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<rss version="2.0" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"><channel><title>La Prensa</title><link>https://www.prensa.com</link><atom:link href="https://www.prensa.com/arcio/rss/" rel="self" type="application/rss+xml"/><description>La Prensa News Feed</description><lastBuildDate>Wed, 18 Aug 2021 22:42:01 +0000</lastBuildDate><ttl>1</ttl><sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod><sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency><item><title>Nuestra libertad y otros privilegios</title><link>https://www.prensa.com/impresa/opinion/nuestra-libertad-y-otros-privilegios/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/opinion/nuestra-libertad-y-otros-privilegios/</guid><dc:creator>Ivana Lucía Jelenszky Díaz</dc:creator><pubDate>Sun, 18 Jul 2021 15:37:33 +0000</pubDate><description>El domingo pasado estalló una ola de manifestaciones y protestas en Cuba a favor de la democracia, la libertad y los derechos humanos. Sin lugar a duda, éstas han sido las mayores protestas que esta nación aislada de libertad ha registrado en 60 años.</description><content:encoded><![CDATA[<p>El domingo pasado estalló una ola de manifestaciones y protestas en Cuba a favor de la democracia, la libertad y los derechos humanos. Sin lugar a duda, éstas han sido las mayores protestas que esta nación aislada de libertad ha registrado en 60 años. Desde La Habana hasta Holguín, parece ser que los cubanos han perdido el miedo. Aunque les cueste la vida, miles de personas se han lanzado a las calles a gritar “¡abajo la dictadura!”, ‘¡patria y vida!” y ‘¡libertad!’</p><p>La respuesta del gobierno, por supuesto, ha sido brutal. Sangre por las calles. Hogares saqueados y destrozados. Personas detenidas y desaparecidas. Madres llorando por sus hijos… un sonido que rompe el corazón tan solo escuchar. Resulta que el gobierno no tiene dinero para comida, vacunas ni medicamentos, pero sí para gastar en armas y gas. Resulta que el gobierno no tiene tiempo para hacer frente a la crisis humanitaria, pero sí para salir a matar.</p><p>Si algo nos queda claro con estas protestas es que, por su libertad, los cubanos están listos para luchar hasta la muerte. Dado esto, me resulta extraño que los ojos del mundo no estén puestos en Cuba. Es extraño que ni en las redes ni los medios de comunicación se esté desbordando la indignación. Más alarmante que la situación en Cuba es el hecho de que a muy pocos les preocupa.</p><p>¿Será que no están consientes de que nuestra libertad está atada a la de los demás? ¿Será que, porque nunca les ha hecho falta, no valoran la libertad?</p><p>El mundo no está horrorizado y debería.</p><p>¿Cómo es la libertad en Cuba? Inexistente. Según el informe de Freedom House, “La Libertad en el Mundo 2021”, Cuba es clasificado como uno de los países con mayor escasez de libertad, con un puntaje de 13 de 100. Con respecto a Panamá, nuestro país es considerado libre, con un puntaje de 86 de 100. Sin embargo, me atrevo a decir que mi libertad, la tuya y la de las demás personas del mundo están interconectadas y jamás seremos verdaderamente libres si otros no lo son. No soy la única que piensa así, pues Clarence Darrow nos decía que solo podemos proteger nuestras libertades en este mundo mediante la protección de la libertad de otros.</p><p>Es imprescindible mencionar que la libertad, cuando se ha disfrutado toda la vida, es un concepto difícil de comprender. Son varios los que están convencidos de que la libertad significa hacer lo que nos dé la gana. Aquellas personas no pueden estar más alejadas de la realidad. Una forma de discernir la libertad del libertinaje es a partir de su límite. A mi parecer, el límite de nuestra libertad tiene dos caras: la del respeto y la de la responsabilidad.</p><p>Por respeto, entendamos que nuestra libertad termina donde empieza la libertad de los demás. Es decir, podemos gozar de nuestras libertades, de expresión, por ejemplo, siempre y cuando nuestra libertad respete la de otros. La otra cara fundamental es la responsabilidad y ésta consiste en aprovechar nuestra libertad para emprender acciones en favor de la justicia y derechos humanos.</p><p>Visto de este modo, se vale soñar por la libertad de personas que jamás has conocido. Se vale, no solo porque es nuestra responsabilidad, sino porque nos hace más humanos. No me cabe duda de que, al querer, desde lo más profundo de mi alma, que respeten mi libertad, he llegado a comprender que quizás soy libre precisamente para respetar y velar por las libertades de los demás.</p><p>Quizás estas manifestaciones en Cuba marcan el principio del fin. Quizás el ver a personas luchar y morir por la libertad, nos haga valorar la nuestra. Quizás comprenderemos que nuestra libertad siempre fue un privilegio. De ser lo contrario, todos la tendrían. Quizás, pronto entendamos que no somos verdaderamente libres si todos no lo son.</p><p>Después de décadas, es difícil imaginar que el régimen castrista peligra. Si algo han perfeccionado con el paso del tiempo es la opresión y violencia. No obstante, espero que el pueblo cubano consiga lo que pide. A fin de cuentas, no piden tanto, solo patria, vida y libertad.</p><p><i>La autora es licenciada en Comunicación Política</i></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://www.prensa.com/resizer/-Ni9nDyK6yzssgnKDSp_4_JraoY=/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/corprensa/C3J26TCKFZBZROZW7DPHUYVWNA.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[AFP]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[AFP]]></media:credit></media:content></item><item><title>¿Se muere la democracia?</title><link>https://www.prensa.com/impresa/opinion/se-muere-la-democracia/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/opinion/se-muere-la-democracia/</guid><dc:creator>Ivana Lucía Jelenszky Díaz</dc:creator><pubDate>Sun, 20 Dec 2020 03:00:00 +0000</pubDate><description>Hace diez años esta semana, la inmolación de Mohammed Bouazizi hizo estallar una ola de manifestaciones y protestas a favor de la democracia que se extendió por el Oriente Medio y el norte de África.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Hace diez años esta semana, la inmolación de Mohammed Bouazizi hizo estallar una ola de manifestaciones y protestas a favor de la democracia que se extendió por el Oriente Medio y el norte de África, desafiando a los regímenes autoritarios y opresores de la región. El éxito de Túnez inspiró a países árabes a rebelarse y las calles de Egipto, Libia, Yemen y Siria, entre otros países, fueron testigos de cómo los ciudadanos se levantaron en protesta y exigieron su derecho a ser libres, a ser gobernados democráticamente y a tener acceso a medidas que les permitieran defender sus derechos humanos.</p><p>Una década después, solo basta una ojeada sobre la región para darse cuenta que aquellos cambios políticos, sociales y económicos que exigieron, se encuentran ausentes. Lo más trágico es que los desafíos que enfrenta la democracia no empiezan ni terminan en el Oriente Medio. En efecto, la democracia se encuentra en recaída en todo el mundo y a un ritmo alarmante. La edición 2019 del índice de democracia, compilada por The Economist, registró el peor puntaje de democracia global desde su creación en el 2006. Parece que la democracia se encuentra en su peor momento y el mundo entero está indignado: personas han salido a las calles a manifestarse, desde Hong Kong y Túnez hasta Perú y Panamá, a pedir mayor democratización, transparencia y buena gestión gubernamental.</p><p>Inesperadamente, me he encontrado en la obligación de preguntarme, ¿muere la democracia? La respuesta es sí, aunque suene teatral. La democracia se encuentra en cuidados intensivos, sufriendo de corrupción, falta de representación y transparencia en partidos políticos, populismo y espacios cívicos reducidos. Como si esto fuera poco, el aumento de la desconfianza en gobiernos, instituciones y políticos actúa como motor de las tendencias democráticas regresivas.</p><p>En América Latina, el estado de la democracia es preocupante. De hecho, el índice de democracia demuestra que América Latina fue la región con peor desempeño en 2019 y clasifica únicamente a tres países, Costa Rica, Chile y Uruguay, como plenamente democráticos. Panamá, por otro lado, se encuentra en la lista de democracias defectuosas, junto a Colombia, Argentina y  Ecuador, entre otros. En un mes, The Economist publicará el estado de la democracia en el 2020 y me atrevo a decir que la democracia va de mal en peor, particularmente, en nuestra región.</p><p>Sin lugar a dudas, para descifrar qué debilita la democracia hay que comprender que la función de ésta va más allá de convocar elecciones. La democracia tiene responsabilidades sumamente profundas,  como el respeto por los derechos humanos, la libertad para la asociación y beligerancia política, la libertad de prensa y opinión, la igualdad ante la ley y la limitación del poder de los gobernantes. De modo que fortalecer estas responsabilidades es imprescindible para fortalecer la democracia. Ni se puede gozar de los derechos humanos sin democracia, ni puede existir una democracia que no proteja los derechos humanos.</p><p>¿Muere la democracia? Sí, la democracia se muere y parece ser que a muy pocos les preocupa. Resulta que la gran mayoría de personas alrededor del mundo no nota lo que está ocurriendo porque solemos creer que las democracias mueren en golpes de Estado y revoluciones. Hoy en día, sin embargo, las democracias mueren de manera democrática, en elecciones, no a balazos de un cañón. Ciertamente, es una realidad bastante desconocida que las democracias mueren poco a poco, en manos de partidos políticos corruptos, instituciones que no respetan los derechos y un pueblo indiferente.</p><p>Quizás, la verdadera pregunta es, ¿cómo salvarla? En lo que a mí concierne, solo más democracia puede hacerlo. En esta tarea no hay atajos: hay que reforzar la educación cívica, proteger los derechos humanos y promover la participación ciudadana. Salvar la democracia es un proceso y los ciudadanos jugamos el papel más importante. Si un pueblo indiferente mata a la democracia, un pueblo indignado la salva. La democracia la podemos salvar juntos. Me rehuso a pensar lo contrario.</p>]]></content:encoded></item></channel></rss>