<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?>
<rss version="2.0" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"><channel><title>La Prensa</title><link>https://www.prensa.com</link><atom:link href="https://www.prensa.com/arcio/rss/" rel="self" type="application/rss+xml"/><description>La Prensa News Feed</description><lastBuildDate>Thu, 19 Aug 2021 06:41:22 +0000</lastBuildDate><ttl>1</ttl><sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod><sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency><item><title>Cinco  años de Ciencia en Panamá</title><link>https://www.prensa.com/impresa/opinion/cinco-anos-de-ciencia-en-panama/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/opinion/cinco-anos-de-ciencia-en-panama/</guid><dc:creator>Gabrielle  Britton</dc:creator><pubDate>Sat, 08 May 2021 03:43:34 +0000</pubDate><description>Este 19 de mayo celebramos el quinto aniversario del movimiento Ciencia en Panamá, una iniciativa que nació de manera espontánea para popularizar la ciencia y asegurar el apoyo sostenible de la  investigación en todas sus ramas en Panamá. Hoy, en todos los países, la crisis sanitaria derivada de la  Covid-19  nos ha llamado la atención sobre cómo las ciencias son de importancia crítica para abordar una pandemia de esta escala. Más  aun, ha destacado la importancia de contar con un ecosistema científico próspero para hacer frente a futuras crisis.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Este 19 de mayo celebramos el quinto aniversario del movimiento Ciencia en Panamá, una iniciativa que nació de manera espontánea para popularizar la ciencia y asegurar el apoyo sostenible de la  investigación en todas sus ramas en Panamá. Hoy, en todos los países, la crisis sanitaria derivada de la  Covid-19  nos ha llamado la atención sobre cómo las ciencias son de importancia crítica para abordar una pandemia de esta escala. Más  aun, ha destacado la importancia de contar con un ecosistema científico próspero para hacer frente a futuras crisis.</p><p>A pocos meses de enfrentar por primera vez este patógeno infeccioso, investigadores de todo el mundo se embarcaron en colaboraciones que produjeron avances a un paso sin precedente. Nunca antes tantos expertos en tantos países se habían concentrado simultáneamente en un solo tema, con tanta urgencia y resolución. Esta respuesta masiva para encontrar una solución que preservara la mayor cantidad posible de vidas nos hizo sentir orgullosos de nuestros pares, en especial de todos los expertos que se encuentran en Panamá, en conjunto con nuestros colegas internacionales.</p><p>Pero, además de las investigaciones realizadas en  este  periodo, lo que más esperamos como movimiento científico es contribuir a mitigar el impacto de la pandemia mediante la comunicación científica basada en evidencia. El conocimiento  adquirido por medio de fuentes  científicas profesionales, transmitido e interpretado hacia el público en general, es esencial para comprender los conceptos básicos de la Covid-19, y avanzar en su tratamiento y prevención. En esta crisis sanitaria, la comunicación científica se ha convertido en una herramienta poderosa para gestionar la salud pública. Y en contraparte, también aprendimos que  la información falsa o engañosa puede ser muy difícil de contrarrestar, y pone vidas en peligro.</p><p>Transcurrido poco más de un año de pandemia,  hemos  descubierto soluciones innovadoras, incluyendo medidas socio-conductuales para convivir con este virus a largo plazo. Estas innovaciones impulsadas por una crisis global resaltan el hecho de que nutrir un entorno científico es de vital importancia para convertirnos en un país preparado para una pandemia en el futuro.</p><p><i>La autora es neurocientífica y  miembro fundador de Ciencia en Panamá</i></p>]]></content:encoded></item><item><title> ¿Qué significa ser ‘vulnerable’? </title><link>https://www.prensa.com/impresa/opinion/que-significa-ser-vulnerable/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/opinion/que-significa-ser-vulnerable/</guid><dc:creator>Gabrielle Britton</dc:creator><pubDate>Fri, 21 Aug 2020 04:48:06 +0000</pubDate><description>Tomo prestado el título de este artículo de un editorial publicado en la revista Lancet en abril del presente año. Allí, sus autores afirman que “la vulnerabilidad se produce en la brecha en la salud entre aquellos con el poder de definir y descartar las necesidades, y aquellos que están siendo definidos y descartados”.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Tomo prestado el título de este artículo de un editorial publicado en la revista <b>Lancet </b>en abril del presente año. Allí, sus autores afirman que<i> “la vulnerabilidad se produce en la brecha en la salud entre aquellos con el poder de definir y descartar las necesidades, y aquellos que están siendo definidos y descartados”.</i></p><p>Desde el inicio de la <a href="https://www.prensa.com/tema/coronavirus/" target="_blank">pandemia, la Covid-19</a> ha tenido un impacto desproporcionado en grupos de mayor riesgo social: pobres, adultos mayores, marginados y grupos indígenas. Sin embargo, con las medidas de distanciamiento social y las cifras de desempleo en incremento, la sociedad en general se ha visto golpeada por aumentos en ansiedad, depresión y estrés. Esta crisis de salud mental provocada por la pandemia también tendrá un impacto duradero.</p><p>Las enfermedades como Covid-19 son alertas sociales de que la inversión adecuada en salud e investigación científica es tan esencial - o más - que la empresarial, los servicios de transporte y logística, y el Canal, de los que tanto nos jactamos. Las pandemias constituyen un recordatorio de que nosotros, como sociedad, no somos invencibles, y que para sobrevivir tenemos que invertir en salud y educación para enfrentar futuros desafíos de igual o mayor urgencia.</p><p>Es cierto que las pandemias pueden ocurrir una vez en la vida o, quizás, cada tantos años porque son impredecibles. Sin embargo, el concepto de “vulnerabilidad” también puede cambiar drásticamente. En esta pandemia, los grupos vulnerables no se limitan a personas de edad avanzada, con problemas de salud y comorbilidades, sin hogar o desamparadas: además incluyen a todas esas personas que al inicio de la pandemia no se consideraban vulnerables y ahora se sienten vulnerables.</p><p>En el editorial de <b>Lancet</b>, la pandemia puede ser “<i>un llamado a reconocer y reparar las rupturas socioculturales, sociopolíticas y sociohistóricas que generan vulnerabilidad en grupos marginados”</i>. Por tanto, quizá la reflexión más importante en<i> “la nueva normalidad” </i>sea esta: ¿estamos comprometidos de una vez por todas a desarrollar una red sólida y sostenible de seguridad social? Sería un mayor aporte que cualquier vacuna milagrosa.</p><p><i>La autora es investigadora del Indicasat  AIP y miembro de los movimientos Ciencia en Panamá y Cuidemos a Panamá</i></p>]]></content:encoded></item><item><title>Las cuidadoras y el Alzheimer </title><link>https://www.prensa.com/impresa/opinion/las-cuidadoras-y-el-alzheimer/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/opinion/las-cuidadoras-y-el-alzheimer/</guid><dc:creator>Gabrielle Britton</dc:creator><pubDate>Fri, 05 Jun 2020 14:55:08 +0000</pubDate><description>Junio es el mes de concientización sobre el Alzheimer. Esto nos ofrece una oportunidad de informar al público sobre retos en salud estrechamente relacionados con una sociedad que envejece.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Junio es el mes de concientización sobre el Alzheimer. Esto nos ofrece una oportunidad de informar al público sobre retos en salud estrechamente relacionados con una sociedad que envejece.</p><p>La de Alzheimer, la forma más común de demencia, es una enfermedad neurodegenerativa de causa desconocida que produce problemas con la memoria, el pensamiento y el comportamiento. Los síntomas suelen desarrollarse a partir de los 60 años de edad y empeoran con el tiempo, llegando a ser lo suficientemente graves como para interferir con las actividades básicas diarias.</p><p>Un informe de <b>Alzheimer’s Disease International (2018) </b>estima que, en Centroamérica, el 3.4% de la población está viviendo con demencia. Más del 90% de los enfermos permanece en casa, al cuidado de otras personas. Más del 90% de esas personas son mujeres que trabajan en condiciones informales: familiares que trabajan sin remuneración o cuidadoras remuneradas al margen de las normas del empleo formal.</p><p>La vulnerabilidad de las personas mayores por diversas realidades sociales, económicas y de salud ha sido muy evidente durante la pandemia de la Covid-19. Los cuidadores de personas con Alzheimer son especialmente vulnerables. El cuidado tiene efectos psicosociales (depresión y ansiedad) y de salud física (niveles altos de hormonas del estrés, respuesta inmune comprometida y deterioro cognitivo).</p><p>Estas personas pasan momentos muy difíciles. Muchas han trabajado sin protección, obligadas a permanecer aisladas para evitar infecciones y porque la persona que cuidan depende de ellas. ¿Cuántas han estado confinadas durante la pandemia sin apoyo?</p><p>Navegar esta pandemia es particularmente difícil cuando se cuida a alguien con demencia. Además de la protección contra la infección por el virus, los que cuidan necesitan apoyo en salud mental y psicosocial, y contratos y tratos justos en el trabajo y el empleo.</p><p>La escritora británica Penelope Lively escribió en un ensayo sobre la vejez: <i>“Cuando somos jóvenes, nunca podemos imaginar envejecer, en parte porque no podemos imaginar lo que es ser viejo, pero también porque no queremos serlo.”</i></p><p>Entre 2020 y 2050, el número de personas mayores con necesidades de atención casi se triplicará. Todos necesitaremos ser cuidados en algún momento. Mientras no exista un sistema formal de cuidados, la carga de los cuidados informales será cada año mayor y las mujeres continuarán siendo las más afectadas al tomar la responsabilidad principal.</p><p><i>La autora es investigadora en neurociencias y envejecimiento en el Indicasat AIP y miembro del movimiento Ciencia en Panamá</i></p>]]></content:encoded></item><item><title>5 mitos sobre el mal de Alzheimer y el deterioro cognitivo</title><link>https://www.prensa.com/salud_y_ciencia/mitos-mal-Alzheimer-deterioro-cognitivo_0_4277572381.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/salud_y_ciencia/mitos-mal-Alzheimer-deterioro-cognitivo_0_4277572381.html</guid><dc:creator>Dra. Gabrielle Britton | </dc:creator><pubDate>Mon, 06 Jan 2020 16:50:26 +0000</pubDate><description> </description><content:encoded><![CDATA[<p><p><em><strong>1. La demencia y la enfermedad de Alzheimer son lo mismo. </strong></em></p></p><p> </p><p><p><strong>Cierto y falso.</strong> <strong>Demencia</strong> es un término genérico para un conjunto de <strong>síntomas</strong> que incluyen pérdida de memoria y dificultad para pensar.<br/> La demencia más común (aproximadamente 70% de los casos) es la enfermedad de <strong>Alzheimer</strong>, pero hay otras condiciones que pueden causar demencia o síntomas parecidos, como la enfermedad de <strong>Parkinson</strong>, la <strong>esclerosis múltiple</strong> y el complejo de <strong>demencia</strong> asociado al síndrome de inmunodeficiencia adquirida.</p></p><p> </p><p><p><em><strong>2. La enfermedad de Alzheimer se hereda. </strong></em></p></p><p> </p><p><p><strong>Cierto y falso.</strong> Menos del 5% de los casos de la enfermedad de <strong>Alzheimer</strong> es de origen familiar, es decir, que están vinculados a un gen específico con una mutación determinada. En el caso de la enfermedad de <strong>Alzheimer hereditaria</strong>, se conocen tres genes que causan la enfermedad. <br/>La mayoría de los casos del mal de Alzheimer es de tipo esporádico, lo que significa que a la fecha no se ha identificado un gen en particular que los causa. Se conoce que cuando existe un caso de enfermedad de Alzheimer esporádico con <strong>historia familiar</strong>, el riesgo de padecer la enfermedad aumenta, pero se desconoce el porcentaje exacto y solo se pueden hacer estimaciones de riesgo. <br/>En el caso del mal de Alzheimer esporádica, la edad es el mayor factor de riesgo (no un factor genético).</p></p><p><p><br/><em><strong>3. La educación protege al cerebro contra la enfermedad de Alzheimer.</strong> </em></p></p><p><p><br/><strong>Cierto y falso.</strong> Aunque se conoce que las personas con un alto nivel de <strong>educación</strong> son menos propensas a desarrollar la enfermedad de Alzheimer y otras demencias, la razón para este fenómeno aún se desconoce.<br/> Los<strong> estudios indican que las experiencias de vida que retan al cerebro</strong>, tales como un mayor nivel de educación, pueden proteger al cerebro de los cambios biológicos que subyacen la enfermedad de Alzheimer, y esta protección se denomina “<strong>reserva cognitiva</strong>”. <br/>En conjunto, la evidencia apunta a que un mayor nivel de educación pospone el deterioro asociado a la enfermedad de Alzheimer, pero no la impide del todo. <br/>En Panamá, <strong>nuestras investigaciones</strong> muestran que aquellas personas que solo terminan la primaria o acuden menos de seis años a la escuela tienen entre dos y cinco veces más probabilidad de padecer de <strong>deterioro cognitivo</strong> después de los 65 años. Por tanto, completar la primaria puede ser un factor determinante de nuestra autonomía o dependencia en la tercera edad.</p></p><p> </p><p><p><em><strong>4. Solo los adultos mayores padecen de Alzheimer.</strong> </em></p></p><p><p><br/><strong>Falso.</strong> El factor de riesgo más importante de la enfermedad de Alzheimer es la edad y, por tanto, la mayoría de los casos del mal de Alzheimer se desarrolla después de los 65 años, como es el caso de la <strong>enfermedad de Alzheimer</strong> esporádica. Pero en casos sumamente raros, la mutación en un gen que causa el mal de Alzheimer es transmitida de una generación a otra, y esta forma de la enfermedad de Alzheimer es de inicio temprano (antes de los 60 años). En la película <strong>Still Alice</strong> (2014), el personaje de <strong>Julianne Moore</strong> padecía de una forma de la <strong>enfermedad de Alzheimer hereditaria</strong>.</p></p><p> </p><p><p><strong><em>5. Es imposible diagnosticar el mal de Alzheimer con seguridad.</em></strong></p></p><p><p><br/><strong>Falso.</strong> El mal de Alzheimer es una <strong>enfermedad neurodegenerativa</strong> que inicia de manera lenta y evoluciona progresivamente, y se caracteriza por una pérdida severa de memoria y otras funciones cognitivas y conductuales.<br/> El criterio clínico central es un deterioro de la memoria episódica que puede ser aislado o estar acompañado de otras alteraciones cognitivas. <br/>Los síntomas clínicos de la enfermedad de Alzheimer proveen una seguridad diagnóstica alta (entre 80%-90% precisión diagnóstica), pero estos se manifiestan en fases avanzadas de la enfermedad cuando la neuropatología subyacente ya es sustancial. <br/>El reto es diagnosticar la enfermedad de Alzheimer antes de que se manifiesten los síntomas, y varios grupos de investigación (incluyendo el nuestro en Panamá) están enfocados en identificar nuevos marcadores que permitan diagnosticar el mal de Alzheimer en fases tempranas (asintomáticas) de la enfermedad. La importancia de un <strong>diagnóstico oportuno</strong> está en poder intervenir con fármacos o cambios conductuales que pudieran atrasar o prevenir la enfermedad.</p></p><p><p><br/><em><strong>(La autora es doctora en neurociencias y psicología del Centro de Neurociencias de INDICASAT AIP, y organiza este 29 de agosto el taller “Vive el envejecimiento activo” en INDICASAT AIP. Facebook: Neurociencias Panamá: Memoria y Salud. / Email: memoria.salud@gmail.com / Teléfono: 517-0708).</strong></em></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/w-h2mkD_QsH-j3Q-zhs88yOnXVg=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/KPFA3XQOVBEHTHR3KICI34ZH7I.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[5 mitos sobre el mal de Alzheimer y el deterioro cognitivo]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Dra. Gabrielle Britton]]></media:credit></media:content></item><item><title>5 mitos sobre el mal de Alzheimer y el deterioro cognitivo</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/mitos-mal-Alzheimer-deterioro-cognitivo_0_4278322208.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/mitos-mal-Alzheimer-deterioro-cognitivo_0_4278322208.html</guid><dc:creator>Dra | Gabrielle Britton</dc:creator><pubDate>Mon, 06 Jan 2020 16:47:56 +0000</pubDate><description>La demencia y la enfermedad de Alzheimer son lo mismo.</description><content:encoded><![CDATA[<p><p><strong>1</strong></p></p><p>La demencia y la enfermedad de Alzheimer son lo mismo.</p><p>Cierto y falso. Demencia es un término genérico para un conjunto de síntomas que incluyen pérdida de memoria y dificultad para pensar.</p><p>La demencia más común (aproximadamente 70% de los casos) es la enfermedad de Alzheimer, pero hay otras condiciones que pueden causar demencia o síntomas parecidos como la enfermedad de Parkinson, la esclerosis múltiple y el complejo de demencia asociado al síndrome de inmunodeficiencia adquirida.</p><p><p><strong>2</strong></p></p><p>La enfermedad de Alzheimer se hereda.</p><p>Cierto y falso. Menos del 5% de los casos de la enfermedad de Alzheimer es de origen familiar, es decir, que están vinculados a un gen específico con una mutación determinada. En el caso de la enfermedad de Alzheimer hereditaria, se conocen tres genes que causan la enfermedad.</p><p>La mayoría de los casos del mal de Alzheimer es de tipo esporádico, lo que significa que a la fecha no se ha identificado un gen en particular que los causa. Se conoce que cuando existe un caso de enfermedad de Alzheimer esporádico con historia familiar, el riesgo de padecer la enfermedad aumenta, pero se desconoce el porcentaje exacto y solo se pueden hacer estimaciones de riesgo.</p><p>En el caso del mal de Alzheimer esporádica, la edad es el mayor factor de riesgo (no un factor genético).</p><p><p><strong>3</strong></p></p><p>La educación protege al cerebro contra la enfermedad de Alzheimer.</p><p>Cierto y falso. Aunque se conoce que las personas con un alto nivel de educación son menos propensas a desarrollar la enfermedad de Alzheimer y otras demencias, la razón para este fenómeno aún se desconoce.</p><p>Los estudios indican que las experiencias de vida que retan al cerebro, tales como un mayor nivel de educación, pueden proteger al cerebro de los cambios biológicos que subyacen la enfermedad de Alzheimer, y esta protección se denomina “reserva cognitiva”.</p><p>En conjunto, la evidencia apunta a que un mayor nivel de educación pospone el deterioro asociado a la enfermedad de Alzheimer, pero no la impide del todo.</p><p>En Panamá, nuestras investigaciones muestran que aquellas personas que solo terminan la primaria o acuden menos de 6 años a la escuela tienen entre dos y cinco veces más probabilidad de padecer de deterioro cognitivo después de los 65 años. Por tanto, completar la primaria puede ser un factor determinante de nuestra autonomía o dependencia en la tercera edad.</p><p><p><strong>4</strong></p></p><p>Solo los adultos mayores padecen de Alzheimer.</p><p>Falso. El factor de riesgo más importante de la enfermedad de Alzheimer es la edad y, por tanto, la mayoría de los casos del mal de Alzheimer se desarrolla después de los 65 años, como es el caso de la enfermedad de Alzheimer esporádica. Pero en casos sumamente raros, la mutación en un gen que causa el mal de Alzheimer es transmitida de una generación a otra, y esta forma de la enfermedad de Alzheimer es de inicio temprano (antes de los 60 años). En la película Still Alice (2014), el personaje de Julianne Moore padecía de una forma de la enfermedad de Alzheimer hereditaria.</p><p><p><strong>5</strong></p></p><p>Es imposible diagnosticar el mal de Alzheimer con seguridad.</p><p>Falso. El mal de Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa que inicia de manera lenta y evoluciona progresivamente, y se caracteriza por una pérdida severa de memoria y otras funciones cognitivas y conductuales.</p><p>El criterio clínico central es un deterioro de la memoria episódica que puede ser aislado o estar acompañado de otras alteraciones cognitivas.</p><p>Los síntomas clínicos de la enfermedad de Alzheimer proveen una seguridad diagnóstica alta (entre 80%-90% precisión diagnóstica), pero estos se manifiestan en fases avanzadas de la enfermedad cuando la neuropatología subyacente ya es sustancial.</p><p>El reto es diagnosticar la enfermedad de Alzheimer antes de que se manifiesten los síntomas, y varios grupos de investigación (incluyendo el nuestro en Panamá) están enfocados en identificar nuevos marcadores que permitan diagnosticar el mal de Alzheimer en fases tempranas (asintomáticas) de la enfermedad. La importancia de un diagnóstico oportuno está en poder intervenir con fármacos o cambios conductuales que pudieran atrasar o prevenir la enfermedad.</p><p>(La autora es doctora en neurociencias y psicología del Centro de Neurociencias de INDICASAT AIP, y organiza este 29 de agosto el taller “Vive el envejecimiento activo” en INDICASAT AIP. Facebook: Neurociencias Panamá: Memoria y Salud. / Email: memoria.salud@gmail.com / Teléfono: 517-0708).</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/AZAV_Rz1VYKpQdlbsM_vWtqQH9s=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/ZYHFG6SF4BA3VAFMVR5YBLHXXI.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Los adultos mayores son especialmente vulnerables al deterioro cognitivo y a las demencias asociadas a la edad.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>5 mitos  sobre el Alzheimer y el deterioro cognitivo (parte II)</title><link>https://www.prensa.com/salud_y_ciencia/mitos-Alzheimer-deterioro-cognitivo-II_0_4282821823.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/salud_y_ciencia/mitos-Alzheimer-deterioro-cognitivo-II_0_4282821823.html</guid><dc:creator>Dra. Gabrielle Britton | </dc:creator><pubDate>Fri, 03 Jan 2020 23:54:00 +0000</pubDate><description>Falso. A la fecha, no se ha descubierto un producto que cure o detenga la enfermedad de Alzheimer, y de hecho, los ensayos clínicos dirigidos a la búsqueda de nuevos tratamientos tienen una de las tasas de fracaso (99.6%) más altas en la industria. Los fármacos disponibles, agentes colinérgicos y reguladores del glutamato, únicamente modulan los síntomas primarios cognitivos y, en la mayoría de los casos, con una efectividad moderada.</description><content:encoded><![CDATA[<p><p><strong>1. Existen productos naturales y vitaminas que curan o detienen la enfermedad de Alzheimer.</strong></p></p><p><div class="article-related"><h3>+info</h3><span class="article-related-link"><a href="https://www.prensa.com/salud_y_ciencia/mitos-mal-Alzheimer-deterioro-cognitivo_0_4277572381.html">5 mitos sobre el mal de Alzheimer y el deterioro cognitivo</a></span></div></p><p>Falso. A la fecha, no se ha descubierto un producto que cure o detenga la enfermedad de Alzheimer, y de hecho, los ensayos clínicos dirigidos a la búsqueda de nuevos tratamientos tienen una de las tasas de fracaso (99.6%) más altas en la industria. Los fármacos disponibles, agentes colinérgicos y reguladores del glutamato, únicamente modulan los síntomas primarios cognitivos y, en la mayoría de los casos, con una efectividad moderada.</p><p><p><strong>2. La pérdida de memoria es señal de la enfermedad de Alzheimer. </strong></p></p><p>Cierto y falso. Los cambios en la memoria relacionados a la edad no son lo mismo que la demencia. Los lapsus de memoria pueden ser frustrantes pero en la mayoría de los casos no son motivo de preocupación. A medida que envejecemos ocurren cambios fisiológicos que pueden causar un enlentecimiento de los procesos mentales, pero muchas veces si nos damos un tiempo la información nos viene a la mente. </p><p><p><strong>3. El deterioro cognitivo leve es señal de que se aproxima la enfermedad de Alzheimer.</strong></p></p><p>Cierto y falso. El deterioro cognitivo leve es una condición en la que una persona tiene problemas con la memoria, el lenguaje u otra capacidad cognitiva esencial que son lo suficientemente graves como para ser percibidos por los demás, pero no como para interferir con la vida diaria. Los estudios indican que entre 10% y 20% de las personas mayores de 65 años tienen deterioro cognitivo leve, y que 15% de estas personas progresan a la enfermedad de Alzheimer cada año. No está claro por qué algunas personas con deterioro cognitivo leve desarrollan demencia mientras otros no lo hacen.</p><p><p><strong>4. Cuando llegamos a la tercera edad no hay nada que se pueda hacer para mejorar las habilidades cognitivas. </strong></p></p><p><p>Falso. El cerebro es capaz de producir nuevas neuronas y conexiones a cualquier edad, pero al igual que sucede con la fuerza muscular, hay que usar el cerebro para mantenerlo flexible y sano. El estilo de vida, los hábitos de salud y las actividades diarias tienen un enorme impacto en la salud del cerebro. <br/>Lo más saludable que podemos hacer por nuestro cerebro a lo largo del desarrollo es salirnos de la rutina y tener nuevas experiencias, interacciones sociales y actividades estimulantes. <br/><br/><strong>5. Todas las funciones cognitivas se deterioran con la edad. </strong></p></p><p>Falso. Hay ciertas funciones que se deterioran con la edad, como la memoria a corto plazo y la velocidad de procesamiento. Sin embargo, hay muchas capacidades mentales que mejoran con la edad, por ejemplo, la capacidad verbal (el vocabulario y la expresión oral), la sabiduría que se adquiere a lo largo de la vida, el sentido común innato, y la capacidad de formar argumentos y juicios razonables. Los adultos mayores son una fuente invaluable de sabiduría y conocimiento por consecuencia directa de las experiencias de vida.</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/5eCWzUOFjj3pvQ6lIexGdG2C0iE=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/TZDGXPU5P5AJDABST27JHMEELI.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[5 mitos  sobre el Alzheimer y el deterioro cognitivo (parte II)]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Dra. Gabrielle Britton]]></media:credit></media:content></item><item><title>5 mitos sobre el Alzheimer y el deterioro cognitivo (II parte)</title><link>https://www.prensa.com/impresa/vivir/Alzheimer-deterioro-cognitivo-II-parte_0_4283571671.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/vivir/Alzheimer-deterioro-cognitivo-II-parte_0_4283571671.html</guid><dc:creator>Dra | Gabrielle Britton</dc:creator><pubDate>Fri, 03 Jan 2020 23:51:27 +0000</pubDate><description>Existen productos naturales y vitaminas que curan o detienen la enfermedad de Alzheimer.</description><content:encoded><![CDATA[<p><p><strong>1</strong></p></p><p>Existen productos naturales y vitaminas que curan o detienen la enfermedad de Alzheimer.</p><p>Falso. A la fecha, no se ha descubierto un producto que cure o detenga la enfermedad de Alzheimer, y de hecho, los ensayos clínicos dirigidos a la búsqueda de nuevos tratamientos tienen una de las tasas de fracaso (99.6%) más altas en la industria. Los fármacos disponibles, agentes colinérgicos y reguladores del glutamato, únicamente modulan los síntomas primarios cognitivos y, en la mayoría de los casos, con una efectividad moderada.</p><p><p><strong>2</strong></p></p><p>La pérdida de memoria es señal de la enfermedad de Alzheimer.</p><p>Cierto y falso. Los cambios en la memoria relacionados a la edad no son lo mismo que la demencia. Los lapsus de memoria pueden ser frustrantes pero en la mayoría de los casos no son motivo de preocupación. A medida que envejecemos ocurren cambios fisiológicos que pueden causar un enlentecimiento de los procesos mentales, pero muchas veces si nos damos un tiempo la información nos viene a la mente.</p><p><p><strong>3</strong></p></p><p>El deterioro cognitivo leve es señal de que se aproxima la enfermedad de Alzheimer.</p><p>Cierto y falso. El deterioro cognitivo leve es una condición en la que una persona tiene problemas con la memoria, el lenguaje u otra capacidad cognitiva esencial que son lo suficientemente graves como para ser percibidos por los demás, pero no como para interferir con la vida diaria. Los estudios indican que entre 10% y 20% de las personas mayores de 65 años tienen deterioro cognitivo leve, y que 15% de estas personas progresan a la enfermedad de Alzheimer cada año. No está claro por qué algunas personas con deterioro cognitivo leve desarrollan demencia mientras otros no lo hacen.</p><p><p><strong>4</strong></p></p><p>Cuando llegamos a la tercera edad no hay nada que se pueda hacer para mejorar las habilidades cognitivas.</p><p>Falso. El cerebro es capaz de producir nuevas neuronas y conexiones a cualquier edad, pero al igual que sucede con la fuerza muscular, hay que usar el cerebro para mantenerlo flexible y sano. El estilo de vida, los hábitos de salud y las actividades diarias tienen un enorme impacto en la salud del cerebro.</p><p>Lo más saludable que podemos hacer por nuestro cerebro a lo largo del desarrollo es salirnos de la rutina y tener nuevas experiencias, interacciones sociales y actividades estimulantes.</p><p><p><strong>5</strong></p></p><p>Todas las funciones cognitivas se deterioran con la edad.</p><p>Falso. Hay ciertas funciones que se deterioran con la edad, como la memoria a corto plazo y la velocidad de procesamiento. Sin embargo, hay muchas capacidades mentales que mejoran con la edad, por ejemplo, la capacidad verbal (el vocabulario y la expresión oral), la sabiduría que se adquiere a lo largo de la vida, el sentido común innato, y la capacidad de formar argumentos y juicios razonables.</p><p>Los adultos mayores son una fuente invaluable de sabiduría y conocimiento por consecuencia directa de las experiencias de vida.</p><p>(La autora es doctora en neurociencias y psicología del Centro de Neurociencias de INDICASAT AIP, y organiza este 29 de agosto el taller “Vive el envejecimiento activo” en INDICASAT AIP. Facebook: Neurociencias Panamá: Memoria y Salud / Email: memoria.salud@gmail.com / Teléfono: 517-0708)</p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/jWfXYOWSg2KhBO4bHwrxFNPV8zc=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/3ZDRJYCTTVAV3GVODUFI2PJJQU.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[La enfermedad de Alzheimer, la forma de demencia más común, y el deterioro cognitivo leve, fase que precede a este mal, son condiciones asociadas a la edad. Fotolia]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Sobre la prevención de la demencia</title><link>https://www.prensa.com/opinion/prevencion-demencia_0_4833266773.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/opinion/prevencion-demencia_0_4833266773.html</guid><dc:creator>Gabrielle Britton | </dc:creator><pubDate>Wed, 04 Dec 2019 21:01:05 +0000</pubDate><description>A menudo encuentro personas (médicos incluidos) que opinan que la demencia es una parte intrínseca de la edad y que nada se puede hacer para detenerla. Este no es un punto de vista descabellado. La edad es el mayor factor de riesgo para la enfermedad de Alzheimer, la demencia más común, y a medida que la población mundial envejece, el número de personas que vive con demencia crece. Tampoco existe fármaco que pueda prevenir o detener la progresión de la enfermedad. A la fecha no hay cura para el alzheimer, y los ensayos clínicos dirigidos a la búsqueda de nuevos tratamientos tienen una de las tasas de fracaso (99.6%) más altas en la industria farmacéutica.</description><content:encoded><![CDATA[<p>A menudo encuentro personas (médicos incluidos) que opinan que la demencia es una parte intrínseca de la edad y que nada se puede hacer para detenerla. Este no es un punto de vista descabellado. La edad es el mayor factor de riesgo para la enfermedad de Alzheimer, la demencia más común, y a medida que la población mundial envejece, el número de personas que vive con demencia crece. Tampoco existe fármaco que pueda prevenir o detener la progresión de la enfermedad. A la fecha no hay cura para el alzheimer, y los ensayos clínicos dirigidos a la búsqueda de nuevos tratamientos tienen una de las tasas de fracaso (99.6%) más altas en la industria farmacéutica.</p><p>La demencia no es una enfermedad específica. Es un término general que describe una gama de síntomas asociados con una disminución de la memoria y otras habilidades de pensamiento lo suficientemente graves como para alterar las funciones diarias. La enfermedad de Alzheimer representa entre 60% y 80% de los casos de demencia, la cual puede ser esporádica o familiar. La esporádica representa más del 95% de los casos de alzheimer y generalmente se presenta después de los 65 años, mientras la familiar es una enfermedad genética muy rara, causada por una mutación en uno de varios genes, que va a evolucionar en alzheimer entre los 40 o 50 años de edad.</p><p><p>En julio de este año la comisión de la revista <strong>The Lancet</strong> sobre prevención, intervención y cuidado de la demencia publicó un informe de los resultados de investigaciones científicas enfocadas en la prevención de la demencia. El informe indica que podemos hacer cambios positivos en estilos de vida para reducir el riesgo de desarrollar demencia. A raíz de estas investigaciones, conocemos que aunque la neuropatología subyacente no es curable, el curso de la enfermedad puede ser modificable prestando atención a diversos factores sociales y conductuales. La conclusión relevante es que una fracción importante de la demencia es evitable: 35% de los casos de demencia podrían ser prevenidos si nueve factores de riesgo modificables fueran totalmente eliminados – la hipertensión (2%), la obesidad (1%), el tabaquismo (5%), la depresión no atendida (4%), la inactividad física (3%), el aislamiento social (2%), la diabetes (1%), el no completar la educación secundaria (8%), y la pérdida de audición durante la mediana edad (9%). Esto se compara con la prevención de 7% de los casos si pudiéramos eliminar el principal factor de riesgo genético del alzheimer esporádico, la expresión del alelo e4 de la apolipoproteina E (ApoE4).</p></p><p>Algunas personas con cambios neuropatológicos de la enfermedad de Alzheimer no tienen demencia, lo que se denomina resiliencia. Este fenómeno ha llevado al concepto de reserva cognitiva, o la capacidad de tolerar más neuropatología sin problemas cognitivos. Un cerebro resiliente desarrolla demencia más lentamente relativo a otro sin este tipo de reserva. La teoría sugiere que a menor reserva cognitiva más temprano es el desarrollo de la demencia. Por ejemplo, la hipertensión no tratada en personas jóvenes incrementa un 60% el riesgo de desarrollar demencia en edades más tempranas, debido a que las consecuencias fisiológicas de la hipertensión reducen el efecto de la reserva cognitiva. Por el contrario, el efecto acumulativo de los factores que mejoran la reserva, incluyendo el ejercicio físico, la estimulación intelectual y actividades sociales se asocian a un riesgo menor de demencia, incluso entre individuos con predisposición genética a la demencia (portadores de ApoE4).</p><p>El que hoy conozcamos que más de un tercio de los casos de demencia son, en teoría, totalmente prevenibles es motivo de celebración. Indica que una mejoría en la reserva cerebral puede darse por reducción en factores de riesgo modificables, por ser formas efectivas de promover la resiliencia. Pero ¿cómo motivamos a las personas adultas a cambiar su comportamiento y adoptar opciones de estilo de vida más saludables? Mientras que algunos factores de riesgo como el tabaquismo han sido abordados por el Estado, otros como la obesidad y bajos niveles de educación son más difíciles de alterar y requieren de esfuerzos titánicos. La inversión en programas de investigación en salud y campañas de educación pública son pasos importantes en la sensibilización hacia cambios de comportamiento saludable para tributar – de verdad – en una futura reducción, tanto en la incidencia de demencia como de otras enfermedades crónicas.</p><p><p><em>La autora es investigadora, Centro de Neurociencias de Indicasat AIP</em></p></p>]]></content:encoded></item><item><title>Arte, cerebro y salud</title><link>https://www.prensa.com/opinion/Arte-cerebro-salud_0_4864013634.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/opinion/Arte-cerebro-salud_0_4864013634.html</guid><dc:creator>Gabrielle Britton | </dc:creator><pubDate>Tue, 03 Dec 2019 16:21:46 +0000</pubDate><description>Particularmente durante el desarrollo temprano, las formas naturales de arte que constituyen el juego infantil fortalecen las vías sensoriales, atencionales, emocionales, cognitivas y motoras básicas que constituyen las habilidades esenciales del pensamiento. El impacto de las actividades artísticas durante el desarrollo infantil tiene una larga historia en las neurociencias, no obstante, el mismo enfoque en la mejora del envejecimiento saludable a través de la participación en la artes es bastante reciente. El primer estudio científico que evaluó si la participación en las artes creativas pudiera promover un envejecimiento más saludable fue el “Creativity and Aging Study”, Estudio de Creatividad y Envejecimiento, 2001-2006.</description><content:encoded><![CDATA[<p>La desalentadora noticia del mes pasado, del recorte presupuestario al INAC, reafirma que la cultura es uno de los sectores más castigados de la inversión pública. A pesar de la evidencia que sustenta el retorno económico y social de la inversión en cultura, los gobernantes todavía la consideran un bien superfluo que no merece suficiente atención ni protección. Desde la ciencia se ha producido un enorme cuerpo de investigación sobre el impacto de las artes en el desarrollo cognitivo, social y emocional. Específicamente la neurociencia ha demostrado que las artes no son solo expresivas y afectivas, sino profundamente cognitivas.</p><p>Particularmente durante el desarrollo temprano, las formas naturales de arte que constituyen el juego infantil fortalecen las vías sensoriales, atencionales, emocionales, cognitivas y motoras básicas que constituyen las habilidades esenciales del pensamiento. El impacto de las actividades artísticas durante el desarrollo infantil tiene una larga historia en las neurociencias, no obstante, el mismo enfoque en la mejora del envejecimiento saludable a través de la participación en la artes es bastante reciente. El primer estudio científico que evaluó si la participación en las artes creativas pudiera promover un envejecimiento más saludable fue el “Creativity and Aging Study”, Estudio de Creatividad y Envejecimiento, 2001-2006.</p><p>En este estudio longitudinal se examinó el impacto de programas culturales llevados a cabo por profesionales en las artes en la salud física y mental, y el funcionamiento social de adultos mayores en tres ciudades estadounidenses: Washington DC, Brooklyn y San Francisco. La mitad de la muestra en cada sitio participó en programas semanales dirigidos por profesionales de las artes y la otra mitad no. Los efectos de la participación fueron evidentes desde el primer año del estudio. En comparación con el grupo control, las personas en los programas de arte participativo mostraron una mejor salud, menos visitas al médico y menor uso de medicamentos, respuestas más positivas en medidas de salud mental, y mayor participación en actividades generales. Esto en adultos mayores es categórico, pues repercute en la conservación de la autonomía que es su mayor preocupación.</p><p>En otros estudios controlados hay una serie de ensayos aleatorios sobre los beneficios cognitivos de participación en las artes en adultos mayores, luego de sesiones de actuación dirigidos por un actor (o educador) profesional. En el que el grupo de actuación fue comparado a grupos de canto y baile, por ejemplo, los autores reportaron incrementos significativos en recuerdo libre de palabras, recuerdo inmediato y diferido de historias, resolución de problemas y fluidez verbal en el grupo de actuación. También se observaron mejoras en la capacidad de realizar actividades de la vida diaria, lo que refleja mayor autonomía.</p><p>En seguimiento a estos estudios también se ha demostrado que el grupo de actuación tuvo incrementos en volumen en áreas del cerebro involucradas en memoria y control ejecutivo (término que hace referencia a una serie de funciones como la atención y la planificación), y segundo, mayor conectividad entre regiones cerebrales que subyacen estas funciones, mientras que los grupos de canto y baile tuvieron modificaciones menos extensas. Los efectos positivos de la intervención no guardaron relación con la edad ni el nivel de escolaridad, lo que resalta el alcance de la intervención. En conjunto, los estudios teatrales presentan un cuadro bastante cohesivo comparado con otras formas de arte debido a las demandas en memoria que las caracterizan y el hecho de que las palabras a menudo están íntimamente relacionadas con las acciones en el escenario para desempeñar un rol. Incluso meses después de la interpretación final de una obra de teatro, los actores recordaron el diálogo que había sido ejecutado con movimientos sobre el escenario, mucho mejor que el diálogo que ocurría mientras permanecían en su lugar. Este principio –sincronía de la palabra y la acción como método facilitador de consolidación de la memoria– está ampliamente sustentado en la literatura científica de la memoria.</p><p>Por lo tanto, podemos extrapolar de estos estudios lo siguiente: si bien es cierto que las artes juegan un papel importante durante la infancia, esta no es la única etapa de vida en la que son necesarias. Los estudios en adultos mayores resaltan el rol que el aprendizaje de las artes pudiera tener en lograr una mejor salud cognitiva y autonomía a lo largo de la vida. Así desde las ciencias podemos darle una mano a la cultura, aportando evidencia de que el arte y la cultura son mucho más que entretenimiento, son un medio costo-eficiente para el bienestar que pudiera fomentar la salud y calidad de vida en la tercera edad. Las preguntas obligadas son: ¿hay evidencia de la necesidad de privar la nación de las artes y la cultura? ¿Por qué siguen haciéndolo?</p><p><p><em>El autor es investigadora, Centro de Neurociencias de Indicasat AIP</em></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/TSQJVUJ8Id-7dEqRWLL1GSviAII=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/EUQXT635LRGZTMRXV5IKJEX43I.png"><media:description type="plain"><![CDATA[Arte, cerebro y salud]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Sexo y alzhéimer</title><link>https://www.prensa.com/opinion/Sexo-alzheimer_0_4905259548.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/opinion/Sexo-alzheimer_0_4905259548.html</guid><dc:creator>Gabrielle Britton | </dc:creator><pubDate>Sat, 30 Nov 2019 13:14:31 +0000</pubDate><description>Este mes en el cuadragésimo séptimo congreso de la Sociedad de Neurociencia que tuvo lugar en Washington, cientos de ponencias se centraron en el papel del sexo en el desarrollo y la función del cerebro. En alzhéimer, las investigaciones apuntan a que las diferencias entre sexos se deben a la interacción entre factores específicos del sexo, como los cambios hormonales, y los factores de riesgo y las patologías del alzhéimer.</description><content:encoded><![CDATA[<p>La enfermedad de Alzheimer no suele incluirse entre las prioridades en salud de la mujer. Sin embargo, estudios clínicos sugieren que las mujeres corremos más riesgo de padecer alzhéimer que los hombres, aun tomando en cuenta que la esperanza de vida es más larga en mujeres y la incidencia de alzhéimer aumenta exponencialmente después de los 65 años. Las mujeres representan dos de cada tres casos (65%) de alzhéimer. La probabilidad de desarrollar alzhéimer es de uno en seis para mujeres mayores de 65 años (dos veces más que para el cáncer de mama), mientras en hombres es de 1 en 11.</p><p>Este mes en el cuadragésimo séptimo congreso de la Sociedad de Neurociencia que tuvo lugar en Washington, cientos de ponencias se centraron en el papel del sexo en el desarrollo y la función del cerebro. En alzhéimer, las investigaciones apuntan a que las diferencias entre sexos se deben a la interacción entre factores específicos del sexo, como los cambios hormonales, y los factores de riesgo y las patologías del alzhéimer.</p><p>Estudios en roedores y ensayos celulares indican que el estrógeno promueve el metabolismo energético cerebral. A su vez, hay evidencia de que la menopausia, la reducción natural de estrógeno, está asociada a una reducción en la capacidad del cerebro de producir y utilizar energía eficientemente.</p><p>Esta energía, en forma de glucosa, es esencial para el funcionamiento óptimo del cerebro. El cerebro representa solo el 2% del peso corporal pero consume el 20% de la glucosa total, y es el primer órgano afectado en casos de desregulación de la glucosa. Un ejemplo es la diabetes, un trastorno metabólico común y uno de los principales factores de riesgo para el deterioro cognitivo y alzhéimer.</p><p>El alzhéimer es una enfermedad neurodegenerativa de inicio insidioso que se caracteriza por una pérdida severa de memoria y otras funciones cognitivas y de comportamiento. Menos del 5% de los casos son de origen familiar (i.e. de inicio precoz y causado por una alteración genética específica); la mayoría (95%) es esporádica, de inicio tardío (después de los 60 años de edad) y por causas desconocidas. Estudios han encontrado que la expresión del alelo e4 de la apolipoproteína E (APOE4), el mayor factor de riesgo genético de alzhéimer esporádico, confiere mayor riesgo en mujeres.</p><p>También hay evidencia de que las mujeres con alzhéimer muestran más atrofia cerebral del hipocampo, un área del cerebro especialmente vulnerable en las primeras etapas de la enfermedad. Esta línea de investigación está apenas en sus inicios y aún falta mucho por aclarar, pero es evidente que las razones por las diferencias entre sexos son complejas y multifactoriales.</p><p>Hay otro aspecto igualmente importante en el que el alzhéimer afecta desproporcionadamente a las mujeres: en la carga social. os de cada tres cuidadores informales de adultos mayores son mujeres que generalmente tienen recursos sociales y financieros más limitados. Por esta razón la investigación en salud debe enfocarse no solo en identificar factores de riesgo modificables y tratamientos efectivos para enfermedades, sino también en determinar los tipos de servicios comunitarios e institucionales necesarios para apoyar a las personas afectadas así como a sus familias.</p><p><p>En el <strong>Centro de Neurociencias del Indicasat AIP</strong> recientemente iniciamos la siguiente fase de un estudio prospectivo enfocado en identificar marcadores biológicos del alzhéimer y deterioro cognitivo en panameños. Más de 350 voluntarios de 60 años y mayores otorgaron su consentimiento para participar, y el 65% son mujeres. la fecha, la mayoría de la investigación médica se ha centrado en un sexo, con el supuesto de que el estudio del otro sexo arrojaría resultados similares. l alzhéimer es un ejemplo de una enfermedad que afecta a hombres y mujeres de manera diferente, tanto en aspectos médicos como sociales. Apenas estamos en los inicios del estudio de cómo se expresan estas diferencias en nuestra población. Aprovecho para agradecer a los participantes de nuestro estudio por su valiosa contribución a la investigación nacional de salud.</p></p><p><p><em>La autora es investigadora del Centro de Neurociencias del Indicasat AIP</em></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/K3nXkhhPYn8LuQa02JMbz3lcf0k=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/44HPVCUZQNHR7FAJOTBVPXLZHA.png"><media:description type="plain"><![CDATA[Sexo y alzhéimer]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Sin salud mental no hay salud</title><link>https://www.prensa.com/opinion/salud-mental_0_4981751827.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/opinion/salud-mental_0_4981751827.html</guid><dc:creator>Gabrielle Britton | </dc:creator><pubDate>Mon, 18 Nov 2019 18:58:11 +0000</pubDate><description>¿Pero cómo saber si estamos experimentando un problema de salud mental que requiere de atención especial? Si se producen varias de las siguientes situaciones al mismo tiempo –funcionamiento diario disminuido, problemas de concentración, apatía, sentimientos de aislamiento social, miedo o desconfianza de los demás o nerviosismo, pensamiento ilógico, cambios en sueño o apetito– puede ser útil consultar con un profesional de la salud mental, especialmente si los síntomas están causando problemas en la capacidad de estudiar, trabajar o relacionarse con otros. Las personas con pensamientos o intenciones suicidas, o pensamientos de lastimar a otros necesitan atención inmediata.</description><content:encoded><![CDATA[<p>En siglos pasados éramos más propensos a morir temprano por enfermedades infecciosas, lidiar con crímenes sin sentido, y soportar desigualdades sociales. Lo cierto es que, aunque hayan mejorado las condiciones de salud y sociales, siguen existiendo injusticias y barbaridades en el siglo XXI, como el aumento global del populismo religioso, la violencia contra las mujeres y niños, la xenofobia y homofobia, y la corrupción rampante (solo para mencionar algunos desastres), que nos han llevado a sentirnos más desesperados que nunca. Aún en la ausencia de enfermedad física, en la vida diaria sobran las preocupaciones personales, profesionales y económicas. Estas situaciones agobiantes pueden desencadenar una cascada de hormonas relacionadas al estrés que producen cambios fisiológicos bien orquestados. La respuesta al estrés evolucionó para ayudarnos a reaccionar de forma rápida y efectiva a situaciones de alta presión, pero si ocurre repetida y sostenidamente tiene un efecto nocivo en la salud física, pero sobre todo en la salud mental.</p><p>La Organización Mundial de la Salud define la salud mental como un “estado de bienestar en el que cada individuo realiza su propio potencial, puede hacer frente a los factores normales de estrés de la vida, puede trabajar productiva y fructíferamente, y puede hacer una contribución a la comunidad”. Este estado se ve interrumpido en uno de cada tres individuos (o más) durante su vida. Estimaciones de la carga mundial de enfermedades mentales las ubican en primer lugar en términos de años vividos con discapacidad (AVD). Mucha de esta enorme carga se debe a que la gran mayoría de los casos no son atendidos.</p><p>¿Pero cómo saber si estamos experimentando un problema de salud mental que requiere de atención especial? Si se producen varias de las siguientes situaciones al mismo tiempo –funcionamiento diario disminuido, problemas de concentración, apatía, sentimientos de aislamiento social, miedo o desconfianza de los demás o nerviosismo, pensamiento ilógico, cambios en sueño o apetito– puede ser útil consultar con un profesional de la salud mental, especialmente si los síntomas están causando problemas en la capacidad de estudiar, trabajar o relacionarse con otros. Las personas con pensamientos o intenciones suicidas, o pensamientos de lastimar a otros necesitan atención inmediata.</p><p>Una de las principales razones por la que no tendemos a acudir a servicios de salud es por los muchos mitos y prejuicios que existen sobre la salud mental. Un mito común es que las enfermedades mentales son problemas de “otros”, a pesar de que afectan a personas de todas las edades y estratos sociales. También existe el prejuicio de que las personas con trastornos mentales son peligrosas y violentas, a pesar de que la gran mayoría no son más propensas a ser violentas que los demás. Todos conocemos a alguien con un problema de salud mental y ni siquiera nos damos cuenta, porque la gran mayoría son miembros activos y productivos de nuestras comunidades. Usamos la palabra ‘loco’ sin pensar en lo que implica, y las redes sociales están repletas de información falsa y alarmante sobre la salud mental. Asumimos que los que padecen de enfermedad mental tienen debilidades particulares, pero los problemas de salud mental no tienen nada que ver con ser débil. Estos abarcan una variedad de trastornos, con múltiples factores causales, incluyendo enfermedades físicas, factores genéticos, lesiones, química cerebral, o experiencias de vida como pobreza, trauma o antecedentes de abuso. Falta mucho por comprender respecto a las enfermedades mentales, por eso es necesario invertir en la investigación en salud mental.</p><p>Existe mucha evidencia de que sí se pueden tomar medidas para prevenir ciertos trastornos mentales en la adultez abordando factores de riesgo conocidos. Promover el bienestar socioemocional de los jóvenes produce un mejor rendimiento académico y reduce las tasas de criminalidad. En adultos mayores, tratar los trastornos de ánimo reduce el riesgo de deterioro cognitivo y demencias. A todas las edades, una buena salud mental promueve la productividad, fortalece las relaciones personales y mejora la calidad de vida y la salud en general.</p><p>En la mayoría de los centros de salud, Minsa-Capsi y policlínicas hay un profesional de salud mental.  Además, se están formando especialistas en psiquiatría, psicología y enfermería para incrementar el número de profesionales de salud mental per cápita. </p><p>En la mayoría de los casos las personas con problemas de salud mental pueden mejorar si reciben la atención necesaria. Así como consultamos con un dentista cuando sufrimos un dolor de muela, una visita a un profesional de salud es necesaria cuando nos sentimos ansiosos o deprimidos. No dejemos que el estigma y la discriminación contra la enfermedad mental nos impidan trabajar por un país más saludable.</p><p><p><em>La autora es investigadora del Centro de Neurociencias del Indicasat y miembro del movimiento Ciencia en Panamá</em></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/JFozCPptpx-FtR9iYPWZwY4G1SQ=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/N3YHA5K2FJASFF2BVB3DR6C3NM.png"><media:description type="plain"><![CDATA[Sin salud mental no hay salud]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>Cambiemos el chip sobre la edad</title><link>https://www.prensa.com/opinion/Cambiemos-chip-edad_0_5000499976.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/opinion/Cambiemos-chip-edad_0_5000499976.html</guid><dc:creator>Gabrielle Britton | </dc:creator><pubDate>Mon, 18 Nov 2019 15:05:49 +0000</pubDate><description>Los estereotipos negativos sobre la edad mayor no solo son perjudiciales, sino que incluso tienen un efecto adverso sobre la salud de los adultos mayores. Por ejemplo, entre adultos mayores, los que tienen nociones positivas del envejecimiento viven más años y tienen mejor memoria y equilibrio que aquellos con nociones negativas, y un estudio reciente sugiere que las actitudes sobre el envejecimiento influyen también en el riesgo de desarrollar demencia.</description><content:encoded><![CDATA[<p><p>La <strong>discriminación por edad</strong> ocurre cuando una persona es tratada injustamente por motivo de su edad. Múltiples estudios han demostrado que existen ciertos estereotipos perjudiciales asociados a la edad avanzada que a menudo se internalizan desde la niñez. La forma en que las personas mayores son representadas en los medios también tiende a fomentar actitudes negativas hacia los adultos mayores. Hay evidencia de que antes de los 10 años de edad los niños ya están familiarizados con los estereotipos de edad, y que estos se refuerzan a lo largo de la vida.</p></p><p>Los estereotipos negativos sobre la edad mayor no solo son perjudiciales, sino que incluso tienen un efecto adverso sobre la salud de los adultos mayores. Por ejemplo, entre adultos mayores, los que tienen nociones positivas del envejecimiento viven más años y tienen mejor memoria y equilibrio que aquellos con nociones negativas, y un estudio reciente sugiere que las actitudes sobre el envejecimiento influyen también en el riesgo de desarrollar demencia.</p><p>La demencia es causada por la neurodegeneración – el daño y la muerte de neuronas en el cerebro. En la demencia tipo alzhéimer, la forma más común de demencia, hay una degeneración significativa en el hipocampo, una parte del cerebro esencial para la formación de memorias. La pérdida de tejido cerebral da como resultado los síntomas clínicos de la enfermedad: una disminución progresiva en la memoria, el pensamiento y las habilidades de razonamiento.</p><p>No conocemos qué causa alzhéimer, pero sabemos que los genes juegan un papel clave. Un gen llamado apolipoproteína E (APOE4) es considerado el principal factor de riesgo genético en la enfermedad de Alzheimer de tipo esporádico. Sin embargo, menos de la mitad de las personas con esta predisposición genética desarrollan la enfermedad. La pregunta clave es: ¿por qué la otra mitad se mantiene saludable?</p><p><p>La mayoría de estudios anteriores se han centrado en la relación de APOE4 con conductas de riesgo negativas, como el tabaquismo, o factores no modificables, como el sexo. Pero el estudio publicado este mes en la revista <strong>PLoS One</strong> se centró en la relación de APOE4 con las creencias sobre la edad, y los resultados sugieren que nuestra actitud sobre el envejecimiento tiene un impacto considerable sobre cómo envejecemos.</p></p><p>Los participantes del estudio, todos mayores de 60 años, respondieron preguntas como “Cuanto más envejezco, más inútil me siento”, y tuvieron que expresar su acuerdo o desacuerdo. Los participantes fueron examinados por un período de cuatro años con pruebas que evalúan las habilidades cognitivas. Entre los portadores de APOE4, las personas con creencias positivas sobre la edad tenían casi un 50% menos de probabilidades de desarrollar alzhéimer que aquellos con actitudes negativas.</p><p>Los resultados sugieren que tener una actitud positiva sobre la edad puede actuar como un factor protector de la salud. La importancia de esto no se puede subestimar; las actitudes que tenemos sobre el envejecimiento, las cuales están bajo nuestro control, pueden influir en el riesgo de desarrollar demencia, incluso si estamos genéticamente predispuestos a padecer demencia.</p><p>Este estudio agrega un elemento importante al conocimiento de los factores de riesgo para el alzhéimer, y justifica la implementación de una campaña para resaltar aspectos positivos de la edad. La mayoría de las personas mayores son consumidores autosuficientes y están haciendo contribuciones inestimables tanto a sus familias como a la sociedad en general.</p><p>La importancia de promover actitudes positivas sobre el envejecimiento es particularmente relevante dado que se espera que 24.5% de la población en Panamá – es decir, una de cuatro personas – tendrá más de 60 años para el año 2050.</p><p><p><em>La autora es investigadora del Centro de Neurociencias del Indicasat y miembro del movimiento Ciencia en Panamá</em></p></p>]]></content:encoded></item><item><title>Una marcha en favor de la ciencia en Panamá</title><link>https://www.prensa.com/opinion/marcha-favor-ciencia-Panama_0_5006499406.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/opinion/marcha-favor-ciencia-Panama_0_5006499406.html</guid><dc:creator>Gabrielle Britton | </dc:creator><pubDate>Mon, 18 Nov 2019 13:53:16 +0000</pubDate><description>Panamá necesita aprovechar el aporte de quienes cuentan con experiencia científica y técnica en la toma de decisiones de políticas públicas. El ritmo acelerado del cambio tecnológico y social es un gran desafío de nuestro tiempo, y la solución de problemas como el cambio climático, el crecimiento y el envejecimiento de la población, la inmigración y el embarazo en adolescentes requiere cada vez más de un análisis basado en evidencias debidamente fundamentadas.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Mañana, 14 de abril, a las 5:00 de la tarde, partiendo del Biomuseo en la calzada de Amador, los amigos de la ciencia en Panamá marcharemos a favor de esa actividad que nos beneficia a todos con sus aportes. La marcha está siendo promovida por el movimiento Ciencia en Panamá, el Biomuseo y otras instituciones, integradas por científicos de todos los campos del saber, que apoyan la producción, la difusión y la utilización del conocimiento en todas sus formas.</p><p><p>Estamos rodeados de ciencia como nunca antes en la historia humana. Aun así, los científicos desempeñamos un papel muy limitado en la vida política y social del país. La <strong>Marcha por la Ciencia</strong> - un movimiento global para concienciar a la población sobre la importancia de la ciencia – ofrece una excelente oportunidad para resaltar la importancia de la ciencia en la toma de decisiones que nos afectan a todos.</p></p><p>Panamá necesita aprovechar el aporte de quienes cuentan con experiencia científica y técnica en la toma de decisiones de políticas públicas. El ritmo acelerado del cambio tecnológico y social es un gran desafío de nuestro tiempo, y la solución de problemas como el cambio climático, el crecimiento y el envejecimiento de la población, la inmigración y el embarazo en adolescentes requiere cada vez más de un análisis basado en evidencias debidamente fundamentadas.</p><p>Los científicos necesitamos aprender a ser mejores comunicadores, a relacionarnos mucho mejor con los medios, y a involucrarnos más con el público en general para garantizar que la ciencia beneficie a la sociedad. Un público más y mejor informado sobre la ciencia comprenderá mejor su importancia y confiará más en el conocimiento y la evidencia científica como medios para mejorar la vida de todos. En la Marcha por la Ciencia habrá lugar para todos.</p><p><p><em>La autora es neurocientífica, miembro de Ciencia en Panamá.</em> </p></p>]]></content:encoded></item><item><title>Motor de la innovación</title><link>https://www.prensa.com/opinion/Motor-innovacion_0_5031246978.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/opinion/Motor-innovacion_0_5031246978.html</guid><dc:creator>Gabrielle Britton | </dc:creator><pubDate>Fri, 15 Nov 2019 13:56:43 +0000</pubDate><description>El estudio del cerebro humano sigue siendo uno de los mayores desafíos científicos en la historia de la ciencia. El conocimiento que la investigación en neurociencia ha generado es tan abundante que tiende a dar la impresión de que los hallazgos más importantes ya se realizaron años atrás. Pero sucede todo lo contrario: los logros científicos hasta ahora han permitido plantear preguntas más complejas con implicaciones de mucho mayor alcance que nunca antes en la historia. La mayor parte de estas preguntas complejas exige un enfoque de ciencia básica.</description><content:encoded><![CDATA[<p>El estudio del cerebro humano sigue siendo uno de los mayores desafíos científicos en la historia de la ciencia. El conocimiento que la investigación en neurociencia ha generado es tan abundante que tiende a dar la impresión de que los hallazgos más importantes ya se realizaron años atrás. Pero sucede todo lo contrario: los logros científicos hasta ahora han permitido plantear preguntas más complejas con implicaciones de mucho mayor alcance que nunca antes en la historia. La mayor parte de estas preguntas complejas exige un enfoque de ciencia básica.</p><p>La investigación básica, también conocida como investigación fundamental o investigación pura, es impulsada por la curiosidad y el deseo de profundizar el conocimiento en áreas específicas de la investigación. Generalmente no genera hallazgos que tengan aplicaciones inmediatas a un nivel práctico. En la neurociencia, la investigación básica se centra en esclarecer los mecanismos biológicos fundamentales – a nivel celular y molecular – que subyacen la actividad mental bajo condiciones normales y patológicas. Los estudios básicos se contrastan con la investigación clínica o aplicada, enfocada en comprender comportamientos y enfermedades neurológicas en seres humanos, y en los cuales las bases moleculares y celulares subyacentes permanecen poco dilucidadas.</p><p>Las enfermedades del cerebro, que ya son comunes, están aumentando su incidencia en todo el mundo, debido a la transición epidemiológica de las enfermedades infecciosas a las no transmisibles y el envejecimiento de las poblaciones en la mayoría de los países. En comparación con otras áreas de enfermedad, las tasas de fracaso en los ensayos clínicos en fase tardía son desproporcionadamente altas para enfermedades neurológicas, en parte, en función de la complejidad del cerebro humano.</p><p>Por ejemplo, las condiciones neurológicas que permanecen incurables, como el Alzheimer, representan algunos de los mayores desafíos en la investigación en salud. Si bien es cierto que el desarrollo de fármacos más efectivos va a requerir de múltiples enfoques de investigación, el mayor esfuerzo continúa siendo la investigación de los mecanismos celulares y moleculares por medio de enfoques científicos básicos.</p><p><p>Una publicación reciente en <strong>Science Translational Medicine</strong> resalta el peso y alcance que ha tenido la ciencia básica en el descubrimiento de nuevos fármacos. El grupo de investigación reportó que de los 28 medicamentos más “transformadores” entre 1985 y 2009, el 80% fue el resultado de una serie de estudios que buscaban comprender un proceso básico biológico o químico. En otras palabras, los medicamentos más importantes de la actualidad existen debido a los descubrimientos fundamentales que se hicieron sin tener en cuenta el resultado práctico que apareció décadas después.</p></p><p>La importancia de este informe no se puede subestimar. La investigación básica progresa cada año pero requiere una visión a largo plazo. Un descubrimiento de investigación básica que da como resultado un medicamento transformador es a menudo el producto de décadas de trabajo multidisciplinario e interinstitucional. La innovación en salud requiere hallazgos revolucionarios y para eso necesitamos una investigación básica sólida, particularmente en áreas poco estudiadas en el país como la biología de enfermedades neurológicas, enfermedades cardiovasculares y cáncer. Todas estas enfermedades están entre las principales causas de mortalidad y morbilidad en el país y se estima que la prevalencia aumentará en las siguientes décadas.</p><p>La inversión en investigación y desarrollo en el país se ha estancado en 0.2% del PIB desde hace años, lo cual amenaza el progreso de todos los programas nacionales de investigación. Los descubrimientos innovadores a nivel social a menudo tienen su origen en la ciencia básica, porque son los temas a largo plazo que realmente impactan la salud. Lo cierto es que estos descubrimientos no se realizarán sin que apostemos al valor de la ciencia impulsada por la simple curiosidad.</p><p><p><em>El autor  Miembro del movimiento Ciencia en Panamá.</em></p></p>]]></content:encoded></item><item><title>Ciencia y derechos humanos</title><link>https://www.prensa.com/opinion/Ciencia-derechos-humanos_0_5064243618.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/opinion/Ciencia-derechos-humanos_0_5064243618.html</guid><dc:creator>Gabrielle Britton | </dc:creator><pubDate>Wed, 13 Nov 2019 14:09:48 +0000</pubDate><description>Un buen punto de partida es que los científicos comprendamos que los derechos humanos son obligaciones del Gobierno. Estas obligaciones incluyen los derechos sociales y económicos esenciales para el bienestar humano, como el derecho a la salud, la educación, el matrimonio y la familia, entre otros. Respecto a la ciencia, la DUDH incluye el derecho a “participar en el avance científico y sus beneficios”. Esto implica que los Gobiernos tienen la responsabilidad de respetar la libertad indispensable a la investigación científica, fortalecer el desarrollo y difusión de la ciencia, y alentar la cooperación internacional en ciencia. Los científicos tenemos un papel único en dar visibilidad a este derecho, y a la vez, asegurar que la evidencia científica sea parte del desarrollo de políticas que garanticen los demás derechos.</description><content:encoded><![CDATA[<p>El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH). El ímpetu de la DUDH fueron las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial y el deseo entre las naciones de fomentar un nuevo orden mundial en el que la paz y la seguridad fueran primordiales, y los Estados se comprometieran a respetar y proteger la dignidad del individuo. En el transcurso de siete décadas, esta declaración ha generado leyes que obligan a los Gobiernos a respetar, proteger y cumplir los derechos inherentes a todos los seres humanos. Más importantemente, la historia ha dejado claro que para que los gobiernos cumplan este compromiso se requiere una ciudadanía igualmente comprometida a exigirlo. En este sentido, los científicos somos actores esenciales.</p><p>Un buen punto de partida es que los científicos comprendamos que los derechos humanos son obligaciones del Gobierno. Estas obligaciones incluyen los derechos sociales y económicos esenciales para el bienestar humano, como el derecho a la salud, la educación, el matrimonio y la familia, entre otros. Respecto a la ciencia, la DUDH incluye el derecho a “participar en el avance científico y sus beneficios”. Esto implica que los Gobiernos tienen la responsabilidad de respetar la libertad indispensable a la investigación científica, fortalecer el desarrollo y difusión de la ciencia, y alentar la cooperación internacional en ciencia. Los científicos tenemos un papel único en dar visibilidad a este derecho, y a la vez, asegurar que la evidencia científica sea parte del desarrollo de políticas que garanticen los demás derechos.</p><p>El enfoque en derechos humanos requiere que los científicos contribuyamos con conocimiento científico en la toma de decisiones que afectan el bienestar y los recursos de todos. En nuestro país, los enfoques de derechos humanos para el desarrollo de políticas pueden tener un impacto en muchas áreas, incluyendo la salud pública, el cambio climático, la producción de energía, la deforestación, el acceso a agua potable, y cuestiones de género. En cada área, la integración de evidencia científica en las políticas diseñadas para asegurar una sociedad más humana y justa es esencial para la sostenibilidad de esas políticas.</p><p>Quizá el mayor desafío del enfoque de los derechos humanos es que los científicos poco nos involucramos en asuntos que percibimos como “políticos”, es decir, incompatibles con la tradición científica de imparcialidad y objetividad. Sin embargo, el rol de la ciencia en cualquier debate es resaltar hechos y datos empíricos sobre las emociones y opiniones. Es demasiado común que los políticos defiendan posiciones a menudo indefendibles que pueden y deben abordarse desde una perspectiva científica. Lo que la ciencia trae a la lucha por los derechos humanos es evidencia adquirida a través de estudios rigurosos. Por tanto, es apropiado y esencial que los científicos nos incorporemos al esfuerzo de hacer realidad los derechos humanos con evidencia científica sólida, teniendo siempre en cuenta la ética y la integridad científica.</p><p>En Panamá, las acciones de los defensores de derechos humanos pasan desapercibidas en su mayor parte, pero a pesar de los retos y riesgos que enfrentan, persisten en buscar un cambio positivo. Los defensores de los derechos humanos recurren a la evidencia empírica como una parte importante de su documentación y monitoreo. A su vez, los científicos tenemos la responsabilidad de conocer y comunicar las implicaciones sociales de la evidencia científica, y sobre todo, estar conscientes de las formas en que nuestra participación en la lucha por los derechos humanos puede asegurar una sociedad más justa y equitativa. Este tipo de colaboración interdisciplinaria es indispensable para forjar nuevos enfoques que hagan realidad los derechos humanos.</p><p><p><em>La autora es investigadora del Centro de Neurociencias del Indicasat AIP</em></p></p>]]></content:encoded></item><item><title>Día internacional de las personas de edad</title><link>https://www.prensa.com/opinion/Dia-internacional-personas-edad_0_5137736291.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/opinion/Dia-internacional-personas-edad_0_5137736291.html</guid><dc:creator>Gabrielle Britton | </dc:creator><pubDate>Wed, 06 Nov 2019 21:46:47 +0000</pubDate><description>Panamá, como el resto del mundo, está envejeciendo a un paso acelerado. Esta transición demográfica comúnmente es descrita como la “carga” y los “retos” del envejecimiento. Pero, ¿por qué no resaltar las oportunidades?</description><content:encoded><![CDATA[<p>Panamá, como el resto del mundo, está envejeciendo a un paso acelerado. Esta transición demográfica comúnmente es descrita como la “carga” y los “retos” del envejecimiento. Pero, ¿por qué no resaltar las oportunidades?</p><p>El envejecimiento global crea la oportunidad de innovar en productos y servicios que transformen la experiencia de envejecer y repercutan en mayor autonomía y seguridad –tanto física como económica– a medida que envejecemos.</p><p>Las tecnologías de la información y comunicación deben adaptarse tomando en cuenta que su fácil acceso permite mantenernos conectados, construyendo redes de apoyo. Esto, al igual que la transformación de espacios públicos, es esencial para mitigar el creciente aislamiento y riesgo de depresión en adultos mayores.</p><p>Los cuidadores, mujeres en su gran mayoría, necesitan capacitación, recursos y herramientas de apoyo. También urge crear programas rentables de seguridad social que permitan atender las necesidades asistenciales de adultos mayores.</p><p>Necesitamos mayor inversión en la investigación en Alzhéimer y otras demencias para mejorar el diagnóstico temprano, optimizar la capacidad cognitiva y desacelerar el deterioro cognitivo.</p><p>Hay muchísimas oportunidades para innovar en beneficio de un país más saludable: solo falta crear conciencia sobre el hecho de que el beneficio de toda innovación que mejore la calidad de vida de personas mayores es universal.</p><p>Por último, hay personas ejemplares en Panamá que representan el envejecimiento exitoso y prosocial, y me permito reconocer algunas sin mencionar nombres: una escritora y activista que prepara su próximo libro de cuentos; una microbióloga que allanó el camino para futuras generaciones de científicas; un contador nonagenario que vigila de cerca los intereses de jóvenes universitarios; un empresario y filántropo que invirtió en la investigación enfocada en la salud de adultos mayores, y un mentor que nutre a diario el movimiento científico más grande de Panamá. A ellos mi más grande respeto y admiración.</p><p><p><em>La autora es investigadora en envejecimiento y salud del Centro de Neurociencias del Indicasat</em></p></p>]]></content:encoded></item><item><title>La prevención de la demencia</title><link>https://www.prensa.com/opinion/prevencion-demencia_0_5289221101.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/opinion/prevencion-demencia_0_5289221101.html</guid><dc:creator>Gabrielle Britton | </dc:creator><pubDate>Mon, 28 Oct 2019 23:39:05 +0000</pubDate><description>El envejecimiento demográfico es un fenómeno mundial que refleja los éxitos en la atención médica durante el último siglo, pero a medida que aumenta la proporción de personas mayores y la expectativa de vida surgen desafíos importantes con respecto a la demencia asociada a la edad. Se estima que actualmente hay 50 millones de personas en el mundo que padecen demencia y que esta cifra alcanzará los 130 millones en 2050. El aumento se dará principalmente en regiones en vía de desarrollo como América Latina, pero estudios meta-analíticos sugieren que existen factores bajo nuestro control que podrían interrumpir esta tendencia.</description><content:encoded><![CDATA[<p>El envejecimiento demográfico es un fenómeno mundial que refleja los éxitos en la atención médica durante el último siglo, pero a medida que aumenta la proporción de personas mayores y la expectativa de vida surgen desafíos importantes con respecto a la demencia asociada a la edad. Se estima que actualmente hay 50 millones de personas en el mundo que padecen demencia y que esta cifra alcanzará los 130 millones en 2050. El aumento se dará principalmente en regiones en vía de desarrollo como América Latina, pero estudios meta-analíticos sugieren que existen factores bajo nuestro control que podrían interrumpir esta tendencia.</p><p><p>Un informe en particular de la comisión sobre la prevención, intervención y cuidados de la demencia, publicado en julio de 2017 en la revista <strong>The Lancet</strong>, resaltó varios cambios positivos en estilos de vida que podrían reducir significativamente el riesgo de desarrollar demencia. Publiqué una opinión sobre este informe en <strong>La Prensa</strong> en agosto del mismo año (“Sobre la Prevención de la Demencia”). El mensaje principal del informe era que 35% de los casos de demencia podrían ser prevenidos si elimináramos nueve factores de riesgo modificables: la hipertensión (responsable por el 2% del riesgo de enfermedad), la obesidad (1%), el tabaquismo (5%), la depresión no atendida (4%), la inactividad física (3%), el aislamiento social (2%), la diabetes (1%), el no completar la educación secundaria (8%), y la pérdida de audición durante la mediana edad (9%).</p></p><p>Después de la publicación de esa investigación, los investigadores notaron que la evidencia estaba sesgada hacia países de ingresos altos. Por esta razón, procedieron a realizar un estudio para determinar si los hallazgos de la comisión se aplicarían por igual a las regiones globales que estaban subrepresentadas en el informe. Para este nuevo análisis, se basaron en los datos del grupo de investigación 10/66 Dementia Research Group, que recoge información sobre la prevalencia de los mismos nueve factores de riesgo en varios países, incluyendo seis en América Latina (Cuba, República Dominicana, México, Perú, Puerto Rico y Venezuela).</p><p>El grupo 10/66 es un colectivo de investigadores que realizan estudios de población sobre demencia, enfermedades no transmisibles y envejecimiento en países de ingresos bajos y medios. “10/66” se refiere a los dos tercios (66%) de las personas con demencia que viven en países de ingresos bajos y medianos, y al 10% o menos de estudios de población que se han llevado a cabo en esos países.</p><p><p>Los resultados, publicados este mes en <strong>The Lancet Global Health</strong>, fueron sorprendentes. Los investigadores encontraron un potencial aún mayor para prevenir la demencia en nuestra región; específicamente, reportaron que la proporción de demencia relacionada con los nueve factores de riesgo modificables fue del 56% en América Latina. Es decir, cerca de uno en dos casos de demencia podría prevenirse si pudiéramos eliminar los nueve factores de riesgo.</p></p><p>Si bien es cierto que Panamá no es parte del 10/66, los hallazgos podrían extrapolarse razonablemente a nuestro entorno. Por un lado, los resultados indican que aunque el aislamiento social es un factor de riesgo considerable de demencia en los países de ingresos más altos, es un factor mucho menos presente en América Latina. En otras palabras, nuestra cultura de comunidades conectadas sirve para amortiguar el riesgo de demencia relacionado con el aislamiento social. De igual manera, los latinoamericanos hoy en día tenemos más probabilidades de haber completado la secundaria que nuestros abuelos, lo que significa que corremos menos riesgo de demencia más adelante en la vida que las personas que ya tienen más de 60 años de edad. Seguir mejorando el acceso a la educación es un esfuerzo que tendrá grandes beneficios en las tasas de demencia en las próximas décadas.</p><p>Por otro lado, los demás factores de riesgo estaban asociados al riesgo de demencia en diferentes proporciones en los distintos países muestreados. En Panamá, no contamos con estudios de población sobre tasas de depresión o la pérdida de la audición, pero hay estudios publicados por el Instituto Gorgas de Estudios de la Salud que indican que la obesidad, diabetes e hipertensión son problemas de salud pública considerables. En cuanto a conductas positivas, Panamá tiene una de las tasas más bajas de tabaquismo en la región, lo que representa la reducción de un factor de riesgo importante (5%) comparado a otros países del mundo.</p><p>En Panamá, poder reducir la prevalencia de los nueve factores de riesgo señalados tendría muchos beneficios para la salud, no solo en la prevención de la demencia. La creciente carga de enfermedades crónicas asociadas a la edad es de alta prioridad nacional, por lo que cualquier reducción en estos factores podría tener un inmenso beneficio en la salud pública.</p><p>Fomentemos nuestra cultura de interacción social y la creciente tendencia hacia el rechazo del tabaquismo, y a la vez, enfoquemos las políticas de salud pública en la reducción de los otros factores de riesgo. La evidencia apunta a que esta estrategia podría tener un impacto grandísimo en el envejecimiento y la salud mental.</p><p><p><em>La autora es investigadora en el Indicasat AIP y miembro del Movimiento Ciencia en Panamá.</em></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/Koeb46mN129795CW9rrcmtEd-TA=/arc-anglerfish-arc2-prod-corprensa.s3.amazonaws.com/public/WOF23WAKSJAZXNGARJFCLIO6PM.png"><media:description type="plain"><![CDATA[La prevención de la demencia]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Corprensa]]></media:credit></media:content></item><item><title>La evidencia científica</title><link>https://www.prensa.com/opinion/evidencia-cientifica_0_5342465760.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/opinion/evidencia-cientifica_0_5342465760.html</guid><dc:creator>Gabrielle Britton | </dc:creator><pubDate>Fri, 25 Oct 2019 22:36:03 +0000</pubDate><description>El mes pasado, Ecuador se sumó a Argentina, Brasil, Colombia y Uruguay en la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo. Si bien estas decisiones apuntan a grandes cambios en las actitudes culturales en la región sigue habiendo oposición a los derechos de los homosexuales en muchos países, incluyendo Panamá. ¿Qué explica la oposición al matrimonio igualitario y cuánto está respaldada por la evidencia científica?</description><content:encoded><![CDATA[<p>El mes pasado, Ecuador se sumó a Argentina, Brasil, Colombia y Uruguay en la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo. Si bien estas decisiones apuntan a grandes cambios en las actitudes culturales en la región sigue habiendo oposición a los derechos de los homosexuales en muchos países, incluyendo Panamá. ¿Qué explica la oposición al matrimonio igualitario y cuánto está respaldada por la evidencia científica?</p><p>En 2010, investigadores estadounidenses publicaron los resultados de un metaanálisis de 33 estudios que comparaban el bienestar de los niños criados por parejas de distinto sexo con niños criados por parejas del mismo sexo. Este reporte resaltó la evidencia de que los niños criados por parejas homoparentales no son diferentes a niños de familias “tradicionales” en una variedad de resultados conductuales, cognitivos, emocionales y sociales. De hecho, los investigadores también concluyeron que no había evidencia de que los niños criados por madre/padre soltera (o) fueran diferentes a otros niños. Por otro lado, hay evidencia abundante de que crecer en entornos de pobreza, violencia, abuso doméstico y drogadicción sí impacta de manera negativa al desarrollo social y emocional de niños, y que estos efectos perduran a lo largo de la vida. Pero nada tiene que ver la orientación sexual de quienes crían a los niños en su desarrollo social y emocional.</p><p>En 2015, la Corte Suprema de Estados Unidos consideró toda la evidencia respecto a las familias homoparentales en su decisión sobre la legalización del matrimonio igualitario. Revisaron la literatura científica desde 30 años atrás y concluyeron que los niños criados por parejas homosexuales no enfrentan adversidades diferentes como resultado de tener padres del mismo sexo. Incluso, descubrieron que con el tiempo, cada vez más artículos citaban otras investigaciones que destacaban que “no hay diferencias” en los resultados para los niños, basándose únicamente en si fueron criados por personas del mismo sexo, heterosexuales o madres solteras.</p><p>Un argumento central contra el matrimonio entre personas del mismo sexo es que los niños nacidos o adoptados en estos matrimonios están en desventaja. Por ejemplo, se piensa que crecerán con modelos de roles de género inadecuados, serán intimidados en la escuela y sufrirán un peor bienestar emocional que sus pares. Si bien es cierto que varios estudios han reportado que los niños criados por padres del mismo sexo experimentan bullying y acoso homofóbico en la escuela, los jóvenes que informaron sentirse excluidos o aislados asistían a colegios que no reconocían su composición familiar. Estudios de países que han legalizado el matrimonio igualitario muestran que un factor importante para reducir el acoso de niños de familias homoparentales en contextos fuera del hogar es la normalización de familias diversas, por ejemplo, por parte de maestros en el entorno escolar. En otras palabras, los adultos somos responsables y tenemos la capacidad de cambiar actitudes y conductas de discriminación.</p><p>Las personas homosexuales pueden llegar a la maternidad o paternidad de muchas maneras, a través de las relaciones heterosexuales, o como madrastras, padrastros, o cuidadores temporales. Lo cierto es que en Panamá, como en todos lados, las parejas del mismo sexo y personas homosexuales solteras ya tienen hijos. La evidencia es clara: la familia “tradicional” no es la única ni la mayoría; las familias son diversas y hay que apoyarlas a todas.</p><p>Cada quien tiene el derecho de no estar de acuerdo con el matrimonio igualitario por motivos de “moral” o religión u otra razón personal. Pero el argumento de que perjudica a los niños no está sustentado por la evidencia científica actual. No confundamos posiciones personales con hechos, y procuremos tomar decisiones basadas en la ciencia y no en una opinión.</p><p><p><em>La autora es investigadora del Centro de Neurociencias del Indicasat y miembro de Ciencia en Panamá</em></p></p>]]></content:encoded></item></channel></rss>