Blogoterapia Blogoterapia

12 abr Cuando se cae la fachada del Estado contratista

Durante 2016 y 2017 hubo varios apagones que afectaron a todo el país. Durante 2016 y 2017 hubo varios apagones que afectaron a todo el país.
Durante 2016 y 2017 hubo varios apagones que afectaron a todo el país. LA PRENSA/Archivo

La mitad de las bombas de la planta de agua potable de Chilibre se dañó, y con una naturalidad espantosa, los voceros del Idaan le pasaron la responsabilidad de arreglar el problema a unos contratistas, porque ellos no tenían la capacidad de reparar el equipo que existe en sus instalaciones desde que comenzaron a “bombear” agua potable hacia la ciudad de Panamá.

Estos últimos días, mientras la sociedad política se mantuvo ocupada con el debate de la ley de no prescripción de los delitos de corrupción, y el resto del país se mantiene atento a los álbumes de figuritas del Mundial y las camisetas de la selección, se paralizó el hospital Susana Jones porque una de las bombas hidráulicas de enfriamiento se dañó. La Caja de Seguro Social tuvo que buscar a la Autoridad del Canal de Panamá para arreglarla, ya que la CSS no tenía capacidad de hacerlo. Esto a pesar de que la CSS tiene cuatro veces el personal de la ACP, y su departamento de mantenimiento es mayor al de cualquier ministerio.

La ACP está ayudando al Ministerio de Educación con las escuelas públicas ubicadas dentro de la cuenca del Canal de Panamá. También la ACP está haciendo una consultoría para el Ministerio de Ambiente relacionada con la seguridad hídrica del país; en otras palabras: ¿de dónde vamos a sacar el agua para pasar más buques y beber los panameños?

La ACP le dará agua potable a la Ciudad de la Salud, porque los planificadores del proyecto nunca se tomaron la molestia de validar cómo el Idaan iba a mandar agua por tuberías inexistentes para el hospital más grande que tendrá Panamá. Adicionalmente, la ACP es el “plan B” de generación eléctrica para el Metro de Panamá, ya que si fallan las distribuidoras y los otros sistemas que generan, trasmiten y distribuyen electricidad en el país, la ACP le proveería fluido eléctrico al Metro.

Porras formó a maestros y fomentó la gobernabilidad de Panamá con “megaproyectos” como el ferrocarril de Puerto Armuelles a David.

¿Por qué la ACP ocupa todos estos múltiples roles que no le corresponden? El resto del Estado panameño se ha empantanado en un modelo de Estado contratista, que por más de 25 años ha dejado de hacer cosas y entregar bienes públicos a la sociedad para licitar, contratar, concesionar, adquirir o comprar aquello que supuestamente necesitamos los panameños. Nuestro país es de los más jóvenes de América Latina, y el conjunto de actividades que desarrolla el Estado en beneficio de la sociedad es de reciente data.

El Estado desarrollista, ese que era capaz de recoger la basura, el que fue lo suficientemente hábil como para aumentar la expectativa de vida de los panameños y reducir el analfabetismo y las enfermedades, fue una creación de Belisario Porras. Ese Estado nació con el barrio de La Exposición, que demostró lo que la planificación urbana podía hacer y que a la vez produjo importantes ingresos al gobierno al vender los lotes debidamente dotados con servicios públicos.

Porras formó a centenares de maestros y fomentó la gobernabilidad de Panamá con “megaproyectos” como el ferrocarril de Puerto Armuelles a David, la carretera nacional, que venía de Las Tablas a Panamá y cuyo kilómetro 0 estaba en el puerto de Mensabé (la idea era que si se acababa el dinero, el interior tendría carretera), y por supuesto, el Hospital Santo Tomás. Porras estableció la primera red de telecomunicaciones de todo el país, que hacía posible que en cuestión de horas cualquier evento que sucediera en el territorio nacional fuera conocido en la capital y viceversa.

Ese sistema fue el telégrafo, que casi por 70 años fue un medio de comunicación viable para mantener a los panameños informados y conectados. Para financiar ese Estado desarrollista, Belisario Porras nacionalizó la Lotería, y con esa empresa pudo sufragar el crecimiento del Estado.

Harmodio Arias Madrid fortaleció al Estado desarrollista por medio del impuesto sobre la renta, la creación de la Caja de Ahorros, el establecimiento de la Contraloría General de la República, y la fundación de la institución más importante para el desarrollo del capital humano de nuestro país: la Universidad de Panamá. Tan exitosas fueron las reformas económicas de Harmodio Arias que pudo crear el primer fondo de pensiones del Estado panameño, el Fondo Obrero y del Educador, que luego su hermano Arnulfo Arias convertiría en la Caja de Seguro Social. El legado de Harmodio también creció porque uno de sus sucesores, Juan Demóstenes Arosemena estableció la Normal de Santiago, mientras que otro de los proyectos de Harmodio Arias se convirtió en la carretera Transistmica.

El Estado desarrollista tuvo otros hitos con sucesivos mandatarios como Enrique Jiménez, quien creó la Zona Libre de Colón y fundó el Aeropuerto Internacional de Tocumen, al igual que ayudó al establecimiento del Hospital del Niño y de un hospital dedicado a atender a los pacientes con tuberculosis, hoy Hospital Nicolás Solano, dedicado a la atención de toda clase de padecimientos de salud.

Por su parte, el presidente Roberto F. Chiari fundó el Idaan para atender los temas de agua potable y acueductos; el IRHE para producir electricidad para todo el país; el IPAT para atender el tema de turismo; la Dirección General de Ingresos para modernizar la administración y cobros de los tributos; y la Reforma Agraria, para distribuir tierras destinadas a la producción agrícola. Su sucesor, Marcos Robles, aportó a esta lista el Ifarhu, para fomentar los estudios de los panameños más talentosos.

Las semillas del colapso del Estado desarrollista llegaron durante el gobierno militar de 1968 a 1989. Aunque el Estado desarrolló importantes funciones para articular cadenas de valor y sistemas de producción, el gobierno no tenía nada que hacer produciendo bananos y gestionando ingenios azucareros, una cementera, una empresa de maquinarias agropecuarias, hoteles y otras actividades, que descuidaron la atención de servicios esenciales. Incluso empresas estatales meritorias como el Intel, o AirPanama eran condenadas a la ineficiencia por una burocracia rapaz y corrupta.

Los militares manejaron irresponsablemente las finanzas públicas haciendo que en un periodo de 15 años, de 1968 a 1983, la deuda pública externa creciera en 1,200%, de unos 250 millones de dólares en 1968 a más de 3 mil millones de dólares en 1983. Para ese año, el presupuesto nacional alcanzaba los 2 mil millones de dólares, que requerían un importante componente de financiamiento externo. La invasión de diciembre de 1989 liquidó ese modelo.

La idea detrás del Estado contratista era noble e ingenua: un Estado más eficiente se obtiene cuando hace menos y supervisa mejor a la empresa privada. El Estado contratista se suponía que iba a ser menos corrupto y más eficiente. 25 años de un Estado contratista nos dice lo contrario.

Por ejemplo, si la ACP tuviera las mismas reglas que se le aplica a Minera Panamá, que estipulan que la minería metálica a cielo abierto solo paga 2% en materia de regalías al Estado panameño, la ACP le entregaría 32 millones de dólares al gobierno nacional y no los mil seiscientos millones de dólares que entrega actualmente. Ni hablar de los beneficios de Panamá Ports, que en más de 20 años de privatización solo ha pagado un millón de dólares a su socio, el Estado panameño.

La última década fue testigo del despilfarro masivo de recursos públicos. La deuda pública de Martín Torrijos en 2009 era de aproximadamente de 10.8 mil millones de dólares; a finales de este año alcanzó más de 24 mil millones. Tenemos hospitales sin medicinas, estadios nuevecitos que se inundan de agua, escuelas rancho, autopistas en mal estado, serios problemas de calidad de agua potable, una terrible deforestación y un estancamiento de los indicadores sociales.

La ciudad de Colón es un campo de batalla entre las fuerzas del orden público y las bandas delincuenciales.

Por ejemplo, hay 56% de deserción en la educación media del sector público del país, y eso que a cada estudiante que se mantiene dentro del sistema con un promedio mínimo de 3.0 se le da una beca universal. Nuestra justicia apesta y en materia de seguridad pública, los cuerpos dedicados a este tema han tenido los mayores aumentos salariales de la historia y un crecimiento constante de su presupuesto, pero con muy poca efectividad en enfrentar la delincuencia común que azota a los barrios de este país. Tal es la situación que el Ministerio de Salud no ha podido vacunar contra el sarampión en zonas rojas porque la pandilla que controla ese territorio no quiere ninguna presencia del Estado. Una enfermera con una jeringuilla representa una amenaza para estos depredadores sociales.

La ciudad de Colón es un campo de batalla entre las fuerzas del orden público y las bandas delincuenciales, mientras que gran parte de la provincia de Chiriquí esta azotada por robos y asesinatos que sobrepasan a la capacidad de la policía. Solo basta leer en cualquier medio, como cualquier escuela recién reparada o que recibió nuevos laboratorios o equipos son vandalizados por sus propios vecinos.

En el Estado contratista, los ciudadanos no son parte de la solución, sino el problema, ya que han sido convertidos en clientes, cuya rentabilidad es el parámetro que determina si son atendidos correctamente o no. Así por ejemplo, la comunidad de San Isidro recibe agua dos veces a la semana, mientras que la de Costa del Este la tiene todo el día. Cuando un camión repartidor de bebidas perdió su carga en una loma, sus productos fueron robados por los vecinos del lugar. Cuando la huelga en Colón se intensificó, los saqueos se dirigieron primero contra las tiendas que siempre habían atendido a su clientela, luego contra sus propios vecinos. Ahora, tanto el Suntracs como la Asociación de Profesores amenazan con paros nacionales, uno porque quiere un aumento de 60% de su salario, y otros porque dicen que les importa tanto la educación nacional que realizarán un paro que solo afectará a los estudiantes más pobres del país, y así denunciarán las situaciones que afectan a esos mismos estudiantes.

El Estado contratista no puede supervisar honestamente al sector privado, porque los altos funcionarios electos o designados reciben donaciones y aportes de campaña del sector que tienen que regular. Los contratos se transforman en medios para obtener coimas y comisiones, mientras que los altos cargos del Estado son mecanismos para ejercer el tráfico de influencias. Hoy ese Estado contratista está endeudado hasta la coronilla, y no es capaz de recoger la basura, cuidar las tapas de las alcantarillas, mantener el inventario de medicamentos de los centros de salud o darle un adecuado uso a los recursos del Estado.

Una visita o un recorrido a casi cualquier oficina estatal es una experiencia alucinante por la falta de mantenimiento de la estructura, el apiñamiento de los funcionarios, y lo descolorido de las instalaciones, y por una actitud generalizada de que el usuario o contribuyente que paga sus salarios y requiere sus servicios es una molestia.

La desesperación de los que saben que se está acabando la era del Estado contratista ha llevado a la apertura descontrolada de las áreas protegidas, que desde Darién hasta Donoso, y desde Coiba hasta el Volcán Barú, están servidas al mejor postor. Cuando lo último que nos queda está a punto de ser contratado, ya dejamos de ser ciudadanos de este país para convertirnos en siervos de los señores feudales que controlan los territorios y recursos de nuestro Estado. Ya no trabajamos para nosotros mismos, sino para saciar a una clase política que nos vendió y que ha hipotecado nuestro futuro. Tenemos que dejar de ser clientes para convertirnos en dueños y socios de nuestra República, y por ende, de nuestro destino.

Comentarios

Cerrar

La función de comentar está disponible solo para usuarios suscriptores. Lo invitamos a suscribirse y obtener todos los beneficios del Club La Prensa o, si ya es suscriptor, a ingresar.

Suscríbase gratis por 30 días Prueba
Adquiera un plan de suscripción Suscríbase
Cerrar

Por favor introduzca el apodo o nickname que desea que aparezca en sus comentarios:

Comentar 0 comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Corporación La Prensa, S.A.