismo año la transnacional china Sinohydro, la constructora de embalses más grande del mundo, se retiró del proyecto, igual que lo hizo el Banco Mundial. La compañía de capital hondureño Desarrollos Energéticos, S.A. (DESA), dueña de la concesión, se quedó entonces sola.</p><p>En 2015, Berta recibió el premio Goldman, “el Nobel verde”, y cualquier podía pensar que el renombre que ganaba le serviría de escudo; pero en Centroamérica hay que desconfiar de las reglas del sentido común: el premio la acercó más bien a la muerte. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos había ordenado al Gobierno de Honduras que tomara medidas cautelares para protegerla, pero no lo hizo; y lo mismo ocurrió con otros diez ciudadanos, a favor de los cuales fue ordenada la misma protección, pero tampoco la recibieron nunca y terminaron asesinados.</p><p>Ante la dimensión del escándalo que trajo la muerte de Berta, el Gobierno se vio presionado a actuar, y hasta ahora están siendo procesadas, entre autores materiales e intelectuales, cuatro personas: el mayor Mariano Díaz Chávez, de servicio activo en las Fuerzas Armadas; el capitán Atilio Duarte Meza, en retiro; Douglas Bustillo, que había sido guardia de seguridad en la represa; y ¡bingo!, Sergio Ramón Rodríguez Orellana, gerente de temas sociales y medioambientales del proyecto de Agua Zarca. Hay un quinto implicado, Emerson Duarte, el hermano gemelo del capitán, en cuyo poder se encontró el arma con que fue cometido el asesinato.</p><p>En los informes sobre derechos humanos, Honduras aparece como “el país más peligroso del mundo” para aquellos que se consagran a la defensa de la naturaleza. Según la organización Global Witness, 111 activistas medioambientales han sido asesinados entre los años 2002 y 2014: los que se oponen a la destrucción de la selva para convertirla en pastos y tierras agrícolas, los que luchan contra la minería que envenena las aguas y contamina mortalmente el aire, y los que como Berta Cáceres y tantos otros han tratado de impedir la invasión de sus heredades ancestrales, lo pagan con la vida.</p><p>Defender la tierra natal, la identidad entre seres humanos y naturaleza, y la relación sagrada entre la vida y el medio ambiente, se sigue pagando con la muerte. Otros muchos crímenes se han cometido desde entonces en Honduras, y las listas de sentenciados siguen vigentes, engrosadas cada vez por nuevos nombres que reponen a los de los ejecutados. La debilidad institucional y la corrupción favorecen el sicariato, y hacen crecer la impunidad.</p><p>El asesinato de Berta Cáceres puede parecer ya una historia vieja, pero vale la pena volver a contarla. Echarla al olvido sería enterrarla a ella, y a tantos como ella, una y otra vez.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/UyGYKakaJ6vMM3AJJc_w04iSAXw=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/ZHNT2R4P4FDCBLRD3JZGVGABWY.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Miembros de la comunidad lenca muestran un paño con la imagen de su líder Berta Cáceres, asesinada en mayo de este año.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>El pasado que devora al futuro</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/pasado-devora-futuro_0_4137336262.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/pasado-devora-futuro_0_4137336262.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Tue, 24 Dec 2019 09:58:38 +0000</pubDate><description>He cumplido la hazaña de leerme las casi 600 páginas de El capital en el siglo veintiuno de Thomas Piketty. Y lo he hecho como si se tratara de una carrera a campo traviesa, cogiendo a veces el segundo aire cuando las cuestas me parecían más empinadas y disfrutando de las travesías a campo llano.</description><content:encoded><![CDATA[<p>He cumplido la hazaña de leerme las casi 600 páginas de El capital en el siglo veintiuno de Thomas Piketty. Y lo he hecho como si se tratara de una carrera a campo traviesa, cogiendo a veces el segundo aire cuando las cuestas me parecían más empinadas y disfrutando de las travesías a campo llano.</p><p>Proponerse la lectura de un tratado de economía de semejante grosor puede parecer arduo para un novelista. Pero, emprendida la tarea, uno se da cuenta de que Piketty no es árido ni aburrido, y cuenta los fenómenos de la economía en su relación con la historia de la humanidad, como si se tratara de una novela donde, como en Guerra y Paz de Tolstoi, uno entiende que los fenómenos sociales y económicos no son más que las expresiones colectivas de las vidas de los seres humanos.</p><p>Contaminado por la literatura, la convierte en parte esencial de sus explicaciones económicas. A comienzos del siglo XIX, antes de la revolución industrial, para vivir como rico en la ciudad, o al menos holgadamente, eran necesarias rentas suficientes que dependían de la cantidad de tierras cultivables de que se fuera dueño. De modo que si queremos entender cómo funcionaba la economía entonces, Papá Goriot, de Balzac, o Mansfield Park, de Jane Austen, nos darán claves suficientes.</p><p>No es que en sus diálogos, Rastignac y la baronesa de Nuncigen, personajes de Papá Goriot, en lugar de temas amorosos discutan acerca de las teorías de la relación entre beneficios y salarios de David Ricardo, o de las tesis del crecimiento de la población de Malthus. Pero en el relato percibimos cómo los mecanismos económicos mueven las vidas de los personajes y determinan su riqueza o su ruina.</p><p>Lo que fascina a Piketty es que Balzac da por supuesto que el lector de su tiempo entiende de qué le está hablando cuando dice que un personaje dispone de tanto miles de francos como renta anual. De allí se puede deducir si se trata de un pobre diablo con disposición de arribista, o de una muchacha capaz de casarse con un buen partido. Y cuando Jane Austen cuenta que Sir Thomas, uno de sus personajes de Mansfield Park, tiene plantaciones en las Antillas, sin ningún propósito didáctico nos está explicando los entresijos de la economía colonial de Inglaterra.</p><p>Y Austen, tanto en Sentido y sensibilidad como en Persuasión, se ocupa del mayorazgo, esa institución de resabios feudales mediante la cual se despojaba de la herencia a los demás hijos en favor del primogénito varón; y sabía de qué hablaba, porque tanto ella como su hermana, desheredadas de esta manera, y sin dote que ofrecer, se quedaron solteronas, recuerda Piketty.</p><p>Dos siglos después, Orhan Pamuk ya no tendrá que ocuparse de entrar en detalles sobre rentas para explicar las vidas de sus personajes. La economía ya no depende de las rentas agrarias, sino de otras formas más complejas de formación de los capitales. En las novelas de Pamuk, ambientadas en Estambul de los años de 1970, en un período durante el cual la inflación ha vuelto ambiguo el sentido del dinero, dice Piketty, se omite la mención de cualquier suma específica.</p><p>Esta conexión fascinante entre economía y literatura nos enseña que el autor de El capital en el siglo veintiuno no es un frío analista de cifras, sino un humanista que utiliza la economía para explicar el fenómeno de la desigualdad, que ha acompañado a lo largo de los siglos la historia de la humanidad. Es lo que está ya en las novelas de Balzac y Austen, visto desde la ficción encarnada en la realidad.</p><p>Porque este es un libro sobre la desigualdad social, causada por la acumulación desmedida de capital, cuando esta alcanza cotas muy por encima de las tasas de crecimiento económico; abismo que, según Picketty, amenaza con ser catastróficamente mayor en el siglo XXI, si no hay políticas públicas, sobre todo políticas fiscales, que intervengan para cerrarlo. Volveríamos al reinado de los voraces rentistas, dice. El pasado que devorará al futuro.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/87vipcy43yNl7jCjb0c9e-oiRjA=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/ATUA6UDLQ5HZJBC5SLA6CKETLU.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Thomas Piketty]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Se pregunta por Nicaragua</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/pregunta-Nicaragua_0_4168833093.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/pregunta-Nicaragua_0_4168833093.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Tue, 24 Dec 2019 07:20:10 +0000</pubDate><description>La primera pregunta que escucho acerca de Nicaragua es en qué se parece esta segunda etapa de la revolución a la primera. Es lo que he oído a los estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de Madrid y a los de la Universidad de los Ozarks, en Arkansas, en los últimos días. Mi repuesta es que no hay tal segunda etapa de la revolución.</description><content:encoded><![CDATA[<p>La primera pregunta que escucho acerca de Nicaragua es en qué se parece esta segunda etapa de la revolución a la primera. Es lo que he oído a los estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de Madrid y a los de la Universidad de los Ozarks, en Arkansas, en los últimos días. Mi repuesta es que no hay tal segunda etapa de la revolución.</p><p>La pregunta es justa, porque Daniel Ortega, presidente sandinista de los años 80, lo es hoy otra vez, a partir de las elecciones de 2006, y luego fue reelegido en 2011. Ahora no sabemos si será candidato de nuevo, o lo será su esposa, que gobierna junto con él.</p><p>El poder actual pretende envolverse en la misma retórica revolucionaria de aquellos años. Imperialismo, burguesía, soberanía nacional, socialismo, son palabras de ese viejo diccionario que perdieron su significado, porque el mismo poder se lo ha quitado.</p><p>No hay ningún traslado real de la riqueza a manos de los más desamparados. El 48% de la población subsiste con menos de 2 dólares al día. Nicaragua ocupa uno de los tres últimos lugares en los índices de miseria de América Latina, junto con Haití y Honduras.</p><p>El discurso de defensa a ultranza de la soberanía nacional en contra del imperialismo yanqui no es más que humo. Los intereses de la seguridad nacional de Estados Unidos en Centroamérica y el Caribe no tienen ya nada que ver con la antigua guerra fría, como lo demuestra el inicio de la normalización de relaciones con Cuba.</p><p>En un artículo publicado recientemente en Blomberg se cita a William Brownfield, subsecretario de Estado para Narcóticos, diciendo que “los esfuerzos de gobierno de Nicaragua para proteger a su pueblo y su territorio de las actividades de los traficantes de droga han sido muy positivos”, lo cual es más importante, afirma, que los “diversos elementos complicados” en las relaciones de Estados Unidos con Nicaragua.</p><p>La cooperación para detener cargamentos de drogas es lo estratégico en estas relaciones, no la democracia.</p><p>Esta posición demuestra que la progresiva desaparición del sistema democrático en Nicaragua no es motivo de preocupación de Estados Unidos, ni tampoco de ningún país relevante, en un mundo conmocionado por la amenaza del terrorismo yihadista y el califato islámico, igual que por el creciente poder de los carteles internacionales de la droga.</p><p>La defensa de la soberanía nacional también es palabrería. La construcción de un canal interoceánico ha gravitado sobre nuestra historia, y Estados Unidos le impuso a Nicaragua un tratado en 1914 para construir ese canal, algo que nunca hizo.</p><p>Ahora, Wang Ying, un desconocido millonario de Beijing, 100 años después, es el nuevo amo y señor de la soberanía nicaragüense, como concesionario del canal a través del Tratado Ortega-Wang, con duración de 100 años.</p><p>La revista The Economist, en un análisis del estado democrático en el mundo, divide a los países entre democracias plenas e imperfectas, y regímenes autoritarios e híbridos. Nicaragua es enlistada entre los “regímenes híbridos”, donde existen irregularidades sustanciales en las elecciones que usualmente las alejan de ser libres o justas, y serias debilidades institucionales. En este mismo grupo estarían también Ecuador, Honduras, Guatemala y Bolivia.</p><p>Pero la frontera entre regímenes autoritarios y regímenes híbridos es muy tenue, y ya Nicaragua ha avanzado no pocos pasos para adentrarse en ese oscuro territorio de la ausencia de democracia. Ortega, o su esposa, se impondrán de cualquier manera en las elecciones presidenciales de 2017.</p><p>Pero los gobiernos familiares han terminado siempre en grandes desastres políticos. Las tensiones empezarán a manifestarse y crecerán en la medida en que las esperanzas creadas por el discurso populista de Ortega se agoten, sobre todo con el final de la cooperación de Venezuela, que debe enfrentar los bajos precios del petróleo, el desabastecimiento, la inflación, y una crecida deuda externa de corto plazo.</p><p>Y otro punto importante de inflexión será el fracaso del proyecto del canal, percibido hoy como una gran esperanza, y que se convertirá en frustración cuando el tiempo demuestre que no era sino un invento desalmado.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/aftOtTsotUrPGeClijyPCMbwvo0=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/TH2ZK2DTMBAJ7BEFDF22ADQ5P4.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[No se sabe si Daniel Ortega será candidato de nuevo o lo será su esposa. Xinhua]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>La maldad en estado puro</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/maldad-puro_0_4242325745.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/maldad-puro_0_4242325745.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Tue, 24 Dec 2019 05:22:07 +0000</pubDate><description>Roof, que tiene 21 años, se la había pasado jugando a la guerra interestelar en una consola Xbox en compañía de un amigo de su edad, antes de dirigirse a la iglesia Emanuel.</description><content:encoded><![CDATA[<p>La lista parecer ser la de un grupo de ciudadanos llamados a recibir diplomas de honor por servicios a su comunidad: está la directora de una biblioteca que espera por su jubilación tras muchos años de servicio; una consejera de carrera para estudiantes universitarios; una patóloga del lenguaje y entrenadora de un equipo de atletismo, que adoraba la música góspel; un recién graduado en administración de empresas, servicial y emprendedor, que se define en su cuenta de Instagram como poeta, artista y empresario; un pastor que empezó a predicar a los 13 años de edad y a los 18 ya tenía su iglesia.Todos ellos, nueve en total, eran negros y cayeron bajo las balas del terrorista racial Dylann Roof, quien entró a la Iglesia Emanuel de Charleston armado de una pistola Glock y los asesinó mientras participaban en su sesión de estudio de la Biblia. El joven administrador de empresas, horas antes de ser abatido, había colocado en Instagram un último mensaje con una foto y una cita de Jackie Robinson, el legendario tercera base de los Dodgers, el primer negro en ser admitido en las Grandes Ligas del béisbol: “una vida no es importante excepto por el impacto que tenga en otras vidas”.</p><p>Roof, que tiene 21 años, se la había pasado jugando a la guerra interestelar en una consola Xbox en compañía de un amigo de su edad, antes de dirigirse a la iglesia Emanuel.</p><p>Fue recibido de manera amistosa y permaneció allí por espacio de una hora. Un video lo muestra conversando con sus víctimas, y aún rezó con ellas antes de dispararles, tomando la previsión de dejar a una de las participantes viva. “No te voy a matar... porque quiero que puedas contar lo que pasó”, le dijo.</p><p>El alcalde de Charleston llamó a este crimen un acto de “pura maldad concentrada”; un acto que parecería fruto de la locura de un individuo perverso, pero que refleja la cultura racista que unas veces de manera abierta, otras solapada, ha acompañado la existencia de Estados Unidos a lo largo de su existencia; un fantasma incómodo y agresivo que despierta de tanto en tanto. Una anomalía grave en una sociedad de solidez democrática.</p><p>Qué extraño paisaje el de un país que elige a un negro como presidente y así pareciera enterrar su pasado de intolerancia racial, pero vuelve siempre a enseñar su lado oscuro, que parece atávico. La bandera de los estados confederados, para muchos un símbolo de la tradición esclavista, no fue arreada a media asta en el capitolio de Carolina del Sur en memoria de las víctimas de la masacre. ¿Por qué? Alguien ha dicho que es un asunto de susceptibilidades. La memoria oculta que se toca, estalla.</p><p>“Alguien tiene que tener el coraje de hacerlo en la vida real, y supongo que ese debo ser yo”, dice Roof en su blog El último rodesiano. No son ideas caídas del cielo o salidas de las bocas del infierno. Ha mamado esa leche. Hay quienes las comparten con él y están en el aire de la conciencia social en su vecindario.</p><p>Piensa que la edad de la caballería andante del Ku Klu Klan y de los skinheads se ha traslado ahora al reino indolente de la internet, y se lamenta de que los viejos luchadores que ahorcaban y quemaban negros hayan desaparecido.</p><p>Por algún lado había que empezar. Una bibliotecaria, una entrenadora de atletismo, el pastor que a los 13 años ya predicaba. El muchacho que admiraba a Jackie Robinson, la afanadora que en sus ratos libres era sacristana voluntaria de la iglesia Emanuel.</p><p>Por un asunto que parece ser también de susceptibilidades, no muchos se atreven a calificar esta masacre como un crimen terrorista, equiparable a las decapitaciones de los yihadistas. Pero ya es algo que se le considera como un crimen de odio, aquel “que está motivado, en su totalidad o en parte, por el prejuicio o la animosidad de su autor contra la raza, religión, origen o discapacidad de la víctima”.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/fSmBtPBNMudUzQsWmrIVadLoMDk=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/34QSOAO26BAEHDNWP7HKEZ7ZWM.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[La masacre hacia nueve personas negras dentro de una iglesia lleva a reflexionar acerca de la intolerancia en una nueva era.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[David Goldman]]></media:credit></media:content></item><item><title>Rico McPato y su peluquín</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Rico-McPato-peluquin_0_4252824699.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Rico-McPato-peluquin_0_4252824699.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Tue, 24 Dec 2019 04:25:41 +0000</pubDate><description>El centro de atracciones Luna Park se abrió en Coney Island en 1895, y en sus teatros se presentaban toda clase de espectáculos en vivo, raíz de las posteriores superproducciones de Hollywood cuando llegó la era del cine. El más celebrado era La cacería humana.</description><content:encoded><![CDATA[<p>El centro de atracciones Luna Park se abrió en Coney Island en 1895, y en sus teatros se presentaban toda clase de espectáculos en vivo, raíz de las posteriores superproducciones de Hollywood cuando llegó la era del cine. El más celebrado era La cacería humana.</p><p>Trescientos jinetes aparecían al galope por la pradera persiguiendo entre disparos a un roto mexicano, de guaraches y sombrero, que huía desesperado por delante de la cabalgata.</p><p>Por fin le daban caza lanzándolo, lo arrastraban hasta una pila de leña, lo amarraban a un poste, y lo hacían arder en la hoguera. El tiquete de entrada costaba 25 centavos de dólar, los niños, media paga.</p><p>El roto de este espectáculo era sin duda un inmigrante que había cruzado la frontera, entonces no tan severamente vigilada por drones y radares aerostáticos.</p><p>Y la idea que entonces se tenía de los mexicanos en Estados Unidos, como para que uno de ellos fuera el personaje central de una representación teatral semejante, aún queda prendida como un rescoldo que sólo basta avivar en la mente de algunos.</p><p>En San Ysidro, un condado lindante con México, una asociación de policías fronterizos enseña a los niños a disparar con una pistola de pinball a una figura recortada en cartón, que evoca la de un inmigrante ilegal, colocada al lado de la valla que separa los dos países. Esta es una de varias actividades recreativas organizadas por los patrulleros, que incluyen una carrera de cinco kilómetros para adultos y otra de dos kilómetros para menores.</p><p>La imagen del inmigrante latino como amenaza tampoco ha cambiado en la mente de Donald Trump, el multimillonario de peluquín color zanahoria que quiere ser como los clásicos íconos de la mitología del capitalismo, Cornelius Vanderbilt, Randolph Hearst, o Howard Hughes. Pero es más bien su caricatura, y en todo caso me recuerda a Phineas Taylor Barnum, el empresario que luego fundaría el famoso circo que llevó su nombre, y que tuvo en Luna Park su primera carpa donde alojaba su Museo de Seres Increíbles.</p><p>Barnum exhibía allí una sirena capturada junto con otras de su especie por la tripulación hambrienta de un barco ballenero extraviado en el mar del Norte, la única en salvarse del cuchillo del cocinero gracias a ser la más vieja de todas. Trump, que se ha proclamado aspirante a la presidencia de Estados Unidos, también captura sirenas. Es el dueño de todo un circo mundial, el de Miss Universo, donde la pasarela sustituye a las vitrinas para exhibir especímenes.</p><p>Y cuando el cirquero habla de los mexicanos, indeseables por inmigrantes, a los que promete un inexpugnable muro de contención si gana la Presidencia, no oculta que se refiere a todos los latinoamericanos pobres, los mismos que dejan sus huesos blanqueando en el desierto de Arizona. Para Trump todos ellos son criminales, traficantes de drogas y violadores.</p><p>Ha habido momentos en que los fabricantes de mitos contra los latinoamericanos han inventado otro tipo de imágenes, las de haraganes y revoltosos, sin visión de futuro ni disciplina, destinados para siempre al atraso, como aquella del mexicano durmiendo la siesta todo el día bajo un nopal; o la de Pepe Carioca, el brasileño que lo único que hace es bailar zamba, pareja a la del pistolero alborotador que es Panchito Pistolas.</p><p>Estos dos personajes fueron creados por Walt Disney en los años 40 del siglo pasado, según se dijo entonces “como gesto de buena voluntad”, ya que venían a formar un trío con el pato Donald. De Donald Duck pasamos ahora a Donald Trump. O mejor, de Scrooge Mc Duck, Rico Mc Pato, que se zambullía en su piscina de monedas de oro, pasamos a Donald Trump.</p><p>Pero aunque parezca salido de los dibujos animados con su peluquín color zanahoria, no lo tomemos a broma. En las encuestas aparece como segundo detrás de Jeff Bush entre los candidatos del partido republicano a la Presidencia; y entre sus potenciales votantes estarán, seguramente, quienes entrenan a los niños para disparar bolas de pintura contra las efigies de los inmigrantes.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/uBpFpWmmb-MgiFhGcaXmYc-VhUA=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/YDSZRG4E4NCTRAXQLBXEDB73HM.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[La imagen del inmigrante latino como amenaza no ha cambiado en la mente de Donald Trump, el multimillonario de peluquín color zanahoria.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Jonathan Alcorn]]></media:credit></media:content></item><item><title>El pájaro del dulce encanto</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/pajaro-dulce-encanto_0_4263323644.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/pajaro-dulce-encanto_0_4263323644.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Tue, 24 Dec 2019 02:45:59 +0000</pubDate><description>Este nuevo aniversario de la revolución que triunfó en Nicaragua en 1979 me sorprende lejos, en Santander (España), donde he terminado mi curso de una semana en el ciclo “El autor y su obra”, convocado por la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Este nuevo aniversario de la revolución que triunfó en Nicaragua en 1979 me sorprende lejos, en Santander (España), donde he terminado mi curso de una semana en el ciclo “El autor y su obra”, convocado por la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo.</p><p>Las clases se han celebrado en la casa del faro al borde de uno de los acantilados de esta península en cuya cima se alza el palacio de la Magdalena. Hace poco fue el día de la virgen del Carmen, patrona de los pescadores y una alegre procesión marina, llevando a la virgen en la nave capitana, pasó frente a las ventanas.</p><p>Qué escenario tan distinto y distante a aquel de la plaza de la revolución en Managua, cuando repicaban las campanas entre el agitar de banderas.</p><p>Mis estudiantes no esconden su curiosidad al enfrentarse con alguien que les habla de los vericuetos de la invención literaria, habiendo sido protagonista de una revolución, y no se resisten a preguntarme sobre esa vida que un día llevé.</p><p>Vida y literatura se mezclan de manera indisoluble. Y, otra vez, como ahora, se me termina preguntado: ¿volvería a hacer lo mismo, abandonar la literatura para entregarme a una revolución? ¿No me parece que si al fin de cuentas todo vino a resultar en lo contrario, aquella lucha no valió la pena?</p><p>Son las preguntas que después que perdimos las elecciones en 1990, las mismas que pusieron fin a una década de revolución, intenté dilucidar en mi libro de memorias Adiós muchachos. Y esas respuestas no han variado desde la tarde en que entramos en triunfo a aquella plaza 36 años atrás, siguen siendo los mismos.</p><p>Los ideales tienen necesariamente una calidad que no se deteriora con el paso de los años, o nunca lo fueron.</p><p>Libertad y democracia, equidad y justicia. Palabras simples, y tan necesarias, por las que dieron su vida miles de jóvenes que lucharon por derrocar a aquella dictadura de la familia Somoza; los mejores que ha dado Nicaragua en toda su historia, los más generosos, los más desapegados de intereses materiales o de poder personal.</p><p>Como he venido desde el otro lado del mar para hablar de la majestad de la invención, les relato a mis alumnos una historia que ha estado desde siempre en el imaginario anónimo de Nicaragua, y que se cuenta de boca en boca.</p><p>Yo la escuchaba relatar de niño. Es la historia del pájaro del dulce encanto. Se trata de un pájaro de bello plumaje y colores refulgentes que vuela sobre las cabezas incitando a cogerlo, y cuando alguien alza las manos y lo atrapa, solo lo que queda en ellas es un montón de excremento.</p><p>Esta no es sino una parábola de la frustración y el desengaño repetidos, la forma en que la sabiduría popular se previene a sí misma de no dar crédito a las quimeras que acabarán convertidas en detritus; pero, al fin y al cabo, es una advertencia contra la inutilidad del esfuerzo por cambiar las cosas, y es allí donde la moraleja se vuelve perversa.</p><p>Siempre vamos a tener, al final, las manos llenas de excremento, y la belleza de los sueños cumplidos no existe.</p><p>Pero no es cierto que seamos el único país de América Latina condenado a la repetición del fracaso. No podemos aceptar que nuestra historia sea un juego de espejos donde una dictadura refleja a otra, donde un caudillo encuentra su sucesor en otro caudillo, donde una familia se entroniza en el poder solo para dar paso a otra familia. Donde la democracia, la libertad de elegir a los gobernantes serán siempre solo un remedo o una burla, una pantomima trágica.</p><p>Quizás lo que nos ha ocurrido, les digo a mis estudiantes, y ya nos apuramos porque nos anuncian la ceremonia de entrega de los diplomas, es que hasta ahora el que ha revoloteado sobre nuestras cabezas es el pájaro falso. El otro, el verdadero, hay que hacerlo entre todos, pluma por pluma. El que nos merecemos. Y lo tendremos.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/LmthpGvBSaWPm2-aycb8_D7ZbE0=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/OMCCDSJMGBHJBLQQNZQADGRJIY.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Sergio Ramírez es escritor, político y diplomático.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Las grandes esperanzas</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/grandes-esperanzas_0_4294820505.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/grandes-esperanzas_0_4294820505.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Tue, 24 Dec 2019 01:16:25 +0000</pubDate><description>Todo parece una trama de mafiosos de barrio que por torpeza se cuidan poco las espaldas, como que tienen un teléfono al que pueden llamar los interesados en negociar el contrabando de mercancías en las aduanas. Pero no se trata de una banda formada por codiciosos burócratas de segunda, que se meten al bolsillo unos cuantos miles de dólares.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Todo parece una trama de mafiosos de barrio que por torpeza se cuidan poco las espaldas, como que tienen un teléfono al que pueden llamar los interesados en negociar el contrabando de mercancías en las aduanas. Pero no se trata de una banda formada por codiciosos burócratas de segunda, que se meten al bolsillo unos cuantos miles de dólares.</p><p>Son millones de millones de dólares los esquilmados en impuestos de importación, al punto de descalabrar las finanzas públicas.</p><p>La banda la encabeza nada menos que el presidente de la República, al que en su argot los mafiosos llaman “el número 1”, o “el mero mero”, o “el dueño de la finca”; y la vicepresidenta es “la número 2”.</p><p>Ambos perciben una mitad de las ganancias. La otra mitad va a dar a los bolsillos de los funcionarios involucrados. El público conoce ahora a la banda como “La línea”, por la línea de teléfono designada para las transacciones.</p><p>Todo ocurre en Guatemala, y el escándalo estalló en abril de este año, cuando se presentaron las primeras evidencias contra la vicepresidenta Roxana Baldetti.</p><p>Obligada a renunciar, y ahora en prisión, está siendo procesada por los delitos de asociación para delinquir, defraudación y cohecho pasivo; y se han reunido pruebas suficientes para enjuiciar por los mismos cargos al presidente Otto Pérez Molina, quien se acerca al final de su mandato (hace cuatro días renunció y rechazó los cargos en su contra), y se resiste a dejar el cargo, abandonado por la mayoría de sus ministros después que la Corte Suprema ha autorizado unánimemente su enjuiciamiento por el Congreso Nacional.</p><p>Desde que se conocieron las acusaciones contra la vicepresidenta, un movimiento ciudadano comenzó a tomar cuerpo con vigor inusitado, y al revelarse lo que todos sospechaban, que el presidente de la República era el jefe de la banda, el país demanda su renuncia: la iglesia católica, las iglesias evangélicas, las organizaciones de empresarios, los sindicatos, las universidades, los gremios profesionales, los maestros, estudiantes, empleados públicos, los medios de comunicación.</p><p>Una oleada cívica incontenible ha desbordado las calles de la capital y de las principales poblaciones, miles y miles de ciudadanos indignados ante esta trama obscena de corrupción, como no se veía desde que manifestaciones similares salieron a exigir la renuncia del dictador Jorge Ubico, que terminó yéndose al exilio en julio de 1944.</p><p>Y se probó esa vez que hay en Centroamérica un sistema de vasos comunicantes: las protestas sacudieron también El Salvador, donde el dictador Maximiliano Hernández Martínez resultó derrocado, y las dictaduras de Somoza en Nicaragua y Carías en Honduras fueron remecidas.</p><p>Hoy, en Honduras la gente sale también de manera masiva a las calles a protestar contra la corrupción.</p><p>Cuando uno mira el desolado panorama de los países centroamericanos, los acontecimientos de Guatemala dan motivos de grandes esperanzas: de pronto, una rebelión cívica, sin violencia, en un país donde la represión política ha desembocado a lo largo de su historia en asesinatos, convocada a través de las redes sociales por jóvenes que prefieren el anonimato al protagonismo.</p><p>Una sociedad sometida al terror ha terminado perdiendo el miedo. Una rebelión en las calles por la decencia.</p><p>¿Y cómo ha sido posible que un gobierno corrupto, con un presidente que viene de las filas militares represivas, no haya sido capaz de someter a jueces y fiscales, como es común en estas tierras?</p><p>Guatemala es el único país donde existe una Comisión Internacional Contra la Impunidad (CICIG), creada por acuerdo entre el estado y las Naciones Unidas.</p><p>La comisión es independiente y lleva adelante investigaciones contra funcionarios públicos, como lo hizo en el 2008 al poner tras las rejas al expresidente Alfonso Portillo por corrupción.</p><p>Son los investigadores de la Comisión los que intervinieron los teléfonos de los implicados y presentaron a los jueces las trascripciones de las conversaciones mafiosas.</p><p>En una de ellas, el propio Pérez Molina da órdenes a un funcionario de aduanas, miembro de la banda.</p><p>El último capítulo no ha concluido. La gente seguirá en las calles.</p><p>Un rótulo en la puerta de un restaurante cerrado en respaldo de las marchas lo dice mejor: “Preferimos perder dinero a perder el país”.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/rvAOXLs5d8L8mhadrg7oXjg57Rg=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/VJHUPXFAOJEUPC6L6YCPFYOQQA.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Guatemaltecos exigen cárcel para Otto Pérez Molina, ahora expresidente de Guatemala, durante una protesta el pasado jueves 3 de septiembre en ciudad de Guatemala.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Hermanas de leche</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Hermanas-leche_0_4300069985.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Hermanas-leche_0_4300069985.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Tue, 24 Dec 2019 00:25:32 +0000</pubDate><description>La novela en América Latina ha dado cabida siempre a lo inverosímil que está en los hechos de la historia, que por eso mismo nos llenan de perplejidad. Nos hemos acostumbrados a ver la historia como novela y a la novela como sustituto de la historia, porque ambas parecen vivir en el mismo territorio dual de la imaginación, como hermanas de leche que son.</description><content:encoded><![CDATA[<p>La novela en América Latina ha dado cabida siempre a lo inverosímil que está en los hechos de la historia, que por eso mismo nos llenan de perplejidad. Nos hemos acostumbrados a ver la historia como novela y a la novela como sustituto de la historia, porque ambas parecen vivir en el mismo territorio dual de la imaginación, como hermanas de leche que son.</p><p>Es lo que deberíamos llamar la anormalidad constante. Si tantas veces no distinguimos entre hechos reales y hechos de la imaginación, es porque entre historia y novela se cree un tráfico de intercambios, y así, ambas se llegan a prestar sus instrumentos.</p><p>Se supone que la literatura miente y que la historia dice la verdad. ¿Pero quién miente a hoy, cuando vivimos la historia a domicilio en las pantallas, nos agobia el exceso de información. Pero los hechos que se nos comunican de manera abrumadora no han ganado una calidad tan verificable como para ubicarse sin reparos en el terreno de la verdad. El relato de los hechos de la historia aparecerá siempre bajo un velo engañoso, extendido por la mano de intereses políticos, ideológicos, corporativos o religiosos. La novela, que ya se sabe que miente, gana crédito porque sabe seducir mejor.</p><p>La historia se escribe a favor o en contra de alguien, y no pocas veces por comisión del propio interesado; si no recordemos a López de Gómara componiendo en Valladolid su Crónica de la conquista de la Nueva España bajo encargo de Hernán Cortés, quien buscaba recuperar su poder en México y necesitaba ser exaltado como el héroe único de la conquista de Tenochtitlán.</p><p>Por eso mismo es que Bernal Díaz del Castillo, cuando lee aquella crónica se siente ofendido porque alguien ajeno a los hechos se los está contando de manera mentirosa, a él, que fue soldado de a pie de Cortés.</p><p>Y entonces escribe su Historia Verdadera de la Conquista, que nos seduce como si fuera una novela. Hay en Bernal un afán de informar exhaustivamente, con precisión, como cuando nos da el número de soldados muertos en una batalla, y de ser posible la lista de sus nombres y apellidos, oficios anteriores y edades. A cada paso declara que quiere ser veraz, y a cada paso acusa a Gómara de mentiroso, porque exagera y se pone como testigo de lo que sus ojos nunca vieron.</p><p>El siglo XXI nos entrega un repertorio de verdades que parecen imaginadas: las pandillas de las maras en Centroamérica, que incendian autobuses con todos los pasajeros adentro; los cementerios clandestinos que se siguen llenando de cadáveres anónimos; los reyes de baraja del narcotráfico, que se sientan en retretes de oro y coronan reinas de belleza; los emigrantes que terminan dejando sus huesos en el desierto de Arizona; la corrupción, esa piel purulenta que viste al poder político, cualquiera que sea su signo ideológico.</p><p>La novela no funciona como texto sociológico ni como alegato político. Trata sobre la vida, el horror, la locura y la muerte. Pero arrastra consigo la visión de la sociedad en la medida en que retrata las vidas de aquellos que sufren las consecuencias de esa anormalidad de la historia a la que no pueden escapar, y les impone exilio, separación, soledad y abandono.</p><p>La novela se abre paso en la textura del pasado reciente, el que apenas deja de ser presente, y en el presente mismo con toda su volatilidad, entre asuntos que siendo contemporáneos quedan a la vista en el registro cotidiano de las noticias; pero también acude a los asuntos escondidos en archivos olvidados, siempre en busca de la anormalidad, de los relieves exagerados de la historia, de su capacidad de causar asombro, sentimiento de injusticias no reparadas e indignidades ocultas; y también entra en las galerías de personajes oscuros que el ojo del novelista es capaz de iluminar, héroes falsos a los que poner en evidencia, o héroes verdaderos relegados a los rincones desolados de la memoria.</p><p>Vieja pretensión de la novela, no solo de parecerse a la realidad, sino de ser aún más deslumbrante que la realidad.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/Qmd0RRDZNFVwetWLqcZ_fMwKHLc=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/SE73KOMYPFHMPCFSWOK7PE3QUQ.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El siglo XXI nos entrega un repertorio de verdades, por ejemplo las pandillas de las Maras en Centroamérica]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Cuando los brujos mandan </title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/cuando-los-brujos-mandan/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/cuando-los-brujos-mandan/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sun, 22 Dec 2019 05:00:00 +0000</pubDate><description>Al centro de la rotonda donde se abre la avenida Bolívar en Managua, que corre  hasta la costa del lago Xolotlán, custodiado por tres frondosos árboles de la vida hechos de  fierro, se alza un extraño y vistoso monumento de latón en homenaje a Hugo Chávez, pródigo benefactor del régimen de la familia Ortega mientras vivió.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Al centro de la rotonda donde se abre la avenida Bolívar en Managua, que corre hasta la costa del lago Xolotlán, custodiado por tres frondosos árboles de la vida hechos de fierro, se alza un extraño y vistoso monumento de latón en homenaje a Hugo Chávez, pródigo benefactor del régimen de la familia Ortega mientras vivió.</p><p>La efigie del comandante, el rostro de un extraño color amarillo, y en la cabeza su boina roja de paracaidista, surge por encima de un sol de llamas como pétalos, dentro del que se enrosca una serpiente emplumada de vivos colores.</p><p>El color de bilis del rostro, el sol que parece una flor, la serpiente emplumada, todo tiene un significado que apunta hacia la magia protectora. Son símbolos esotéricos que tienen que ver con el poder, y las formas de protegerlo de acechanzas y malas vibras.</p><p>Para no hablar de los árboles de la vida, que al unir el cielo y el infierno custodian la salud y la suerte de los gobernantes, y los amparan, entre otras calamidades, frente a los efectos del mal de ojo, las envidias funestas de sus enemigos, las enfermedades, y, por supuesto, la muerte.</p><p>El propio Chávez, se ha escrito, tenía instalado en el palacio de Miraflores un altar santero donde se hallaba entronizada una cabeza de caimán rodeada de velas y amuletos, y al filo de la medianoche hablaba con el espíritu de Simón Bolívar en busca de consejos, y durante el almuerzo reservaba a su diestra un sitio y un plato para él.</p><p>Y qué decir del general Maximiliano Hernández Martínez, quien llegó al poder en El Salvador por medio de un golpe de estado, y se mantuvo a lo largo de trece años hasta que una protesta popular lo obligó a dejar la silla presidencial en 1944.</p><p>Abstemio y vegetariano, y creyente en la reencarnación, realizaba sesiones de espiritismo en la casa presidencial. En sus alocuciones radiofónicas semanales proclamaba que quien mataba a una hormiga “cometía un crimen mayor que el de matar a un hombre, porque cuando un hombre muere se vuelve reencarnado, mientras que una hormiga muere para siempre”</p><p>Por eso de que la vida de una hormiga vale más que la de un hombre, es que seguramente no tuvo empacho en mandar a masacrar a 30 mil campesinos indígenas en Izalco, en 1932, acusados de rebelión, el genocidio mayor cometido nunca en Centroamérica, una marca siniestra en una región del mundo donde no han faltado los genocidios.</p><p>Pero ninguno de los espíritus trascendentes con lo que solía conversar en amenas charlas, fue capaz de informarle que muchos años después, en su exilio en Honduras, su propio chofer lo mataría dándole diecisiete puñaladas. Fueron tantas que los médicos invisibles no pudieron hacer nada por él.</p><p>Devoto de los ritos del vudú, Papa “Doc” Duvalier, quien llegó al poder en Haití en 1957 y se declaró presidente vitalicio, hablaba con los difuntos. Ordenó decapitar a su enemigo político Blucher Philogenes, y mantuvo conservada en hielo la cabeza frente a la que se sentaba en el encierro de su despacho tratando de sacarle palabra para que le revelara el nombre de quienes urdían conspiraciones en su contra.</p><p>Isabel Perón, la cabaretera de pocas luces, llegó a presidenta de Argentina en 1973 como sucesora de su esposo, el general Juan Domingo Perón. Pero quien verdaderamente mandaba era su consejero José López Rega, en un tiempo policía raso que servía el mate a sus superiores en el cuartel mientras soñaba con cantar un día en los escenarios las arias de Rigoletto, pues se creía con voz de tenor.</p><p>Sacerdote supremo de la secta esotérica Anäel, sucesora de la secta Thulé, a la que pertenecieron nada menos que Adolfo Hitler y Rudolf Hess, organizó también otra secta de sicarios y criminales a sueldo, la Alianza Anticomunista Argentina, mejor conocida como la Triple A, responsable de decenas de asesinatos, torturas y secuestros, sobre todo de jóvenes.</p><p>La brujería, una vez en el poder, se vuelve adicta al crimen, y nunca se harta de sacrificios humanos.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/sbvx7eKGM81YjyjQsiQtFTlk8Rg=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/SPB2BCUQSRFDVIKEMMVWA463OM.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[ En los  rituales de brujería  es común observar  imágenes y velas.   Archivo]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[]]></media:credit></media:content></item><item><title>Acuérdense bien de esta mujer</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Acuerdense-bien-mujer_0_4389311052.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Acuerdense-bien-mujer_0_4389311052.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Sat, 21 Dec 2019 11:26:57 +0000</pubDate><description>Se llama Francisca Ramírez. No la he visto más que en fotografías y tomas de televisión, pero no pierdo la esperanza de conocerla. ¿Quién es? ¿Qué ha hecho?</description><content:encoded><![CDATA[<p>Se llama Francisca Ramírez. No la he visto más que en fotografías y tomas de televisión, pero no pierdo la esperanza de conocerla. ¿Quién es? ¿Qué ha hecho?</p><p>En las imágenes aparece una campesina, robusta y decidida, de piel morena que el sol ha ayudado a curtir, en sus labores domésticas, en las de su finca, y en las marchas que ha encabezado. Su rostro, decidido y alerta, inspira confianza.</p><img alt="Francisca Ramírez es una figura frecuente en los medios de comunicación de Nicaragua. Tomadas de internet" height="375" src="https://www.prensa.com/resizer/JF7bffuGT6mJo19XpwdNkbESAwA=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/6BHH7LRYYBFMFIHG7JUKIZQJHE.jpg" width="667"/><img alt="Acuérdense bien de esta mujer" height="375" src="https://www.prensa.com/resizer/C5KJpwi3OHXEFq97fWwWZYvqiWU=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/3QMXPA2KTZFWPMP7V3SAOGRK2I.jpg" width="667"/><p>Es el alma de la lucha en defensa de las tierras amenazadas de expropiación, de construirse el canal interoceánico de los chinos, y que viene a ser una lucha en defensa de la soberanía de Nicaragua, otra vez entregada a potencias extranjeras.</p><p>La exigencia es la derogatoria de la ley 840, que contiene el tratado Wang Ying-Ortega, válido por 100 años.</p><p>Francisca es una campesina del municipio de Nueva Guinea en el Caribe sur, allí por donde pasaría el canal, avasallando territorios que más de medio siglo atrás fueron colonizados por agricultores pobres.</p><p>Aprobó apenas el tercer grado de primaria, porque en la situación de pobreza en que vivía su familia la escuela venía a ser un lujo, pero es dueña de un talento natural para la agricultura y para negociar la venta de los productos de su finca; y otro talento natural, no menos valioso, el de dirigente.</p><p>Una dirigente nata, que no pertenece a ningún partido político de oposición y tampoco piensa bien de ellos.</p><p>Cuando aparecieron los topógrafos chinos que entraban sin permiso a las fincas para medirlas, sin dar explicaciones, el temor comenzó a convertirse en indignación entre los propietarios. Comenzaron a agruparse en asambleas, y buscaron entonces a Francisca. Ya que sabía aconsejarlos sobre el cultivo de sus tierras, también sabría ponerse a la cabeza para defenderlas.</p><p>Lo mismo ocurría entre los propietarios de la parte del Pacífico, al otro lado del Gran Lago de Nicaragua, por donde también pasaría el canal, y así se organizó el Consejo Nacional para la Defensa de la Tierra, Lago y Soberanía. Francisca fue electa vicecoordinadora del Consejo.</p><p>Es un movimiento de generación espontánea, con dirigentes salidos de sus propias filas campesinas, sin la intervención de ningún partido político; el más auténtico y vigoroso nacido en los largos años del régimen de Daniel Ortega, capaz de haber emprendido hasta ahora 55 marchas de protesta, la última de ella hacia Managua, reprimida con fuerzas de choque y fuerzas policiales, pero que, pese a todos los obstáculos, logró entrar a la capital.</p><p>Cuando el régimen vio que no podía doblegar a Francisca, recurrieron al expediente que tantas veces ha dado resultado con los dirigentes de oposición: comprarla. Le ofrecieron pagarle sus tierras a precios de oro. “Yo le dije que detrás de mí había miles y miles, que mientras no llegáramos a un acuerdo, y el único acuerdo era la derogación de la ley 840, prefería morir… cómo me quedaría mi corazón saber que estoy en otro país con mucho dinero, pero que en Nicaragua se está pasando tanta violencia por haber negociado... traicionar tanta gente humilde”.</p><p>Esa propuesta, dice, se la hicieron el 17 de diciembre de 2014. Al día siguiente, una tropa de 30 policías invadió su vivienda. Sus hijos pequeños, que dormían, fueron sacados violentamente de la cama, mientras la vivienda era cateada.</p><p>Hace pocos meses, esos mismos campesinos fueron en un auxilio de otros campesinos del norte de Nicaragua, víctimas de la sequía, llevándoles alimentos de los que producen en Nueva Guinea, en una caravana de camiones. La policía impidió la distribución de la comida entre las familias necesitadas, bajo el alegato de que solo a través del Gobierno se pueden repartir ayudas. Insistieron de nuevo en diciembre, y se ve que han comenzado a cogerles miedo, pues las raciones fueron entregadas tras muchos forcejeos.</p><p>Los campesinos han decidido no cejar, y seguirán con sus marchas contra el canal. Es la otra Nicaragua, la lejana y olvidada, la que tiene la voz hoy día.</p><p>Anoten el nombre de esta mujer, Francisca Ramírez. Volveremos a escucharlo.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/JF7bffuGT6mJo19XpwdNkbESAwA=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/6BHH7LRYYBFMFIHG7JUKIZQJHE.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Francisca Ramírez es una figura frecuente en los medios de comunicación de Nicaragua. Tomadas de internet]]></media:description></media:content></item><item><title>No es no</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/prensa_0_4431306851.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/prensa_0_4431306851.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Sat, 21 Dec 2019 08:00:49 +0000</pubDate><description>Evo no es de ninguna manera el malo de la película. Pese a su tendencia autoritaria ha gobernado con buen suceso un país signado por golpes de Estado, dictaduras militares y repetidos periodos de inestabilidad; y los resultados de su gestión económica y social son notables en cuanto a la disminución de la pobreza y el manejo de las finanzas públicas, reivindicando, además, la soberanía de los recursos naturales del país.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Evo no es de ninguna manera el malo de la película. Pese a su tendencia autoritaria ha gobernado con buen suceso un país signado por golpes de Estado, dictaduras militares y repetidos periodos de inestabilidad; y los resultados de su gestión económica y social son notables en cuanto a la disminución de la pobreza y el manejo de las finanzas públicas, reivindicando, además, la soberanía de los recursos naturales del país.</p><p>El problema es que después de tantos años de gobernar sin adversarios capaces de desafiar su liderazgo, quiso reelegirse otra vez; pero al someterlo a un referéndum, la mayoría ha respondido que no. Una pregunta hecha sin trampas, hay que decirlo, porque los votos del no y del sí fueron contados de manera transparente, aun siendo la diferencia ajustada.</p><p>Los resultados prueban que ese viejo fantasma del fraude está volviendo a su sarcófago en América Latina, como antes en las elecciones argentinas que perdió el candidato de la señora Kirchner, o como en las elecciones legislativas en Venezuela, donde el chavismo fue derrotado de manera abrumadora.</p><p>El presidente Correa del Ecuador ha anunciado que no se presentará más, lo cual lo quita, dichosamente, de la lista de quienes pretenden quedarse para siempre sentados en la silla presidencial; así se devuelve la alternabilidad al ejercicio democrático. Y esa alternabilidad se reafirmará mejor cuando gane la oposición; en Ecuador, en Bolivia, en cualquier parte.</p><p>Una de las maneras de medir a un estadista es fijarse cómo se comporta frente a la derrota. Lo peor es cuando no la acepta, y recurre a falsear los resultados. Pero también hay que fijarse en cómo justifica la derrota.</p><p>Que Evo diga que ha perdido la batalla pero no la guerra es una respuesta lógica.</p><p>Su partido oficial, el MAS, sigue siendo mayoritario frente a una oposición dispersa y debilitada, y con un candidato joven bien puede ganar las elecciones de 2019. El voto adverso del referéndum ha sido contra la reelección, para cerrar las puertas a la pretensión de un caudillo en ciernes que buscaría siempre las maneras de quedarse uno y otro período.</p><p>Pero también afirma que perdió el referéndum por causa de una “guerra sucia”, provocada por la derecha, y “de una conspiración externa e interna”, en la que no falta la mano del imperialismo, repitiendo lo que pocos días antes se había adelantado a expresar el presidente Maduro, quien atribuye la derrota legislativa de su partido a las mismas causas, cerrando los ojos frente a la debacle provocada en Venezuela por la corrupción y su ineptitud.</p><p>Son respuestas que no corresponden a un estadista, e irrespetan al electorado. La mayoría de quienes votaron no, está lejos de hallarse compuesta por oligarcas, millonarios y burgueses reaccionarios, numéricamente una minoría; entre los votantes que negaron a Evo la posibilidad de reelegirse hay, necesariamente, gente de clase media, empleados públicos, y también proletarios, campesinos, y, por supuesto, indígenas. Muchos son beneficiarios de los programas sociales del gobierno, pero no por eso traidores.</p><p>También atribuye su derrota a un “resurgimiento del racismo”. ¿Las etnias quechuas y aimaras, que forman la mayoría de la población boliviana, racistas contra ellas mismas? Si algo ha conseguido el país en estos años es que la población indígena se sienta protagonista de la historia y vuelva por su dignidad sojuzgada.</p><p>“Vamos a evaluar los mensajes de las redes sociales, donde las personas no se identifican y hacen daño a Bolivia”, ha dicho también Evo, y que “las redes sociales son como si todo se fuese por la alcantarilla”; en esto último no deja de tener razón, algo sobre lo que Umberto Eco llegó a filosofar.</p><p>Pero amenazar con una revisión del espacio de las redes sociales, culpándolas de ser parte de la conspiración de la derrota, es ir en contra de la libertad de expresión. Desde ellas se promueve un constante debate de ideas, se contrastan opiniones y se conocen asuntos que el poder quiere mantener ocultos, y que de otra manera no surgirían a la luz. Forman el gran espacio de libertad de nuestro tiempo.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/IeJKlcsJRT8OTFcIi12qGbfAx7M=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/CP6KLP4KAZHUVPYDYRVYNEK7QI.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Pese a su tendencia autoritaria, Evo Morales ha gobernado con buen suceso un país signado por golpes de Estado, dictaduras militares y repetidos periodos de inestabilidad.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Máquina y laberinto de cosas</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Maquina-laberinto-cosas_0_4452304756.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Maquina-laberinto-cosas_0_4452304756.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Sat, 21 Dec 2019 06:13:27 +0000</pubDate><description>La ruptura provocada por los escritores del boom tuvo como beneficiarios más inmediatos a quienes pertenecíamos a la generación inmediatamente posterior.</description><content:encoded><![CDATA[<p>La ruptura provocada por los escritores del boom tuvo como beneficiarios más inmediatos a quienes pertenecíamos a la generación inmediatamente posterior.</p><p>Eran maneras de contar novedosas, que abrieron nuevas compuertas en la estructura narrativa y en las formas del lenguaje, un fenómeno que no se daba en la lengua castellana desde los tiempos del modernismo.</p><p>Gabriel García Márquez enseñaba que la fábula que vivía en nuestra memoria era inagotable, y que se podían contar las mentiras más desproporcionadas con rostro imperturbable; pero la fuerza de su influencia convirtió a no pocos incautos en imitadores sin remedio.</p><p>Para Carlos Fuentes la novela era un sustituto de la historia pública, más allá del presupuesto de Alejandro Dumas de que la realidad es solo el clavo donde se cuelga la novela. Y de Cortázar aprendimos que la literatura era un mecano para armarse de las más disímiles maneras, el juego de brincar sobre los números trazados en las baldosas convertido en metafísico.</p><p>Mario Vargas Llosa, el menor en edad de estos cuatro evangelistas que enseñaban la buena nueva de que una literatura distinta y novedosa era posible, marcó de manera eficaz, y sin obviedades, las nuevas maneras de escribir. Su estilo, más de medio siglo después, sigue siendo el de un cronista de hechos.</p><p>Uno podía pasar por sus enseñanzas sin marcas y sin huellas, y la experiencia al abrir alguno de sus libros fundamentales de aquella época, empezando por La ciudad y los perros, era la de ingresar en un taller de escritura particular, un solo maestro y un solo alumno entregado al ejercicio de desmontar cada biela, cada resorte del mecanismo para darse cuenta de cómo estaba construido, y luego volverlo a armar. “Esa máquina de laberintos y cosas” de que habla Miguel de Cervantes Saavedra en El Quijote.</p><p>La experiencia de enfrentarse a un libro donde los acontecimientos se articulaban de manera simultánea perteneciendo a espacios y tiempos diferentes, nunca fue compleja para el lector novicio, como puede parecer, y se volvía atractiva por los misterios a desentrañar.</p><p>¿Quién era realmente el Jaguar, el cadete de la escuela Leoncio Prado? Lo sabríamos a su debido tiempo, como en las novelas policiacas; pero su identidad estaba allí desde antes, escondida en el acertijo.</p><p>Una carpintería minuciosa, de ajustes y ensamblajes precisos, que no era nunca arbitraria. El aprendiz sabía que la novela se presentaba como una propuesta matemática donde una de las reglas era la repetición ordenada de los procedimientos; una experiencia desusada, pero en la que el escritor demostraba que ejercía la responsabilidad de sostener la estructura sin arbitrariedades.</p><p>Se trataba de un acertijo, claro, pero con reglas. Una nueva manera de escribir, y también una nueva manera participativa de leer, y que no teniendo antecedentes en la lengua, tuvo desde entonces no pocos lectores entre quienes buscaban ya no claves literarias, sino el goce mismo de vivir dentro de una novela.</p><p>El registro de la experiencia narrada precisamente como cotidiana, como si fuera la realidad, ni siquiera su espejo, con personajes del entorno contemporáneo del novelista que en La ciudad y los perros entran en escena robándose las pruebas de un examen escolar, el más común de los actos extraordinarios para comenzar una novela de catadura juvenil.</p><p>Los personajes que encontraremos en La casa verde y en Conversación en la catedral, son soldados, patronas de burdeles, músicos y prostitutas, agentes de policía y periodistas gacetilleros, elevados a la categoría de héroes de novela dramáticos y picarescos, que hacen emerger de ellos mismos la épica a su propia medida, y cuya suma total no formará nunca una épica superior para la historia porque la historia termina siendo siempre la decepción y la frustración.</p><p>Una literatura realista, que bien podría ser la de Flaubert, armada de otra manera que tampoco era la de Faulkner.</p><p>La máquina de sus invenciones no dejó nunca de ser aleccionadora, y lo sigue siendo a través de un largo recorrido, que al llegar tan lejos, como ahora que celebramos sus 80 años de vida, tampoco ha perdido nunca su energía juvenil.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/00ogh20JnxA3ZPtC0IC6vYVBO70=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/VPW2RTQ7W5FW3DBOEH2NVMPCVQ.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El estilo de Mario Vargas Llosa, ‘más de medio siglo después, sigue siendo el de un cronista de hechos’: Sergio Ramírez.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Archivo]]></media:credit></media:content></item><item><title>Memoria y libertad</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Memoria-libertad_0_4483801602.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Memoria-libertad_0_4483801602.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Sat, 21 Dec 2019 05:37:21 +0000</pubDate><description>Hace cuatro años surgió la idea de reunir a un grupo de narradores centroamericanos para que hablaran entre ellos de su oficio, y de las dificultades que ejercerlo conlleva en países como los nuestros, donde las barreras de la incomunicación parecen alzarse a veces de manera insalvable.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Hace cuatro años surgió la idea de reunir a un grupo de narradores centroamericanos para que hablaran entre ellos de su oficio, y de las dificultades que ejercerlo conlleva en países como los nuestros, donde las barreras de la incomunicación parecen alzarse a veces de manera insalvable.</p><p>Juntar a los escritores maduros, pero sobre todo a los jóvenes, que tienen ya por campo de batalla este siglo XXI tan sorpresivo y lleno de desafíos, cuando el oficio de narrar sufre cambios tan severos.</p><p>Cómo circulan en Centroamérica los libros o por qué no circulan. Cuáles son las dificultades de editar, y la terca sobrevivencia de las ediciones por cuenta propia, eso de que uno aún imprime su propio libro y tiene que salir a venderlo.</p><p>Las pequeñas editoriales heroicas que se arriesgan, pese a que bien saben que no es lo mismo ofrecer libros de escritores nacientes que pizzas o ropa de paca.</p><p>Los desafíos de los libros y revistas electrónicas, los blogs literarios, la red que nos abre sus puertas infinitas, pero que sigue siendo un territorio tan vasto donde es fácil perderse y desaparecer.</p><p>Son temas que surgen entre centroamericanos, porque presuponen una identidad compartida, que tiene una dimensión en la historia, otra muy obvia en la geografía, aún otra en el intercambio económico, y una más en la cultura, la más desprovista de todas.</p><p>Países en vecindad, que resulta incómoda a veces, estorbada por incomprensiones y recelos, pero sometidos, pese a ellos mismos, a un ideal empecinado que no se deja mover por los vientos de tormenta. Y si la identidad cultural es la más desprovista, es al mismo tiempo la más espléndida, esa que se expresa triunfalmente en la creación literaria, Rubén Darío, Miguel Ángel Asturias, Ernesto Cardenal.</p><p>Pero si miramos hacia adentro, hay que mirar hacia afuera: también Centroamérica como una cárcel y cómo romper los muros de esa cárcel para un escritor.</p><p>Ser visto y leído por las editoriales extranjeras, traducido a otras lenguas. Desafiar el sino de venir de una pequeña región reconocida sobre todo por la violencia y la pobreza.</p><p>Hacer de la literatura una marca de país. Y entonces pensamos que este no debería ser un diálogo solo entre nosotros, una plática de presos, sino a puertas abiertas, en compañía de escritores de otras latitudes, y de traductores, editores, críticos. Salir al mundo, compartirlo, ponernos en el mapa.</p><p>Este experimento pasó a llamarse Centroamérica Cuenta, y del 23 al 27 de mayo vamos a celebrar ya el cuarto encuentro, una vez más en Managua.</p><p>Empezamos con una docena de participantes que acudieron de los seis países centroamericanos, y de Francia y Alemania, a tener esta vez a más de 70 invitados provenientes de más de 15 países; además de los mencionados, España, México, Brasil, Colombia, Holanda, Venezuela, Argentina, Perú. Narradores, cronistas, cineastas, traductores, académicos, periodistas; editores, directores de otros festivales internacionales.</p><p>Y así como el año anterior convocamos Centroamérica Cuenta en nombre de la libertad de expresión, condición esencial de la creación literaria, este año el lema será Memoria que nos une.</p><p>La memoria que alimenta no solo la invención, sino que es imprescindible para tener historia, y para que tenga sentido la vida social.</p><p>Para imaginar el futuro es necesario recordar el pasado. Un pasado desaparecido, que es necesario exhumar. Y memoria también de dos grandes aniversarios que tienen que ver con nuestra lengua y su constancia renovadora: los centenarios de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra y de Rubén Darío, a quienes está dedicado el encuentro.</p><p>Seis días en una docena de escenarios, donde además del tema de la memoria, se discutirán los que tienen que ver con los desafíos de la literatura, los asuntos a los que acude y sus formas cambiantes de expresión: la realidad como sedimento provocador de la imaginación; la historia y las maneras de descifrarla a la hora de contar.</p><p>La literatura no es prescindible, ni tampoco una pieza decorativa. Es un signo de libertad creadora. Es esencial a la diversidad crítica, y a la convivencia democrática. Memoria y libertad. Sin ellas, no hay invención literaria.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/B1mHQuXpnDiyCqWvfJzqHhvkSpQ=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/JDT27P4UDVCKLCDBTNLYUMRSZQ.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El novelista y cuentista Sergio Ramírez.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Archivo]]></media:credit></media:content></item><item><title>El viejo armario de la casa solariega</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/viejo-armario-casa-solariega_0_4525797401.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/viejo-armario-casa-solariega_0_4525797401.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Sat, 21 Dec 2019 03:12:39 +0000</pubDate><description>Rubén Darío cuenta en su autobiografía que en un viejo armario de la casa solariega, donde pasó su infancia en León de Nicaragua, encontró los primeros libros que habría de leer en su vida. Tenía 10 años de edad.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Rubén Darío cuenta en su autobiografía que en un viejo armario de la casa solariega, donde pasó su infancia en León de Nicaragua, encontró los primeros libros que habría de leer en su vida. Tenía 10 años de edad.</p><p>“Eran un Quijote”, dice, “las obras de Moratín, Las mil y una noches, la Biblia; los Oficios, de Cicerón; la Corina, de Madame Staël; un tomo de comedias clásicas españolas, y una novela terrorífica de ya no recuerdo qué autor, la Caverna de Strozzi. Extraña y ardua mezcla de cosas para la cabeza de un niño”.</p><p>¿A quién pertenecían los libros del viejo armario? Su tío abuelo, el coronel Félix Ramírez Madregil, el dueño de casa, y quien le daba cuidados de padre, era un antiguo combatiente del ejército unionista centroamericano del general Francisco Morazán.</p><p>En su casa se reunían en tertulia doctrinarios liberales, intelectuales masones y cabecillas radicales que de cuando en cuando se alzaba en armas contra la oligarquía conservadora.</p><p>La esposa del coronel, doña Bernarda Sarmiento, aunque católica practicante, era mujer de ideas libertarias y no faltaba a aquellas reuniones: “llegaban hombres de política y se hablaba de revoluciones. La señora me acariciaba en su regazo. La conversación y la noche cerraban mis párpados…”.</p><p>Lo más probable es que la dueña de esos libros fuera ella, pues fue lectora empedernida.</p><p>Rubén había aprendido a leer a los tres años de edad, y en su autobiografía recuerda que lo hacía en el patio enclaustrado de la casa bajo las ramas de un gran jícaro.</p><p>Seguramente, tras la sorpresa del hallazgo, como cualquier lector que tiene frente a sí una escogencia variada, se metió a ver de qué se trataba cada uno de los libros, para empezar por lo más atractivo.</p><p>Más atractiva que Los oficios de Cicerón, que trata de los deberes que tienen los ciudadanos frente al Estado; que El sí de las niñas de Moratín; o Corina, de madame Stäel, de quien nunca volvió a decir una palabra en sus escritos, debió serle La caverna de Strozzi, escrita en 1798 por Saint Warin, novela del género gótico, con su cauda de fantasmas y castillos embrujados, un género al que Edgard Allan Poe daría todo su peso.</p><p>En esa novela tremebunda encontró un eco de las historias que entonces oía contar en León: “se me mostraba, no lejos de mi casa, la ventana por donde, a la Juana Catina, mujer muy pecadora y loca de su cuerpo, se la habían llevado los demonios… que hacían un gran ruido y dejaban un hedor a azufre…”.</p><p>La Biblia de la infancia de Rubén se conserva en el museo que es ahora la casa donde vivió. Es una edición en latín y español en diez tomos, de los que falta el último, impresa en el año de 1858 por la Librería Española de Madrid, traducida de la vulgata latina por don Felipe de San Miguel “conforme el sentido de los santos padres y expositores católicos”, y revisada por don José Palau.</p><p>En cuanto a Las mil y una noches, el estudioso dariano Günther Schmigalle piensa que lo más probable es que se trate de la traducción, primero al alemán hecha por Gustav Weil, y de allí al español por don Juan de Olivares, publicada en dos volúmenes en Barcelona entre 1858 y 1859, “con 1,600 dibujos de los mejores artistas”.</p><p>Y El Quijote, al que ya nunca abandonaría, fascinado para siempre por el mundo cambiante y sorpresivo de Cervantes, quien fue para él “la vida y la naturaleza”; díganlo sino sus Letanías a Nuestro Señor don Quijote. Y como buen hijo de Cervantes, renovó la lengua que aquel había vuelto a inventar.</p><p>No hay duda de que gracias al tesoro encontrado en el viejo armario, Rubén empezó a leer desde entonces, con avidez y para siempre, El Quijote, la Biblia, y Las mil y una noches, pues nos hablará de ellos una y otra vez en sus poemas, en sus crónicas y en sus cuentos. Se quedó a vivir para siempre en sus páginas.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/g9XWoNHbkpMu_QF3jnHSRiiZX1w=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/DPMNO3YVCBGSXJF3PSF4OEHLQI.png"><media:description type="plain"><![CDATA[‘Don Quijote de la Mancha’ fue una de las primeras lecturas de Rubén Darío, cuando tenía 10 años y residía en León, Nicaragua.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Archivo]]></media:credit></media:content></item><item><title>Un tigre está suelto</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/tigre-suelto_0_4531046874.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/tigre-suelto_0_4531046874.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Sat, 21 Dec 2019 02:50:45 +0000</pubDate><description>Nos encaminamos en Nicaragua hacia unas elecciones presidenciales que no lo serán de verdad, desde luego que todo ha sido ya decidido para que el comandante Daniel Ortega las gane por tercera vez consecutiva.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Nos encaminamos en Nicaragua hacia unas elecciones presidenciales que no lo serán de verdad, desde luego que todo ha sido ya decidido para que el comandante Daniel Ortega las gane por tercera vez consecutiva.</p><p>No hay candidatos creíbles de oposición, que fueron eliminados de la contienda; sin observadores internacionales, declarados no gratos de antemano; sin un aparato electoral creíble; y con el tejido institucional del país en harapos.</p><p>No hay, ni habrá una campaña electoral entusiasta y contrastada, ni encuestas de opinión que muestren tendencias de votos que pueden cambiar de un día para otro, ni debates entre candidatos presidenciales.</p><p>En fin, lo que hoy en día resulta lo normal en los países donde prosperan los sistemas democráticos.</p><p>Las únicas demostraciones serán las del candidato oficial, con todos los recursos del Estado a disposición, y detrás el aparato de propaganda del partido, incluidas las decenas de estaciones de radio y televisión bajo control oficial.</p><p>Un partido prácticamente único, compitiendo en un espacio único, lo que en buen nicaragüense se suele llamar “pelea de tigre suelto contra burro amarrado”.</p><p>El régimen se muestra cada vez más intolerante, como se ha visto en las recientes deportaciones de extranjeros, incluidos ciudadanos de Estados Unidos, que llegan al país a realizar tareas burocráticas, investigaciones académicas, sociales y políticas, o reportajes periodísticos, sobre temas que se han vuelo tabúes, como el del Gran Canal Interoceánico, o el de la pobreza; o simplemente a participar en programas ecologistas en comunidades rurales.</p><p>Esto ha hecho que tres países, México, Estados Unidos y Costa Rica, hayan publicado advertencias sobre los riesgos de viajar a Nicaragua.</p><p>Pero la cúpula gobernante se siente segura y confiada. Cuenta con una base organizada y bajo control, capaz de ser movilizada a través del aparato del Estado hacia las plazas y también hacia las urnas electorales, y con un efectivo e incondicional cuerpo de represión policial; mientras, del otro lado, la oposición se encuentra diezmada, o ilegalizada, y hay suficientes “partidos” dispuestos a participar en el juego electoral a cambio de curules y otras prebendas, como es ya tradición en Nicaragua desde los tiempos de Anastasio Somoza.</p><p>Y priva, sobre todo, la apatía. Las necesidades de la subsistencia diaria pesan más que el interés por la democracia y el respeto a las reglas constitucionales.</p><p>Las demostraciones en las calles en reclamo de elecciones libres y transparentes, solo convocan a un puñado de personas.</p><p>Los únicos capaces de movilizar masivamente a la población campesina han sido los dirigentes del movimiento que defiende la propiedad de las tierras amenazadas por el proyecto del Gran Canal.</p><p>El régimen confía también en su alianza con el sector privado, que ha aprendido a no temer al discurso virulento del comandante Ortega en contra del capitalismo.</p><p>La regla de oro de esta relación es que los asuntos políticos quedan excluidos de las mesas de concertación donde se tratan los temas económicos, que por otro lado se ajustan al marco aconsejado por el Fondo Monetario Internacional.</p><p>Estas políticas han permitido que las cuentas financieras muestren algún crecimiento económico, menos acelerado sin embargo que el crecimiento del número de nuevos millonarios; y tampoco han provocado ninguna reducción apreciable de los índices de pobreza, ni han sacado a Nicaragua de la cola entre los países más atrasados de América Latina.</p><p>Estados Unidos sabe que detrás de la retórica encendida de Ortega no hay ninguna amenaza real para su seguridad hemisférica; la reciente expulsión de funcionarios norteamericanos ha quedado reducida a un incidente, si se quiere, perturbador.</p><p>El modelo de supresión democrática en Nicaragua no choca de ninguna manera con la vieja tesis de Washington de que lo que más importa a la hora de enfocar las políticas hacia América Latina es la estabilidad, que existe hasta que el volcán estalla. Pero no hay movimientos sísmicos que indiquen que algo semejante esté por pasar.</p><p>Los votos, pues, están contados de antemano. Es como si las elecciones de noviembre de este año ya hubieran ocurrido.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/84Qz08qF3SIkEugM6FQ81ul5leo=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/IKPB5YEBBFFNPP7XJVMEH77JVY.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El presidente Daniel Ortega buscará su tercer mandato sucesivo en las elecciones del 6 de noviembre sin observadores internacionales.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Archivo]]></media:credit></media:content></item><item><title>La muchacha y el jaguar</title><link>https://www.prensa.com/opinion/muchacha-jaguar_0_4540795951.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/opinion/muchacha-jaguar_0_4540795951.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Sat, 21 Dec 2019 01:27:18 +0000</pubDate><description>La revolución que triunfó en Nicaragua en 1979 fue la última del siglo XX en América Latina. Y fue, también, una revolución corta, de apenas una década, que tuvo la singularidad de terminar en 1990 con unas elecciones que sacaron al Frente Sandinista del poder conquistado con las armas.</description><content:encoded><![CDATA[<p>La revolución que triunfó en Nicaragua en 1979 fue la última del siglo XX en América Latina. Y fue, también, una revolución corta, de apenas una década, que tuvo la singularidad de terminar en 1990 con unas elecciones que sacaron al Frente Sandinista del poder conquistado con las armas.</p><p>Durante esos 10 años Nicaragua fue una vitrina y un espejo.</p><p>Jamás ningún otro hecho histórico, desde la guerra civil española, atrajo tanto la presencia de intelectuales, artistas y escritores porque el desmesurado enfrentamiento entre Estados Unidos y Nicaragua recordaba la lucha de Goliat contra David, y querían ver con sus propios ojos lo que estaba ocurriendo.</p><p>Por Nicaragua pasaron, entre tantos, cuatro premios Nobel de Literatura, Günther Grass, Harold Pinter, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa; algunos que debieron serlo, como Graham Greene, William Styron, Julio Cortázar y Carlos Fuentes, y otros que podrán llegar a serlo, como Salman Rushdie.</p><p>Venían a ver un modelo que debía convivir, entre contradicciones, sobresaltos y concesiones, con una realidad que no se amoldaba fácilmente a un implante de esquemas ideológicos, y que debía responder a los rigores impuestos por la guerra, a las penurias económicas, y al entorno internacional; es decir, responder a las necesidades de la propia supervivencia.</p><p>Salman Rushdie, que vino en 1986, expresó la gran pregunta alrededor del destino de la revolución en un epígrafe anónimo de su libro La sonrisa del jaguar, resultado de ese viaje: Había una muchacha nicaragüense / que cabalgaba sonriendo a lomo de un jaguar. / Volvieron del paseo / la muchacha dentro/ y la sonrisa en el rostro del jaguar. El jaguar podía terminar devorando a la muchacha y quedarse con su sonrisa, ese era el gran riesgo y la gran pregunta.</p><p>Cuando Carlos Fuentes vino por segunda vez en enero de 1988, casi al borde del desenlace de la guerra de los contras, acompañado de William Styron, y cuando se daban más intensamente las últimas negociaciones de paz entre los presidentes centroamericanos, ya firmados los acuerdos de Esquipulas el año anterior.</p><p>El periodista Stephen Talbot recuerda en un reportaje esa visita. En una de esas conversaciones acerca de las posibilidades que tenía la contra de derrotar a los sandinistas, Tomás Borge “dijo decididamente que algo así era imposible porque los contras van a contrapelo de la historia”.</p><p>Fuentes interrumpió para preguntar: “¿Y cuál fue la experiencia de Guatemala en 1954 y de Chile en 1973? ¿No se demostró que la izquierda puede ser derrotada?”“No”, respondió Borge, cortante. “Ellos no armaron al pueblo, por eso perdieron”.</p><p>Después, recuerda Talbot, “Borge dijo que su opinión personal era que ningún partido de oposición podía llegar a ganar a los sandinistas en las urnas”.</p><p>“Ahora no”, asintió Fuentes, “pero en el futuro, ¿por qué no?”. “Solo si son antiimperialistas y revolucionarios”, proclamó Borge, “si un partido reaccionario ganara, yo dejaría de creer en las leyes del desarrollo político”.</p><p>“Yo no estaría tan seguro de estas leyes”, advirtió Fuentes. A veces, los novelistas se vuelven profetas de la historia.</p><p>Günter Grass vino en mayo de 1982, acompañado del escritor Johanno Strasser. Su pregunta era la misma de Salman Rushdie: ¿Empezaría la revolución a devorar a sus propios hijos? ¿Se comería el tigre a la muchacha? Lo escribió en su reportaje El patio trasero, publicado a su regreso a Alemania.</p><p>Me asombro de estar hablando de acontecimientos tan lejanos, cuando siento que aún puedo tocarlos, ver a Vargas Llosa en mi despacho de la Casa de Gobierno grabando frente a la cámara las entradas de la entrevista que acababa de hacerme para su programa La torre de Babel.</p><p>La historia que se escribe ahora ya nadie viene a verla. Todo el encanto de entonces se hizo humo. Noam Chomsky daba cursos en la Universidad Centroamericana en Managua, Joan Báez cantaba en el Teatro Nacional, uno podía toparse en las calles con Allan Ginsberg o con Lawrence Ferlinghetti, o ver a García Márquez leyendo en una plaza ante miles.</p><p>Ahora ya solo queda el jaguar que se pasea con la muchacha dentro de la barriga.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/-AjfUI6_5gtZzWvM7BmdMRV45RE=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/KEBPXX4XMREONFI2AVBQEJ42K4.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Salman Rushdie fue uno de los tantos escritores que visitó la Nicaragua tras la dictadura de Somoza.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Archivo]]></media:credit></media:content></item><item><title>Subido al carrusel</title><link>https://www.prensa.com/opinion/Subido-carrusel_0_4677282268.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/opinion/Subido-carrusel_0_4677282268.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Fri, 20 Dec 2019 22:11:30 +0000</pubDate><description>Me advirtió que no necesitaba responder a todas sus preguntas; pero el tema me pareció tan atractivo, que me aparté un rato de la novela que estoy terminando, y completé la tarea como un escolar aplicado.</description><content:encoded><![CDATA[<p><p>Leila Guerriero, la celebrada periodista argentina, me envió un largo cuestionario cuando preparaba su reportaje de portada para <strong>Babelia</strong>, el suplemento cultural de<strong> El País</strong>, que se publicó bajo el provocativo título “El escritor ambulante”.</p></p><p>Me advirtió que no necesitaba responder a todas sus preguntas; pero el tema me pareció tan atractivo, que me aparté un rato de la novela que estoy terminando, y completé la tarea como un escolar aplicado.</p><p>En el reportaje Leila entresaca respuestas de los escritores entrevistados, acerca de cómo afectan su oficio las “idas y venidas” de sus apariciones internacionales, lo que implica interminables viajes aéreos, y esos obligados hogares temporales que son los hoteles. Me ocupo aquí del tema, en base a las respuestas que le di:</p><p>Si estoy en Nicaragua escribo todas las mañanas desde las 8:00 a.m. hasta la hora del almuerzo. No puedo hacerlo donde sea, cafés, aviones, trenes, salvo que se trate de anotar, antes en una pequeña libreta, ahora en el celular. Puedo repetir mi rutina cuando me tocan estaciones largas fuera, y me siento debidamente instalado, en reposo.</p><p>Debido a mi novela decidí el año recién pasado disminuir mi ritmo de viajes. Reduje mi calendario a 16 compromisos. Unas 15 semanas en total. ¡Qué drástica reducción!, me digo ahora, con sorna.</p><p>Lo peor es que al regresar de un viaje, después de haber abandonado por algún tiempo el libro en curso, debo comenzar desde el principio. Hay que volver a retomar la trama, meterse en la atmósfera, encararse de nuevo con los personajes, que resienten mi ausencia.</p><p><p>Viajar me produce cada vez más fatiga, culpa de “la obra profunda de la hora, la labor del minuto y el prodigio del año…”, como describe Darío el paso del tiempo en su poema <strong>De otoño</strong>.</p></p><p>Cuando se acerca diciembre me siento agotado, con ganas de tirar la toalla. Y peor el último noviembre.</p><p>Me hallaba en Austin acompañando al poeta Ernesto Cardenal en la entrega de su archivo a la biblioteca Benson, y yo debía hablar en la ceremonia. Estando allá me avisaron que mi hermano Lisandro había muerto en México, y pude conseguir un vuelo de madrugada para llegar a tiempo al funeral.</p><p>De vuelta en Managua, bajo el agobio de la pérdida, me sentí tentado a abandonar el resto de compromisos del año. Pero pensé que la gente que me había invitado no tenía ninguna culpa de mi estado de ánimo, y seguí adelante.</p><p><p>Los escritores somos una gran <em>troupe</em> que siempre está presentándose en los escenarios. De algún modo hay que estar cuando te llaman.</p></p><p>Hay un ego siempre presente en los escritores, y estas líneas, hablando de mí mismo, son la mejor prueba. Pero hay que procurar tener un ego moderado. Y más importante que las luces del proscenio, son los nuevos lectores que se ganan gracias a esos viajes.</p><p>¿Hay alguien que se quede al margen? Mario Vargas Llosa disfruta del público. Bob Dylan no fue a recibir el Nobel de Literatura, pero delegó en la maravillosa Patti Smith para que cantara en la ceremonia una de sus baladas. Jorge Luis Borges, ciego y todo, no despreciaba las invitaciones. Gabo, como dice su hermano Jaime, “se escondía para que lo hallaran”.</p><p>Cuando uno presenta un libro en varios países y atiende 10 entrevistas de prensa en un mismo día, hay que hacer “variaciones sobre un mismo tema”.</p><p>El periodista hará siempre preguntas parecidas, pero te está escuchando por primera vez, aunque tengas enfrente uno cada media hora. No puede mostrarse cansado ni aburrido. Sino, mejor quedarse en casa.</p><p>Hablar de literatura es lo que más me gusta en el mundo después de escribir, y claro, de leer. Me gusta ponerle humor a las conversaciones en público. Relatar historias. Es lo que espera la gente, no las disertaciones académicas.</p><p>Nunca se me ocurriría dejar de escribir y seguir montado en el carrusel de la feria. Me convertiría en una especie de veterano de guerra que enseña sus viejos galones, o sus viejas heridas. Lo contrario sí es posible. Porque escribir es una necesidad vital, y seguiré escribiendo hasta el último día.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/1Q1o7WM3d0ZLKmJ8mu7ZgzYJFpM=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/YPAUS5ZCWNG6FOFJVUA2X5CHSY.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Si está en Nicaragua, Sergio Ramírez escribe todas las mañanas desde las 8:00 a.m. hasta la hora del almuerzo.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Archivo]]></media:credit></media:content></item><item><title>Las invenciones del gusto</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/invenciones-gusto_0_4656284336.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/invenciones-gusto_0_4656284336.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Fri, 20 Dec 2019 16:16:13 +0000</pubDate><description>En 1900, en el mismo corazón de la ciudad de París se alzan los fastuosos escenarios que dan cabida a la Exposición Universal, extendidos desde los Campos Elíseos al Campo de Marte, el Sena de por medio; y entre la multitud de construcciones levantadas para la ocasión hay unas provisionales, que simulan palacios de marajás de la India, catedrales góticas, pagodas chinas, y aún otras, atrevidos edificios de vidrio y hierro como el Grand Palais y el Petit Palais, que habrían de quedarse hasta hoy como ejemplos cimeros de aquellos fastos.</description><content:encoded><![CDATA[<p>En 1900, en el mismo corazón de la ciudad de París se alzan los fastuosos escenarios que dan cabida a la Exposición Universal, extendidos desde los Campos Elíseos al Campo de Marte, el Sena de por medio; y entre la multitud de construcciones levantadas para la ocasión hay unas provisionales, que simulan palacios de marajás de la India, catedrales góticas, pagodas chinas, y aún otras, atrevidos edificios de vidrio y hierro como el Grand Palais y el Petit Palais, que habrían de quedarse hasta hoy como ejemplos cimeros de aquellos fastos.</p><p><p>Rubén Darío escribe para<strong> La Nación</strong> de Buenos Aires una serie de crónicas sobre este acontecimiento que es todo un catálogo de la civilización y el progreso a la vuelta del siglo. Pero cuando la exposición ha cerrado ya sus puertas, en otra de ese mismo año, Noel Parisiense, describe la ciudad que se prepara para la noche de Navidad, y que entra en el lienzo con sus colores contrastados entre el bienestar y el crimen:</p></p><p><p>“<em>La nieve sin caer aún, aunque el frío va en creciente; Noël a las puertas, en los bulevares las barracas que hacen de la vasta ciudad una difundida feria momentánea… el Bon Marché, el Printemps, todos los almacenes fabulosos, caros a la honorable burguesía, invadidos profusamente por papá, mamá y el niño… en las calles asaltos y asesinatos con más furia y habilidad que nunca… un incógnito hombre descuartizado..</em>.”.</p></p><p><p>Años después, en 1904, traslada el escenario navideño a Málaga, y a la variada riqueza de la cocina española mediterránea, con sus acentos árabes incorporados al acervo campesino: “<em>se compran en las dulcerías y confiterías las sabrosas cosas miliunanochescas o monjiles, hechas de harinas y mieles, y cuya nomenclatura regocijaría a pantagruélicos abates: turrones y mazapanes, pestiños, roscas, tortas de aceite y manteca, y entre cientos otros, los polvorones de Estepa y Laujar, los alfajores exquisitos y golosinas de almendras y azúcar que se deshacen inefablemente en el paladar…</em>”.</p></p><p>Pero en la alegría de estas descripciones no puede faltar el recuerdo de la muerte, y así evoca la copla popular que se canta en las calles de Málaga para las Navidades: “La Nochebuena se viene / la Nochebuena se va / y nosotros nos iremos / y no volveremos más…”. Y del mismo modo, reflexiona preguntándose: ¿Quién se acuerda en París, al engullir el boudin blanco, ni de Cristo ni de la muerte?</p><p><p>Cuando en su <strong>Epístola a Juana Lugones</strong>, anota con sabrosa añoranza que en su existencia azarosa no le ha faltado gustar bocados de cardenal y papa, nos acude a la mente la ya manida frase bocatto di cardinale, que evoca lo más delicado y exquisito que alguien puede llevarse a la boca.</p></p><p><p>De allí al “bocado de papa” no hay más que un paso ascendente. Existe un dulce andaluz, el Pío Nono, irresistible bizcocho cubierto con una crujiente capa de crema, del que da referencia Leopoldo Alas (Clarín) en <strong>La Regenta</strong>, y denominado así en homenaje al papa Giovanni Ferretti, hombre de buen diente, por lo que puede verse.</p></p><p>Se supone que semejantes delicadezas salieron de las cocina de los conventos donde las monjas se afanaban en días festivos para halagar el paladar de canónigos y obispos de mejillas carnosas y sonrosadas, ya que no podían sentar siempre en sus mesas a los cardenales del sacro colegio y jamás ni nunca al papa, tan lejano en Roma; es lo que habría ocurrido con los chiles en nogada de la cocina poblana en México, creación de las agustinas del convento de Santa Mónica.</p><p>El cocinero personal del papa Pío V, cuyo nombre lleva un postre en Nicaragua, se llamaba Bartolomeo Scappi, autor del tratado culinario Arte del cuscinare. Llevaba a la mesa pontifical platos tan refinados como las lenguas fritas de pavo real, erizos de mar al horno, y tortillas de huevo revueltas con sangre de cerdo.</p><p>Hoy sería imposible imaginar sentado ante una mesa plena de manjares semejantes al papa Francisco, quien comparte el comedor de su albergue de Santa Marta con curas de escasa jerarquía, y seguramente no dejará a la posteridad ningún plato de excelsa cocina que celebre su nombre.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/pZCPIRudDqxING4OBIgB9wBhUtE=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/EJYA6GWB2JFXZEBCLGMWT6CJWY.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El papa Francisco recibe una flor durante una actuación del Circo de Oro en el salón Pablo VI en el Vaticano.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Nicaragua en ‘La La Land’</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Nicaragua-Land_0_4687781251.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Nicaragua-Land_0_4687781251.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Fri, 20 Dec 2019 03:51:48 +0000</pubDate><description>El diálogo se da más o menos así: “-Pensábamos ir a Nicaragua, pero es un país subdesarrollado”. “-Algo subdesarrollado”. “-Más que poco subdesarrollado, no creo que sea seguro ir allá”. “-Sí, no lo veo tan seguro”. Y eso es todo.</description><content:encoded><![CDATA[<p><p>He visto en Managua la película <strong>La La Land</strong>, donde en una escena se menciona de pasada a <a href="http://www.prensa.com/nicaragua/" target="_blank">Nicaragua</a>.</p></p><p>Mia, la clásica empleadita de cafetería ansiosa de llegar al estrellato en Hollywood, interpretada por Emma Stone, oye comentar a una pareja de amigos acerca de un viaje de vacaciones a Nicaragua del cual habían desistido al fin.</p><p>El diálogo se da más o menos así: “-Pensábamos ir a Nicaragua, pero es un país subdesarrollado”. “-Algo subdesarrollado”. “-Más que poco subdesarrollado, no creo que sea seguro ir allá”. “-Sí, no lo veo tan seguro”. Y eso es todo.</p><p>El público ríe. No es así no más oír mencionar al propio país en una superproducción de tales calidades, cualquiera cosa que sea lo que digan de él.</p><p>Al día siguiente, un amigo empresario, quien también ha visto la película, me llama para comentarla. Se muestra maravillado de la filmación en el viejo Cinemascope de nuestra mocedad, y alaba los números musicales que rinden homenaje a los tiempos de oro de Fred Astaire, Gingers Rogers, Gene Kelly y Cyd Charrisse.</p><p>Pero tiene un reparo. Lo que se dice de Nicaragua. Bueno, le respondo, tal vez no sea políticamente correcto lo de subdesarrollado, o algo desarrollado, cuando el lenguaje de los organismos internacionales exige hoy en día es decir “país en vías de desarrollo”, pero el personaje no iba a salir con “pensábamos ir a Nicaragua, un país en vías de desarrollo”, para que el otro le responda: “¿Cuánto ha mejorado su producto interno bruto en los últimos años?”</p><p>Él no acepta de ninguna manera lo de subdesarrollado. Le parece ofensivo. Lo contradigo. ¿Qué diablos importa en un musical el crecimiento de la economía en Nicaragua, y si beneficia a todo el mundo o solo a unos pocos, si el número de pobres solo disminuye fracciones de puntos en las estadísticas, mientras crece el número de los privilegiados?</p><p>Poner a Nicaragua como un país inseguro en esa película destruye en instantes los esfuerzos del gobierno de vender la imagen de Nicaragua como un país que se puede visitar con toda confianza, dueño del índice más bajo de criminalidad en América Latina.</p><p>Mi amigo es partidario del gobierno del comandante Daniel Ortega. ¿Por qué no fueron a escoger Guatemala, Honduras o El Salvador, países realmente peligrosos, donde las bandas de narcotraficantes y las pandillas andan sueltas?</p><p><p>Y me cita a la revista <strong>Rough Guides</strong>,  que ha incluido a Nicaragua en el puesto número seis de la lista de los diez destinos turísticos a visitar en 2017, allí donde el único otro país latinoamericano es Bolivia, y entre los demás están Taiwán y Uganda.</p></p><p>No quiero recordarle que Uganda no es ningún modelo de democracia y seguridad. Fue el reino tenebroso de Idi Amín, y ahora está gobernada por el antiguo jefe guerrillero Yoweri Museveni, convertido en nuevo dictador, y quien lleva ya 30 años seguidos en el poder.</p><p><p>Los guionistas a veces se informan poco, le digo, y le pongo como ejemplo la referencia sobre Colombia hecha en el capítulo 22 de la tercera temporada de la serie <strong>House of Card</strong>.</p></p><p>Frank Underwood, a esas alturas de la serie vicepresidente de Estados Unidos, busca librar de un escándalo sexual a su esposa Claire, y para eso se necesita salvar de la pena de muerte a un activista colombiano de derechos humanos, acusado de traición por colaborar con la guerrilla. Pero aquí el guionista peca de ignorancia, pues en Colombia la pena de muerte fue abolida desde hace más de un siglo.</p><p>“No somos ni subdesarrollados ni algo subdesarrollados, ni mucho menos un país inseguro”, me dice. “Algún vendepatria con vínculos en Hollywood debe tener que ver. Deben ser esos mismos que andan cabildeando para que se apruebe la Nica Act en el Congreso de Estados Unidos y así dejar a Nicaragua en la lista negra de los países dictatoriales, y también gestionan en la Casa Blanca para que Donald Trump destruya con un solo tuit todo el progreso logrado en estos años”.</p><p>Cuelga el teléfono, aún indignado, y yo vuelvo a mi novela.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/YmmWepZnIe8Cjk-59AufR0ePI5Y=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/TN2RG3J6WZDVTENRTQBRB3KJLM.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[En una escena de ‘La La Land’ se menciona, de paso, a Nicaragua.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Cada quien su propio instrumento</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/propio-instrumento_0_4708779117.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/propio-instrumento_0_4708779117.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Fri, 20 Dec 2019 02:28:25 +0000</pubDate><description>No conozco a Misha, aunque un día espero hacerlo. Una vez hace 15 años vino a Nicaragua con un grupo de voluntarios, entre ellos su padre, que traían la misión de dotar de un laboratorio de computación a una escuela secundaria para adultos en San Juan del Sur, un puerto turístico del Pacífico. La escuela había abierto sus puertas ese mismo año.</description><content:encoded><![CDATA[<p><p><strong>Misha Dmitri Tippens Krushnic</strong> resulta demasiado complicado de retener o pronunciar, y no sirve para una estrella de la televisión; de modo que debemos hablar de <strong>Misha Collins</strong>, el actor de la serie Supernatural, donde interpreta a Castiel, un ángel benefactor que tampoco tiene reparos en matar inocentes.</p></p><p>No conozco a Misha, aunque un día espero hacerlo. Una vez hace 15 años vino a Nicaragua con un grupo de voluntarios, entre ellos su padre, que traían la misión de dotar de un laboratorio de computación a una escuela secundaria para adultos en San Juan del Sur, un puerto turístico del Pacífico. La escuela había abierto sus puertas ese mismo año.</p><p><p>Ahora Misha tiene una fundación llamada <strong>Random Acts,</strong> que ha donado los fondos para levantar el primero de los edificios de esta escuela que antes andaba posando en casas alquiladas o buscando aprovechar las horas muertas de las escuelas públicas.</p></p><p><p>Se trata del<strong> Instituto Libre para Adultos</strong>, fundado por iniciativa de dos mujeres fuera de serie, <strong>Rosa Elena Bello</strong>, nacida en el propio puerto, y <strong>Margaret Morganroth</strong>, quien llegó a finales de los años 80, los años de solidaridad con la revolución, a crear una hermandad entre Newton, Massachusetts y San Juan del Sur.</p></p><p>El instituto, sin apoyo estatal, admite estudiantes que no tienen cabida en el sistema educativo público: madres solteras, jóvenes embarazadas, empleadas domésticas, pescadores, vendedores callejeros, peones agrícolas, que quieren salir del túnel de la pobreza. Muchos de ellos viven en zonas lejanas y son capaces de viajar kilómetros, cruzando ríos a pie o a lomo de bestia para asistir a las clases, como lo han hecho hoy para estar presentes en la inauguración del edificio.</p><p>He sido invitado por Margaret para hablar en la ceremonia de inauguración. Y el tema que he elegido es para mí una especie de parábola, la del solista y la orquesta.</p><p><p>Empiezo diciendo que el nuestro es un país de contrastes, porque cuando Rubén Darío nació en 1867, las guerras civiles y las pestes habían despoblado Nicaragua dejándola reducida a 150 mil habitantes, como resultó del censo que mandó a hacer el presidente <strong>Tomás Martínez</strong>, quien, preocupado de que los nicaragüenses fueran tan pocos, ordenó aumentar 100 mil almas más.</p></p><p>Ya antes había mandado cambiar la Constitución Política para poderse reelegir, viejo vicio del que aún parece no haber cura.</p><p>Había solo 92 escuelas de primaria para varones en todo el país, y 9 escuelas para niñas, y ya podemos imaginar la tasa de analfabetismo. Ni se publicaban ni se importaban libros. No había tampoco bibliotecas públicas.</p><p>Rubén Darío es el solista que no tiene orquesta. La palabra solista viene de solo. ¿La orquesta completa, dónde estaba? Nacía un poeta capaz de transformar la lengua desde el traspatio, mientras la oscuridad de la ignorancia y del atraso seguían sin disiparse en un país rural, como lo sigue siendo ahora.</p><p>En una orquesta completa cada quien será ingeniero, arquitecto, constructor de carreteras, de presas, biólogo, matemático, médico, enfermera, químico, especialista en computadoras, inventor de programas digitales, traductor, artista, escritor, actor de teatro, director de cine.</p><p>Una de las primeras mujeres que entró a estudiar en el Instituto Libre aseaba los baños en el centro de salud del puerto. Se bachilleró y luego se graduó de enfermera profesional. Tenía un instrumento que tocar en una orquesta muy incompleta.</p><p><p><em>¿Cuántos ingenieros químicos se han quedado de carretoneros? ¿Cuántos que hubieran podido descubrir una vacuna se han quedado cargando sacos? ¿Cuántas mujeres que pudieron ser cirujanas capaces de trasplantar un corazón, un hígado, se quedaron en la cocina, soportando los golpes y los abusos de un marido borracho?</em></p></p><p>Pero no tendremos orquesta mientras sigamos a la cola. En un estudio de la Unesco sobre educación primaria, Nicaragua ocupa el puesto 13 entre 15 países. No habrá orquesta mientras los niños asistan a clases sentados en el suelo, o mientras un solo maestro, en la misma aula, y al mismo tiempo, atiende a los alumnos de los seis grados de primaria.</p><p>Y sin la orquesta completa, la democracia tendrá poco sustento.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/CNIrOKB8I3d_nHRBXTF9JXjo8sM=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/MQBYAGSNQ5A2JF5V6ALNFUVSXA.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Cada quien su propio instrumento]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Mitades indisolubles</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Mitades-indisolubles_0_4714028595.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Mitades-indisolubles_0_4714028595.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ | </dc:creator><pubDate>Fri, 20 Dec 2019 01:40:05 +0000</pubDate><description>Volando hacia el oeste desde Houston en el pequeño y apretado Embrair, el desierto parece prolongase hasta el infinito, la sabana de arena y los matojos secos que se van sucediendo como si el paisaje árido se copiara a sí mismo en espejos calcinantes. Voy hacia El Paso, situado en una esquina donde se acaba Texas y la raya divisoria enseña que comienza Nuevo México, para hablar en un congreso de literatura organizado por la sede local de la universidad estatal.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Volando hacia el oeste desde Houston en el pequeño y apretado Embrair, el desierto parece prolongase hasta el infinito, la sabana de arena y los matojos secos que se van sucediendo como si el paisaje árido se copiara a sí mismo en espejos calcinantes. Voy hacia El Paso, situado en una esquina donde se acaba Texas y la raya divisoria enseña que comienza Nuevo México, para hablar en un congreso de literatura organizado por la sede local de la universidad estatal.</p><p>Pero la cuña debajo es el estado de Chihuahua, arena desolada también, mientras el río Bravo, como figura en los mapas de Estados Unidos, o río Grande, como se llama en los de México, discurre entre ambos países de manera casi invisible, a veces un hilo de agua entre las piedras. Es en otros trechos de su extenso curso donde los inmigrantes clandestinos buscan atravesarlo a nado.</p><p>A lo largo de los más de 3 mil kilómetros de frontera hay poblaciones a ambos lados que se aproximan, desde San Diego y Tijuana en el Pacífico, hasta Brownsville y Matamoros en el Atlántico, pero en ninguna parte como aquí se trata de la misma ciudad en dos mitades, el antiguo poblado de El Paso del Norte, que en tiempo fue uno solo: de un lado El Paso, provinciano y apacible, del otro Ciudad Juárez, feroz y multitudinaria.</p><p>La amiga profesora universitaria que me acompaña en este recorrido a lo largo de la cerca de acero que aparece y desaparece, y a veces es doble, con un espacio intermedio para las patrullas fronterizas, me dice que ella es de los dos lados, y nunca podrá dejar de serlo. Vive y da clases en El Paso, y sus padres residen del lado mexicano.</p><p>“Son mitades indisolubles”, me dice, mientras continuamos este extraño recorrido turístico. He querido ver dónde es que Trump intenta construir su muro, pagado, según se ufana, por los propios mexicanos.</p><p>Según él, costaría 8 mil millones de dólares. Y calcula que deberá tener entre 10 y 12 metros de altura, equivalente a un edificio de cuatro pisos. “Lucirá bien, tan bien como pueda lucir un muro”, afirma con implacable lucidez. Un poco más modesto en extensión que la muralla china, con sus 21 mil kilómetros; más baja sin embargo, que el futuro muro de Trump, pues aquella se eleva apenas 7 metros.</p><p>El muro de Berlín no corría muy largo, lo suficiente para mantener prisioneros a los habitantes de una mitad de la ciudad, 125 kilómetros de perímetro, con una altura de apenas 3.6 metros. Un muro para no dejar salir a la gente. El de Trump será para no dejar entrar, igual que la muralla china, destinada a impedir el paso de las hordas de mongoles y manchurianos. Inmigrantes mexicanos y centroamericanos, he allí las nuevas hordas que ahora se toparán en medio del desierto con esa alta pared, lisa, inexpugnable.</p><p>Para los amigos residentes en El Paso, mexicanos y latinoamericanos de origen, como la profesora que me acompaña a la excursión, el tema inagotable es el muro de Trump.</p><p>Para unos es más bien que físico, ideológico. Un muro construido en la mente. Un muro que excluye, que discrimina, y que se articulará a través de un conjunto de decretos, leyes y medidas administrativas para contener la ola migratoria, y a la vez para buscar cómo expulsar al menos una parte de los 11 millones de inmigrantes ilegales.</p><p>Para otros, se quedará en la mente de quienes se aferran a la nación blanca, incontaminada de inmigrantes latinos pobres. Expulsar a tantos millones de ilegales sería una empresa absurda, para la que no darían abasto los 15 mil nuevos agentes de migración.</p><p>Pero estos son otros Estados Unidos, sin duda. No se trata solo de los inmigrantes, sino de las libertades públicas, de los derechos civiles, del temor a una autocracia.</p><p>¿Una autocracia en Estados Unidos? Mis amigos universitarios asienten, ensombrecidos. Ven el peligro cernirse sobre sus cabezas, y tienen la esperanza de que la gente, apoyada en las instituciones, resistirá cualquier embate autoritario.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/Nyk3WtnvsnmD1RIjb12dC0dTylA=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/MLMS7ISVF5HLVGKOBAYXMOXRFE.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El muro de Trump es más que físico, ideológico, plantea Sergio Ramírez. Bloomberg]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>El diablo en el cuerpo</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/diablo-cuerpo_0_4719278077.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/diablo-cuerpo_0_4719278077.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Fri, 20 Dec 2019 00:49:30 +0000</pubDate><description>Si alguien quiere imaginar un lugar remoto de Nicaragua, perdido en la incierta geografía de las selvas de la costa del Caribe, no hay mejor ejemplo que El Cortezal. Aquí fue donde literalmente el diablo perdió el poncho.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Si alguien quiere imaginar un lugar remoto de Nicaragua, perdido en la incierta geografía de las selvas de la costa del Caribe, no hay mejor ejemplo que El Cortezal. Aquí fue donde literalmente el diablo perdió el poncho.</p><p>Y esta historia trata precisamente del diablo. Vilma Trujillo, una joven campesina del lugar fue quemada viva el pasado mes de febrero por el pastor de la iglesia Misión Celestial, Juan Gregorio Rocha, y varios cómplices suyos.</p><p>Tras declararla poseída por el demonio la encerraron amarrada de pies y manos en la casa pastoral, y así la mantuvieron durante seis días.</p><p>No la liberaban ni para hacer sus necesidades fisiológicas, por lo que se defecaba y orinaba encima.</p><p>Entonces, mientras el pastor y los fieles oraban para librarla de Satanás, una de las devotas escuchó una voz: había que purificar a la endemoniada en la hoguera.</p><p>Muy expedito, el pastor mandó a recoger leña. Amarraron a su víctima a un tronco, y antes de que amaneciera la lanzaron desnuda al fuego.</p><p>“¡Ya se va a morir y va a resucitar! En cuanto se muera la metemos en la iglesia y la vamos a entregar a Dios y va a estar sana”, exclamaba el pastor.</p><p>Moribunda, fueron a botarla a una cañada. Las quemaduras, que habían abrasado su piel y órganos vitales, le causaron la muerte.</p><p>En El Cortezal, donde no hay ninguna escuela, el pastor Rocha era jefe de policía, juez de instrucción, exorcista, director espiritual, carcelero y verdugo. Todos los vacíos del poder del Estado y del poder social en aquella remotidad los llenaba él solo. Y, también fungía como juez moral.</p><p>Porque Vilma fue quemada bajo acusación de adulterio. Tenía el diablo en el cuerpo y solo el fuego podía purificar su carne.</p><p><p><strong>FANATISMO</strong></p></p><p>Uno de los cómplices lo explica: “el demonio que se había apoderado de la mujer era de adulterio… tenía su compañero de vida y cometió error con otro hombre y seguro Dios la castigó de esa manera y se endemonió”.</p><p>Y el marido de Vilma, Reynaldo Peralta, quien se hallaba haciendo trabajos agrícolas lejos de El Cortezal mientras duró el auto de fe, lo confirma: “Para mí, mi mujer no estaba endemoniada, lo que le hicieron fue una brujería, porque ella tomaba un remedio que le dio un hombre que la había violado y desde que comenzó a tomar eso cambió un poco conmigo”.</p><p>Bajo el manto oscuro del fanatismo religioso los jueces morales abundan, sean analfabetos o letrados.</p><p><p>El demonio de la concupiscencia tiene preferencia por el cuerpo de las mujeres “locas de su cuerpo”, que pagan su delito moral en las hogueras en la edad media, como Vilma, o llevando la A de adúltera cosida al pecho, como en la sociedad puritana de Nueva Inglaterra en el siglo 17. Es lo que narra Nathaniel Hawthorne en su libro <strong>La letra escarlata</strong>.</p></p><p>El Cortezal no es más que un escenario primitivo de la represión social que sigue viva en América Latina contra las mujeres trasgresoras.</p><p>El demonio continúa siendo el terrible pretexto de la represión contra las mujeres, que son las que abundan en ese imaginario perverso.</p><p>De hombres quemados vivos por pecados de la carne, son pocas las noticias.</p><p>Uno de los jerarcas de las Asambleas de Dios, a la que pertenece la iglesia Misión Celestial, dice que se trató de  “intervención demoníaca” y la situación se salió del control de los inquisidores; el pastor carecía de “conocimientos teológicos” y su ingenuidad lo privó de buscar asesoramiento.</p><p>¿Qué clase de asesoramiento necesitan unos fanáticos para sacarle el diablo del cuerpo a una mujer indefensa?</p><p>Para otro de los jerarcas, “lo que ocurrió ahí fue un exabrupto, un manejo inadecuado de la situación”.</p><p>Y uno más dice que la intención del pastor de la hoguera y sus cómplices de asesinato “era buena”. Sin embargo, se inmiscuyó “la extraña voz”.</p><p>La extraña voz que ordenó quemar viva a Vilma Trujillo. A través de los siglos, la ignorancia de analfabetos y letrados sigue oyendo esa misma voz.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/GD1HYLzqkq7EUbIOlDfBWCmdY7M=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/RLNK2AI6JBDR5JXMEVLXDM57YI.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Un suceso ocurrido en el Nicaragua profundo demuestra que todavía en sectores de América Latina se registra una primitiva represión social.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Archivo]]></media:credit></media:content></item><item><title>En el nombre del padre</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/nombre-padre_0_4729777018.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/nombre-padre_0_4729777018.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Thu, 19 Dec 2019 17:53:12 +0000</pubDate><description>Esta semana recién pasada hemos celebrado en San Salvador una jornada que viene a ser un preámbulo de Centroamérica Cuenta, el encuentro internacional de escritores que tendremos por quinta vez en Managua en mayo de este año. A esta primera jornada la llamamos “En el nombre del padre”.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Esta semana recién pasada hemos celebrado en San Salvador una jornada que viene a ser un preámbulo de Centroamérica Cuenta, el encuentro internacional de escritores que tendremos por quinta vez en Managua en mayo de este año. A esta primera jornada la llamamos “En el nombre del padre”.</p><p><p>En el encuentro de hace dos años tuvimos a Héctor Abad Faciolince, y una tarde me tocó llevarlo a una entrevista con <strong>Carlos Fernando Chamorro</strong>, quien conduce el programa independiente de televisión <strong>Esta Semana</strong>.</p></p><p><p>En las paredes de su oficina hay fotos de su padre, el periodista <strong>Pedro Joaquín Chamorro</strong>, asesinado el 10 de enero de 1978 en una calle solitaria de Managua. Viajaba al volante de su auto, sin ninguna escolta, a pesar de ser el enemigo número uno marcado por Anastasio Somoza Debayle, y unos sicarios lo mataron a escopetazos. Ese asesinato encendió la chispa que haría posible el triunfo de la revolución al año siguiente.</p></p><p><p>Héctor recorrió las paredes, mirando aquellas fotos. Su padre, Héctor Abad Gómez, médico, profesor universitario, defensor apasionado de los derechos humanos, fue asesinado en las calles de Medellín, por órdenes del jefe paramilitar Carlos Castaño, el 25 de agosto de 1987. Este asesinato dio pie al formidable libro <strong>El olvido que seremos</strong>.</p></p><p>Carlos Fernando pudo ver el cadáver de su padre, acribillado de perdigones, en la morgue. Héctor corrió junto con su madre al lugar del crimen, y alcanzó a retirar de uno de sus bolsillos un papelito donde había un soneto de Borges que empieza: “ya somos el olvido que seremos…”. Ahora este poema sirve como epitafio en su tumba.</p><p>Héctor le pidió entonces a Carlos Fernando que le contara cómo habían matado a su padre. Escuchaba ávido, volvía a preguntar. Uno quiere saber siempre los detalles, nos dijo. Como en un espejo ensangrentado, la historia que Carlos Fernando le contaba, reflejaba la suya propia.</p><p><p>En San Salvador, sumamos a un tercer hermano de sangre, <strong>Alejandro Poma</strong>, para un diálogo entre los tres. Su padre, el empresario Roberto Poma, fue secuestrado el 27 de enero de 1977, en un operativo organizado por el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), una de las facciones de la guerrilla salvadoreña.</p></p><p>Herido durante el secuestro, murió en cautiverio, y aun así sus captores siguieron adelante las negociaciones con su familia para el cobro del rescate, que fue pagado. Casi dos meses después, fue descubierto el sitio donde había sido enterrado su cadáver.</p><p>Alejandro dijo que cuando asesinaron a su padre apenas tenía cuatros años, y a tan corta edad no es posible fijar detalles que uno pueda recordar. Pero hay una diferencia entre recuerdo y memoria. Él guarda la memoria de aquellos hechos, aunque no los recuerda, una memoria cultivada con el ánimo de mirar hacia el futuro. Su convicción es que el futuro entre todos, en un país por años polarizado, no se puede construir con rencor.</p><p>En 2012, al celebrarse el vigésimo aniversario de los acuerdos de paz que pusieron fin a la guerra civil, Alejandro había escrito: “Rompamos el ciclo vicioso del resentimiento y la acritud; rechacemos a todos aquellos que lo fomentan y manipulan en detrimento de la sociedad. Librémonos de las actitudes y prejuicios que nos mantienen anclados a los aspectos nocivos del pasado”.</p><p>Héctor, cuando se dio la amnistía que beneficiaba a los paramilitares, entre ellos los asesinos de su padre, la respaldó, igual que promovió el sí en el plebiscito de los acuerdos de paz negociados entre el gobierno del presidente Santos y las FARC.</p><p>Aquella vez del primer encuentro entre Héctor y Carlos Fernando, Daniel Mordzinski hizo salir a Carlos Fernando y a Héctor a un patio, y pidió a los dos hermanos de sangre que se situaran frente a frente, mirándose a los ojos, y que se agarraran de los brazos. Y tomó la foto.</p><p>Ahora los hermanos de sangre son tres. Daniel está otra vez allí. Les pide que permanezcan en el escenario del teatro, y que se agarren de los brazos, mirando a la cámara. Los hijos que han hablado en el nombre del padre.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/iF7Yp9rS_USsExsN3hoBljJTOJQ=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/V2PE6LHQAZGTTIEF5TVB6ZURHQ.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El poeta y periodista colombiano Héctor Abad Faciolince.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Archivo]]></media:credit></media:content></item><item><title>La historia en las paredes</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/historia-paredes_0_4740275971.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/historia-paredes_0_4740275971.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Thu, 19 Dec 2019 16:24:21 +0000</pubDate><description>Yo diría más bien que Daniel es un escritor fotógrafo, que usa la cámara como si fuera la pluma para escribir y describir cuerpos y rostros, situaciones, momentos, que serán claves para determinar en el futuro, digamos dentro de un siglo, quiénes eran y cómo eran los escritores de este traslape de milenio tan incierto, y tan lleno de descubrimientos tecnológicos, pero también de horrores.</description><content:encoded><![CDATA[<p><p>No sé a quién se le ocurrió bautizar a <strong>Daniel Mordzinski</strong> como el fotógrafo de los escritores, pero no hizo sino confirmar una verdad muy obvia.</p></p><p>Yo diría más bien que Daniel es un escritor fotógrafo, que usa la cámara como si fuera la pluma para escribir y describir cuerpos y rostros, situaciones, momentos, que serán claves para determinar en el futuro, digamos dentro de un siglo, quiénes eran y cómo eran los escritores de este traslape de milenio tan incierto, y tan lleno de descubrimientos tecnológicos, pero también de horrores.</p><p><p>Gracias a la iniciativa de<strong> Acción Cultural Española</strong>, ahora viaja por América una gran exposición de sus fotografías de escritores hispanoamericanos, “Objetivo Mordzinski”.</p></p><p>En la muestra también hay vitrinas donde se exhiben los instrumentos que a su vez nos cuentan la historia de su oficio: cámaras que son ya verdaderas piezas de museo, rollos de película, copias de contacto… todo lo que se llevó el viento de la era digital.</p><p>Posar no es la palabra que yo usaría cuando uno se deja fotografiar por Daniel. Cada escritor queda retenido o congelado, en una circunstancia que él inventa cada vez, y entonces esa circunstancia se vuelve extraña y atractiva, y es lo que el espectador verá al acercarse a la foto.</p><p>Vamos caminando por una calle de Arequipa, hallamos el portón del convento de Santa Catalina, entramos a una de las celdas de las monjas enterradas en vida, te coloca donde él ha elegido, y un segundo después oyes que dice sus palabras rituales “gracias, señores”, y todo se acabó. O en Nicaragua, donde subimos hasta el cráter del volcán Santiago, y la cámara me mira de lejos, rodeado de desolación.</p><p>Como en la escritura, las fotos de Daniel son un asunto de invención. Hay que imaginar antes lo que va a ocurrir en la foto, como si fuera una página en blanco.</p><p>Así tendremos a Elmer Mendoza convertido en soldado de Pancho Villa, las cananas cruzadas en el pecho; a Héctor Abad Faciolince, a caballo, como un finquero cualquiera de Jericó, en Antioquia; o a Juan Gelman tocando el bandoneón como si fuera el mismísimo Troilo acompañando al Turco Goyeneche.</p><p>El retrato que le tomó, siendo adolescente, a Jorge Luis Borges, es su foto fundacional. Usó una cámara de aficionado prestada a su padre, y lo imagino revelándola, ese misterioso proceso cuyo nombre lo dice todo, revelación, y que pasa ya al olvido, un Borges en blanco y negro que realza en la oscuridad, igual a la de su ceguera, las manos apoyadas en el bastón que no se ve en el cuadro, pero que la imaginación reconoce como el bastón de Borges.</p><p>Empezó en Buenos Aires con ese retrato hace más de 30 años, y luego se fue al exilio en París al llegar la dictadura militar de Videla. Y allá hizo otra foto imprevista a Julio Cortázar, cuando era un principiante desconocido y se atrevió a invitarlo por teléfono a la inauguración de su exposición, a la que el Gran Cronopio, para su sorpresa, asistió.</p><p>Y Gabriel García Márquez vestido de blanco, sentado al borde de su cama vestida también de blanco, en el dormitorio de su casa de Cartagena, vecina al hotel Santa Clara, el antiguo convento donde descubrieron los restos mortales de Sierva María, cuyo cabello no dejó de crecer nunca. De perfil Gabo igual que Borges, Gabo como quien espera en una estación olvidada el tren que va a llevarlo para siempre a Aracataca.</p><p>Carlos Fuentes frente al mar y al fondo una palmera solitaria, un mar que sería siempre el mar de Veracruz. Y Mario Vargas Llosa recostado en una cama de hotel, escribiendo a mano a la luz de una vela flauberiana.</p><p>Cuando Daniel cuente en un libro la historia de cada foto que ha tomado, será el segundo tomo de su historia de la literatura contemporánea.</p><p>El primero lo ha escrito ya con su cámara, y en lugar de leerse, puede verse, esos centenares de fotos colgadas en las paredes, como si fueran páginas.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/83iqTWuWO_iwMEnsBrPW1EgIZ7s=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/CDMYMD3FFZH7TFK4SRFCTYQXUU.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El fotógrafo argentino Daniel Mordzinski. LA PRENSA\Oliver Meixner]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>La función ha terminado</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/funcion-terminado_0_4750774909.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/funcion-terminado_0_4750774909.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Wed, 18 Dec 2019 22:12:31 +0000</pubDate><description>Maduro, que aparece sentado en una plataforma móvil, demuestra su ignorancia en cuanto a armas, afirma mi amigo: tiene la mano izquierda colocada en medio de la manivela de recarga, y lo menos que le puede pasar apenas hiciera el primer disparo, es que se le desgonce el dedo.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Un amigo que ha visto el video donde aparece el presidente venezolano Nicolás Maduro empuñando una poderosa arma de guerra, de esas de las películas del actor Jean-Claude Van Damme, me explica que se trata de un fusil automático Fara 83. Lo sabe porque participó en la guerra de los 1980 en Nicaragua entre contras y sandinistas, que costó más de 30 mil muertos.</p><p>Maduro, que aparece sentado en una plataforma móvil, demuestra su ignorancia en cuanto a armas, afirma mi amigo: tiene la mano izquierda colocada en medio de la manivela de recarga, y lo menos que le puede pasar apenas hiciera el primer disparo, es que se le desgonce el dedo.</p><p><p>Quien desconoce cómo se manipula un fusil de esos, puede causar una verdadera mortandad; excepto que sus subalternos le hayan entregado el arma descargada al Comandante Supremo de la<strong> Fuerza Armada Nacional Bolivariana</strong>. Y mientras apunta el cañón hacia arriba, como si buscara aviones enemigos en el cielo de Caracas, dice:</p></p><p><p><em>“Estas podemos llevar unas 10,000 o 20,000 a todos los barrios, los campos, para defender el territorio de Venezuela, la patria, la soberanía, junto con otro tipo de armamento que estamos preparando en secreto para poder moverse en los barrios, campos, todos lados”.</em></p></p><p>No me culpen de la prosa de Maduro; lo único que hago es transcribir sus palabras.</p><p><p>También habló del “<em>derecho histórico de combatir en todo el territorio americano. Nadie nos quitaría ese derecho… retroceder nunca, rendirse jamás”.</em> Esto último, título de una película de Van Damme.</p></p><p><p>Fusil en mano, Maduro resucita en <strong>Simón Bolívar</strong> para librar una nueva batalla por la independencia de los países del continente que nadie le está solicitando. Y además de hallarse bastante pasado de peso como para marchar a la cabeza de sus ejércitos libertadores, eso es algo que solo puede decir quien ya no tiene control de sí mismo.</p></p><p>Pero eso no es todo. También anuncia que ha aprobado “al ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, planes para expandir la Milicia Nacional Bolivariana a 500,000 milicianos y milicianas con todos sus equipos”.</p><p>Una de las clásicas manifestaciones de la esquizofrenia del poder es apropiarse de “el pueblo”.</p><p>El pueblo que votó masivamente en contra del partido oficial en las elecciones legislativas y dio a la oposición la mayoría calificada, que hasta ahora le ha sido birlada, no existe.</p><p>El pueblo que sale desarmado todos los días a las calles a exigir que le devuelvan sus derechos confiscados, entre ellos el de vestirse, curarse, comer, no existen.</p><p>Las víctimas mortales de la represión de los paramilitares tampoco entran en esa contabilidad sectaria de lo que es “el pueblo”. Todos ellos son enemigos. Traidores. Millones de traidores.</p><p>El único pueblo que vale es el que viste las camisas rojas del Partido Socialista Unido, y aún está por verse si la lealtad entre las filas de partidarios del régimen es tan sólida como Maduro cree, o aparenta creer.</p><p>¿La Fuerza Armada estaría de verdad dispuesta a repartir medio millón de fusiles entre civiles, lo que triplicaría en número a los efectivos militares regulares? ¿Tendrían la capacidad de controlarlos? Ese acto podría significar nada menos que la invitación a una verdadera guerra civil.</p><p>En lugar de buscar cómo desarmar a tantos miles en posesión ilegal de armas, incluidas las que están en poder de las propias bandas del gobierno, delincuencia común más delincuencia política, Maduro anuncia, con extravagante lógica, que apagará el fuego con pólvora viva.</p><p>Los muertos en las calles son, hasta ahora, víctimas de las bandas paramilitares, y aunque la Fuerza Armada ha declarado su lealtad a Maduro, eso solo se sabrá de cierto cuando ordene que las tropas salgan a la calle a disolver a balazos a los manifestantes.</p><p>Todas las batallas para Maduro están ya perdidas. La batalla diplomática, la batalla de la opinión pública, la batalla económica, la batalla social, con los antiguos barrios baluartes del chavismo ahora en contra. La batalla en las calles.</p><p>Alguien de los suyos debería poder decirle que es hora de hacer mutis por el foro. La función ha terminado.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/EWsiOSqW-z-JgtX_9OB7za83diE=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/ICJ44OWNFZHATLACM5PB7CRBFQ.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Un partidario de la oposición es ayudado por otros compañeros durante una manifestación contra el presidente Nicolás Maduro, en Caracas.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Nosotros los otros</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/prensa_0_4761273875.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/prensa_0_4761273875.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Wed, 18 Dec 2019 18:16:27 +0000</pubDate><description>Mañana lunes 22 de mayo arranca en Managua, Nicaragua, la quinta convocatoria de Centroamérica Cuenta, que contará con más de 200 participantes entre narradores, cronistas, cineastas, académicos, críticos, traductores, ilustradores, libreros, editores y talleristas, provenientes de unos 30 países.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Mañana lunes 22 de mayo arranca en Managua, Nicaragua, la quinta convocatoria de Centroamérica Cuenta, que contará con más de 200 participantes entre narradores, cronistas, cineastas, académicos, críticos, traductores, ilustradores, libreros, editores y talleristas, provenientes de unos 30 países.</p><p>Centroamérica “cuenta” porque hay infinidad de historias para ser contadas en su realidad cotidiana y en el imaginario de sus escritores; y “cuenta” porque su cultura tiene un peso propio, que debe ser conocido y reconocido fronteras afuera.</p><p>Junto a las conversaciones delante del público donde los escritores centroamericanos alternarán con los de otras partes del mundo, se celebrarán talleres que van desde el periodismo narrativo a la novela negra y la narración oral, a la formación de lectores y la traducción literaria.</p><p>Un ciclo “literatura hecha cine”, donde se presentarán películas basadas en novelas de escritores invitados. Un encuentro de literatura infantil, “Contar a los niños”. Y presentaciones de libros publicados tanto por editoriales centroamericanas como de fuera de la región.</p><p><p><strong>PERSONALIDADES</strong></p></p><p><p>Es un espacio abierto para hablar de literatura y sus infinitas conexiones con la realidad contemporánea, y que este año dedicamos a <strong>André Malraux</strong> y <strong>Albert Camus.</strong></p></p><p>Ambos encarnan el espíritu de la libertad creadora; Camus desde sus reflexiones sobre el intrincando destino de los seres humanos, y Malraux, ejemplo cimero del escritor comprometido, combatiente del lado de la república española y novelista ejemplar también.</p><p><p>Mucho que celebrar: el centenario del nacimiento de <strong>Juan Rulfo</strong> y de<strong> Augusto Roa Bastos</strong>, dos escritores de lugares distantes entre sí en la geografía de América, México y Paraguay, que reinventaron nuestra literatura desde el lenguaje, como no hay otra manera de hacerlo.</p></p><p><p>Hace medio siglo Miguel Ángel Asturias, autor de <strong>El señor Presidente</strong>, otro clásico, ganó el Premio Nobel de Literatura. Y se cumple también el medio siglo de la aparición de<strong> Cien años de soledad</strong>, de <a href="http://www.prensa.com/especiales/gabriel-garcia-marquez/" target="_blank">Gabriel García Márquez</a>.</p></p><p>En un mundo como el de hoy, donde las peores amenazas contra la convivencia humana provienen de la discriminación, el racismo, la intolerancia política y religiosa, el desprecio a la diversidad, el lema de Centroamérica Cuenta es este año “Nosotros los otros”.</p><p>No simplemente la tolerancia, que es una forma pasiva de ver a los demás que no son como nosotros, sino ser, ver, sentir como los otros, encarnarse en ellos, trasladarnos hacia ellos, meterse debajo de su piel, ser nosotros en el otro.</p><p>La literatura es capaz de promover este viaje profundo hacia los otros, porque no existe otro territorio más diverso ni más abierto.</p><p>En la creación literaria cabe todo y cabemos todos, y desde la invención es posible derribar muros. La palabra es el instrumento privilegiado para abrir puertas, comunicar, juntar, concertar, multiplicando las individualidades. Es el viaje desde la cabeza del escritor hacia la cabeza del lector donde la imaginación, que no tiene ataduras, ensaya siempre la libertad.</p><p>Cada vez que alguien escribe y cada vez que alguien lee, estamos tendiendo puentes y buscando ser el otro, ser todos los demás.</p><p>Los otros son los emigrantes forzados a partir en busca del bienestar y la dignidad que en sus propios países se les niega.</p><p>No Ulises que regresa a su patria, sino Ulises al revés, que deja su patria y a lo largo de una ruta azarosa debe enfrentar peligros inimaginables, a merced de bandas criminales, entre extorsiones, secuestros y amenazas mortales, por lo que no pocas veces van a parar al fondo de una fosa común antes de haber podido divisar la tierra prometida, un espejismo al otro lado de un muro que pretende ser inexpugnable.</p><p>La literatura y el arte van constantemente hacia ellos. Vistos en su conjunto, representan un fenómeno social; vistos en sus vidas individuales, su drama entra en el terreno de la literatura.</p><p>Y también están los otros que son distintos, y por tanto discriminados y reprimidos, por el color de la piel, por razones de género, por sus preferencias sexuales. La literatura, en su dimensión necesariamente universal, emprende igualmente el viaje hacia ellos, para encontrarlos y encontrarse en ellos.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/0jusXz_qTXpU7mAHwygEFLTA-2E=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/ZRNIRSXHBVADBKFEJ4LZJLKO7Y.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El centenario del nacimiento del escritor Juan Rulfo será uno de los temas de Centroamérica Cuenta, que se realizará en Managua.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Archivo]]></media:credit></media:content></item><item><title>Ya nosotros vimos esa película</title><link>https://www.prensa.com/opinion/vimos-pelicula_0_4551294909.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/opinion/vimos-pelicula_0_4551294909.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Tue, 17 Dec 2019 19:03:52 +0000</pubDate><description>La periodista Sylvia Colombo, de la Folha de Sao Pablo, me pregunta en una entrevista con relación a Nicaragua si estoy de acuerdo con la reelección indefinida. Por supuesto que no.</description><content:encoded><![CDATA[<p>La periodista Sylvia Colombo, de la Folha de Sao Pablo, me pregunta en una entrevista con relación a Nicaragua si estoy de acuerdo con la reelección indefinida. Por supuesto que no.</p><p>Una reelección es democrática en un régimen democrático, pero la reelección indefinida nunca es democrática.</p><p>Daniel Ortega ha sido el único candidato de su partido desde 1984, o sea a lo largo de más de 30 años, y con este nuevo período que va a ganar en noviembre, porque ya está decidido de antemano que va a ganar, habrá estado en la presidencia por 25 años. Y no es que en 2021, dentro de cinco años, no vaya a presentarse otra vez como candidato.</p><p><p><strong>PARTIDO ÚNICO</strong></p></p><p>Los verdaderos partidos de la oposición han sido eliminados por sentencia de la Corte Suprema, que le es fiel políticamente, y la oposición parlamentaria ha sido expulsada de la Asamblea Nacional por orden del Consejo Supremo Electoral, sometido también a él de manera incondicional.</p><p>No queda un solo poder del Estado que no esté alineado ni institución pública independiente.</p><p>Los observadores internacionales para estas elecciones han sido rechazados bajo el calificativo presidencial de “sinvergüenzas”.</p><p>En estas listas de indeseables queda la Organización de Estados Americanos, la Unión Europea, y el Centro Carter de Estados Unidos.</p><p>No se trata de un capricho ni de un desplante. En el fondo lo que se rechaza son las elecciones mismas.</p><p>Ortega no cree en la democracia representativa, cree en el partido único, como lo ha dicho públicamente no una vez, una de esas en una larga entrevista para la televisión oficial de Cuba.</p><p><p><strong>PAÍS VIRTUAL</strong></p></p><p>La institucionalidad funcionaba a medias en Nicaragua, pero hoy ha dejado de funcionar del todo por una serie de medidas que aún tienen perplejos a los expertos políticos que no se atrevían a decidirse si esta era una democracia limitada, un gobierno autoritario, o simplemente una dictadura.</p><p>Hoy queda claro ante el más benévolo de esos analistas que se trata de un régimen camino del partido único, a la usanza más obsoleta, fruto de la nostalgia trasnochada por los desaparecidos sistemas del llamado socialismo real que se hundieron con la caída del muro de Berlín.</p><p>Y al mismo tiempo, es una autocracia familiar como las que hemos conocido en carne propia en Nicaragua.</p><p>Para que no queden dudas, Ortega ha escogido a su propia esposa, Rosario Murillo, como candidata a la vicepresidencia.</p><p>La siempre oportuna Corte Suprema ya había dictaminado desde antes que el parentesco entre esposos no es ningún impedimento constitucional.</p><p>La alternabilidad en el poder, las elecciones libres, las libertades democráticas, escritas en la Constitución, han desaparecido de la vida real. Vivimos en un país virtual.</p><p>Han sido inscritos para las elecciones 17 partidos políticos, pero todos son de membrete, como los que existían en los países de Europa Oriental en tiempos soviéticos.</p><p>A los candidatos a presidente que competirán con Ortega nadie los conoce porque han sido sacados de la manga.</p><p>En Nicaragua estos candidatos a presidente y a diputados son llamados “zancudos”, porque solo buscan chupar la sangre del presupuesto, ya que ganan prebendas para prestarse al juego, entre ellas las codiciadas curules.</p><p>El gobierno ha repartido dádivas gracias al dinero del petróleo venezolano, que ya se agotó, pero la estructura desigual no cambia.</p><p>El número de pobres no ha disminuido, más del 40% de la población vive con menos de dos dólares al día, y más del 70% depende de un trabajo informal.</p><p>Y según las revistas especializadas, Nicaragua es el país centroamericano donde el número de millonarios ha crecido más en los últimos años.</p><p>Es un raro socialismo este, donde el número de pobres no disminuye y crece el número de millonarios salidos de la nada.</p><p>Las elecciones del mes de noviembre tendrán un candidato único, y ya hay un ganador de antemano que pretende sacar más del 90% de los votos, y dominar la Asamblea Nacional sin ninguna clase de voces disidentes. Una Asamblea que votará a mano alzada.</p><p>Ya hemos visto esa película. Y ya sabemos cómo termina.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/h9PUkTiCclYzouHP1SoY1smqcQo=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/R3KCROX34NBZPIJ6BPBPCTDZPA.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, busca mantenerse en el poder en las elecciones de este noviembre.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Archivo]]></media:credit></media:content></item><item><title>La larga marcha</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/larga-marcha_0_4561793816.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/larga-marcha_0_4561793816.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Mon, 16 Dec 2019 19:55:23 +0000</pubDate><description>La larga y azarosa travesía marítima comienza para miles de africanos en el golfo de Benín, de allí mismo de donde partían hace siglos los barcos cargados de esclavos hacia América.</description><content:encoded><![CDATA[<p>La larga y azarosa travesía marítima comienza para miles de africanos en el golfo de Benín, de allí mismo de donde partían hace siglos los barcos cargados de esclavos hacia América.</p><p>Desembarcan en Brasil y atraviesan el continente hacia el norte, recorriendo distancias inauditas. Es un viaje que parece imposible aún para la imaginación, pero sus protagonistas son de carne y hueso.</p><p>Pueden ser 50 mil por el momento los que están en marcha, sumando a los haitianos que parten también de Brasil.</p><p>Buscan alcanzar el Darién, la primera puerta cerrada que tienen que burlar para avanzar por el territorio de Panamá, y luego el de Costa Rica, hasta la siguiente estación prohibida, la de Nicaragua.</p><p>Desde tiempos milenarios Centroamérica ha sido un puente de migrantes que bajaban desde el norte o subían desde el sur, un territorio de fusión de razas, culturas y lenguas.</p><p>Los de hoy día no quieren quedarse, solo quieren pasar. Su meta es Estados Unidos, el sueño americano que se representa en sus cabezas como un mundo en tecnicolor.</p><p>Los africanos vienen huyendo del hambre y la desesperanza, de la miseria y el abandono, de guerras tribales, de persecuciones, del fanatismo religioso, del desierto que avanza implacable con sus arenas ardientes, de la muerte de los cultivos; los haitianos huyen de la pobreza crónica, de las calamidades provocadas por las catástrofes naturales, huracanes, terremotos, sequías, y del fracaso político de un Estado en descomposición.</p><p>No pocos quedan en el camino; hay mujeres que mueren al dar a luz en media montaña, junto con el niño que paren. Otros son víctimas de los “coyotes” a quienes pagan para que los hagan avanzar y más bien los abandonan arteramente. Son asaltados y robados, las mujeres violadas.</p><p>En Nicaragua son capturados y devueltos a Costa Rica, donde se hacinan en campamentos de emergencia. Pero vuelven siempre a intentarlo, andando de noche por trochas clandestinas para no ser descubiertos y escondiéndose de día, en busca de alcanzar la estación siguiente, que es Honduras.</p><p>El mes pasado 10 de ellos, arriesgándose a meterse en las aguas del río Sapoá, que desde Costa Rica desemboca en el Gran Lago de Nicaragua, murieron ahogados. Al menos cinco habían salido dos meses atrás de Artibonite, en Haití.</p><p>Sus cuerpos fueron apareciendo arrojados por el oleaje del Gran Lago, y recibieron sepultura en los cementerios de los poblados vecinos, en tumbas sin nombre. En el expediente policial solo figuran unos cuantos rasgos suyos. Pelo ensortijado, piel oscura. Aspecto atlético, gran estatura. Complexión media, sexo femenino. Camiseta negra, zapatos deportivos.</p><p>Fragmentos de las vidas de estos caminantes quedan en las noticias de los periódicos que no tardarán en envejecer.</p><p>David, de 21 años, y Yandeli, de 25, una pareja de haitianos que viven escondidos en un paraje del sur de Nicaragua. Detuvieron su marcha porque ella va a ser madre pronto y buscará parir en la soledad de su refugio. Han escogido llamar Davison a su hijo.</p><p>Los pobladores de las aldeas del Pacífico nicaragüense los ven aparecer cuando cae la noche en los patios de sus casas, sombras sigilosas que se acercan con temor.</p><p>Por señas se dan a entender: tienen sed, tienen hambre. Les dan el amparo que piden, agua, comida, zapatos, ropa, pañales para los niños. Solo saben que deben ayudarles, no importa el riesgo a ser reprimidos.</p><p>En el puerto de San Juan del Sur hay manifestaciones populares en las calles en demanda de que los dejen seguir avanzando.</p><p>Una manifestante grita en el micrófono: “no queremos que ellos sigan muriendo en nuestra patria, no queremos verlos sufrir, pedimos que los dejen pasar”. ¿Por qué no los dejan pasar?</p><p>Mientras tanto, al caer la noche, salen de sus refugios y reemprenden el camino, adentrándose más en el territorio, buscando la frontera con Honduras. Avanzan en largas filas, y otros pobladores costeros los detienen para darles de beber y de comer, para reponerles los zapatos desbaratados, para entregarles mudadas con que se cambien la ropa en jirones.</p><p>Aún les queda por delante una larga marcha.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/QihEFowKjFCYkc7h3t2w_R_Xg_8=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/JJ65D26H4BGX5MDRJSFS4HGJ7M.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Seres humanos que dejan sus países en busca de un mejor porvenir en Estados Unidos. Para llegar a la tierra soñada deben sortear una serie de problemas.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Archivo]]></media:credit></media:content></item><item><title>El final del túnel</title><link>https://www.prensa.com/opinion/final-tunel_0_4572292789.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/opinion/final-tunel_0_4572292789.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Mon, 16 Dec 2019 15:12:49 +0000</pubDate><description>Gracias a Gabriel García Márquez en Colombia las exageraciones se volvieron normales, y por eso no sorprende decir que el país ha vivido una guerra continuada que supera el medio siglo. Si lo pusiéramos en los propios términos gabeanos, sería las guerra de los 20 mil días; y el coronel Aureliano Buendía, que peleó en una más modesta que la historia patria llamada de los mil días, hubiera visto la duración de esta otra con desmedido asombro, igual que el número de víctimas que ha dejado, 260 mil vidas humanas sacrificadas.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Gracias a Gabriel García Márquez en Colombia las exageraciones se volvieron normales, y por eso no sorprende decir que el país ha vivido una guerra continuada que supera el medio siglo. Si lo pusiéramos en los propios términos gabeanos, sería las guerra de los 20 mil días; y el coronel Aureliano Buendía, que peleó en una más modesta que la historia patria llamada de los mil días, hubiera visto la duración de esta otra con desmedido asombro, igual que el número de víctimas que ha dejado, 260 mil vidas humanas sacrificadas.</p><p>No es una guerra solo entre dos bandos, liberales y conservadores, como la del coronel Aureliano Buendía, sino toda una maraña de escenarios y actores, en la que a lo largo de las décadas han entrado y salido, liberales y conservadores, claro que sí, y ejércitos guerrilleros, unos marxistas ortodoxos y otros heterodoxos, y paramilitares y narcotraficantes, en lucha contra las fuerzas militares de un estado que no pocas veces resultó desdibujado y llegó a perder el control de vastas zonas rurales.</p><p>En visitas recientes que por motivos de mi oficio literario he hecho a Cali y Bucaramanga, el asunto de los acuerdos de paz no ha faltado en las conversaciones, en los debates, y en las entrevistas de prensa, y lo primero que he dicho a todos es que si yo fuera colombiano votaría por el sí.</p><p>Tomé como referencia mi propia experiencia respecto a los acuerdos que pusieron a fin a las guerras que tantas muertes, daños y sufrimientos causaron en la década de los 80 en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, muertos, desaparecidos, mutilados, desplazados; guerras que de diversas maneras envolvieron también a Honduras y Costa Rica.</p><p>Los compromisos alcanzados fueron similares en cuanto a sus bases, e incluían el desarme de las fuerzas insurgentes, su incorporación a la vida civil, y el derecho a organizarse como partidos políticos. Es lo mismo que, con sus propias particularidades, habrá de ocurrir en Colombia: cambiar las balas por los votos.</p><p>Y la paz se logró en Centroamérica porque no había solución militar al conflicto.</p><p>Las fuerzas insurgentes, de derecha e izquierda, no podían ser derrotadas por las armas, y como no se trataba de una rendición en la que el vencedor impone sus términos, en la mesa de negociaciones las partes tuvieron que hacer concesiones mutuas.</p><p>Más compleja la guerra colombiana que la centroamericana porque el narcotráfico no había aún metido sus garras tan a fondo en la región como ahora, y por tanto no llegó a financiar ni armar bandos ni a involucrarlos en el negocio de la coca. En ese caso, la solución se habría complicado hasta extremos impredecibles.</p><p>Lo que más se discute en Colombia es el asunto de la impunidad, quiénes pagarán por los delitos cometidos durante la guerra y quienes no. Sin embargo, los acuerdos no dejan de lado la impunidad total. Establecen un sistema de justicia transicional con penas diferenciadas para delitos confesados y no confesados, y excluye los crímenes de lesa humanidad que son referidos al Estatuto de Roma; es decir, serán juzgados por la Corte Penal Internacional de La Haya.</p><p>Un avance, porque al alcanzarse la paz en Centroamérica, la responsabilidad por los crímenes nunca quedó explícita en los acuerdos ni tampoco se tomó en cuenta a las víctimas ni a sus deudos, como sí ha ocurrido durante el proceso de negociaciones en Colombia.</p><p>Héctor Abad Faciolince, mi amigo escritor que tiene toda la autoridad moral del mundo para hablar de este tema porque su padre, el doctor Héctor Abad Gómez, defensor de los derechos humanos, fue asesinado por paramilitares en 1987 en una calle de Medellín, de donde resultó un libro ejemplar, El olvido que seremos, ha escrito en un reciente artículo que termina con una frase lapidaria:</p><p>“La paz no se hace para que haya una justicia plena y completa. La paz se hace para olvidar el dolor pasado, para disminuir el dolor presente y para prevenir el dolor futuro”.</p><p>Él votará por el sí.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/HO370MdVUvj7T3dB8meTPSf6IJs=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/7PY6KJ5IDFCAHDNKZITEDGP42M.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El presidente Juan Manuel Santos (en el centro), participando durante la entrega del acuerdo general para la terminación del conflicto armado en el Congreso de la Repúb]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Los hilos de la memoria</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/hilos-memoria_0_4582791727.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/hilos-memoria_0_4582791727.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Fri, 13 Dec 2019 15:31:40 +0000</pubDate><description>Hace algunos días participé en la presentación del libro de memorias Banderas y harapos de la periodista Gabriela Selser, y empiezo por contar su historia singular. Su padre, Gregorio Selser, fue para mi generación un personaje mítico. Entre los libros clandestinos que un adolescente se imponía leer en la Nicaragua de los Somoza, el que más marcó mi vida fue Sandino, General de hombres libres, escrito por él en Argentina, y así mismo El pequeño ejército loco, nombre que Gabriela Mistral había dado al puñado de campesinos y artesanos que luchaba contra la intervención armada de Estados Unidos.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Hace algunos días participé en la presentación del libro de memorias Banderas y harapos de la periodista Gabriela Selser, y empiezo por contar su historia singular. Su padre, Gregorio Selser, fue para mi generación un personaje mítico. Entre los libros clandestinos que un adolescente se imponía leer en la Nicaragua de los Somoza, el que más marcó mi vida fue Sandino, General de hombres libres, escrito por él en Argentina, y así mismo El pequeño ejército loco, nombre que Gabriela Mistral había dado al puñado de campesinos y artesanos que luchaba contra la intervención armada de Estados Unidos.</p><p>Triunfó la revolución en 1979, y las dos hijas de Selser, Irene y Gabriela, se vinieron desde México, donde la familia vivía su exilio tras el golpe militar que encabezó Videla, para meterse de cabeza en el turbión de la revolución que arrastraba a gente de todo el mundo.</p><p>En su libro, Gabriela acude a la cauda de sus recuerdos de alfabetizadora adolescente primero, y de periodista juvenil después, corresponsal de guerra del diario Barricada durante siete años. Quiso ser parte de aquella novedad incandescente desde el día mismo de bajarse del avión, testigo privilegiado en adelante de los dramáticos acontecimientos que sacudirían a Nicaragua a lo largo de toda una década que asombró al mundo. Ahora, estamos en el presente despiadado. Las banderas de la revolución se volvieron harapos.</p><p>Las presentaciones de libros en Nicaragua son por lo general ceremonias modestas, pero esa noche no cabía el público. Algo extraño vibraba en el aire, como si el espíritu de aquellos tiempos de agonía y esperanza bajara sobre las cabezas de los que habían sido parte de la hazaña, y estaban allí.</p><p>Y jóvenes, que habían oído hablar de aquellos tiempos y también estaban allí. En un país donde la inmensa mayoría tiene menos de 30 años, la memoria de los hechos sigue enterrada para las nuevas generaciones o ha sido adulterada. El olvido y el engaño se han impuesto desde arriba.</p><p>Muchos de los presentes habían alfabetizado a los campesinos, y lo supe porque al preguntar quiénes habían participado en la cruzada, más de la mitad de los presentes levantaron la mano. Y estaban, ya ancianos, el padre y la madre adoptivos de Gabriela. Los alfabetizadores, jóvenes y adolescentes de todas las clases sociales, quedaron llamando mamá y papá a quienes los habían acogido en sus hogares.</p><p>El hermano adoptivo de Gabriela tomó la palabra para decir que ella le había enseñado a leer y a escribir y ahora era ingeniero agrónomo. Era como estar volviendo a un sueño tejido por miles de manos juveniles, cuyos hilos terminaron por romperse.</p><p>Uno tras otro hablaron de la urgencia de rescatar la memoria de aquella década. Los que alfabetizaron, los que recogieron cosechas, los que fueron a la guerra. No dejar que el olvido se coma la vida, no dejar que la historia oficial suplante, con sus excesos, sus mentiras, sus falsificaciones, lo que cada uno vivió. Sumar libros de memorias, escribir la historia entre todos, así como la revolución se hizo entre todos. No dejarse robar la vida vivida, ni la historia, que es vivencia.</p><p>Uno de los asistentes dijo que no se había hecho nunca un inventario de los jóvenes caídos en combate, y citó una cifra, serían 23 mil. ¿Y los que cayeron del otro lado, los de la contra, en su mayoría campesinos, cuántos fueron? Quizás otro tanto, quizás más. De ellos hay que hacer también un inventario. Para recordar se necesita nombrar a unos y otros. No solo enlistar sus nombres, recoger también sus datos biográficos, familiares.</p><p>Alguien perdió a alguien. Las heridas siguen abiertas, y para sanarlas son necesarias las palabras. Una historia completa, como un mosaico, en la que cada quien ponga de por medio su historia leal, y real, la historia de la propia vida.</p><p>No hay otra manera de contar la Historia con mayúscula, que a través de las historias con minúsculas. El relato de cada universo personal, que venga a ser el universo compartido, años y desilusiones después.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/O294K_BUNOnENO4q5autizaOzR8=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/DZVEIFM6JZAXZCDMSTEL6XTZ4U.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Sergio Ramírez plantea que en Nicaragua “el olvido y el engaño se han impuesto desde arriba”.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Una lección de cine latino</title><link>https://www.prensa.com/opinion/leccion-cine-latino_0_4593290676.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/opinion/leccion-cine-latino_0_4593290676.html</guid><dc:creator>PROSA PROFANA SERGIO RAMÍREZ | </dc:creator><pubDate>Thu, 12 Dec 2019 18:20:50 +0000</pubDate><description>Me ha tocado ser jurado del Festival Internacional de Cine de Biarritz, que llega a sus 25 años de existencia como la más importante de las convocatorias europeas dedicadas a mostrar películas latinoamericanas.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Me ha tocado ser jurado del Festival Internacional de Cine de Biarritz, que llega a sus 25 años de existencia como la más importante de las convocatorias europeas dedicadas a mostrar películas latinoamericanas.</p><p>Además de la delicia obligada de verme 10 filmes día tras día, esta ha sido una semana inolvidable en muchos sentidos.</p><img alt="‘Aquarius’, del brasileño Klever Mendoza, ganó el Premio del Jurado del Festival Internacional de Cine de Biarritz." height="375" src="https://www.prensa.com/resizer/xqMBC2DOKLX-KzmTCxIFHQVfRoM=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/F7UM2EIMGZCQRAQWNOOECM4MHI.png" width="667"/><img alt="Una escena de la película argentina ‘El invierno’." height="375" src="https://www.prensa.com/resizer/-7BgX7wDjL_zMySOsXTQvAWUEtA=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/MQD7PZ6J5ZAD5E6P2SFGI6OE6A.jpg" width="667"/><p>El público desbordó las salas de cine, donde también se han presentado cortometrajes y documentales, lo mismo que se volcó a las presentaciones literarias, los conciertos musicales, las mesas de libros en español y traducidos al francés. Latinoamérica reinando en las calles.</p><p>Lo primero que queda a la vista es que el cine latinoamericano del siglo XXI, como se prueba también en otros festivales de competencia mundial, Cannes o San Sebastián, es un cine maduro, imaginativo y técnicamente impecable, y lo más sobresaliente viene a ser la juventud de los realizadores.</p><p>El premio “El abrazo” para la mejor película, lo hemos concedido a La ciudad donde envejezco, el primer largometraje de la brasileña Marília Rocha, que cuenta la historia de dos jóvenes amigas de infancia que emigran una tras otra desde Portugal a Bello Horizonte. Es un relato de equilibrada delicadeza que nos acerca a la soledad y el extrañamiento que trae consigo la emigración.</p><p>Aquarius, del también brasileño Klever Mendoza, ganó el Premio del Jurado, y su protagonista principal, Sonia Braga, el de mejor actriz.</p><p>Esta es una película que transforma un asunto público, la corrupción ligada al negocio inmobiliario, en una historia personal que a su vez se convierte en una obra de arte. Clara, la heroína, lucha por no ser desalojada del apartamento familiar donde sola, ya viuda, resiste contra los trucos y embates sucios de los empresarios que son ya dueños del resto del edificio.</p><p>Sonia Braga, a sus más de 70 años, nos seduce con su siempre vivo talento dramático, dueña a cada paso de la pantalla tal como la vimos hace tantos años en Doña Flor y sus maridos, o en El beso de la mujer araña, sacando provecho a su madurez y a su belleza, que no da muestras de apagarse.</p><p>Y el premio al mejor actor fue otorgado al chileno Alejandro Sieveking, protagonista de la hermosa película argentina El invierno, dirigida por Emiliano Torres, premio de la crítica.</p><p>Sieveking es el viejo capataz en un lejano fundo de la Patagonia donde se crían y esquilan ovejas, despedido por razón de su vejez. Empezará entonces la lucha sorda entre él y su joven sucesor, en un escenario donde imperan la soledad, el frío y la nieve, pero sobre todo la belleza imponente de la cordillera de Los Andes.</p><p>Entre otras películas notables de la muestra, hay que mencionar El Amparo, una producción de Colombia y Venezuela dirigida por Rober Calzadilla, que ganó el premio del público. Cuenta la historia de un grupo de humildes pescadores de un pueblo fronterizo, asesinados por el ejército de Venezuela a finales de los años 1980, acusados de pertenecer a la guerrilla colombiana. Los dos únicos sobrevivientes se enfrentan al poder que quiere silenciarlos. Este hecho, conocido como “la masacre de El Amparo”, que llenó las páginas de los diarios y los telenoticieros, nunca fue resuelto y pasó al olvido.</p><p>Un arte duro. La película ganadora, La ciudad donde envejezco, tuvo que detenerse en su etapa de post-producción por falta de financiamiento, y es por eso mismo que la persistencia de estos jóvenes realizadores es ejemplar.</p><p>Luchan por encontrar productores, apoyos estatales que son pobres o no existen, por convencer a las transnacionales de distribución para poder llegar a las salas de cine, por tener cabida en la televisión abierta y por cable, y en Netflix y HBO. Por eso es que festivales como este de Biarritz son verdaderas ventanas al mundo, que les abren posibilidades.</p><p>Las más de 20 horas que me he pasado sentado en la butaca en la oscuridad, me han abierto también una ventana a este cine esplendente, que me recuerda que la invención vale la pena.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/xqMBC2DOKLX-KzmTCxIFHQVfRoM=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/F7UM2EIMGZCQRAQWNOOECM4MHI.png"><media:description type="plain"><![CDATA[‘Aquarius’, del brasileño Klever Mendoza, ganó el Premio del Jurado del Festival Internacional de Cine de Biarritz.]]></media:description></media:content></item><item><title>Viendo a Mordzinski tomar una foto</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Viendo-Mordzinski-tomar-foto_0_4326317353.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Viendo-Mordzinski-tomar-foto_0_4326317353.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Thu, 12 Dec 2019 18:07:27 +0000</pubDate><description>Una tarde del mes de mayo de este año, mientras se celebra en Managua el encuentro de escritores Centroamérica Cuenta, me tocó llevar a Juan Gabriel Vásquez y a Héctor Abad Faciolince a una entrevista con Carlos Fernando Chamorro, quien conduce “Esta Semana” en el Canal 12 , el único programa de opinión independiente que aún sobrevive en la televisión en Nicaragua.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Una tarde del mes de mayo de este año, mientras se celebra en Managua el encuentro de escritores Centroamérica Cuenta, me tocó llevar a Juan Gabriel Vásquez y a Héctor Abad Faciolince a una entrevista con Carlos Fernando Chamorro, quien conduce “Esta Semana” en el Canal 12 , el único programa de opinión independiente que aún sobrevive en la televisión en Nicaragua.</p><p>En las paredes de la oficina de Carlos Fernando hay fotos de su padre, el periodista Pedro Joaquín Chamorro, asesinado el 10 de enero de 1978 en una calle solitaria de las ruinas de Managua, devastada tras el terremoto de 1972.</p><p>Viajaba siempre al volante de su auto, sin ninguna escolta, a pesar de ser el enemigo número uno marcado por la dictadura de la familia Somoza, y unos sicarios le cortaron el paso y lo mataron con una escopeta.</p><p>A uno de ellos, de feroz y tranquilo semblante, lo apodaban Cara de Piedra. Ese asesinato vil encendió la chispa que haría posible el triunfo de la revolución al año siguiente, y el derrocamiento del asesino intelectual de Pedro Joaquín, el propio Anastasio Somoza.</p><p>Héctor Abad recorrió las paredes, mirando cuidadosamente aquellas fotos, y yo lo observaba con atención. Estaba en la oficina de un hermano de sangre.</p><p>Su padre, Héctor Abad Gómez, médico, profesor universitario, defensor de los derechos humanos, también había sido asesinado en las calles de Medellín, por órdenes del jefe paramilitar Carlos Castaño en agosto de 1987.</p><p>Aquella muerte, como el mismo Héctor diría esa misma noche al participar en una de las mesas redondas del encuentro literario, donde me tocó hacer las preguntas, no provocó una revolución; fue un asesinato entre miles. Pero sí dio pie a uno de los libros más hermosos escritos en América Latina en las últimas décadas, El olvido que seremos.</p><p>En este relato, que ha ganado miles de lectores en distintas lenguas, Héctor busca fijar en su propia memoria, y en la de los demás, la historia de aquel hombre que pagó con la vida su tarea humanista de defender y proteger a las víctimas de la violencia y la represión en la Colombia convulsionada de entonces, cuando la violencia de la guerra se había tomado las calles de Medellín.</p><p>Carlos Fernando pudo ver el cadáver de su padre, acribillado por perdigonazos, en la morgue del hospital de Managua adonde fue llevado por los socorristas.</p><p>Héctor corrió junto con su madre al lugar del crimen al saber la noticia de que habían abatido al suyo, y alcanzó a retirar de uno de sus bolsillos un papelito donde había copiado a mano un soneto de Jorge Luis Borges que empieza: “ya somos el olvido que seremos…”. Ahora este poema sirve como epitafio en su tumba.</p><p>Héctor le pidió a Carlos Fernando que le contara cómo habían matado a su padre. Carlos Fernando le hizo la narración, mientras allí mismo en la oficina maquillaban a Juan Gabriel, porque ya se acercaba la hora de grabar el programa.</p><p>Uno quiere saber siempre los detalles, me respondió también esa noche Héctor durante la mesa, aún los detalles de lo que duele en el alma. Como en un espejo ensangrentado, la historia que Carlos Fernando le contaba, reflejaba la suya propia.</p><p>Antes de que entraran al estudio del Canal 12, Daniel Mordzinski, que nos acompañaba, nos hizo a todos unas fotos en el patio trasero de la casa. Y luego separó a Carlos Fernando y a Héctor, y les pidió que se colocaran junto a una fuente.</p><p>Juan Gabriel se subió al brocal y sostuvo por encima de las cabezas de los dos un trapo negro que serviría de telón de fondo, tal como Daniel se lo pidió. Yo presenciaba aquella escena a poca distancia, mientras la emoción me iba embargando. Luego pidió a los dos hermanos de sangre que se situaran frente a frente, mirándose a los ojos, y que se agarraran de los brazos. Y tomó la foto.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/t3gCa24Cqq8owwJF7UiyK2jvMF0=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/ZGUJCFKWYZAXJELTWCDTDFNWZ4.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Virgen de medianoche</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Virgen-medianoche_0_4336816301.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Virgen-medianoche_0_4336816301.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Wed, 11 Dec 2019 22:41:32 +0000</pubDate><description>En mi novela Sombras nada más hay un episodio donde relato la excursión nocturna que un grupo de estudiantes hace por las cantinas y antros de León.</description><content:encoded><![CDATA[<p>En mi novela Sombras nada más hay un episodio donde relato la excursión nocturna que un grupo de estudiantes hace por las cantinas y antros de León.</p><p>Una de las estaciones de ese recorrido es la 3066, llamada así por su número de teléfono, situada en el barrio de San Juan, y cuyo dueño era un chino algo melancólico.</p><p>En la roconola no faltaban los discos de La Sonora Matancera, cuyo solista más afamado era el puertorriqueño Daniel Santos.</p><p>Las muchachas, cuando no bailaban o acompañaban a los clientes en las mesas o se afanaban en complacerlos en los cuartos del traspatio, se sentaban en sillas playeras colocadas en fila contra las paredes, como en un velorio.</p><p>El chino solía filosofar sobre la legitimidad de los oficios que deparaba la vida, entre ellos el suyo, el que defendía con ardor ético.</p><p>Una noche de un año que debe haber sido 1962, Daniel Santos, que andaba de gira por Nicaragua, cantó en el 3066, lo que consigno también en mi novela, entreverado como un hecho real, porque fui testigo de aquel milagro inolvidable: el jefe en persona en aquel escenario sin fama donde lo rodeábamos sus devotos.</p><p>Canoso el bigote e hinchado de cuello y vientre de no poder anudarse la corbata ni abotonarse el saco, y en equilibrio precario frente al micrófono de pedestal, dejó retumbar su voz de alma en pena que cantaba Virgen de medianoche, mientras las señoras del pecado lloraban desconsoladas al escuchar aquel rezo de amor. Solo él podía cantarles su himno con semejante devoción.</p><p>En Managua había caído preso por escándalo en la vía pública, según el alegato oficial, pero en realidad por seducir a la mujer de un coronel de la Guardia Nacional, el ejército pretoriano de Somoza, según el dicho popular. Y ese mismo dicho sigue repitiendo que durante su cautiverio en las cárceles del Hormiguero compuso su célebre canción El Preso.</p><p>Todo eso fue también a dar a la novela. Pero uno miente con alevosía y ventaja en beneficio de la invención, pues cuando escribía Sombras nada más y le pedí información sobre Daniel Santos a su compatriota boricua, el escritor Edgardo Rodríguez Juliá, él me advirtió: “lamento informarte que no fue en una cárcel nicaragüense donde escribió esa canción, sino en la cárcel del Príncipe en La Habana. Para más detalles te tengo la sabiduría de Josean Ramos, quien fue secretario de Daniel en los años crepusculares del Jefe. Josean fue para Daniel lo que Eckermann fue para Goethe....”</p><p>Edgardo me puso en relación con Josean, quien de inmediato me envió su libro, El inquieto anacobero, donde explica el asunto de la prisión. Pero así y todo no cejé en mi mentira, porque de mentiras, ese tejido sutil que viste a los dioses, están hechas las novelas.</p><p>Y luego leí la novela de Josean, no menos aleccionadora, Vengo a decirle adiós a los muchachos; y aquí supera a Eckermann, quien nunca escribió una novela sobre Goethe.</p><p>Hace poco recibí un mensaje de Josean que me contaba de una edición conmemorativa de esa novela suya, “que se presentará en el Festival Amigos del Bolero de Manizales, dedicado a Daniel Santos; luego en Cali, Barranquilla y otros poblados… e incluirá unos cien manuscritos inéditos a puño y letra de Daniel, que iba escribiendo de barra en barra, de trago en trago… un ajuste de cuentas consigo mismo desde la intimidad de las cantinas…. tomando en cuenta tu devoción por el santo Daniel, así como sus vivencias en Nicaragua, donde padeció como Corretjer la fría soledad de las cosas tan lejanas, me encantaría incluir en esta edición un escrito tuyo sobre Daniel y lo que significó para tu generación…”.</p><p>Pues lo que significó para mi generación ya queda dicho. Las noches de peregrinaje por antros en penumbra, las luces tornasol de las roconola desde las que se alzaba la voz de este poeta maldito del Caribe, héroe de todas las batallas pendencieras y de todos los desvelos alcohólicos, que no cesa nunca de cantar para las vírgenes de medianoche que envejecen bañadas en lágrimas. Mientras amanece.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/MFMRwMMxssz_jqxB5LKMEa-C3eY=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/ZT725MT5UREFXN5UD4JOTXVRKQ.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[La Nicaragua de la juventud de Sergio Ramírez tenía una notable veneración por el cantante Daniel Santos.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Archivo]]></media:credit></media:content></item><item><title>Bob Dylan: de la cítara a la guitarra</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Bob-Dylan-citara-guitarra_0_4603789626.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Bob-Dylan-citara-guitarra_0_4603789626.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez | </dc:creator><pubDate>Wed, 11 Dec 2019 22:03:27 +0000</pubDate><description>Ya se habían roto los cánones tradicionales el año pasado, al premiarse a la periodista Svetlana Alexievich, lo cual asombró también a no pocos, al reconocerse al periodismo como género literario. No se premiaba una obra de ficción.</description><content:encoded><![CDATA[<p><p>La concesión del Premio <strong>Nobel de Literatura</strong> a <a href="http://www.prensa.com/tema/bob_dylan/" target="_blank">Bob Dylan</a> ha turbado a muchos porque abre las puertas a los cantantes de música popular.</p></p><p>Ya se habían roto los cánones tradicionales el año pasado, al premiarse a la periodista Svetlana Alexievich, lo cual asombró también a no pocos, al reconocerse al periodismo como género literario. No se premiaba una obra de ficción.</p><p>Y ahora, las canciones. ¿Por qué un músico, un cantante pop, un roquero? Es como si el olimpo de los dioses de la literatura se rompiera a pedazos ante una profanación semejante. Pero la decisión no es el fruto de un capricho, ni de una provocación.</p><p><p>La secretaria permanente de la Academia, <strong>Sara Danius</strong>, al anunciar el premio declaró algo que me parece fundamental: “Si miramos miles de años hacia atrás, descubrimos a Homero y a Safo. Escribieron textos poéticos hechos para ser escuchados e interpretados con instrumentos. Sucede lo mismo con <strong>Bob Dylan</strong>. Puede y debe ser leído”.</p></p><p>Tampoco improvisa cuando dice que “Dylan es un gran poeta en la gran tradición de la lengua inglesa desde William Blake en adelante, un creador que ha mezclado la música popular del blues del Delta y el folclor de los Apalaches con el simbolismo de Rimbaud, además de reinventarse de forma continua y construir una nueva identidad”.</p><p><p>Para muchos es una forma desconcertante de distinguir a la literatura de Estados Unidos, ausente de los premios Nobel desde la extraordinaria novelista <strong>Toni Morrison</strong>, galardonada en 1993.</p></p><p><p>Y para que quedemos aún más claros de la seriedad de esta decisión, otro de los académicos,<strong> Per Watsberg</strong>, afirma que Dylan es “probablemente el más grande poeta vivo”.</p></p><p><p>Y estamos hablando de la misma entidad que en los últimos 30 años ha puesto en su lista de premiados a <strong>Joseph Brodsky</strong>, <strong>Octavio Paz</strong>, <strong>Derek Walcott</strong>, <strong>Seamus Heaney</strong> y <strong>Wislawa Szymborska</strong>.</p></p><p>Ciertamente, la poesía, en sus orígenes, fue cantada en los atrios, en las plazas y en los mercados, y sus versos relataban historias de héroes y dioses, viajes, batallas, amores y tragedias.</p><p><p>Salman Rushdie, que permanece con justicia en las quinielas del Premio Nobel, dice que <strong>Bob Dylan</strong> “encarna la condición del aeda, esa figura fundamental de la cultura antigua griega que fundía en su persona poesía, música, baile, canto, teatro, artes plásticas”.</p></p><p>Por siglos la poesía siguió siendo cantada, un cantor acompañándose de un instrumento de cuerdas, y por eso tiene un metro, un ritmo, una cadencia.</p><p>Los bardos, juglares, trovadores son los poetas errantes que seguirán cantando la poesía, creándola y recreándola.</p><p>No tenían enfrente un micrófono, ni sus canciones se grababan en discos, pero quienes los escuchaban guardaban en la memoria letra y melodía, y podían recordarlas y repetirlas. Música y poesía. Volvemos a lo mismo cuando oímos a Paco Ibáñez, a Joan Manuel Serrat o a Amancio Prada cantar a los poetas que leemos a solas.</p><p>Y es aquí adonde quería llegar. Aunque con ruidos disonantes, las puertas de la legitimidad poética se abren con esta decisión a la poesía popular cantada en todos los idiomas.</p><p><p>Las letras de las canciones que lo merezcan, empezarán a entrar en las antologías de poesía, como debe ser. El Premio Nobel para<strong> Bob Dylan</strong> ayudará a borrar ese doble rasero que hipócritamente hemos inventado, el de exaltar la poesía escrita y despreciar la poesía cantada, tangos, boleros y baladas, aunque nos conmueva y lloremos al oírla.</p></p><p>Ya Jorge Luis Borges nos había enseñado que no debe ser así. Escribió letras de milongas a las que Astor Piazzola puso la música. Hay poesías de Rubén Darío que pueden ser cantadas como tangos, o como boleros, pues tienen la medida justa para eso.</p><p><p>En adelante debemos hablar de las poesías de José Alfredo Jiménez y de Alfredo Le Pera, de Homero Expósito y Álvaro Carrillo. Es un largo viaje a través de los milenios, de la cítara a la guitarra. Por primera vez, un rapsoda recibirá el <strong>Premio Nobel</strong> con la guitarra en bandolera.</p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/y_ka2GRVTSV65PXrEHN2HS8Gpfw=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/4M77PKLY4JFLBCTTBEZ45BGP4Y.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El compositor y cantante estadounidense Bob Dylan, de 75 años, obtuvo el premio Nobel de Literatura el pasado 13 de octubre.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Los indios que invadieron Managua</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/indios-invadieron-Managua_0_4347315253.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/indios-invadieron-Managua_0_4347315253.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Wed, 11 Dec 2019 18:11:00 +0000</pubDate><description>El canal por Nicaragua puede parecer un imposible por su magnitud descomedida, y porque Wang Ying, el empresario a quien se entregó la concesión leonina para construirlo, se desvanece como un fantasma junto con su fortuna que se tragó la crisis financiera en China, donde ya desde antes era un millonario de tercera.</description><content:encoded><![CDATA[<p>El canal por Nicaragua puede parecer un imposible por su magnitud descomedida, y porque Wang Ying, el empresario a quien se entregó la concesión leonina para construirlo, se desvanece como un fantasma junto con su fortuna que se tragó la crisis financiera en China, donde ya desde antes era un millonario de tercera.</p><p>Pero para los campesinos cuyas tierras se hallan en los territorios por donde pasaría el canal, la amenaza que se cierne sobre ellos no tiene nada de cuento chino. No se trata de negociar. Lo que exigen es que el canal no se construya.</p><p>Salidos de la entraña de la Nicaragua profunda, han enseñado un vigor inusitado que ningún movimiento político ha podido mostrar.</p><p>Hace poco decidieron llegar hasta Managua desde las lejanas comarcas donde viven, para demandar la derogación de la concesión canalera. Y entonces el gobierno de Daniel Ortega decidió impedirles poner pie en la capital a cualquier costo.</p><p>Todos los instrumentos del poder político del régimen fueron concentrados en una gigantesca operación que empezó desde que los campesinos subieron a los vehículos que los llevarían a Managua, y en ella participaron la Policía Nacional para cerrarles el paso, el Ministerio de Transporte para exigir permisos arbitrarios; las fuerzas de choque del partido de gobierno para amedrentarlos en los cruces de carreteras.</p><p>Les confiscaron autobuses, capturaron a sus líderes, los obligaron a marchar largos trayectos a pie; pero al final, venciendo las barreras policiacas, más nutridas a medida que se acercaban a Managua, las caravanas de camiones de carga donde viajaban lograron entrar a la capital, solo para encontrarse con los cordones de policías antimotines que les cerraban el paso en las calles, con más grupos de choque armados de garrotes y cadenas, y con una contramanifestación montada con empleados públicos, miembros de la Juventud Sandinista uniformados, y estudiantes acarreados de las universidades estatales y los colegios de secundaria.</p><p>Los manifestantes pudieron recorrer varias cuadras, con lo que se dieron por satisfechos. Demostraron que habían podido llegar a la capital, pese a todo, y antes del anochecer iban de regreso hacia las tierras que no están dispuestos a entregar.</p><p>En los videos, los campesinos, arracimados en los camiones de carga, entran a Managua ondeando sus banderas nacionales azul y blanco. Abajo, los contramanifestantes ondean banderas del partido oficial, las banderas rojinegras que un día fueron de la revolución, y sus consignas son contra “los malos hijos de Nicaragua”.</p><p>Dan vivas al canal, vivas a Ortega y a su esposa. “¡No pasarán!”, grita uno. Y otro: “¡Me vale verga lo que digan los indios! ¡El canal va!”.</p><p>La palabra “indios” es la que mejor ha expresado nunca el desprecio en contra de los rotos y descalzos, y la soberbia en contra del inculto, el ignorante; “indios” son estos campesinos que calzan botas de hule, y a quienes este joven activista que grita desde la calle en nombre del sandinismo oficial, repudia.</p><p>Una “india” como la campesina Francisca Ramírez, dirigente de la lucha contra el canal, que dice: “miles pensamos que preferimos morir antes de entregar o vender nuestras tierras, y aunque nos digan que nos van a llevar a una ciudad y que vamos a tener todo, nosotros sentimos como que nos están quitando la vida y más bien nos están mandando a la muerte”.</p><p>Hace 35 años, en los albores de la revolución, miles de jóvenes se fueron a convivir por meses con los “indios” en la Cruzada Nacional de Alfabetización, cuando la juventud que gozaba del privilegio de educarse reconoció que había dos Nicaraguas, y traspasó la frontera para trasladarse a la otra, la de los pobres y analfabetos.</p><p>Quizás los campesinos que por fin lograron llegar a Managua aprendieron a leer y a escribir entonces, y a defender sus derechos, lo que ahora se les niega, aun el derecho de movilizarse, ya no digamos el de vivir en sus tierras. Y pareciera que son ellos quienes deberían alfabetizar ahora a estos otros jóvenes que los repudian con sarcasmo llamándolos “indios”, mientras agitan las banderas que un día fueron las banderas de la revolución.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/cFMdXr5hjwNEsrejpYAHRFsblNE=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/NTEOHSELDBDNHHPO6TPE6TY6QY.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Una mujer y una niña llegan a Waspukta, Nicaragua, desplazados de su comunidad por la violencia impulsada por los conflictos de tierras.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Nicaragua: elecciones en extinción</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Nicaragua-elecciones-extincion_0_4614288568.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Nicaragua-elecciones-extincion_0_4614288568.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez | </dc:creator><pubDate>Wed, 11 Dec 2019 17:17:46 +0000</pubDate><description>Las imponentes estructuras metálicas que se elevan al lado de las avenidas principales y carreteras, con gigantografías de la pareja presidencial, candidatos únicos y privilegiados, y ganadores de antemano, no son ninguna señal porque siempre están allí, todo el año, igual que los frondosos bosques de árboles de la vida, metálicos también, que pueblan nuestros paisajes, árboles de mentira en lugar de árboles de verdad.</description><content:encoded><![CDATA[<p>En Nicaragua, las elecciones generales se celebran hoy domingo 6 de noviembre, y todo discurre como si en verdad no tuviéramos elecciones. Se cierra la campaña electoral, y no ha habido campaña electoral.</p><p>Las imponentes estructuras metálicas que se elevan al lado de las avenidas principales y carreteras, con gigantografías de la pareja presidencial, candidatos únicos y privilegiados, y ganadores de antemano, no son ninguna señal porque siempre están allí, todo el año, igual que los frondosos bosques de árboles de la vida, metálicos también, que pueblan nuestros paisajes, árboles de mentira en lugar de árboles de verdad.</p><p>Se ven algunas mantas, o pasacalles, tendidas en alguna humilde esquina de la capital, con la propaganda de algún otro candidato, pero son más propias de elecciones estudiantiles o de kermeses benéficas.</p><p>Además, ¿quiénes son esos candidatos? En la boleta electoral, el rostro del comandante Ortega está acompañado de otros cinco señores que se han puesto saco y corbata para la foto, pero a los que nadie conoce. Están allí para hacer bulto, para llenar la papeleta. Son personajes de opereta en unas elecciones bufas.</p><p>No ha habido esas ruidosas demostraciones de fuerzas de los partidos que se ven en América Latina en tiempos electorales, ni se vio la radio y la televisión inundadas de spots y anuncios de propaganda electoral. De todos modos, el Estado deberá reembolsar a los partidos de la boleta unos 20 millones de dólares por gastos de una campaña que no han hecho. Un brillante negocio.</p><p><p>He visto uno que otro <em>spot</em> de televisión, tan ingenuos que parecen hechos en casa. Pero hay uno que se lleva las palmas. Es el del candidato a diputado por un partido opositor. Este personaje fue procesado por desfalco y lavado de dinero, delitos cometidos mientras fue funcionario público, y se hizo famoso porque utilizó las donaciones internacionales destinadas a los daños causados por el huracán Mitch, para construirse una mansión en la playa. En el <em>spot</em>, recuerda a los electores: “¡ustedes me conocen, voten por mí!”. El cinismo raya en el absurdo. Vivimos una comedia trágica. No me cabe duda de que lo veremos sentado en su escaño de la <strong>Asamblea Nacional</strong>.</p></p><p>Varios de los desconocidos candidatos a la presidencia de la república que figuran en la papeleta, han puesto a sus esposas a la cabeza de las listas de diputados, o lo han hecho los jefes de los partidos que son parte del magro espectáculo electoral. El ejemplo matrimonial cunde. Todas estas cónyuges saldrán electas también, sin duda alguna. Son beneficiarias de los recuentos ya elaborados de antemano.</p><p>En Nicaragua ya se sabe no solo quién va a ganar, sino cuántos votos sacará el triunfador. La pareja presidencial obtendrá al menos 85% de los sufragios, vaya a votar o no la gente. No hemos llegado aún a la unanimidad, pero es cuestión de tiempo.</p><p>Y aunque la gente no vaya a votar, ya se sabe que el nivel de participación será alto, está escrito también en los resultados ya preparados. No menos del 75% de los electores. No soy adivino, sino lector cuidadoso de las encuestas de opinión que manda a elaborar el partido oficial, para que todo calce luego.</p><p><p>Y como se va a necesitar fotografías con colas de ciudadanos votando, el <strong>Consejo Supremo Electoral</strong> ha dispuesto que en los recintos electorales, en lugar de varias urnas, ahora solo haya una. Es un asunto escenográfico.</p></p><p><p>Nadie puede dar cuenta de las cifras reales, porque no hay fiscalización, ni nacional ni internacional. El propio candidato del partido oficial desterró a los observadores internacionales de estas elecciones en un discurso público, llamándolos sinvergüenzas, la <a href="http://www.prensa.com/tema/oea/" target="_blank">OEA</a>, la <a href="http://www.prensa.com/tema/union_europea/" target="_blank">Unión Europea</a>, el <strong>Centro Carter</strong>, sin que el <strong>Consejo Supremo Electoral</strong> abriera la boca.</p></p><p>Soy uno de los miles de ciudadanos que no tiene por quién votar. Las elecciones pluralistas en Nicaragua parecen en franco proceso de extinción, igual que los bosques, las selvas y las fuentes de agua. Pero no podemos resignarnos a ello. Quedarse sin democracia es quedarse sin país.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/0nKKLCttkZkpX_7ehmjUlool85A=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/RV5XES5OQ5CSBGIWESCCFBNHZQ.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Daniel Ortega es el único candidato con opción de triunfar. Sus adversarios, excluidos por el poder electoral de presentarse a los comicios, arengan a no votar.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Un menú de gusanos, hormigas y alacranes</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/menu-gusanos-hormigas-alacranes_0_4624787523.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/menu-gusanos-hormigas-alacranes_0_4624787523.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez | </dc:creator><pubDate>Tue, 10 Dec 2019 21:55:04 +0000</pubDate><description>Nada llamativo a primera vista, ya que esa clase de establecimientos abundan por supuesto en la ciudad de México, y los hay aun callejeros, por millares. Hasta no ver el menú de platos prehispánicos que ofrece, y del que anoto para ustedes una muestra:</description><content:encoded><![CDATA[<p><p>Hace muy poco estuve en México para presentar mi nuevo libro<strong> A la mesa</strong> con Rubén Darío, que explora la extensa relación del poeta con las artes de la gastronomía, la manera en que se ocupó de la comida en sus crónicas y demás escritos, y su gusto por la buena cocina.</p></p><p><p>Rubén escribió acerca de todo lo que consideraba universal, como lo dijo de la política en el prólogo de Cantos de vida y esperanza, y la cocina lo fue también para él, además de que la reconocía como una de las bellas artes, y como la décima musa: Gasterea, la musa del paladar y del estómago; así había sido proclamada en Francia en el siglo 19, y los literatos famosos se ocupaban de ella, baste recordar el Gran Diccionario de Cocina de <strong>Alejandro Dumas.</strong></p></p><p><p>En la <strong>Feria del Libro del Zócalo</strong>, me acompañó en la mesa de presentación <strong>Alejandro Escalante</strong>, autor de un libro ya clásico, <strong>La Tacopedia</strong>, una verdadera enciclopedia del taco, la manera más emblemática de comer que existe en México. Su libro y el mío han sido publicados por Trilce, que se distingue por hacer de sus ediciones verdaderas obras de arte.</p></p><p><p>Al día siguiente de la presentación Alejandro me invitó a almorzar al restaurante del que es dueño, con otros socios, en la concurrida calle Carrillo Puerto de Coyoacán, y que se llama <strong>La Casa de los Tacos</strong>.</p></p><p>Nada llamativo a primera vista, ya que esa clase de establecimientos abundan por supuesto en la ciudad de México, y los hay aun callejeros, por millares. Hasta no ver el menú de platos prehispánicos que ofrece, y del que anoto para ustedes una muestra:</p><p><p><strong>Chinicuiles:</strong> gusano rojo del maguey, (larva del lepidóptero <em>Hypopta agavis</em>), preparados con cebolla y epazote, y que se sirven acompañados de guacamole y frijoles refritos.</p></p><p><p><strong>Escamoles:</strong> (la larva de la hormiga <em>Liometopum apiculatum</em>), fritos en mantequilla con cebolla, ajo, epazote y cilantro.</p></p><p><p><strong>Cocopaches:</strong> (el hemíptero <em>pachylis gigas</em>) que vive en la planta del mezquite. Una docena, con guacamole y totopos.</p></p><p><p><strong>Chapulines:</strong> (<em>sphenarium pupurascens</em>), o chapulín de la milpa, asados con ajo, cacahuate, y un toque de limón. Se sirve con guacamole y tortillas. También se ofrecen en coctel, con lechuga, pepino y aguacate.</p></p><p><p><strong>Meocuiles:</strong> Gusano blanco del maguey, (larva del lepidóptero <em>acentrocneme hesperiaris</em>). Se preparan con ajo y chile guajillo.</p></p><p><p>Salbute de alacrán, que en el menú se presenta así: “un par de ejemplares del temible <em>Scorpion Buthidae Centuroides</em>, sobre una tortilla frita, con calabacitas, guarnición de frijoles, guacamole y cebollas encurtidas”.</p></p><p><p><em>¿Se atreven?</em> Cualquiera de estas delicias culinarias puede acompañarse del consabido tequila o de pulque curado de piñón.</p></p><p><p>El mismo Alejandro es coautor de un nuevo libro que aparecerá después del mío, <strong>Agridofagia y otros insectos</strong>, en donde se da puntual cuenta de la crianza, recolección, preparación y consumo de todos estos bichos destinados, según los autores, a salvar al mundo.</p></p><p>En la introducción de la obra se explica: “mientras la mitad del planeta se horroriza ante la presencia de un insecto en un plato, la otra no solo lo consume gustosamente, sino que ha sobrevivido durante milenios gracias a la sana costumbre de comerlos”.</p><p>Existe la cocina de la abundancia y la cocina de la escasez. La cocina de tierras fértiles, y la de tierras desérticas: entonces las hormigas y hasta los alacranes van a dar a la boca de los hambrientos, y luego se vuelven exquisiteces de restaurantes como este, donde disfrutamos del variado menú entre una abigarrada concurrencia de comensales domingueros.</p><p>No hay que preocuparse. Los alacranes no se sirven vivos; apenas son recibidos de manos del proveedor, son sometidos a refrigeración, y así perecen, sometidos a la baja temperatura.</p><p>En Francia la costumbre de comer carne de caballo vino de las hambrunas provocadas por las guerras, y de que había abundantes caballos muertos en los combates. También se come la carne de perro en Asia, como se comió en México el perro mudo en tiempos prehispánicos, bocado de emperador en la corte azteca.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/QP8WoiAgCLi20CeizS0lgKu-_lg=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/EBHCTQGEYFEGZBHI7MFXPECQ5U.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El autor de esta columna tuvo entre sus manos un menú compuesto por unas variadas y particulares opciones de tacos.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Archivos]]></media:credit></media:content></item><item><title>Cuando los votos pueden más que las balas</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/votos-pueden-balas_0_4357814206.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/votos-pueden-balas_0_4357814206.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ LA ÚLTIMA PALABRA | </dc:creator><pubDate>Tue, 10 Dec 2019 21:52:22 +0000</pubDate><description>En Myanmar (antes Birmania), el partido oficial, respaldado por el ejército, que hasta hace poco ejerció una brutal dictadura, fue derrotado por la oposición encabezada por la premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, presa por años. Su partido, la Liga Nacional para la Democracia, ya había ganado en ocasiones anteriores pero los militares burlaron su triunfo.</description><content:encoded><![CDATA[<p>En Myanmar (antes Birmania), el partido oficial, respaldado por el ejército, que hasta hace poco ejerció una brutal dictadura, fue derrotado por la oposición encabezada por la premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, presa por años. Su partido, la Liga Nacional para la Democracia, ya había ganado en ocasiones anteriores pero los militares burlaron su triunfo.</p><p>Ahora, los votos fueron contados como se debe, y le dieron a la Liga 387 escaños del parlamento, contra apenas 42 para el oficialismo. Un poeta, Tin Thit, también preso por años, le ganó el escaño al poderoso general, U Wai Lwin, antiguo ministro de Defensa. El poeta triunfante dijo algo que no será novedoso, pero es verdadero: “los votos pueden más que las balas”.</p><p>En América Latina las balas, o sea golpes y dictaduras, van quedando para la historia, como acaba de demostrarse en las elecciones presidenciales de Argentina. La democracia se dilucida en los recintos electorales, y no en los cuarteles. Estuve hace poco en Buenos Aires, y un fraude electoral parecía a todos un asunto de otro planeta.</p><p>Ahora sigue Venezuela, con las elecciones legislativas del 6 de diciembre. En medio de la profunda crisis social y económica, las encuestas auguran la victoria de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), que desplazaría del dominio del poder legislativo al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).</p><p>En medio de graves cargos en contra del sistema, la historia electoral bajo el chavismo resulta impecable. Venezuela es el país de América Latina en el que más elecciones se han dado en los años recientes, a pesar del control oficial sobre el tribunal electoral.</p><p>Los reparos están en cómo el gobierno ha asumido sus derrotas, despojando de sus poderes a los funcionarios electos, gobernadores y alcaldes, mediante maniobras legales o medidas de hecho, o metiéndolos simplemente a la cárcel. Ahora, de ganar la oposición, el presidente Maduro perdería el control del andamiaje legislativo, del que depende buena parte del poder absoluto que ejerce. Solo para empezar, de acuerdo con la Constitución Bolivariana, la Asamblea Nacional puede delegar en él la autoridad de dictar leyes y decretos por períodos prolongados, en una larga lista de materias. En unas nuevas circunstancias en que la oposición controlara los dos tercios de la mayoría parlamentaria, como parece que podría ser, esta transferencia absoluta de poderes al presidente, que deja prácticamente en receso a la Asamblea Nacional, ya no podría darse.</p><p>Un conflicto institucional está a la vista, y acomodar una situación semejante corresponde a los mismos mecanismos de la democracia. Debería imponerse un diálogo de convivencia, para que el país no siga descarrilándose.</p><p>Pero las declaraciones del presidente Maduro no barruntan lo mejor. Aunque ha dejado claro que respetará los resultados electorales, también ha dicho que de perder estas elecciones, “no entregaríamos la revolución y la revolución pasaría a una nueva etapa”; y que gobernaría “con el pueblo…y en unión cívico militar… quien tenga oídos que entienda, el que tenga ojos que vea clara la historia, la revolución no va a ser entregada jamás…”.</p><p>Surgen entonces preguntas inquietantes: ¿Qué significa no entregar la revolución, si la mayoría legítima de los votantes pone a la Asamblea Nacional en manos de las fuerzas opositoras? ¿Una nueva etapa de la revolución significa más radicalización y pérdida de más libertades ciudadanas, más autoritarismo? ¿Qué significa gobernar con el pueblo, si es que el pueblo ya ha votado en contra del partido oficial? Y lo peor de todo, ¿qué significa gobernar en unión cívico militar? ¿Qué pito tocan los generales y los coroneles a la hora en que los votos dilucidan el asunto del poder? Eso me recuerda al poeta birmano Tin Thit cuando dice, con tanta razón, que “los votos pueden más que las balas”.</p><p>El presidente Maduro también ha dicho que si su partido gana las elecciones legislativas, llamará a un diálogo nacional. Es lo que debería hacer también si las pierde. Y lo que debería hacer la oposición si gana. El diálogo es un instrumento de la democracia y de un poder irreductible.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/iWO1CuQzjqHOSxdjO05OMulw678=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/PQOEFU3HCRHV5FDGR6KL53JN24.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Un simpatizante envía un mensaje al nuevo presidente de Argentina, Mauricio Macri. Xinhua]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Agustín Marcarian]]></media:credit></media:content></item><item><title>El viejo monje medieval</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/viejo-monje-medieval_0_4368313155.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/viejo-monje-medieval_0_4368313155.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ LA ÚLTIMA PALABRA | </dc:creator><pubDate>Tue, 10 Dec 2019 17:52:42 +0000</pubDate><description>En la recién pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, me tocó clausurar el Foro de Editores. Y empecé diciendo que siempre me ha apasionado saber cómo se sentirían aquellos monjes que copiaban los libros a mano, cuando uno de tantos días a mediados del siglo 15 oyeron decir que allá afuera los libros empezaban a salir como bollos de los hornos de las panaderías, desde que un fabricante de espejos de Maguncia, perseguido por deudas, imprimía Biblias en una prensa de torniquete de las que servían para exprimir las uvas en los lagares.</description><content:encoded><![CDATA[<p>En la recién pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, me tocó clausurar el Foro de Editores. Y empecé diciendo que siempre me ha apasionado saber cómo se sentirían aquellos monjes que copiaban los libros a mano, cuando uno de tantos días a mediados del siglo 15 oyeron decir que allá afuera los libros empezaban a salir como bollos de los hornos de las panaderías, desde que un fabricante de espejos de Maguncia, perseguido por deudas, imprimía Biblias en una prensa de torniquete de las que servían para exprimir las uvas en los lagares.</p><p>Más que maravillados, imagino que deben haberse sentido aterrados. De las prensas, además de Biblias salían naipes de baraja y estampas de santos y salterios. Todo lo que los pacientes y dedicados monjes hacían antes, iluminando con sus pinceles las letras capitulares. Aquella invención amenazaba con barrerlos. La mejor virtud de los copistas era la paciencia, y la paciencia dejaba de ser útil al conocimiento y pasaba a ser una de las reliquias del pasado. Ahora se imponía la velocidad, que nada tenía que ver con la paciencia, y mucho con la modernidad.</p><p>El conocimiento dejó de ser, como dice H. G. Wells, “un pequeño gotear de espíritu a espíritu, para convertirse en una ola inmensa de la que participarán miles de espíritus y, muy pronto, veintenas y centenas de millares”.</p><p>Una revolución múltiple, para la expansión del saber y para las comunicaciones. Si la Biblia iba a ser leída por muchos, debía dejar la cárcel del latín e imprimirse en los idiomas vulgares. Pero no solo la Biblia. Los libros de caballería pasaron a ser best-sellers. Y El Quijote era leído por los criados en las antesalas de los caballeros.</p><p>Aquella revolución de la palabra impresa multiplicó sus consecuencias por los siglos venideros, y no hubo género de actividad humana que no llegara a afectar. La revolución cibernética, que es aún tan joven, empezó por afectar a la palabra impresa, y no hay tampoco género de actividad humana que no haya llegado a transformar, pero aún con mayor profundidad y dimensión, hasta hacer depender todo de la tecnología digital.</p><p>Oler los libros, pasar la mano por sus lomos. No hay, en cambio, ninguna sensualidad al palpar la fría superficie de la pantalla donde están las letras que escribimos y que leemos.</p><p>No quiero, con mi nostalgia de monje medieval, despertar ninguna sospecha de horror frente al progreso. Agradezco más bien ser su beneficiario. Como nunca, la tecnología está suprimiendo instrumentos mecánicos, aunque preserve por el momento el de la digitación. Ya el cerebro de la computadora, sin embargo, puede transformar nuestra voz en caracteres escritos, y los caracteres escritos en voz, y podrá traspasar a la pantalla nuestros pensamientos.</p><p>Pero hoy en día, y otra vez tampoco me dejo llevar por el terror, es imposible recuperar un texto escrito en un sistema cuyo lenguaje electrónico ha dejado de existir. Los disquetes de mi novela Castigo Divino no pueden ser leídos por ninguna computadora. Puedo leer un libro impreso en el siglo 19, o antes, pero no puedo leer lo que escribí hace 25 años si no es en el papel. Un argumento más para no dejar de creer en los libros de verdad.</p><p>Si es cierto que podremos leer de cualquier forma, mi previsión es que el libro impreso convivirá por largo tiempo con el libro electrónico. No es tan fácil sacar del mercado a los libros reales. La Feria del Libro de Guadalajara es un ejemplo más que palpable.</p><p>Para el monje con que he comenzado, solo quedaban el olvido y la muerte; y cuando la polilla se comiera los pergaminos en los que había trabajado toda su vida, se lo comería también a él. Pero solo tenía una manera de salvarse, y era salir a la calle, buscar los talleres donde se imprimían libros, meterse entre los tipógrafos, enterarse de cómo funcionaban las prensas manuales.</p><p>Es lo que procuro hacer en el mundo digital. Aunque siempre querré entrar en los viejos libros con el asombro de la primera vez.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/rmczoo2PDQMx2oCaGacf4ggJwl4=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/NQBQQQOLWRFMZGUHQDF4IQQDGI.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[‘No hay, en cambio, ninguna sensualidad al palpar la fría superficie de la pantalla donde están las letras que escribimos y que leemos’: Sergio Ramírez.Fotolia]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Distantes, pero cercanos</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Distantes-cercanos_0_4640535936.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Distantes-cercanos_0_4640535936.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Tue, 10 Dec 2019 15:21:08 +0000</pubDate><description>Su caso me parece inusual, y por tanto memorable. Era un reformista de corazón, que aborrecía la sociedad cerril, de intensos tintes rurales de su país, y quería establecer la legalidad que décadas de dictaduras militares habían convertido en una mofa.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Este año la Feria Internacional del Libro de Guadalajara estaba dedicada a América Latina, y por tanto, podemos hablar de una celebración ecuménica de la lengua que a través de los siglos sigue expandiéndose de este lado del Atlántico.</p><p><p>Celebramos a nuestra literatura, y las novelas de lo que podríamos llamar el canon clásico latinoamericano tienen ya una edad respetable. <strong>Doña Bárbara</strong>, que dio a nuestra literatura uno de sus personajes verdaderamente arquetípicos, va ya para los 90 años de haber sido publicada; y su autor, el venezolano <strong>Rómulo Gallegos</strong>, nos recuerda algo ya casi olvidado, el de los escritores que aparejaban la vida literaria con la vida política.</p></p><p>Su caso me parece inusual, y por tanto memorable. Era un reformista de corazón, que aborrecía la sociedad cerril, de intensos tintes rurales de su país, y quería establecer la legalidad que décadas de dictaduras militares habían convertido en una mofa.</p><p><p>Reformar el campo donde reinaba la ley del más fuerte, sustituir el arbitrio por el orden jurídico, es la tesis de Doña Bárbara como novela. <strong>Santos Luzardo</strong>, en nombre de la idea de civilización urbana, quiere someter la naturaleza indómita que aquella mujer encarna.</p></p><p><p><strong>Doña Bárbara</strong> es una novela de tesis, y su propuesta es la misma que Gallegos quiso aplicar cuando fue electo presidente de Venezuela en 1947 por más del 80% de los votos: reformar la sociedad y hacer valer las leyes. Pero fue derrocado apenas nueve meses después de su llegada al palacio de Miraflores por los militares de polainas y charreteras que la magia de la democracia no había hecho desaparecer.</p></p><p><p>Fueron los mismo nueve meses de don<strong> Juan Bosch</strong>, electo presidente de la <a href="http://www.prensa.com/tema/republica_dominicana/" target="_blank">República Dominicana</a> en 1963, también por abrumadora mayoría, tras el fin del generalísimo Trujillo. Don Juan no era novelista, sino escritor de cuentos, uno de los mejores de <a href="http://www.prensa.com/tema/america_latina/" target="_blank">América Latina</a>, pero también olvidó que los generales amamantados por la longeva dictadura trujillista aún seguían allí; para ellos, cualquier reforma democrática no era sino comunismo soviético disfrazado.</p></p><p><p>Cuando se hablaba de escritores comprometidos, quería decir comprometidos en contra de las dictaduras de derecha. Escritores antiimperialistas. Es lo que fue el guatemalteco<strong> Miguel Ángel Asturias</strong>, cuya novela<strong> El señor Presidente</strong> llega el año que viene a su 70 aniversario.</p></p><p><p>Militancia antiimperialista y calidad artística no eran, por supuesto, sinónimos, y la llamada <strong>Trilogía del Banano de Asturias</strong>, (Viento Fuerte, El Papa Verde y los Ojos de los enterrados) es más que todo una diatriba contra la<strong> United Fruit Company</strong>.</p></p><p><p><strong>Cien años de soledad</strong> de <a href="http://www.prensa.com/especiales/gabriel-garcia-marquez/" target="_blank">Gabriel García Márquez</a> alcanza el año que viene el medio siglo de haber sido publicada. En lugar de un solo personaje arquetípico, como doña Bárbara, o como <strong>Pedro Páramo</strong> de <strong>Juan Rulfo</strong>, que ya pasó los 60 años, nos ofrece toda una dinastía que se sale de sus páginas,<strong> José Arcadio Buendía</strong> y su descendencia.</p></p><p><p>Esta saga convierte por primera vez el discurso político y la denuncia social en fábula múltiple, y es a través de ese juego de espejos que podemos contemplar de otra manera la historia de América Latina, guerras fratricidas, atraso rural, explotación y desigualdad. No es solo eso, pero también es eso. Es la última de nuestras novelas bananeras, la <strong>United Fruit Company</strong> detrás de la masacre de trabajadores en la ciénaga, dueña del tren amarillo que transporta en sus vagones los cadáveres para tirarlos al mar como fruta de deshecho.</p></p><p><p>Cuando en 1958 aparece La región más transparente de <strong>Carlos Fuentes</strong>, <strong>Pedro Páramo</strong> ha salido a luz apenas tres años atrás. Son dos novelas casi contemporáneas, pero que abren y cierran dos mundos a mitad del siglo: el mundo rural y el mundo urbano.</p></p><p><p>Después ya tendremos<strong> Rayuela</strong> de<strong> Julio Cortázar</strong> y <strong>La ciudad y los perros</strong> de <a href="http://www.prensa.com/tema/mario_vargas_llosa/" target="_blank">Mario Vargas Llosa</a>, publicadas el mismo año de 1963 y que han pasado también el medio siglo de edad. Una modernidad distante y a la vez cercana. Y esa modernidad se sigue multiplicando en el siglo XXI, cuando podemos hablar ya de una literatura latinoamericana del nuevo milenio.</p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/PYe98MozSmYJfIq6gaarmaUTeFA=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/MHYSBFN3OBB6HFPDOH457RLFCU.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[‘Cien años de soledad’, de Gabriel García Márquez, ‘convierte por primera vez el discurso político y la denuncia social en fábula múltiple’.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Archivo]]></media:credit></media:content></item><item><title>Cisnes de verdad y cisnes de mentira</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Cisnes-verdad-cisnes-mentira_0_4378812099.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Cisnes-verdad-cisnes-mentira_0_4378812099.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Tue, 10 Dec 2019 15:08:01 +0000</pubDate><description>De allí su fascinación por la mitología, cuyos personajes híbridos entran en sus poemas como criaturas apasionadas, contradictoras y feroces. Y más que una envoltura carnal tienen una presencia espiritual, testigos o partícipes de la epifanía. Y los saca del friso de mármol para expresar a través de ellos sus propias incertidumbres existenciales, como en El coloquio de los centauros.</description><content:encoded><![CDATA[<p>De allí su fascinación por la mitología, cuyos personajes híbridos entran en sus poemas como criaturas apasionadas, contradictoras y feroces. Y más que una envoltura carnal tienen una presencia espiritual, testigos o partícipes de la epifanía. Y los saca del friso de mármol para expresar a través de ellos sus propias incertidumbres existenciales, como en El coloquio de los centauros.</p><p>El otro de sus dos mundos es musical, fácil al oído y a la memoria, bendecido por la rima. Como bien dice Stendhal, la memoria necesita de la rima. Y como son poemas que cuentan historias, los aprendimos a recitar en nuestra infancia: La sonatina, Los motivos del lobo. Es una poesía que viste ropas brillantes, igual que el rey de Margarita.</p><p>Esos brillantes ropajes provienen de la literatura francesa del siglo XIX. Una nueva música, atrevida, briosa y resonante, y, por tanto, una nueva estructura verbal. “El modernismo fue una escuela poética, también fue una escuela de baile, un campo de entrenamiento físico, un circo y una mascarada”, señala Octavio Paz.</p><p>Pero el músico ya estaba desde antes en Rubén, dueño de un espléndido oído, hasta que, como los verdaderos músicos, dio con su propia clave. Las novedades del verso simbolista francés, pero también las cadencias de la poesía popular, desde los himnos religiosos de su infancia hasta los endecasílabos de la gaita gallega.</p><p>Un músico de nacimiento, que no en balde cargaba con su piano Pleyel, huésped forzado, con no poca frecuencia, de las casas de empeño, y que terminó vendiendo cuando, nombrado embajador de Nicaragua ante la Corte de Madrid en 1907, no pudo sostener la legación en la calle de Serrano, porque su gobierno le atrasaba los sueldos o no se los pagaba.</p><p>En su novela autobiográfica El oro de Mallorca se disfraza de un compositor latinoamericano, Benjamín Itaspes, “un temperamento erótico atizado por la más exuberante de las imaginaciones, y su sensibilidad mórbida de artista, su pasión musical, que le exacerbaba y le poseía como un divino demonio interior…”.</p><p>Esa poesía fue una puesta en escena cuyas bambalinas y decorados se come de manera implacable la polilla, y lo mismo sus numerosos figurantes: faunos, ninfas, centauros, cisnes y pavorreales, hadas madrinas y princesas encantadas: “Veréis en mis versos princesas, reyes, cosas imperiales, visiones de países lejanos o imposibles: ¡qué queréis!, yo detesto la vida y el tiempo en que me tocó nacer…”.</p><p>Semejante parafernalia identificó al modernismo, decorados, efectos de color, novedades que se acercaban peligrosamente a la cursilería, y aún podemos asomarnos con curiosidad a ese museo de cera. Pero sin aquel ejercicio lúdico nunca habría existido la ruptura que trajo la modernidad que desentumió a la lengua española.</p><p>Algunos de quienes lo acompañaron en aquella aventura colorida perecieron junto con ese modernismo decorativo, porque se atuvieron a las calidades exteriores y no a la esencia verdaderamente moderna que había dentro de la envoltura modernista, donde se hallan los temas que han alimentado siempre a la literatura, nacidos de la exploración sin subterfugios de la condición humana, empezando por el amor y la muerte, esa dualidad tan perturbadora para Rubén: Eros y Thánatos. El primero de sus dos mundos.</p><p>El cisne que conduce la barca de Lohengrin es un cisne de utilería, pero los de Rubén, además de su simbólica majestad erótica, su cuello entre los muslos de Leda, con ese mismo cuello no dejan de abrir interrogantes acerca del sentido de la vida. Y en el poema Los cisnes de Cantos de vida y esperanza, se dejan interrogar por el poeta en tiempos de incertidumbre:</p><p>—¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?</p><p>—¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/UoO9Z8wjWBxOdSdvElBrOJZh3LM=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/6ZIVMSASEJH5FCRBQOEHSW23CI.png"><media:description type="plain"><![CDATA[Cisnes de verdad y cisnes de mentira]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Palabras sobre mi vecino</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Palabras-vecino_0_4645785438.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Palabras-vecino_0_4645785438.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Tue, 10 Dec 2019 13:57:59 +0000</pubDate><description>Ernesto ha sido mi vecino durante casi 40 años, desde el triunfo de la revolución, cuando nos mudamos al mismo barrio y a la misma calle, en Managua. Nos visitamos con frecuencia para intercambiar noticias y libros, y compartimos la pesadumbre sobre la suerte de Nicaragua. Somos dos vecinos que viven escribiendo. Solo que él escribe poesía, y yo escribo ficciones.</description><content:encoded><![CDATA[<p>El pasado mes de noviembre la Biblioteca Benson de la Universidad de Austin, en Texas (Estados Unidos), incorporó el archivo personal del poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, allí donde también se halla ahora el archivo del escritor colombiano Gabriel García Márquez. Lo acompañé en la ceremonia de apertura, y previo a la magnífica lectura que hizo de sus poemas, me tocó decir unas palabras sobre su vida y su obra.</p><p>Ernesto ha sido mi vecino durante casi 40 años, desde el triunfo de la revolución, cuando nos mudamos al mismo barrio y a la misma calle, en Managua. Nos visitamos con frecuencia para intercambiar noticias y libros, y compartimos la pesadumbre sobre la suerte de Nicaragua. Somos dos vecinos que viven escribiendo. Solo que él escribe poesía, y yo escribo ficciones.</p><p>La suya fue un nuevo tipo de poesía, abierta, lejos del modelo tradicional heredado del modernismo; una poesía que estaba muy cerca de la prosa, con una asombrosa habilidad para narrar, un contador de historias utilizando versos.</p><p><p>Su poema <strong>Hora cero</strong>, publicado en México a inicios de los años 1950, ejerció en mí una profunda influencia porque tenía calidad y tensión narrativa; y sus estancias, escritas en un lenguaje desnudo y directo, y a la vez nostálgico y evocador, eran como los capítulos de una novela que ocurría en las distintas capitales de Centroamérica, con los palacios de los dictadores iluminados a medianoche, “como el palacio de Caifás”.</p></p><p><p><strong>Hora Cero</strong> también es una elegía que se centra en la rebelión de 1954 en Nicaragua, cuando un puñado de oficiales retirados de la Guardia Nacional y algunos civiles intentaron asaltar el palacio presidencial.</p></p><p>Muchos de ellos fueron asesinados después de ser torturados, entre ellos Adolfo Báez Bone, quien escupió en la cara a Tachito, el hijo más joven del Somoza viejo, y el último de la dinastía, mientras era torturado por él.</p><p>Báez Bone participó en esa conspiración, junto con Pedro Joaquín Chamorro, el periodista asesinado por órdenes de aquel mismo Tachito, y también participó Ernesto, quien pasó varios días escondido porque lo buscaban para encarcelarlo.</p><p>Su poesía ayudó a crear una atmósfera propicia a la acción política. Y en algún momento, cuando la lucha armada era la única alternativa que le quedaba al pueblo nicaragüense para derrocar a Somoza, sus poemas fueron inspiradores para los jóvenes actores de la revolución.</p><p><p>En este sentido, <strong>Canto Nacional y Apocalipsis en Managua</strong>, son parte de su doble conversión. Su conversión a un nuevo tipo de cristianismo comprometido con los pobres y los oprimidos, como lo enunciaba el Congreso Eucarístico de Medellín de 1968; y su conversión a la revolución.</p></p><p>La revolución no se explica sin la poesía de Ernesto. Hoy aquellos ideales han sido deformados y falsificados por un poder familiar que utiliza la retórica de la revolución, pero contradice los sueños que inspiraron a miles de nicaragüenses. Esos poemas son la memoria de la revolución.</p><p>No es posible contar la historia de la revolución sin la presencia de Ernesto en los campos de batalla celebrando misas de campaña, o en foros internacionales pidiendo apoyo para los jóvenes combatientes que trataban de derrocar a la dictadura, entre ellos sus hijos espirituales, los que lo acompañaron en la construcción de la comunidad campesina de Solentiname en el archipiélago del gran lago de Nicaragua. Algunos de ellos fueron muertos en combate, otros fueron asesinados en las cámaras de tortura.</p><p>Después del triunfo de la revolución asumió un papel clave como ministro de Cultura, un puesto que no quería porque rechazaba la idea de ser un burócrata. Y allí hizo un extraordinario trabajo, creando instituciones culturales en un país donde nunca había existido ninguna. La libertad era la regla. Nunca hubo ningún tipo de “realismo sandinista”.</p><p>La poesía de Ernesto es el resultado de un don y un oficio extraordinarios. Es nuestro poeta del siglo XX en Nicaragua, y es uno de los poetas trascendentales de nuestra lengua. Pero su trabajo no existiría sin esa motivación superior que es el amor.</p><p>Su vida ha sido una vida de amor, y así ha sido su poesía.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/TuFmf3lbBMC8mbD2ivllL1MJPVY=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/IEMVLZYI3VBL3OBH5WVMFRCH74.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Ernesto Cardenal (Granada, Nicaragua, 1925) es un poeta, teólogo y escultor nicaragüense.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Archivo]]></media:credit></media:content></item><item><title>Paraíso de  infinitas puertas   y ventanas </title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/paraiso-de-infinitas-puertas-y-ventanas/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/paraiso-de-infinitas-puertas-y-ventanas/</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sun, 08 Dec 2019 05:00:00 +0000</pubDate><description>Tengo un amigo en Mallorca que sostiene una relación clandestina con los libros.Su mujer, irritada de verlo aparecer cada día con nuevas adquisiciones, le prohibió llevar uno más a casa. Los incómodos huéspedes habían desbordado los estantes y se habían  instalado en el comedor, en los pasillos y la cocina, para no hablar del dormitorio y el  retrete, y estorbaban cada movimiento.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Tengo un amigo en Mallorca que sostiene una relación clandestina con los libros. Su mujer, irritada de verlo aparecer cada día con nuevas adquisiciones, le prohibió llevar uno más a casa. Los incómodos huéspedes habían desbordado los estantes y se habían instalado en el comedor, en los pasillos y la cocina, para no hablar del dormitorio y el retrete, y estorbaban cada movimiento.</p><p>Entonces, lo que hizo fue alquilar de manera clandestina una buhardilla en el mismo edificio, armar allí unos estantes, y cuidando el ruido de sus pasos, pues para subir al escondite debía pasar frente a la puerta de su propio apartamento, tras de la cual acechaba la celosa mujer, empezó a subir con las bolsas de nuevos libros por la estrecha escalera, para meter con todo sigilo la llave en la cerradura y entrar al escondite. Era como si ahora tuviera una amante. Y estará ahora buscando un nuevo escondite, para ejercer su poligamia con los libros.</p><p>Y tengo otro amigo en Buenos Aires, cuyos libros, de igual manera, ya no cabían en su apartamento, pero, en cambio, aquella no era una relación clandestina, sino compartida con su mujer. Así que empezaron a discutir lo que podían hacer frente a aquella presencia cada vez más creciente. ¿Más estantes? Ya no había espacio para más estantes. ¿Donar una parte? Tal vez, pero cuando se pusieron a hacer una selección, los libros terminaron por volver a sus sitios de siempre, viejos conocidos a los que no podía negarse asilo.</p><p>Entonces se les ocurrió que no había mejor remedio que dejar el apartamento a disposición de los libros, y buscarse ellos otro sitio donde vivir. Ahora los visitan todos los días, ven cómo están, los acomodan un poco, les sacuden el polvo, y luego se sientan a leer. Cumplida la visita, se despiden, apagan la luz, y hasta mañana.</p><p>Cuando los libros ya no caben en los pasillos, ni en la cocina, y llegan a los baños, no hay más que rendirse. Si desbordan la casa, desbordan la vida. Imponen su abundancia, y con su abundancia, su tiranía. Si intentaras deshacerte de ellos, más bien te cerrarían el paso y no te dejarían trasponer la puerta.</p><p>Y un libro, a su vez, es como una casa de múltiples habitaciones, puertas, escaleras, pasillos, sótanos, galerías, ventanas. En ese piso al que ahora ascendemos vamos a descubrir cosas que no habíamos visto en el piso anterior. Las habitaciones están amobladas de manera distinta, las ventanas dan a paisajes que no sospechábamos.</p><p>La lectura es un asunto de libertad de escogencia. “Si el relato no los lleva al deseo de saber qué ocurrió después, el autor no ha escrito para ustedes”, dice el doctor Johnson.“Déjenlo de lado, que la literatura es bastante rica para ofrecerles algún autor digno de su atención, o indigno hoy de su atención y que leerán mañana”.</p><p>Un libro se convierte en un clásico cuando tiene siempre algo nuevo que enseñarnos, dice Ítalo Calvino. Tiene la virtud de abrirse a nosotros de una manera novedosa cada vez que lo buscamos, aunque viva en nuestra cabeza, y al mismo tiempo en los estantes de la biblioteca. Un amigo verdadero, recordemos, es aquel capaz de confiarnos sus secretos, sus intimidades. Y es lo que ocurre con los libros, que se abren sin condiciones para nosotros.</p><p>Un libro que pretende ser pedagógico, y que entre las descripciones de la acción va intercalando lecciones morales o filosóficas, o prevenciones, o advertencias, o máximas, es un libro muerto de antemano porque le va metiendo palos a la rueda de la vida que en las páginas de una novela debe girar sin tropiezos.</p><p>Me hago estas reflexiones en ocasión de que el Instituto Cervantes de Hamburgo es bautizado con mi nombre, lo que significa darme una biblioteca por casa. Borges dijo una vez que siempre imaginó el paraíso como una biblioteca.</p><p>Ahora yo viviré aquí entre libros, en este paraíso de infinitas puertas y ventanas.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/ckdwpVzCOz0Ar5N_O5HsvxP1qO8=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/AKBOQMBDXJAJXJ6IQLFV3CKPXU.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Paraíso de  infinitas puertas   y ventanas ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[]]></media:credit></media:content></item><item><title>El final está cerca</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/final-cerca_0_4473302647.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/final-cerca_0_4473302647.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ PROSA PROFANA | </dc:creator><pubDate>Fri, 06 Dec 2019 22:14:19 +0000</pubDate><description>La catástrofe ecológica que vive Nicaragua da la idea de que estamos hablando de un país del pasado. Cauces secos de ríos de los que se alzan nubes de polvo, y son más de 30 los que se han secado; el emblemático río San Juan, que ahora puede atravesarse a pie en ciertos trechos; el Gran Lago de Nicaragua que se agosta, humedales que ahora son inhóspitos suelos cuarteados.</description><content:encoded><![CDATA[<p>La catástrofe ecológica que vive Nicaragua da la idea de que estamos hablando de un país del pasado. Cauces secos de ríos de los que se alzan nubes de polvo, y son más de 30 los que se han secado; el emblemático río San Juan, que ahora puede atravesarse a pie en ciertos trechos; el Gran Lago de Nicaragua que se agosta, humedales que ahora son inhóspitos suelos cuarteados.</p><p>Los tuertos dicen que la sequía es cíclica, que apenas termine el fenómeno adverso de El Niño todo volverá a la normalidad y tendremos de nuevo agua de sobra, ríos caudalosos y pozos rebosantes de agua; y, como consuelo final, que este es una anomalía meteorológica que afecta no solo a Nicaragua, sino que trastorna al mundo entero.</p><p>Pero el ojo tuerto que contempla así la calamidad, necesitaría del otro para ver cómo la reserva de Bosawás, declarada Reserva Mundial de la Biósfera por la Unesco, está siendo exterminada. Junto con la de río Plátano de Honduras, al otro lado de la frontera, comparte un territorio originalmente de 50 mil kilómetros cuadrados, segundo en extensión en el continente americano después de la selva amazónica.</p><p>Bosawás, según el ambientalista Camilo de Castro, desde el año 1987 ha perdido 580 mil hectáreas, de las que 280 mil han sido depredadas en los últimos 10 años, consecuencias de las constantes invasiones de colonos que destruyen la selva para plantar granos básicos, o convertir el terreno en pastos para ganado.</p><p>Extraer las maderas preciosas de Bosawás, caoba, cedro, es el brillante negocio de mafias invisibles, así como también lo es vender por adelantado las tierras selváticas a los colonos, extendiéndoles títulos de propiedad falsos.</p><p>Los suelos, que no son para agricultura, se agotan pronto, y entonces sigue la penetración para arrasar más bosque. Lo mismo sucede con la otra gran reserva de 3 mil kilómetros cuadrados, la de río Indio-río Maíz, al sur del país, y vecina al río San Juan, ese por el que iban a transitar los barcos de uno a otro océano, y que ahora puede atravesarse a pie.</p><p>Las comunidades indígenas son habitantes de esas selvas agredidas.</p><p>En su cultura ancestral ven a la naturaleza como una verdadera madre. Para ellos el bosque no puede tener dueños particulares.</p><p>Este choque cultural entre mestizos del Pacífico y etnias del Caribe, misquitos, mayagnas, creoles, ramas, ha devenido en agresiones armadas con muertos, desaparecidos y secuestrados, y quema y destrucción de poblados. Hay una llama encendida allí, que puede llegar a desatar una conflagración.</p><p>El país está siendo destruido por la irresponsabilidad, y por el apetito del enriquecimiento ilícito. Bastan los mapas satelitales para saberlo; del verde hemos pasado al marrón. Eso no lo ven los tuertos.</p><p>Pero también hay tuertos de los dos ojos. El empresario chino Wang Ying sigue empecinado en la construcción del canal interoceánico, y su demiurgo Bill Wild, que dirige por telepatía todas las operaciones desde Hong Kong, afirma con cara impasible: “Estamos revisando aún más el balance de agua de nuestro canal… estamos más convencidos de que el canal sí va a tener suficiente agua para su operación”.</p><p>Y agrega, con cómica sabiduría: “En este proceso se están generando aún más diseños y optimizaciones nuevas, que nos ayudan a reducir aún más la necesidad de agua”.</p><p>El canal pretende atravesar el Gran Lago de Nicaragua, donde el agua se ha retirado de sus costas a tal punto que las embarcaciones tienen dificultades para atracar.</p><p>Nadie quita que pronto haya trechos que, igual que en el río San Juan, se podrán atravesar a pie. Quizás entonces lo que convenga a Wang Ying sea construir una carretera interoceánica, y no un canal.</p><p>Un campesino explicaba con perfección didáctica en la televisión, delante de su maizal desolado, lo que la mortandad de árboles tenía que ver con la falta de lluvia. “Eso me lleva a pensar”, me decía un amigo, “que dentro de 30 años también otro campesino como este hablará con la misma convicción de lo que la desigualdad económica y la falta de oportunidades tienen que ver con su pobreza”.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/E2yUmij_eGODZaK3I-_Mp1MZERo=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/IN2QAZQJORGWPKBD5IDQ7T4ZWY.png"><media:description type="plain"><![CDATA[De acuerdo al autor de esta columna, Nicaragua es destruido por la irresponsabilidad, y el enriquecimiento ilícito.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>El supremo cronista del poder</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/supremo-cronista-poder_0_4782271756.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/supremo-cronista-poder_0_4782271756.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Fri, 06 Dec 2019 17:29:32 +0000</pubDate><description>Pasó su infancia en Iturbe, un poblado del Alto Paraná, donde se habla por igual el guaraní y el castellano, lo que le dio esa lengua escindida, o doble, que habría de marcar su escritura no solo en la tesitura verbal, sino también en su carga de tradición oral.</description><content:encoded><![CDATA[<p>La vida del escritor paraguayo Augusto Roa Bastos (1917-2005), cuyo centenario de nacimiento celebramos este año, parece asunto de sus propias invenciones.</p><p>Pasó su infancia en Iturbe, un poblado del Alto Paraná, donde se habla por igual el guaraní y el castellano, lo que le dio esa lengua escindida, o doble, que habría de marcar su escritura no solo en la tesitura verbal, sino también en su carga de tradición oral.</p><p>Su padre, Lucio Roa, llegó hasta allí a talar árboles para abrir aquellas tierras al cultivo de la caña de azúcar.</p><p>Con sus manos construyó los pupitres donde Augusto y su hermana mayor, Rosa, se sentaban a recibir las lecciones que él mismo les impartía, una hora diaria después de la siesta de la tarde, porque nunca asistieron a la escuela pública.</p><p>Cuando se casó con Lucía Bastos se acercaba ya al medio siglo de vida, 20 años mayor que la esposa, con la que estuvo unido por otro medio siglo.</p><p>Ella fue cómplice de Augusto para que aprendiera la lengua guaraní, prohibida por el padre, y lo introdujo en el mundo oral de las leyendas indígenas. Es cuando aprendió que los árboles guardan dentro de su corteza a seres silenciosos que se lamentan con quejidos lastimeros si son talados.</p><p><p><strong>UN PAR DE MEDIAS</strong></p></p><p>Luego lo enviaron a Asunción para que siguiera sus estudios en el Colegio de San José, al cuidado de un tío suyo, el obispo Hermenegildo Roa. Fue cuando estrenó sus primeros zapatos.</p><p>Vivir al lado de un pariente poderoso puede sonar a grato privilegio, pero según le contó al escritor argentino Tomás Eloy Martínez (1934-2010), “tenía un solo par de medias y vivía muerto de hambre”, el más pobre entre todos los alumnos hacinados en un dormitorio comunal.</p><p>El padre había encargado su custodia para el viaje a una conocida suya, que llevaba consigo un niño de pecho.</p><p>Debían trasbordar de un tren a otro, con lo que debieron amanecer en la estación intermedia, donde había un inmenso cráter provocado por un estallido de explosivos durante una de las tantas revueltas militares. Y cuando en la oscuridad la mujer dio de mamar a la criatura, él se prendió al otro pecho, la primera vez, dice, “que tuvo una sensación erótica”.</p><p><p>Esta escena pasó a las páginas de su novela <strong>Hijo de hombre</strong>, publicada en 1960, donde se relata la guerra del Chaco, que estalló en 1932, enfrentando a Paraguay y Bolivia por la posesión de unos campos petroleros que nunca existieron.</p></p><p>Atizando el conflicto estaban detrás la Standard Oil y la Royal Dutch-Shell.</p><p><p><strong>HUIDAS</strong></p></p><p>En 1947 huyó del Paraguay cuando el gobierno del general Higinio Morínigo Martínez (1897 – 1983) ordenó su captura, vivo o muerto, acusado de conspirador comunista.</p><p><p>Lo buscaron en las oficinas del diario <strong>El País</strong>, donde trabajaba como redactor, y tras escaparse por la azotea pasó varios días escondido dentro de un depósito de agua vacío, hasta que pudo salir al destierro hacia Buenos Aires (Argentina).</p></p><p>Escribió los cuentos de su libro El trueno entre las hojas, publicado en 1953, mientras servía como camarero en un hotel de parejas clandestinas.</p><p>“El trabajo que hago no es exigente y me quedan muchas horas libres”, le dice en una carta a Tomás Eloy; “llevo bebidas a los cuartos y las parejas me dan propinas generosas. Cuando se van, recojo las sábanas y las toallas y las llevo a la lavandería…”.</p><p>Fue también empleado de una editorial de partituras musicales, guionista de cine y vendedor de seguros.</p><p>Su exilio duró cerca de medio siglo. Ahora Paraguay vivía bajo el reinado del general Alfredo Stroesnner (1912 - 2006), llegado al poder en 1954.</p><p>Cuando en 1982 se atrevió a regresar, el dictador lo expulsó del país acusado de tener “ideas bolcheviques”, iguales razones por las que décadas atrás lo había había perseguido el general Morínigo.</p><p><p><strong>LA GRAN OBRA</strong></p></p><p><p>Su gran novela, y una de las grandes de la lengua, es, sin duda, <strong>Yo el Supremo</strong>, de 1974, que retrata al doctor José Gaspar Rodríguez de Francia, el Karaí Guazú, supremo dictador perpetuo de la República, llegado al poder al darse la independencia de España en 1811.</p></p><p>Devoto de la ilustración, convirtió al Paraguay en un sepulcro cerrado, sin mendigos ni ladrones ni asesinos, pero también sin enemigos, hacinados en los calabozos, o en los cementerios.</p><p>Yendo hacia el pasado, traza un relato contemporáneo de Stroesnner, derrocado por fin en 1989.</p><p>El doctor Francia de Roa Bastos pugna siempre por salir del sepulcro. Es el astro central y absorbente de un sistema solar regido por la obediencia total. No nos hemos librado de su fantasma empecinado.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/TbDNtJoj8hSWqGkLB0cznLFV8bE=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/M3VU36C2E5EH3CJMGEU33ZGOGM.png"><media:description type="plain"><![CDATA[El escritor Augusto Roa Bastos. LA PRENSA\Archivo]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>El país de la perfecta coreografía</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/pais-perfecta-coreografia_0_4792770717.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/pais-perfecta-coreografia_0_4792770717.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Thu, 05 Dec 2019 21:29:35 +0000</pubDate><description>Corea del Norte es el país de la perfecta coreografía. El único del mundo donde todos los ciudadanos, sin excepción, interpretan un papel en el tablado, cada quien actuando en una gran puesta escénica.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Corea del Norte es el país de la perfecta coreografía. El único del mundo donde todos los ciudadanos, sin excepción, interpretan un papel en el tablado, cada quien actuando en una gran puesta escénica.</p><p><p>Representan el triste papel de vivir felices, y esa felicidad absoluta llega hasta las lágrimas cuando se evoca a la santísima trinidad compuesta por <strong>Kim Il- sung</strong>, su hijo<strong> Kim Yong-il</strong>, y el nieto actualmente reinante, <a href="http://www.prensa.com/tema/kim_jong-un/" target="_blank">Kim Yong-un</a>, elevados a la categoría de deidades celestiales.</p></p><p>Un país de dos pisos. Arriba, el escenario donde la dinastía guiada por los tres astros está destinada a prolongarse sin fin; y debajo del tinglado el mundo subterráneo de las hambrunas que matan a centenares de miles, las cárceles secretas, los campos de concentración, los resortes del miedo que obligan a poner las caras sonrientes; todo un engranaje preciso e inflexible que asegura el sometimiento y el silencio. Y allí, bajo el escenario, están también los rehenes, esperando su turno de entrar en escena.</p><p><p><strong>DERRUMBE</strong></p></p><p><p>De este mundo subterráneo salió en estado de coma, para ser repatriado “por razones humanitarias”, el estudiante de la Universidad de Virginia <strong>Otto Frederick Warmbier</strong>, quien fue condenado a 15 años de trabajos forzados por tratar de “derrumbar los cimientos de la unidad” del reino.</p></p><p>¿Y cómo se proponía este muchacho de 22 años derrumbar esos cimientos?</p><p>En febrero de 2016 las cámaras de circuito cerrado del hotel donde se alojaba en Pionyang, lo filmaron mientras arrancaba de la pared un cartel de propaganda política del régimen, para meterlo en su maleta y llevárselo como souvenir, pues partía al día siguiente.</p><p>Durante el juicio el muchacho “confesó” que el hurto lo había cometido siguiendo instrucciones de la Iglesia Metodista Unida de Ohio, con el fin de “dañar la motivación y el trabajo del pueblo norcoreano”, con el apoyo, por supuesto, de la CIA.</p><p>Si era descubierto, declaró, la Iglesia Metodista entregaría a sus padres la suma de 200 mil dólares como compensación, pues “sufrían graves dificultades económicas”.</p><p>Los padres, dicho sea de paso, pertenecen a la religión judía, no a la metodista cristiana, como el propio Otto fue también creyente judío.</p><p>Que el reo no tuviera acceso a defensa legal, pareció irrelevante a quienes montaron el espectáculo televisado. Y frente a sus jueces disfrazados de togas, Otto se convirtió en parte de la farsa colectiva, obligado a mentir, a lo mejor bajo la falsa promesa de que, mostrando arrepentimiento, sería puesto en libertad.</p><p>Pero debajo del tablado, tras la condena, lo que le esperaba era el papel de rehén hasta que se presentara la oportunidad de negociarlo a cambio de alguna concesión.</p><p>Esa oportunidad nunca llegó, debido al incremento de las tensiones entre Corea del Norte y Estados Unidos, y sus aliados de la región, ante la insistencia de Kim Yong-un en probar sus cohetes nucleares de largo alcance.</p><p>Que Otto era tratado como rehén, el comunicado oficial emitido tras su muerte, no lo oculta cuando dice: “Warmbier es una víctima de la política de paciencia estratégica de Obama, que se obcecó en la mayor hostilidad y negación contra la República Democrática Popular de Corea y rechazó mantener un diálogo con ella”.</p><p><p>La luz radiante sigue alumbrando en el escenario los rostros de todo un pueblo que desborda de felicidad, según el guion, y daría gustoso la vida por Kim Yong-un, aficionado a algunos vicios occidentales como las discotecas, las actrices, los autos de carrera, la música hip-hop, el fútbol y el básquetbol, y quien mandó a asesinar en Malasia a su hermano mayor,<strong> Kim Jong-nam</strong>, pues mantenerlo en el exilio no le fue suficiente.</p></p><p>Todo un prodigio Kim Yong-un, de acuerdo a las biografías oficiales de lectura obligatoria en las escuelas y universidades: “desde muy niño estuvo dotado de una inteligencia asombrosa, un agudo poder de observación, una gran capacidad de análisis y una perspicacia extraordinaria, valiente y ambicioso, de pensamiento creativo, miraba cada problema con un ojo innovador pese a su tierna edad”.</p><p>Mientras tanto, las tinieblas reinan, como siempre, en los subterráneos debajo del escenario.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/283hPfiaAmnYpvLto__iRMJOv8w=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/DWP4P6QLEVBWDMQZBAITJNQKSI.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[En abril de 2017, el norcoreano Kim Yong-un (derecha) llega a Piongyang junto al vicepresidente de la Comisión de Asuntos Estatales, Choe Yong-Hae (izquierda).]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Esperpentos en perpetuo retorno</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Esperpentos-perpetuo-retorno_0_4803269656.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Esperpentos-perpetuo-retorno_0_4803269656.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Thu, 05 Dec 2019 19:27:02 +0000</pubDate><description>En América Latina, al inventar, contamos la historia, que a su vez tiene la textura de un invento, porque es desaforada, llena de hechos insólitos y de portentos oscuros. Los hechos nos desafían a relatarlos, se saben novela, y buscan que los convirtamos en novela.</description><content:encoded><![CDATA[<p>En América Latina, al inventar, contamos la historia, que a su vez tiene la textura de un invento, porque es desaforada, llena de hechos insólitos y de portentos oscuros. Los hechos nos desafían a relatarlos, se saben novela, y buscan que los convirtamos en novela.</p><p><p>En <strong>Democracias y tiranías en el Caribe</strong>, un libro de reportajes escrito en los años 1940 del siglo pasado por el corresponsal de la revista<strong> Time</strong> William Krehm, desfilan los dictadores de las <em>banana republics</em> de Centroamérica en la época de la política del buen vecino de Roosevelt. Parece más bien una novela, o incita a verlo como novela.</p></p><p><p>Ese término de <em>banana republic</em>, que se convirtió en una marca de ropa, fue creado por O’Henry, uno de mis cuentistas preferidos, en su novela<strong> Coles y Reyes</strong>, de 1904, escrita en el puerto de Trujillo, en Honduras, donde se había refugiado tras huir de Nueva Orleans, acusado de desfalcar un banco.</p></p><p><p><strong>BESTIARIO</strong></p></p><p>Las repúblicas bananeras dieron paso a todo un bestiario político. El general Ubico, de Guatemala, que se creía el vivo retrato de Napoleón y se peinaba como él. El general Hernández Martínez, de El Salvador, teósofo que ordenó la masacre de miles de indígenas en Izalco; el general Carías, de Honduras, que tenía en la Penitenciaría Nacional una silla eléctrica de voltaje moderado capaz de chamuscar a los presos, sin matarlos; y el general Somoza, de Nicaragua, con su zoológico particular en los jardines del Palacio Presidencial, donde los presos políticos convivían rejas de por medio con las fieras.</p><p><p>No había manera de que los novelistas no se vieran enfrentados al dictador, una tradición que se iniciaría en 1927 don Ramón del Valle Inclán con <strong>Tirano Banderas</strong>, parte de lo que él llamaría su “ciclo esperpéntico”, y donde cuenta la caída de Santos Bandera, tirano de Santa Fe de Tierra.</p></p><p><p>Pero quizás el inicio de este ciclo esté en <strong>Nostromo</strong>, la novela de Joseph Conrad de 1904, donde retrata a Costaguana, sometida a la férula del dictador Ribiera, tras cuyo derrocamiento empieza una guerra civil en la que mete la mano el Gobierno de Estados Unidos, no debido al banano, sino a las minas de plata.</p></p><p>Conrad, que viajó por el mundo alistado en la marina mercante, aparentemente jamás puso pie en América Latina, pero supo penetrar agudamente su vida política, divisando apenas el relieve de sus costas, y leyendo, por supuesto, a sus historiadores.</p><p><p>En <strong>¡Ecce Pericles!,</strong> de Rafael Arévalo Martínez, una crónica sobre el siniestro dictador guatemalteco Manuel Estrada Cabrera, lo que hay de verdad es una novela preñada de imágenes. Y las imágenes resultan vitales en la novela, porque son las que habrán de recordarse siempre.</p></p><p>Cuando la residencia presidencial es bombardeada en el alzamiento que derrumba al tirano, entre el humo y la destrucción permanece José Santos Chocano. Un mecanógrafo teclea, apresurado, un decreto de concesión de minas que el dictador deberá firmar a favor del poeta peruano antes de que sea demasiado tarde, y que él planea negociar con compañías norteamericanas.</p><p><p>Tampoco <strong>Más allá del golfo de México</strong>, de Aldous Huxley, es una novela, sino un libro de crónicas de viaje. Pero, otra vez, salta de por medio el poder de las imágenes.</p></p><p>Desde el tren en marcha, Huxley ve “junto a un grupo de chozas especialmente tétricas un gran templo griego construido de cemento y calamina… templos de Minerva los llaman… fueron construidos por mandato dictatorial y son la contribución a la cultura nacional del difunto presidente Estrada Cabrera…”.</p><p><p>Pero donde la dictadura de Estrada Cabrera se condensa con maestría es en <strong>El señor presidente</strong>, de Miguel Ángel Asturias, quien recibió hace 50 años el Premio Nobel de Literatura, una novela que retrata el miedo y la degradación, la represión y el servilismo.</p></p><p>La historia de América Latina es como una marea, con flujos y reflujos. El siglo XXI nos ha traído nuevos regímenes dictatoriales que tienen por divisa el populismo, el peor de los cinismos políticos. Por tanto, debemos esperar un nuevo ciclo de novelas de dictadores, los mismos esperpentos de Valle Inclán, solo que bajo un nuevo maquillaje.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/g6uTTVAfqoz6iYXb0LkweuzSYmM=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/SI2UH3KFBZGT3APQYUEDZUZVDA.png"><media:description type="plain"><![CDATA[América Latina ha tenido más de un dictador, y en más de una ocasión, la literatura se ha encargado de retratar sus ascensos y caídas. La Prensa\Archivo]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Sobre un mago de feria</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/mago-feria_0_4813768622.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/mago-feria_0_4813768622.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Thu, 05 Dec 2019 16:09:16 +0000</pubDate><description>Hoy, hay preguntas que no dejan de flotar en el aire: ¿su mundo imaginativo, y verbal está aún vigente? ¿El lenguaje que buscó inventar, sobrevive?</description><content:encoded><![CDATA[<p>Hace medio siglo, en 1967, Miguel Ángel Asturias recibió el premio Nobel de Literatura, cinco años antes que su íntimo amigo Pablo Neruda.</p><p>Hoy, hay preguntas que no dejan de flotar en el aire: ¿su mundo imaginativo, y verbal está aún vigente? ¿El lenguaje que buscó inventar, sobrevive?</p><p><p>Lo he releído, y de nuevo me sentí seducido por ese mundo asfixiante y cerrado de <strong>El señor Presidente</strong>, por la pirotecnia verbal de <strong>Hombres de Maíz</strong>, y la gracia picaresca de <strong>Mulata de tal.</strong></p></p><p>Su afán de crear un universo verbal distinto del verdadero, aparece como una herencia del surrealismo que conoció durante su primera temporada en Francia en la década de 1920, cuando también fue a encontrarse en La Sorbona con los secretos del mundo maya que, paradójicamente, había dejado atrás en Guatemala.</p><p><p>A partir de <strong>Leyendas de Guatemala</strong>, celebrada por Paul Valéry, la visión europea del Caribe, y sobre todo la francesa, sería definida por ese pequeño primer libro, un reinado que habría de durar hasta la aparición de<strong> Cien años de soledad</strong>, del colombiano<a href="http://www.prensa.com/especiales/gabriel-garcia-marquez/" target="_blank"> Gabriel García Márquez.</a></p></p><p><p>Mano a mano con Alejo Carpentier hizo surgir en aquellos años de París esa aura que se llamó primero real maravilloso, y luego realismo mágico, y que está muy lejos de su ciclo antiimperialista de la trilogía del banano:<strong> El papa verde, Los ojos de los enterrados, </strong>y<strong> Viento Fuerte.</strong></p></p><p>No es allí, en la denuncia política, donde se encuentra su fortaleza narrativa, sino cuando sus personajes ganan complejidad y su escritura entra tanto debajo de la piel de los mestizos como de los indígenas.</p><p><p><strong>CAUDILLO</strong></p></p><p><p><strong>El señor presidente</strong> es una novela sobre el poder absoluto del caudillo, el peor de los reflejos de nuestra realidad rural. Pero<strong> Hombres de Maíz</strong> no refleja esa realidad rural, sino que lo encarna. Es su esencia y a la vez su escenario. Un mundo rural que no es exclusivamente indígena.</p></p><p>Su visión literaria es la del ladino, lo que le permite explorar, recrear y reconstruir el mundo indígena desde el lenguaje. O reinventarlo. Quien entra a narrar ese territorio no puede excluir ni a los unos ni a los otros sin cometer una mutilación.</p><p>El mundo rural de Asturias es un mundo derrotado, pero vivo, con todos sus rasgos del pasado que van acumulándose hasta dejarle encima una costra de lodo, una capa de polvo, sobre las que luego se impregnará la sangre que aún hoy no se seca.</p><p>Este es el territorio cultural donde se encuentran los textos sagrados maya quichés, las lenguas indígenas en sus infinitas variantes, la lengua colonial de los cronistas, las tradiciones verbales, los cuentos de camino, los romances memorizados, el bullicio sonoro de las plazas y los mercados, junto a la vasta realidad de desamparo, atraso y miseria, segregación y opresión, y luego rebeliones, aldeas exterminadas, cementerios clandestinos.</p><p>Un escritor que busca entrar en este mundo para vivir en él, es por fuerza un mago callejero que bajo el sol crudo de la plaza en feria va sacando sorpresas del sombrero, una tras otra, sin amago ni pausas.</p><p><p><strong>SU MUNDO</strong></p></p><p>Asturias nos enseña que hay que contar la historia, aunque sea en sus crudezas, como los cuentos que se oyen de boca de los peones a la luz de la lumbre en las haciendas, o en las tardes de ocio en las barberías de los pueblos centroamericanos, en boca de los léperos irreverentes que recogen una historia inventada y la vuelven a inventar.</p><p><p><strong>Mulata de Tal</strong> hunde sus raíces dichosas en la picaresca del siglo de oro. ¿Qué otra cosa puede decirse de una novela que empieza con la entrada de Celestino Yumí a la iglesia de San Martín Chile Verde con la bragueta abierta, en plena misa mayor cantada por tres curas gordos, porque así se lo ha ordenado el diablo Tazol, con quien anda en pactos?</p></p><p>Y ese es el mejor embrujo y la mejor magia, la de los demonios burladores, brujos concupiscentes, compadres envidiosos, mulatas encandiladas, curas malandrines y sacristanes redomados, urdida en palabras que chisporrotean sollamando los cielos tal si el mundo fuera a acabarse en encantamientos.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/IdNLddjwfvLSBS4KeIkL9ZxooL0=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/7XEYCPTVORBBJLOJX3F3OH4BAI.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Una estatua del premio Nobel de Literatura, Miguel Ángel Asturias, ubicada en la ciudad de Guatemala.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Una corrupción de mayores</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/corrupcion-mayores_0_4824267571.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/corrupcion-mayores_0_4824267571.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Wed, 04 Dec 2019 23:01:45 +0000</pubDate><description>Llegó a la presidencia bajo el aura equívoca de que siendo tan rico no necesitaba más, un argumento al que los electores se mostraron sensibles.</description><content:encoded><![CDATA[<p><p>Guardo la imagen del presidente panameño <a href="http://www.prensa.com/ricardo-martinelli/" target="_blank">Ricardo Martinelli</a> en la ceremonia de inauguración del <strong>Congreso Internacional de la Lengua en 2013</strong>, pero inevitablemente debo superponer otra, la del mismo personaje, entonces vestido de traje oscuro, como correspondía a la solemnidad del momento, ahora de uniforme de presidiario color naranja, esposado de manos y con grilletes en los pies, mientras asiste en Florida (Estados Unidos) a la audiencia del tribunal que deberá decidir acerca de su extradición a Panamá.</p></p><p>Llegó a la presidencia bajo el aura equívoca de que siendo tan rico no necesitaba más, un argumento al que los electores se mostraron sensibles.</p><p>Hoy enfrenta el cargo de haberse apropiado de 13 millones de dólares, destinados a programas sociales, para adquirir un sofisticado sistema electrónico con el objetivo de espiar a rivales empresariales y enemigos políticos, y filtrar videos donde algunos de ellos aparecen en comprometidas situaciones sexuales.</p><p><p><strong>CORRUPCIÓN</strong></p></p><p><p>El número de mandatarios legítimamente electos sometidos a procesos por corrupción es más que asombroso en América Latina: el presidente de Guatemala <a href="http://www.prensa.com/otto-perez-molina/" target="_blank">Otto Pérez Molina</a>, militar de derecha, separado de su cargo y llevado a la cárcel junto con su vicepresidenta; el expresidente<strong> Mauricio Funes</strong>, el primer candidato de izquierda en ser electo en El Salvador, prófugo ahora en Nicaragua, se suma a dos antecesores suyos, ambos de la derecha, sometidos también a juicio. Las distinciones ideológicas no valen.</p></p><p><p>La triste contabilidad sigue en Perú, donde el expresidente <strong>Ollanta Humala</strong> comparte ahora la misma cárcel de alta seguridad con el dictador <strong>Alberto Fujimori</strong>, mientras el expresidente<strong> Alejandro Toledo</strong> se halla fugitivo. Y Brasil, donde el carismático <strong>Lula da Silva</strong> ha sido condenado por un juez de primera instancia a 10 años de prisión.</p></p><p><p><strong>ODEBRECHT</strong></p></p><p>No pocos de estos casos caen dentro de la extensa red tejida por Odebrecht, la empresa transnacional brasileña que pasará a la historia como la gran corruptora de mayores de que se tenga memoria.</p><p>Una red de contubernios en la que, además de presidentes, figuran vicepresidentes, ministros y diputados, favorecidos todos con réditos fraudulentos de contratos para construir carreteras y otras obras civiles.</p><p>Marcelo Odebrecht, cabeza de la compañía, diseñó un sistema que no requiere de grandes complicaciones financieras: inflar los precios de las ofertas, y del sobreprecio repartir las coimas, que ascienden a centenares de millones de dólares.</p><p>La visión más pesimista nos lleva a pensar que la corrupción es una vestidura purulenta que la democracia no puede quitarse de encima.</p><p>Que la seducción por el dinero fácil es un signo de los tiempos que alienta el narcotráfico, el tráfico de inmigrantes y la prostitución infantil transnacional, lo mismo que el robo a gran escala en las esferas gubernamentales. Tentáculos todos del crimen organizado.</p><p>Que esta pasión por el enriquecimiento ilícito acompaña a los políticos al entrar en los palacios presidenciales, en los despachos ministeriales y en los parlamentos, ya inscrita en su código de conducta la ambición de hacerse millonarios, o aún más millonarios, a costillas de quienes terminan cargando con sus desmanes y delirios: los que pagan cumplidamente sus impuestos.</p><p><p><strong>TIBURÓN</strong></p></p><p>Desmanes y delirios. Mansiones amuralladas, casas en las playas de Florida, apartamentos en París (Francia) o en Nueva York (Estados Unidos), tarjetas de crédito como pozos sin fondo, aviones privados, coches de colección. En esto se distinguen poco de los narcotraficantes. Lo que no cuesta, hay que enseñarlo.</p><p>Pero si buscamos una visión optimista, empecemos porque la corrupción no ha podido someter del todo a los tribunales, ni a los fiscales.</p><p><p>La independencia judicial aún respira, aunque en algunos casos de manera asistida, como en Guatemala, donde la <strong>Comisión Internacional contra la Impunidad</strong> (Cicig), que depende de las Naciones Unidas, tiene autonomía para perseguir delitos cometidos por funcionarios del Estado.</p></p><p>Marcelo Odebrecht llegó a un trato con la justicia brasileña. Tras un acto de contrición, pues pidió perdón públicamente con golpes de pecho, como el publicano de la parábola, pagó 3 mil 500 millones de dólares en multas, tanto a su propio gobierno como a los de Estados Unidos y Suiza.</p><p>A cambio, su compañía puede seguir operando, y participar en licitaciones de obras públicas.</p><p>O sea, que el tiburón sigue nadando.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/YdHgi9XrEUFuGHFc3xdq39Rg8OI=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/57DTYPDUCFE4TDL4VZOIMCPLMI.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[La audiencia de extradición de Ricardo Martinelli, el exmandatario panameño, se realizará el 23 de agosto en Estados Unidos.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Archivo]]></media:credit></media:content></item><item><title>Historia negra, novela negra</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Historia-negra-novela_0_4834766520.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Historia-negra-novela_0_4834766520.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Wed, 04 Dec 2019 20:29:35 +0000</pubDate><description>En este tipo de literatura, que la hay desde la de consumo rápido, para leer y tirar, hasta verdaderas obras de arte, el personaje resuelve los misterios que rodean un crimen y termina atrapando al hechor, la mayor parte de las veces debido a su propio olfato profesional de sabueso.</description><content:encoded><![CDATA[<p><p>Novela negra es el sinónimo más difundido y preferido cuando queremos decir novela policíaca o novela criminal, o novela sobre policías y criminales, y como el ambiente en que la trama se desarrolla es generalmente oscuro, de bajos fondos, como el de las novelas del género en Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX, con clásicos como <strong>Raymond Chandler</strong> y <strong>Dashiell Hammett</strong>, el nombre no le viene mal.</p></p><p>En este tipo de literatura, que la hay desde la de consumo rápido, para leer y tirar, hasta verdaderas obras de arte, el personaje resuelve los misterios que rodean un crimen y termina atrapando al hechor, la mayor parte de las veces debido a su propio olfato profesional de sabueso.</p><p><p>Un detective protagonista de una sola <a href="http://www.prensa.com/tema/novela_negra/" target="_blank">novela negra </a>no trascendería. Es por su persistencia, a través de una sucesión de casos resueltos en distintos libros, que el detective logra convertirse en un clásico, como el inspector Maigret creado por<strong> George Simenon,</strong> el prototipo del investigador tranquilo y bonachón, que debe rendir cuentas de sus ausencias a su esposa, y debe atrapar al criminal lejos de balazos y persecuciones espectaculares.</p></p><p>Un investigador clásico, que devela crímenes en Inglaterra o en Francia, parte en la novela de un supuesto de solidez institucional. Son policías honestos, respetan las entidades policiales a las que sirven y responden ante fiscales incorruptibles y jueces probos. Y nada de golpizas a los prisioneros, para empezar.</p><p>Todo lo contrario de América Latina, donde debemos partir de supuestos más bien contrarios. En este caso, la deuda es más con la novela negra de Estados Unidos que con la europea, más cartesiana. Personajes como los detectives privados Sam Spade de Dashiell Hammett o Philip Marlowe de Raymond Chandler, son ellos mismos sórdidos, marcados por el destino como perdedores, inclinados al alcoholismo, y con una visión cínica o negra de su propio oficio, y del mundo. Y deben enfrentarse a policías o jueces venales, capitalistas sin escrúpulos, y en general, al peso corrupto del poder.</p><p>En la novela negra de América Latina, los detectives, ya sea que trabajen para el Estado o lo hagan por su cuenta, deben moverse en aguas infectadas; y como la línea entre el bien y el mal apenas de distingue, tampoco ellos pueden tener clara su propia rectitud de conducta.</p><p>Las instituciones están minadas por el poder del crimen organizado, y la policía y las estructuras judiciales han sido tomadas por el narcotráfico. Y los que quieren comportarse como héroes, saben que lo hacen por su propia cuenta y riesgo.</p><p>Desde que se presentan en el lugar de los hechos saben que todo huele a podrido, y que deberán marchar contra corriente, abriéndose paso entre una maraña de trampas.</p><p>Un camino que conduce al desengaño, y de allí al cinismo, como el zurdo Mendieta, el héroe, o antihéroe, de las novelas de Elmer Mendoza, cuyo teatro de operaciones es nada menos que el estado de Sinaloa, donde los carteles del narcotráfico son los que definen las fronteras de la ética.</p><p>Entonces el género sirve, como en ninguna otra literatura, para retratar las sociedades en que vivimos, como una nueva manera de realismo literario, más eficaz que cualquier otro. O una especie de naturalismo del siglo XXI, lo negro, lo sucio, lo descarnado, el albañal. La novela policiaca se convierte en un vehículo para contarnos cómo son los países en que vivimos, o para recordárnoslo.</p><p>La novela negra se convierte en el espejo de la corrupción transnacional, como la alentada desde Brasil por Odebrecht, por ejemplo; el tráfico de drogas, un negocio también transnacional; la conversión a ojos vista de no pocos estados de derecho en estados fallidos, o en narcoestados. El pillaje descarado con los bienes públicos, el enriquecimiento ilícito, el dinero fácil, el fracaso de la ley y el arrinconamiento de la justicia al desván de los trastos inservibles. La impunidad.</p><p>Cada sociedad tiene la literatura que se merece, o la que necesita. En este sentido, no pareciera sino que la novela negra está destinada a reinar en América Latina.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/VRzmPOVbUleDsYsyxDWk_nNQKDw=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/WKBEEAQVHRGXVJBUELSRET2GFI.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[La novela negra se convierte en el espejo de la corrupción transnacional, como el sonado caso Odebrecht, por ejemplo.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[AFP]]></media:credit></media:content></item><item><title>Una montaña de aserrín</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/montana-aserrin_0_4845265469.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/montana-aserrin_0_4845265469.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Wed, 04 Dec 2019 15:17:41 +0000</pubDate><description>Las dos primas que han logrado huir ocultas en una carreta del gueto de Varsovia, donde han quedado sus padres, corren a esconderse en el entrepiso del desván de la casa del poblado de Milanowek apenas les dan aviso de que la Gestapo está a las puertas, tras la denuncia de una vecina de que allí viven clandestinas unas niñas judías.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Las dos primas que han logrado huir ocultas en una carreta del gueto de Varsovia, donde han quedado sus padres, corren a esconderse en el entrepiso del desván de la casa del poblado de Milanowek apenas les dan aviso de que la Gestapo está a las puertas, tras la denuncia de una vecina de que allí viven clandestinas unas niñas judías.</p><p>La dueña de la casa las hace entrar en el entrepiso del desván que queda encima de la sala, coloca de nuevo las tablas del entarimado, y luego echa encima una pila de aserrín.</p><p>Acostadas boca abajo en la más absoluta oscuridad, el aire escaso, pueden escuchar las voces violentas de los hombres que las buscan. La más pequeña termina por dormirse y luego se orina, con lo que la mancha de humedad se extiende por el cielo raso. Si uno de ellos miraba hacia arriba, todo habría terminado.</p><p>El registro duró horas, y los nazis interrogaban una y otra vez a la dueña de casa y a su hijo, ya de vuelta de la escuela. Ambos seguían negando. Nadie más que ellos, y el padre, un arquitecto que se hallaba en el trabajo, vivían allí.</p><p>En un momento los policías encontraron la escalerilla del desván, subieron, voltearon los trastos viejos, pero se desatendieron de la pequeña montaña de aserrín.</p><p>Tardaron en irse, y al final anunciaron que volverían al día siguiente, ahora con perros.</p><p>La señora temía sacarlas del encierro, no fueran a regresar de improviso. Hasta que el arquitecto retornó, horas después, la pareja subió a ver si no es que habían muerto asfixiadas.</p><p>No se trata de la escena de una película de nazis, de las que se han filmado tantas.</p><p>Es parte de las memorias de Sarita Giberstein, contadas a su hija Yanina, y publicadas recientemente con el título Una montaña de aserrín. La mayor de las dos niñas encerradas en el entrepiso es ella. La otra es su prima Shifra.</p><p><p><strong>COSTA RICA</strong></p></p><p><p>Sarita nació en San José en 1934, hija de León Giberstein y Dora Kukielka, quienes emigraron a Costa Rica en los años anteriores a la <strong>Segunda Guerra Mundial.</strong></p></p><p>Se establecieron luego en Puerto Limón, en la costa del Caribe, a cargo de administrar una tienda, pero al negocio no iba bien y Dora convenció al marido de regresar.</p><p>En 1937 estaban ya instalados en Varsovia.</p><p>Se respiraba un perturbador aire antisemita. Y en septiembre de 1939 comenzó el infierno. Sarita, que tenía entonces cinco años, recuerda los bombardeos de la aviación nazi.</p><p>Un mes después, las tropas de Adolfo Hitler entraron triunfalmente. Luego vendría el gueto, adonde ella y todos sus familiares fueron reconcentrados.</p><p>Conocí a Sarita, casada con el escritor Samuel Rovinski, cuando vivimos en Costa Rica, y al principio de nuestra amistad nunca imaginé que detrás de aquella mujer bella, talentosa y segura de sí misma, hubiera una historia semejante.</p><p>Cuando lo supe y quise indagar, respondía a mis preguntas con reticencia, como si carecieran de importancia. Y ahora, por fin, nos lo cuenta sin alardes de heroísmo, con esa virtud de narrar lo extraordinario como ordinario, que es lo que hace la verdadera literatura.</p><p><p><strong>ANTIGUO</strong></p></p><p>Es una historia antigua, pero por desgracia no enterrada.</p><p>Los neonazis, a quienes tendemos a ver como esperpentos de carnaval, disfrazados con sus botas altas, uniformes grises y cruces gamadas, o los encapuchados del Klu Klu Klan, que forman otra comparsa del mismo carnaval, andan hoy por el mundo proclamando la supremacía blanca y pregonando su cruzada purificadora no solo contra los judíos, sino también contra los negros, los latinoamericnaos, los emigrantes del Cercano Oriente. Contra todos los que son diferentes. Los otros.</p><p>El fanático supremacista blanco que se lanzó con su auto contra la multitud en la ciudad estadounidense de Charlottesville no se diferencia en nada del otro fanático yihadista que arrolló a otra multitud en La Rambla de Barcelona, España.</p><p>Es el mismo odio transformado en arma letal.</p><p>El mismo odio que llevó a Sarita y a Shifra, aquellas dos niñas perseguidas por el espanto de la muerte, a esconderse debajo de una montaña de aserrín.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/5zs0CopZDBZ0h0g1R3nnQghtILk=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/XGCDEB4QOJAWNE4AXIMIMBK7UY.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Una montaña de aserrín]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>La democracia en las calles</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/democracia-calles_0_4855764414.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/democracia-calles_0_4855764414.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Tue, 03 Dec 2019 21:05:58 +0000</pubDate><description>El comediante se proclamó de manera altisonante “ni corrupto ni ladrón” durante la campaña electoral. Al poco tiempo, su hermano Samuel y su hijo José Manuel fueron enjuiciados por malversación: mediante una empresa llamada Fulanos y Menganos S.A., cobraron al Estado 564 desayunos que nunca se sirvieron, e igual número de canastas navideñas inexistentes.</description><content:encoded><![CDATA[<p><p>La multitud enarbola pancartas contra el presidente<a href="http://www.prensa.com/tema/jimmy_morales/" target="_blank"> Jimmy Morales</a>, y en una de ellas han agregado un botón rojo a su nariz, recordando su pasado de comediante. Él tampoco parece olvidarlo, porque el año pasado, en la tarima donde presidía las celebraciones del día del ejército, se puso a marchar al son de la banda militar, a paso de tropa, frente a la mirada divertida del ministro de Defensa, general <strong>Williams Mansilla.</strong></p></p><p>Otra vez la gente está en las calles y en las plazas de Guatemala en rebelión cívica, como cuando las protestas multitudinarias dieron al traste con el gobierno del general Otto Pérez Molina, obligado a renunciar, y en la cárcel acusado de corrupción.</p><p>El comediante se proclamó de manera altisonante “ni corrupto ni ladrón” durante la campaña electoral. Al poco tiempo, su hermano Samuel y su hijo José Manuel fueron enjuiciados por malversación: mediante una empresa llamada Fulanos y Menganos S.A., cobraron al Estado 564 desayunos que nunca se sirvieron, e igual número de canastas navideñas inexistentes.</p><p>Morales compara su situación con la del general franquista José Moscardó, cuyo hijo fue tomado rehén por las fuerzas republicanas durante la guerra civil, mientras él se hallaba sitiado en el Alcázar de Toledo.</p><p><p>Las cosas se le complicaron más hace poco, cuando “en defensa de la soberanía nacional” decidió declarar no grato al jefe de la <strong>Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig)</strong>, el jurista colombiano Iván Velásquez Gómez, en represalia porque decidió investigar el financiamiento ilícito del partido de Morales durante la campaña de 2015.</p></p><p>La Cicig, que depende directamente del secretario general de las Naciones Unidas, ha llevado más de una docena de casos por corrupción en los que han resultado 300 acusados, entre ministros, empresarios, diputados y alcaldes. Y presidentes.</p><p>La gente salió a las calles en protesta por la orden de expulsión contra Velásquez y la Corte Constitucional anuló la medida.</p><p><p>Morales logró que el Congreso Nacional pasara de emergencia una reforma a la ley electoral, que establecía como únicos responsables de casos de financiamiento ilícito ¡a los contadores de los partidos! Además, mediante otra reforma en paralelo al <strong>Código Penal</strong>, la condena, reducida a 10 años de cárcel, podía ser redimida con una multa.</p></p><p>Con esta reforma resultaban beneficiados también los autores de más de 400 delitos, entre ellos violadores de niños, traficantes de órganos, homicidas y estafadores, que solo tendrían que pagar 2 mil 400 dólares por cabeza para librarse de la cárcel.</p><p>Ante la presión ciudadana expresada en las calles y en las redes sociales, los diputados se apresuraron a mostrarse arrepentidos. Nadie les creyó, y más bien la gente puso sitio al recinto legislativo exigiéndoles renunciar. Y la Corte Constitucional anuló por unanimidad las dos reformas por “daños irreparables al sistema de justicia”.</p><p><p>¿Faltaba algo más? La publicación electrónica <strong>Nómada</strong> descubrió que Morales recibía en secreto de parte del alto mando del Ejército un “bono extraordinario de responsabilidad y riesgo” de 7 mil dólares mensuales, adicional a su salario de 20 mil dólares. El enardecimiento popular creció de temperatura. La Contraloría declaró ilegal el bono. Y el presidente, ya al borde del abismo, anunció que devolvería los sobresueldos.</p></p><p>En este gran circo, la gente no se traga el espectáculo, y desde las graderías baja a la pista, indignada, a reclamar que se detenga la función.</p><p>La muchedumbre impidió las celebraciones oficiales de la independencia, llegando a asaltar la tarima presidencial. Y las protestas continuarán mientras la impunidad siga siendo defendida con trampas y artimañas.</p><p>Otra buena noticia es que hay instituciones que rehúsan someterse. La Corte Constitucional, la Fiscalía, la Contraloría, son entidades vitales al funcionamiento democrático que no han sido doblegadas.</p><p>En un país tan asediado por la violencia y la descomposición, la rebeldía ciudadana viene a representar un activo valioso y esperanzador, del que depende el futuro institucional del país. Una intolerancia saludable que ya ha demostrado en el pasado que es capaz de atajar la rapiña, y puede sentar a los presidentes en el banquillo de los acusados.</p><p>La democracia, otra vez está en las calles.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/HhO7smbyFSlKCgjsMfE8eioUYZs=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/7A6YROKTFJCF3PGWI2KKBXZQWA.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Los ciudadanos se congregan frente al Palacio Nacional de la Ciudad de Guatemala, exigiendo la renuncia del presidente Jimmy Moral]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Las vacas pastan en la ruta del gran canal</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/vacas-pastan-ruta-gran-canal_0_4866263349.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/vacas-pastan-ruta-gran-canal_0_4866263349.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Tue, 03 Dec 2019 15:59:44 +0000</pubDate><description>Bernard-Henri Lévy señala entre las características principales de los regímenes populistas “la promesa de los milagros”. Nunca se cumplen.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Bernard-Henri Lévy señala entre las características principales de los regímenes populistas “la promesa de los milagros”. Nunca se cumplen.</p><p><p>El <a href="https://www.prensa.com/tema/canal_de_nicaragua/" target="_blank">Gran Canal de Nicaragua</a> es un ejemplo cabal. Pero también lo es de ese sorprendente concepto de “hecho alternativo”, ideado muy a principios de la administración del presidente estadounidense <a href="https://www.prensa.com/donald-trump/" target="_blank">Donald Trump</a> por la asesora de la Casa Blanca,<strong> Kellyanne Conway</strong>. El hecho alternativo no es más que una mentira disfrazada de verdad, o que sustituye a la verdad.</p></p><p>Desde el siglo XIX, el Gran Canal ha sido parte del imaginario nicaragüense, y revivirlo es alentar las esperanzas de la gente que divisa una puerta mágica para salir de la miseria y el atraso. Fabricar un espejismo es hacerse de un arma política.</p><p>Es lo que hoy se llama “posverdad” o “mentira emotiva”, otro sorprendente concepto según el cual, para dirigir a la opinión pública hacia el sentido que el poder desea, o necesita, hay que apelar a las emociones y a las creencias personales que vienen a ejercer mayor influencia en las mentes que los propios hechos.</p><p><p>Hace pocas semanas el gobierno emitió el <strong>“Libro Blanco sobre el proyecto del Gran Canal Interoceánico de Nicaragua”,</strong> un catálogo completo de posverdades.</p></p><p>En ese documento oficial se pone sello al hecho alternativo de que las obras de construcción se dieron por inauguradas el 22 de diciembre de 2014. Un “libro blanco” para un inexistente “elefante blanco” de 50 mil millones de dólares.</p><p>La ceremonia de arranque se celebró en el escenario virtual de una finca ganadera cerca de la desembocadura del río Brito, sitio escogido como salida del canal al océano Pacífico, y vecino al lugar destinado a uno de los juegos de esclusas que, según el guion, darán paso a los buques de 400,000 toneladas de peso.</p><p><p><strong>MENTIRA COLOSAL</strong></p></p><p>A comienzos del año 2020 los primeros barcos deberán estar pasando por allí, pues el canal, flagrante “hecho alternativo”, estará construido en un plazo milagroso de apenas seis años, con legiones de chinos a cargo de los aspectos técnicos de la obra, y 50 mil obreros nicaragüenses ganando salarios nunca vistos. Hasta hoy, todos fantasmas.</p><p>Se anunció que el producto interno bruto crecería, solo en los primeros años, entre el 10% y el 14% anual. Pero esos primeros años de construcción, que ya debieron haber transcurrido, se disuelven en la bruma de una mentira colosal.</p><p>Se anunciaron también cambios drásticos en los planes de estudios universitarios, que deberían incluir el chino mandarín y nuevas carreras técnicas, hidrología, ingeniería náutica.</p><p>La agricultura debía orientarse a producir los alimentos preferidos por los chinos. En aquella ceremonia inaugural de las obras estuvo presente Wang Ying, un empresario de comunicaciones de Pekín, dueño único de la concesión del canal.</p><p>Se calzó el casco amarillo de protección y subió a la primera de las retroexcavadoras en fila, listas para empezar a abrir la gran zanja que partiría en dos a Nicaragua.</p><p>En ese mismo plazo de seis años, que ya pronto se vence, se hallarían funcionando también un oleoducto, un ferrocarril interoceánico de alta velocidad, una autopista de costa a costa, un megaaeropuerto, un puerto automatizado en cada extremo del canal, nuevas ciudades, complejos de turismo.</p><p><p>El tratado <strong>Ortega-Wang Ying</strong> da a la concesión una duración de 100 años. Y Nicaragua renuncia a la soberanía sobre los territorios concedidos al canal a favor de HKND, la compañía inscrita en Gran Caimán, propiedad exclusiva de Wang Ying.</p></p><p>Este personaje, hecho alternativo él mismo, ideó la fantasía de sacar a bolsa las acciones de HKND para reunir los 50 mil millones de dólares del costo del canal. Pero las acciones de Xinwei, su empresa de telecomunicaciones, sufrieron una caída del 57% y su fortuna personal se derrumbó. Una verdad de las de antes.</p><p>Lo que aquellas máquinas de Wang Ying hicieron en la finca de Miramar fue remozar un viejo camino rural de seis kilómetros de largo hasta la costa.</p><p>Otra vez abandonado, es imposible de transitar en la época de lluvias. Unas cuantas vacas pastan allí donde hoy deberían estarse construyendo a ritmo febril las esclusas.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/6r3abl2o0oikOGBeq-90hik_eW0=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/Q7TZMULHCRHR7KHPPWBOGUOVYM.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Daniel Ortega, presidente de Nicaragua.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Archivo]]></media:credit></media:content></item><item><title>Medio siglo de contar</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Medio-siglo-contar_0_4876762322.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Medio-siglo-contar_0_4876762322.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Mon, 02 Dec 2019 20:28:39 +0000</pubDate><description>Dejé ejemplares en consignación en las pocas librerías de Managua para volver cada sábado a preguntar cuántos se habían vendido. Me gusta repetir que en una de esas ocasiones la propietaria de la librería Selva, al contar los 10 ejemplares que le había dejado, halló que habían 11.</description><content:encoded><![CDATA[<p><p>La editorial Océano me propuso una<strong> Antología Personal</strong> de mis cuentos escritos a lo largo de medio siglo, y tras un largo y duro debate sentimental conmigo mismo terminé eligiendo 20 de entre un centenar. “Los hijos, señor, son pedazos de las entrañas de sus padres, y, así, se han de querer, o buenos o malos que sean”, le dice don Quijote al hidalgo a quien se encuentra en el camino.</p></p><p><p>Pero a la hora de decidir cuáles quedaban de entre esos hijos de las entrañas, recordé también que, al cabo de su vida, Rubén Darío hizo una selección de sus poemas para una antología personal, y no le tembló el pulso al eliminar todo<strong> Azul</strong>, su celebrado primer libro.</p></p><p><p>Publiqué mi primer libro, <strong>Cuentos</strong>, a los 20 años, de mi propio bolsillo, una edición artesanal de 500 ejemplares, compuesta a mano en la imprenta de mi amigo el escritor Mario Cajina Vega.</p></p><p>Dejé ejemplares en consignación en las pocas librerías de Managua para volver cada sábado a preguntar cuántos se habían vendido. Me gusta repetir que en una de esas ocasiones la propietaria de la librería Selva, al contar los 10 ejemplares que le había dejado, halló que habían 11.</p><p>Era impensable que un amigo comprara tu libro, y, además, estaba de por medio una broma lapidaria. Quien lo recibía de regalo, te decía: “firmámelo, para que no digan que lo compré”.</p><p><p>Se lo conté una vez a<a href="https://www.prensa.com/especiales/gabriel-garcia-marquez/" target="_blank"> Gabriel García Márquez</a>, y cuando me dedicó<strong> El amor en tiempos del cólera</strong>, escribió: “A Sergio, para que no digan que compró este libro; con el abrazo de siempre. 1987”.</p></p><p>Mi padre quería que yo fuera abogado. Y antes del título universitario, le llevé aquel libro. Temí entonces lo que iba a decirme, que de escribir no se come, primero la maldición de la música, pues mi abuelo y tíos paternos eran todos músicos pobres, y ahora la maldición de la literatura; pero ojeó el pequeño volumen, y me dijo: “ahora tenés que escribir una novela”.</p><p>No me desanimó, y me dio un consejo que él consideraba lógico: ir de la escala menor a la mayor. El oficio me enseñó, sin embargo, que se trata de dos géneros con pesos distintos, pero no subordinados.</p><p><p>Cuando a un escritor se le pregunta por los primeros libros que leyó, generalmente comienza citando<strong> Sandokán</strong>, de Salgari, o<strong> La isla del tesoro,</strong> de Stevenson. Pero yo no leí esos libros de niño. Los oí. Reinaban entonces las radionovelas, igual que reinaba el cine, también decisivo en mi formación de escritor, junto a las historietas cómicas.</p></p><p>Todas ellas son maneras de contar. La palabra, mi instrumento de expresión, se vería excitada por otros que aparentemente le son ajenos: la imagen fija, pero cinética, de los dibujos; la imagen en movimiento del cine; y la voz sin imagen de la radio.</p><p>Era eso lo que me fascinaba de las radionovelas, el poder de las voces, que se convertían en personajes por sí mismas, con autonomía de las figuras de los actores dueños de esas voces. Las voces me incitaban a imaginar la imagen.</p><p><p><strong>YNW Radio Mundial</strong> tenía su propio “cuadro dramático”, y además de novelas clásicas pasaba <strong>El derecho de nacer</strong>, del prolífico escritor cubano Félix B. Caignet, guionista, novelista, poeta, periodista, crítico de teatro, compositor y cantante. Sus radionovelas, más tarde telenovelas, superan las 300.</p></p><p>También era popular una serie que tenía por personajes a la clásica pareja del marido oprimido y la esposa mandamás. Los oyentes eran invitados a enviar argumentos por correo, y si alguno era escogido, su autor se ganaba un premio. Mandé uno a los 12 años, y gané.</p><p>Mi padre, envanecido por mi triunfo, financió mi viaje en bus a Managua para que fuera a recibir el premio. El director del “cuadro dramático” me acogió con elevados elogios. Luego tecleó una orden para que retirara en las oficinas de Licores Bell, patrocinador del programa, dos botellas de ron Cañita, el más popular entonces en las cantinas de Nicaragua. Fue el primer premio literario que recibí en mi vida.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/NaOhXdynofVmDHkDhcl7a9Hn1X4=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/L33PFVKRKZGFBEFTSEKVEJ37MQ.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El libro más reciente de Sergio Ramírez es una antología de cuentos titulado ‘Antología Personal’.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Viaje desde una silla</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Viaje-silla_0_4887261265.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Viaje-silla_0_4887261265.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Mon, 02 Dec 2019 16:15:47 +0000</pubDate><description>Frente al vacío y la oscuridad que representan lo desconocido, el amor a la verdad objetiva ha sido siempre un deber, y la imaginación una tentación. Es lo que diferencia al novelista del periodista, aunque sean los mismos dedos los que tecleen para crear una crónica que cuenta verdades, o una novela que cuenta mentiras.</description><content:encoded><![CDATA[<p>La literatura no deja de ser nunca un viaje que se inicia en la primera página de un libro, y se llega a puerto al cerrar ese libro. Y hay grandes libros que cuentan la historia de un viaje. Los nueve libros de la historia, de Herodoto, para empezar. En tiempos de este historiador, cronista, periodista, y por fuerza novelista, no era posible distinguir entre historia y narración. Ni siquiera era posible separar de la fábula el relato de verdades.</p><p>Frente al vacío y la oscuridad que representan lo desconocido, el amor a la verdad objetiva ha sido siempre un deber, y la imaginación una tentación. Es lo que diferencia al novelista del periodista, aunque sean los mismos dedos los que tecleen para crear una crónica que cuenta verdades, o una novela que cuenta mentiras.</p><p>Homero relata no un viaje propio, sino ajeno, el de Ulises de regreso a Ítaca, su anhelada patria, al terminar la guerra de Troya. Virgilio cuenta el viaje de Eneas, derrotado en esa misma guerra, hacia su nueva patria, que será Roma. Cervantes nos cuenta el viaje de don Quijote por los campos de La Mancha; en realidad no uno, sino dos viajes, uno por cada parte del libro. Un viaje de ida y regreso, ambas veces.</p><p>Y es lo que hará Joseph Conrad más tarde, un escritor que antes fue marinero en barcos mercantes, tentado siempre por lo desconocido, tentación que lo lleva hasta las profundidades del alma humana, como en su novela El corazón de las tinieblas, que cuenta la historia de un viaje por un río africano, Marlow en busca de Kurz, un río que viene a ser como el Hades, maldad y oscuridad.</p><p>O el capitán Ahab en busca de Moby Dick, la ballena blanca, en la novela de Herman Melville, que es también demoniaco, por obsesivo, tanto que solo puede terminar en catástrofe, en derrota y en muerte. Siempre travesías malditas hacia lo desconocido.</p><p>Los viajes así contados están siempre llenos de interrupciones. La consabida frase final de los cuentos “y vivieron felices para siempre” indica el cierre de un relato lleno de peripecias, y a la vez la apertura de otro que ya a nadie interesa, y que ocurre fuera de las páginas del libro donde lo que hemos buscado son los obstáculos. Si Ulises y Penélope vivieron juntos una ancianidad feliz, es algo que nadie contará.</p><p>Pero el viaje de don Quijote se diferencia del de Ulises y el de Eneas en que ellos quieren llegar cuanto antes a su destino; Ulises ansía encontrar a su mujer, a su hijo, cansado de la guerra, y no quiere aventuras, sino regresar a la vida doméstica. Son las aventuras las que se le interponen en contra de su voluntad, y lo atrasan durante diez años, lo mismo que duró la guerra de Troya.</p><p>Al contrario, don Quijote sale a buscar las aventuras, quiere hallarlas, son la razón de ser de su viaje, y cuando no las encuentra, las crea en su cabeza. Ulises tarda en llegar a su destino porque los acontecimientos indeseados no lo dejan. Don Quijote cabalga en busca de acontecimientos deseados. Si las aventuras no le salieran al paso, su viaje sería un fracaso.</p><p>Lo que a nosotros nos parecen dislates y exageraciones, para don Quijote son la normalidad de la vida que le toca vivir. Si no creyera, dejaría de existir, y su mundo extraordinario desaparecería. Es lo que al final termina ocurriendo. La cordura lo mata. La mediocre realidad a la que regresa ya curado de fantasías lo mata.</p><p>Porque, ¿qué es La Mancha sino un árido territorio rural donde nada asombroso pueda esperarse que acontezca? Es el mundo real de Sancho, donde las mozas rústicas huelen a ajo y dan de comer a los cerdos, las mismas que para don Quijote son princesas que si lucen así, sucias y en harapos, es porque se hallan bajo encantamiento. De lo contrario, el viaje no valdría la pena. Sería un viaje sin sorpresas. Salir de un mundo que de maravilloso pasa a ser prosaico es una decepción y una derrota.</p><p><p>Toda lectura es un viaje, un viaje desde una silla que nos lleva a lo desconocido, por arenas ardientes de desiertos ignorados, por mares procelosos, por ríos que son como del infierno, y aun por los aires si entramos en las páginas de <strong>Las mil y una noches</strong>. Pero siempre regresaremos de ese viaje mejor de lo que éramos cuando lo emprendimos.</p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/7QgH28w5eGmt56c9jNz_8pIF62A=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/X2OHVNGOYRB5RNRWJHFONW5C34.png"><media:description type="plain"><![CDATA[Don Quijote y Sancho Panza, seres creados por el escritor Miguel de Cervantes Savedra, van siempre en busca de nuev]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Archivo]]></media:credit></media:content></item><item><title>Fantasmas despiertos</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Fantasmas-despiertos_0_4897760230.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Fantasmas-despiertos_0_4897760230.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Sat, 30 Nov 2019 16:10:44 +0000</pubDate><description>Hay un parentesco directo entre el modelo chavista, copiado con variantes en Nicaragua, Bolivia o Ecuador, y el peronismo de mediados del siglo pasado en Argentina.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Hay un parentesco directo entre el modelo chavista, copiado con variantes en Nicaragua, Bolivia o Ecuador, y el peronismo de mediados del siglo pasado en Argentina.</p><p>Solo que Chávez se valió solo, como cabeza única, y el general Perón necesitó del auxilio invaluable de su esposa, la Evita, ícono de musicales, novelas y pósteres, entronizada en los mismos altares donde se venera al Che Guevara, John Lennon y Marilyn Monroe.</p><p>Ella inventó la insignia del populismo: abrir las arcas del Estado para dar, sin control ni medida, haciendo de la beneficencia pública una gran función de estado envuelta en una formidable parafernalia. Una gran caja chica donde el benefactor también puede meter las manos para su propio beneficio.</p><p>La caridad con categoría institucional, para atraer la adhesión política de los desposeídos, que al recibir algo despiertan en los demás la esperanza de que también van a ser parte del magnánimo botín, aunque nunca les llegue el turno de recibir una máquina de coser, una cama, unas bolsas de cemento, un techo de zinc, unas aves de corral, una vaca parida.</p><p>En la Fundación Eva Perón, creada en 1948 como una gran maquinaria demagógica de regalar muñecas y triciclos para los niños, muletas y prótesis a los ancianos, bicicletas y cocinas, sin que las estructuras sociales dejaran de ser tan injustas como siempre, está la raíz de todo lo que hemos conocido como socialismo del siglo veintiuno.</p><p>Evita se valió para sus dispendios colosales de las reservas de oro de Argentina, entonces las más grandes del mundo; Chávez del petróleo de Venezuela, también las reservas más grandes del mundo. Y ambas economías quedaron en quiebra.</p><p>Pude ver algo de lo que son estas raíces del populismo en mi visita al Museo Evita en Palermo, que ahora funciona donde estuvo el Hogar de Tránsito número 2, destinado a socorrer a las mujeres necesitadas y a sus hijos. Esta era una de las decenas de instituciones de caridad que la Fundación tenía abiertas en Buenos Aires.</p><p>Cuando Evita lo inauguró en 1948 como asilo, en su discurso ofreció a las mujeres y niños “una puerta abierta, una mesa tendida, una cama limpia,” y “consuelo y estímulo, aliento y esperanza, hasta tanto la ayuda social les encuentre trabajo y vivienda”.</p><p>La Fundación Eva Perón es el modelo de las Misiones de Chávez.</p><p>Manejaba, además de albergues, una red de hospitales y clínicas, dispensaba becas de estudio, pagaba subsidios, era también una agencia de empleos, y sobre todo, regalaba a manos llenas. La gente hacía largas filas desde la madrugada para pedirle personalmente a Evita, y quienes lograban llegar ante ella no salían con las manos vacías.</p><p>Era una minoría entre millones de necesitados, pero los diarios, las revistas oficiales y los noticieros de cine multiplicaban su número.</p><p>El museo Evita enseña cómo funcionaba el albergue de acogida, un dechado de abundancia: en la cocina, amplia e iluminada, unos bifes plásticos se doran en las parrillas.</p><p>También hay ejemplos de los programas sociales del peronismo: un refrigerador Siam para cada familia obrera, y se exhibe uno con la puerta abierta, lleno de alimentos, sin faltar una botella de champaña.</p><p>Y folletos con discursos de los esposos, cartillas escolares que los ensalzan, documentales donde aparecen ambos en el balcón de la Casa Rosada, la voz estridente de él, la aguda voz de ella, y la multitud que agita sus banderas y carteles y enronquece de gritar.</p><p>Se exhiben ejemplos del glamour de Evita, y es lo que más abunda en las vitrinas: sus trajes confeccionados por Jacques Faith, Pierre Balmain, Marcel Rochas;  zapatos exclusivos, sombreros de variadas texturas; perfumes Caron y Schiaparelli en frascos de Baccarat.</p><p>Una demanda de la masa de pobres partidarios suyos, sus “cabecitas negras”, argumentaba ella: le exigían que al representarlos no faltara el lujo, porque eso los dignificaba.</p><p>Sus pobres. Los otros, si no eran contados entre los fieles de carné, no recibían nada.</p><p>En los viejos documentales ambos parecen fantasmas. Perón y Evita en blanco y negro, ya tan antiguos. Pero fantasmas sin quietud, que no dejan de resucitar.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/L0BfgQn0wLeBZ10ton9HGoLTmts=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/YPACOCB3CJAE5H2VIJMLK3SVNQ.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[La dirigente argentina María Eva Duarte de Perón despierta adoración por sus seguidores, tanto dentro como fuera de A]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>El poder para siempre no existe</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/poder-siempre-existe_0_4908259196.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/poder-siempre-existe_0_4908259196.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Fri, 29 Nov 2019 23:14:05 +0000</pubDate><description>No cabía en su mente que su poder no estuviera ligado a la inmortalidad. Pero no fue siempre un hombre distraído de la realidad, porque en un tiempo encabezó la lucha en contra de las tropas de Mussolini que invadieron Etiopía. Y al final, depuesto por un golpe militar, fue estrangulado en su cama, y enterrado bajo el piso de un baño en su propio palacio imperial.</description><content:encoded><![CDATA[<p>En 1972 Oriana Fallaci logró entrevistar en su palacio amurallado al emperador Haile Selassie, quien se proclamaba descendiente de la reina de Saba y el rey Salomón. Al final ella le preguntó: “¿cómo mira a la muerte? El emperador, que tenía 80 años y le faltaban tres para morir, pareció no entender: “¿A qué? ¿A qué?”. “A la muerte, majestad”, insistió ella. Y eso desbordó la paciencia del soberano: “¿La muerte? ¿La muerte? ¿Quién es esta mujer? ¿De dónde viene? ¿Que quiere de mí? ¡Fuera, basta!”.</p><p>No cabía en su mente que su poder no estuviera ligado a la inmortalidad. Pero no fue siempre un hombre distraído de la realidad, porque en un tiempo encabezó la lucha en contra de las tropas de Mussolini que invadieron Etiopía. Y al final, depuesto por un golpe militar, fue estrangulado en su cama, y enterrado bajo el piso de un baño en su propio palacio imperial.</p><p>Me ha venido a la cabeza esta historia de alguien que desde su trono eterno se indigna cuando le hablan de la muerte, ante la caída del dictador de Zimbabue Robert Mugabe, gracias a otro golpe militar, tras casi cuatro décadas mandando. Mugabe, un tanto más práctico a sus 93 años, sí aceptaba que un día habría de morir, desde luego que escogió como su sucesora a su esposa, Gracia Marufu, mucho más joven que él, y a quien la gente llamaba “Desgracia Marufu”.</p><p>También, en lugar del título de primera dama, le daban el de “primera compradora”, pues se escapaba a París o Londres para hacerse de decenas de trajes y zapatos exclusivos. Dueña del monopolio de los productos lácteos, alegaba que sus gustos se los pagaba con su propio dinero.</p><p>La Universidad de Zimbabue le otorgó un doctorado, sin haber puesto nunca un pie en las aulas, siendo el propio Mugabe quien le colocó el birrete en la ceremonia de graduación. Ambiciosa y astuta, mientras su anciano marido se dormía en las reuniones de Gabinete, ella iba tejiendo su propia urdimbre de poder.</p><p>Tal como Haile Selassie, Mugabe, líder guerrillero del Ejército de Liberación Nacional (Zanla), condujo la lucha contra el régimen racista de la minoría blanca. Y de las penurias del combate pasó a la ruindad de la tiranía, ya convertido en primer ministro, luego presidente, y al mismo tiempo jefe vitalicio del partido oficial, el ZANU-PF.</p><p>Nunca dejó de proclamarse revolucionario, en lucha contra el capitalismo y el colonialismo. Pero su paraíso socialista no fue sino un infierno. A su caída reinan la pobreza y el desempleo, y la esperanza de vida es de apenas 56 años. Su pretendida reforma agraria destruyó la organización productiva, y trajo escasez y desabastecimiento.</p><p>Cualquiera que lo criticara se convertía en traidor, algo que podía significar una orden de ejecución. Y también utilizaba paramilitares para asesinar disidentes. En 2008 perdió las elecciones ante su oponente Morgan Tsvangirai, y entonces proclamó que “solamente Dios” podía apartarlo de la presidencia. Dios a su servicio personal de católico practicante que comulgaba devotamente en la catedral de Harare.</p><p>Al celebrar sus 91 años, Gracia le organizó una fiesta para 20 mil invitados, que llenaron un estadio de fútbol. Por supuesto, los empleados públicos debieron asistir obligatoriamente, bajo pena de despido, pagando su cuota. Se sirvió un menú de lomos de elefante, entrecot de búfalo, piernas de impala y costillas de antílopes, todo un zoológico sobre las brasas. Por lo visto, la dentadura del anciano seguía sana.</p><p>Ahora todo ha terminado para la pareja. Mugabe destituyó al vicepresidente Emmerson Mnangagwa buscando dejar libre el camino a su esposa, y ahora lo tiene como su sucesor, con lo cual las sombras ominosas vuelven a cerrarse sobre el país, igual que tras la deposición de Haile Selassie, cuando el coronel Mengistu, cabeza del golpe de Estado, se convirtió en dictador. Mnangagwa, apodado “el cocodrilo” por su crueldad, fue jefe de espionaje de la guerrilla durante la lucha de independencia, y luego ministro de Seguridad, y como tal, jefe de la policía secreta.</p><p>Pésima costumbre que tiene la historia de repetirse.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/n_n4TEH_F0vpsyS5J3H9olepbHo=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/QCPYNOACOVCCXI3M2NTBAEXPZY.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El dictador Robert Mugabe y su esposa, Gracia, durante el día de independencia en Harare, Zimbabue, en abril de 2012. N]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Escrito en piedra, o en el agua</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Escrito-piedra-agua_0_4918758095.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/Escrito-piedra-agua_0_4918758095.html</guid><dc:creator>SERGIO RAMÍREZ | </dc:creator><pubDate>Fri, 29 Nov 2019 21:18:56 +0000</pubDate><description>En el año de 1982, la Asamblea Constituyente de Honduras aprobó una nueva carta magna en la que se prohibía la reelección presidencial de manera inconmovible.</description><content:encoded><![CDATA[<p>En el año de 1982, la Asamblea Constituyente de Honduras aprobó una nueva carta magna en la que se prohibía la reelección presidencial de manera inconmovible.</p><p>Ni por medio de una reforma, ni aún por un plebiscito podía cambiarse el artículo que impedía a un presidente de la república continuar en el mando.</p><p>Esta prohibición entraba entre las disposiciones llamadas “pétreas”, escritas en piedra. Y el Código Penal pasó a considerar el solo intento de promover la reelección como traición a la patria.</p><p>La extrema previsión de los legisladores provenía de la propia historia del país, plagada de dictaduras militares, elecciones fraudulentas y presidentes ambiciosos de quedarse sentados en la silla presidencial largo tiempo, o para siempre, lo que significa también apoderarse de las instituciones, someterlas y corromperlas.</p><p>En 2009, el presidente Manuel Zelaya, del Partido Liberal, promovió la celebración de una consulta popular en busca de abrir la vía para llamar a una nueva asamblea constituyente.</p><p>Fue acusado de querer eliminar el artículo pétreo que le prohibía reelegirse, y el Ejército, con el respaldo de la Asamblea Nacional en manos de sus adversarios conservadores del Partido Nacional, lo derrocó.</p><p>Como si otra vez estuviéramos viendo la misma vieja película, fue sacado en pijama de su cama a medianoche, metido en un avión, y expulsado a Costa Rica.</p><p>Parecía que estábamos regresando de nuevo a la época poco honrosa de las famosas repúblicas bananeras.</p><p><p><strong>DISPOSICIÓN</strong></p></p><p>En 2014 fue electo presidente Juan Manuel Hernández, del Partido Nacional, y al año siguiente un grupo de diputados suyos recurrió ante la Corte Suprema de Justicia demandando derogar las disposiciones que prohibían la reelección. El solo hecho daba pie para procesarlos, con la consecuencia de ser cesados de sus cargos e inhabilitados políticamente, perdiendo aun la ciudadanía, “por incitar, promover o apoyar el continuismo o la reelección”, según la misma Constitución.</p><p>La Corte Suprema, dominada por magistrados del Partido Nacional, sentenció que las disposiciones constitucionales que prohibían la reelección presidencial ¡eran inconstitucionales!, abriendo el camino al presidente Hernández para presentarse de nuevo como candidato.</p><p>El conteo inicial que favorecía a Nasralla cambió abruptamente tras extrañas interrupciones del sistema electrónico. Cuando el sistema se restableció, Nasralla pasó de ganador a perdedor. Todo un acto de prestidigitación digital.</p><p>El Tribunal Electoral ha concluido un nuevo recuento parcial de los votos sin la presencia de la oposición, y mantiene el escaso margen de ventaja a favor del presidente Hernández.</p><p>Nasralla no acepta los resultados y demanda un nuevo recuento total, o la anulación de las elecciones para celebrar unas nuevas, algo que luce más que improbable; y aunque los observadores de la Unión Europea y de la OEA avalaran el escrutinio oficial, la sombra del fraude no podrá ser desterrada.</p><p>Esta lesión a la credibilidad de la transparencia electoral viene a representar un grave retroceso para el sistema democrático que, de una u otra manera, y entre tropiezos, ha logrado avanzar en más de tres décadas en Centroamérica, y en general en América Latina.</p><p>Desgraciadamente, la Corte Suprema de Costa Rica ordenó en 2003 anular la prohibición de reelección establecida por una reforma constitucional en 1969.</p><p>Esta sentencia, proveniente de un país de reconocida tradición democrática, creó un precedente nefasto que ha sido seguido después en Nicaragua, en Honduras, y últimamente en Bolivia.</p><p>En 2010, la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua, dominada por Daniel Ortega, declaró inaplicable el artículo de la Constitución que impedía la reelección, y así pudo seguirse presentando como candidato, amparado por las razones filósofas de sus correligionarios del tribunal: “el derecho a elegir y ser electo, no puede ser alterado... por ser un derecho sustancial y esencial al ser humano”.</p><p>Evo Morales, que lleva ya bastantes años como presidente de Bolivia, buscó seguir reeligiéndose y para ello convocó un plebiscito, que perdió. No dejó de insistir. Ahora, el Tribunal Constitucional lo autoriza a seguir presentándose como candidato de manera indefinida. La prohibición constitucional, dice la sentencia, violenta sus derechos políticos.</p><p>Lo escrito en piedra, está más bien escrito en el agua.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/2UAG6BdWOgD-OE0ZxCQfD-OM8ME=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/7J73I5EZDVGRRHO7IY6TNRV6EY.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Salvador Nasralla, candidato presidencial de la alianza opositora, da una conferencia de prensa mientras el derrocado preside]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>El insustituible</title><link>https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/insustituible_0_4929257051.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/mosaico_dominical/insustituible_0_4929257051.html</guid><dc:creator>Sergio Ramírez</dc:creator><pubDate>Fri, 29 Nov 2019 15:59:13 +0000</pubDate><description>No era militar, sino un abogado de segunda, quien se coló en el poder al producirse el asesinato del general Reina Barrios en 1898, crimen del que a lo mejor fue cómplice; y entre mañas, fraudes, y sobre todo terror, logró mantenerse en el mando 12 años.</description><content:encoded><![CDATA[<p><p>El universo estrafalario y cruel de la dictadura de <strong>Manuel Estrada Cabrera</strong> se refleja con maestría en <strong>El señor presidente</strong> de Miguel Ángel Asturias, una novela que retrata el miedo y la degradación, la represión y el servilismo.</p></p><p>No era militar, sino un abogado de segunda, quien se coló en el poder al producirse el asesinato del general Reina Barrios en 1898, crimen del que a lo mejor fue cómplice; y entre mañas, fraudes, y sobre todo terror, logró mantenerse en el mando 12 años.</p><p>Su espíritu vengativo era insaciable. En 1908, un cadete de la Escuela Politécnica, al presentarle armas sorpresivamente enderezó su fusil contra él. Salió apenas chamuscado, pues el tiro no fue certero, pero mandó a fusilar a todos los cadetes, ordenó demoler el edificio que albergaba la escuela, y una vez aplanado el terreno, hizo que encima regaran sal.</p><p><p>En la otra cara del terror, está siempre la adulación, que es una de las formas de la cobardía. En el periódico <strong>La Mañana</strong>, el periodista <strong>Fernando Somoza Vivas</strong> escribió: “después de enjugarse la preciosa sangre, comenzó allí mismo a disponer lo conveniente para la Nación”.</p></p><p>“Preciosa sangre” se refiere siempre a la sangre de Cristo. Pero Estrada Cabrera tenía la manía de apropiarse de la religión: había dispuesto que el santo entierro no siguiera su recorrido habitual, sino que pasara frente a su casa.</p><p>Un arma de doble filo, porque quienes cargan el sepulcro llevan cucuruchos de penitentes que los ocultan, y así otros cadetes complotados planearon disfrazarse de esa manera, entrar a la casa y capturarlo. Pero antes del Viernes Santo estaban ya todos presos.</p><p>Y extravagancias de su megalomanía, como hacer que lo llamaran, entre otros tantos títulos, “el Insustituible”; u obligar a rendir culto a su madre, doña Joaquina Cabrera de Estrada. En este sentido se mostraba generoso, porque era un culto compartido.</p><p>Había un “Club de Amigos del Señor Presidente”, para los varones, en tanto sus esposas pertenecían al “Club Joaquina”; los niños formaban el “Club de Amiguitos del Señor Presidente”, y las mujercitas la “Asociación del Veintiuno de Agosto”, fecha del nacimiento de la “augusta matrona”.</p><p>Pero la celebración de las Fiestas de Minerva fue la cumbre de sus extravagancias. Como “protector de las Artes, las Ciencias y la Educación”, no podía sino rendir culto a la diosa de la sabiduría.</p><p>Las primeras se celebraron en 1899, con la mala fortuna de que la ligera estructura del templo griego construido para la ocasión se desplomó sobre la cabeza de la joven a quien tocó ese año representar a la diosa y sobre la cabeza de sus vestales, huyendo todas despavoridas. Pero al año siguiente el templo había sido ya construido en toda regla, un verdadero Partenón de columnas dóricas, y también se erigieron réplicas en los sitios más remotos, y sus capiteles sobresalían entre la verdura de la selva.</p><p>La diosa Minerva desfilaba cada año con su cortejo de vestales, escoltadas por jovencitos disfrazados a la usanza de la Grecia clásica. A lo largo del recorrido se alzaban majestuosos arcos triunfales, e, igual que el santo entierro, la procesión pasaba obligadamente frente a la casa del dictador, a quien las niñas vestales ofrendaban canastas de flores, y quemaban incienso en su honor en los pebeteros.</p><p>El poder del Insustituible acabó, sin embargo, y acaba mal. El pueblo se rebeló en las calles, y el Ejército se le volteó. El Protector de Minerva y Padre de la Juventud fue derrocado en 1910, y sometido a juicio. Sus fieles partidarios, aduladores y serviles, se escurrieron por los albañales.</p><p><p><strong>Miguel Ángel Asturias</strong> era entonces estudiante de derecho, y como practicante actuaba de secretario del juzgado a cargo de la causa criminal en su contra. Ya para entonces le habían dado la casa por cárcel, y allí lo visitaba para cumplir los trámites judiciales.</p></p><p>“Usted hizo muy pocos amigos en el gobierno”, le comentó una vez, viendo que nadie lo visitaba. Y él le respondió: “Usted no entiende lo que es el poder. Yo en el gobierno no hice amigos. Lo que tuve fueron cómplices”.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/-czmxZJwDHti5lpYoa-BcYvXc7k=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/J6SROBQOJ5FRZOJDWKKGQIANQQ.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Una estatua del premio Nobel de Literatura Miguel Ángel Asturias en la ciudad de Guatemala.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Archivo]]></media:credit></media:content></item></channel></rss>