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Se asemeja al coeficiente de Ruanda que, en los 90, sufrió un genocidio aterrador.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Panamá se posiciona como uno de los 10 países más desiguales del mundo, según el coeficiente GINI, índice empleado para medir la desigualdad de un país. Se asemeja al coeficiente de Ruanda que, en los 90, sufrió un genocidio aterrador.</p><p>La desigualdad tiene muchas causas. La falta de educación sexual en nuestros centros educativos es una de ellas.</p><p>La escuela debe brindar acceso a información correcta. La ausencia de educación sexual en nuestros centros educativos trae como consecuencia, el abandono escolar, la falta de planificación familiar adecuada, el incremento de las cifras de embarazos no deseados; el poco cuidado de la salud, en particular, la falta de prevención de enfermedades e infecciones de transmisión sexual; y la desorientación sobre conceptos fundamentales de la integridad sexual, como el consentimiento y el amor propio.</p><p>La educación sexual debe ser atendida de manera integral, sin morbo y sin hacerla un tema tabú.</p><p>Convertir un tema serio en un tabú se asemeja a darle un cuchillo a un bebé, abrigando la esperanza que no le va a pasar nada. ¡Error garrafal! Es similar a la falta de conciencia al no abordar el tema con la debida seriedad. El resultado puede acarrear consecuencias fatales, tan dramáticas como dar esa arma punzocortante a un bebé. Volver tabú un tema serio como la educación sexual solo fomenta la ignorancia en la juventud que luego se traduce en alarmantes estadísticas de porvenires truncados, de embarazos precoces y de ETS.</p><p>Estadísticas del Ministerio de Salud apuntan que de 2015 a la fecha se han registrado más de 55 000 embarazos de niñas entre los 10 y 19 años. Es data dura, no un capricho morboso. Más lamentable aún: es data dura con rostro humano: el de niñas que, por falta de educación sexual y de formación académica, difícilmente podrán superar el círculo de pobreza en el que, quizás por malas decisiones, se han sumergido.</p><p>Urgen políticas públicas que formen en educación sexual integral.</p><p>En torno al aspecto de prevención, es clave que existan políticas públicas para que en las escuelas se enseñe niveles de respeto, consentimiento, amor propio e, incluso, cómo denunciar abusos ante el Ministerio Público. Justo el Ministerio Público publicitó en su sección de noticias que, el 26 de agosto, se dio lectura a la sentencia condenatoria en contra de una madre de la provincia de Colón, que obligó a su hija de 13 años a tener sexo oral con su padrastro. </p><p>A primera vista, parece muy bien aquello que “A mis hijos los educo yo”. Sin embargo, no podemos caer en la generalización apresurada que todos los padres son buenos, decentes y educados. Surge la pregunta ¿quién educa a los niños y niñas que tienen padres nefastos e irresponsables? En ese momento es cuando la realidad golpea la palabrería vacía. Se deja a la juventud sola cuando no se le educa en temas tan sensitivos como una educación sexual integral. Se pierde así su potencial y se reproduce el círculo vicioso de la pobreza y la desigualdad. Es entonces cuando se hace evidente que la educación sexual no es morbo caprichoso. Es política pública indispensable.</p><p><i>El autor es egresado del Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana (LLAC)</i></p>]]></content:encoded></item><item><title>Política pública indispensable </title><link>https://www.prensa.com/impresa/opinion/politica-publica-indispensable/</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/impresa/opinion/politica-publica-indispensable/</guid><dc:creator>Sergio González</dc:creator><pubDate>Tue, 10 Dec 2019 05:00:00 +0000</pubDate><description>Panamá se posiciona como uno de los 10 países más desiguales del mundo, según el coeficiente GINI, índice empleado para medir la desigualdad de un país. Se asemeja  al coeficiente de Ruanda que, en los 90, sufrió un genocidio aterrador. </description><content:encoded><![CDATA[<p><p>Panamá se posiciona como uno de los 10 países más desiguales del mundo, según el coeficiente GINI, índice empleado para medir la desigualdad de un país. Se asemeja  al coeficiente de Ruanda que, en los 90, sufrió un genocidio aterrador. </p><p>La desigualdad tiene muchas causas. La falta  de educación sexual en nuestros centros educativos es una de ellas. </p><p>La escuela debe brindar acceso a información correcta. La ausencia de educación sexual en nuestros centros educativos trae como consecuencia, el abandono escolar, la falta de planificación familiar adecuada, el incremento de las cifras de embarazos no deseados; el poco cuidado de la salud, en particular, la falta de prevención de enfermedades e infecciones de transmisión sexual; y la desorientación sobre conceptos fundamentales de la integridad sexual, como el consentimiento y el amor propio. </p><p>La educación sexual debe ser atendida de manera integral, sin  morbo y sin hacerla un tema tabú. </p><p> Convertir un tema serio en un tabú se asemeja a  darle un cuchillo a un bebé, abrigando la esperanza que no le va a pasar nada. ¡Error garrafal! Es similar a la falta de conciencia al no abordar el tema con la debida seriedad. El resultado puede acarrear consecuencias fatales, tan dramáticas como dar esa arma punzocortante a un bebé.  Volver tabú un tema serio como la educación sexual solo fomenta la  ignorancia en la juventud que luego se traduce en alarmantes estadísticas de porvenires truncados, de embarazos precoces y de ETS. </p><p>Estadísticas del Ministerio de Salud apuntan que de 2015 a la fecha se han registrado más de 55 000 embarazos de niñas entre los 10 y 19 años. Es  data dura, no un capricho morboso. Más lamentable aún: es data dura con rostro humano: el de niñas que, por falta de educación sexual y de formación académica, difícilmente podrán superar el círculo de pobreza en el que, quizás por malas decisiones, se han sumergido. </p><p>Urgen  políticas públicas que formen en educación sexual integral. </p><p>En torno al aspecto de prevención, es clave que existan políticas públicas para que en las escuelas se enseñe niveles de respeto, consentimiento, amor propio e, incluso, cómo denunciar abusos ante el Ministerio Público. Justo el  Ministerio Público publicitó en su sección de noticias que, el 26 de agosto,  se dio lectura a la sentencia condenatoria en contra de una madre de la provincia de Colón, que obligó a su hija de 13 años a tener sexo oral con su padrastro. A primera vista, parece  muy bien aquello que “A mis hijos los educo yo”. Sin embargo, no podemos caer en la generalización apresurada que todos los padres son buenos, decentes y educados. Surge la pregunta ¿quién educa a los niños y niñas que tienen padres nefastos e irresponsables? En ese momento es cuando la realidad golpea la palabrería vacía. Se deja a la juventud sola cuando no se le educa en temas tan sensitivos como una educación sexual integral. Se pierde así su potencial y se reproduce el círculo vicioso de la pobreza y la desigualdad. Es entonces cuando se hace evidente que la  educación sexual no es morbo caprichoso. Es política pública indispensable</p></p>]]></content:encoded></item><item><title>Política pública indispensable</title><link>https://www.prensa.com/opinion/Politica-publica-indispensable_0_5413708615.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.prensa.com/opinion/Politica-publica-indispensable_0_5413708615.html</guid><dc:creator>Sergio González | </dc:creator><pubDate>Mon, 21 Oct 2019 23:18:40 +0000</pubDate><description>Panamá se posiciona como uno de los 10 países más desiguales del mundo, según el Coeficiente GINI, índice empleado para medir la desigualdad de un país. Se asemeja al coeficiente de Ruanda que, en los 90, sufrió un genocidio aterrador.</description><content:encoded><![CDATA[<p>Panamá se posiciona como uno de los 10 países más desiguales del mundo, según el Coeficiente GINI, índice empleado para medir la desigualdad de un país. Se asemeja al coeficiente de Ruanda que, en los 90, sufrió un genocidio aterrador.</p><p>La desigualdad tiene muchas causas. La falta de educación sexual en nuestros centros educativos es una de estas.</p><p>La escuela debe brindar acceso a información correcta. La ausencia de educación sexual en nuestros centros educativos trae como consecuencia el abandono escolar; la falta de planificación familiar adecuada; el incremento de las cifras de embarazos no deseados; el poco cuidado de la salud, en particular, la falta de prevención de enfermedades de transmisión sexual (ETS), y la desorientación sobre conceptos fundamentales de la integridad sexual, como el consentimiento y el amor propio.</p><p>La educación sexual debe ser atendida de manera integral, sin morbo y sin hacerla un tema tabú.</p><p>Convertir un tema serio en un tabú se asemeja a darle un cuchillo a un bebé, abrigando la esperanza que no le va a pasar nada. ¡Error garrafal! Es similar a la falta de conciencia al no abordar el tema con la debida seriedad. El resultado puede acarrear consecuencias fatales, tan dramáticas como dar esa arma punzocortante a un bebé. Volver tabú un tema serio como la educación sexual solo fomenta la fatal ignorancia en la juventud que luego se traduce en alarmantes estadísticas de porvenires truncados, de embarazos precoces y de ETS.</p><p>Estadísticas del Ministerio de Salud apuntan que de 2015 a la fecha se han registrado más de 55 mil embarazos de niñas entre los 10 y 19 años. Es data dura, no un capricho morboso. Más lamentable aún, es data dura con rostro humano: el de niñas que, por falta de educación sexual y de formación académica, difícilmente podrán superar el círculo de pobreza en el que, quizás por malas decisiones, se han sumergido.</p><p>Urgen políticas públicas que formen en educación sexual integral.</p><p>En torno al aspecto de prevención, es clave que existan políticas públicas para que en las escuelas se enseñen niveles de respeto, consentimiento, amor propio e, incluso, cómo denunciar abusos ante el Ministerio Público. Justo el Ministerio Público publicitó en su sección de noticias que, el 26 de agosto, se dio lectura a la sentencia condenatoria en contra de una madre de la provincia de Colón, que obligó a su hija de 13 años a tener sexo oral con su padrastro.</p><p>A primera vista, parece muy bien aquello que “A mis hijos los educo yo”. Sin embargo, no podemos caer en la generalización apresurada que todos los padres son buenos, decentes y educados. Surge la pregunta, ¿quién educa a los niños y niñas que tienen padres nefastos e irresponsables? En ese momento es cuando la realidad golpea la palabrería vacía. Se deja a la juventud sola cuando no se le educa en temas tan sensitivos como una educación sexual integral. Se pierde así su potencial y se reproduce el círculo vicioso de la pobreza y la desigualdad. Es entonces cuando se hace evidente que la educación sexual no es morbo caprichoso. Es política pública indispensable.</p><p><p><em>El autor es egresado del Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana</em></p></p>]]></content:encoded></item></channel></rss>