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26 may La ecología de la corrupción

Oscar Schindler y Augusto Pinochet Oscar Schindler y Augusto Pinochet
Oscar Schindler y Augusto Pinochet

La BBC divulgó un tiempo atrás un documental sobre el golpe militar en Chile, de 1973. Entrevistaron personas vinculadas con el presidente Salvador Allende, militares golpista, y ex-agentes de la CIA. Uno de estos últimos explicaba que lo más difícil de preparar el golpe militar en Chile fue conseguir un alto militar codicioso dispuesto a romper el orden institucional. Después de haber contactado a casi 40 militares, escogieron a Pinochet.

Gracias al buen cine, conocemos la historia de Oskar Schindler, el empresario nazi que sacrificando su patrimonio y arriesgando su propia vida salvó a cientos de judíos de morir en el Holocausto. Debido al trabajo minucioso de varios historiadores sabemos que Schindler no fue el único que salvó a las víctimas del nazismo.

Schindler y Pinochet son dos caras de la misma moneda: seres humanos que por motivaciones psicológicas propias realizan actos extraordinarios. En el caso del alemán, fueron actos extraordinariamente buenos; en el caso del chileno, fueron actos extraordinariamente malos.

Siempre me he preguntado qué hubiera sucedido si un solo militar panameño hubiese dicho que “no” cuando torturaron y asesinaron a Floyd Britton, Heliodoro Portugal, al padre Héctor Gallego o al doctor Hugo Spadafora. Uno puede imaginarse con tristeza una voz valiente que dijera : “no voy a cumplir esa orden, mi general”. El éxito del fascismo en todas sus formas consiste en crear un sentimiento o espíritu de grupo que artificialmente estigmatiza a los “otros” frente al “nosotros”. Eso lo ha vivido la iglesia católica con el pacto de silencio y complicidad que por décadas se mantuvo sobre los casos de pedofilia en el clero. Actualmente el Papa Francisco está intentando romper esa cultura de casta.

¿POR QUÉ SOMOS CORRUPTOS LOS PANAMEÑOS

Creo que nuestra cultura produce más Pinochets que Schindlers. El tema me parece que no es tanto de valores, si no de empatía y simple decencia. De acuerdo con algunos reportajes, Osama bin Laden era un tipo agradable, un padre cariñoso y sumamente generoso con sus amigos. También era un psicópata terrorista, fanático religioso que vivía sin empatía con aquellos que no eran seguidores de su versión del Islam.

La corrupción es un conjunto de prácticas sociales que prosperan o fracasan en un nicho que les permite coexistir con el resto de las conductas humanas. La corrupción es la mayor forma de desigualdad y el impuesto más caro que pagan los pobres y la clase media de un país. En Chile y Guatemala, los gremios empresariales piden que se acabe con la corrupción; mientras que en Panamá, el CoNEP pide seguridad jurídica, es decir “machin candao” para los que jugaron vivo. Los pueblos tienen los empresarios que se merecen.

En el caso de los violadores de la estudiante de Pacora es evidente que estos animales carecían de empatía alguna. Ninguno tiene madre, hermana, novia y mucho menos hija. Ninguno era capaz de entender el sufrimiento y la degradación ajena. Como nazis en el Holocausto celebran sus acciones; al igual que los servios cristianos que violaban a las niñas bosnias por ser musulmanas, sus crímenes los cohesionan y los validan como miembros de una casta.

¿DE DÓNDE SALIÓ ESTA GENTE?

Cuando en el gobierno pasado altos personeros se refirieron a los pueblos originarios como “indios brutos y borrachos”, “analfabetas que se oponen al desarrollo” y otras hierbas similares se estaba fomentando la cultura de castas que no tienen empatía con nadie más.

Los violadores de las finanzas públicas del gobierno anterior, con su saqueo, la vanagloria de sus crímenes y su adicción morbosa al lujo y a la opulencia, demostraban que de nada sirve ser un criminal si no se puede jactar de su crimen. Ambos grupos de violadores son producto de la misma cultura, la nuestra.

Es curioso que durante la dictadura militar dos civiles fueron capaces de demostrar que otra realidad era posible. El doctor José Renán Esquivel fue ministro de Salud y director de la Caja de Seguro Social, cargo en el cual denunció el saqueo que el programa de viviendas había representado para las finanzas de esta entidad social. Otro civil, el presidente Jorge Illueca, fue capaz de cerrar a la infame Escuela de las Américas.

Me es muy duro imaginar que nadie en el gabinete de la administración anterior se puso de pie y grito ¡basta! No puedo creer que todos los magistrados de la Corte Suprema de Justicia jugaran a la pelota sucia. Es muy triste concluir que el único funcionario decente del gobierno anterior era Vernon Ramos, para quien por cierto, no se ha hecho el esfuerzo de aclarar el misterio de su desaparición.

La casta de ladrones no tenía empatía con los bienes públicos, ni con los niños sin escuelas, ni con los maestros mal pagados, los hospitales sin medicina, o los barrios sumergidos por el estado de sitio impuesto por las pandillas y la delincuencia común. Todos estos son un ejemplo, de los “otros” que les eran indiferentes a esta casta de poderosos.

Si de verdad nuestra sociedad tiene una oportunidad de salvarse de sus propios vicios y de la profunda adicción a la opulencia y al lujo mal habidos, no será por el camino de los valores, si no por el camino de las emociones y afectos. Una persona sana no destruye aquello que ama, una sociedad sana no promueve la desigualdad y la injusticia por medio de la corrupción.

En el libro de Génesis, Caín le pregunta a Dios: “¿Acaso soy el custodio de mi hermano?” La respuesta a esta pregunta es lo que ha definido la ética judeo cristiana. Así como somos los custodios de la niña de Pacora, somos los custodios de los ríos y bosques del país, y por supuesto , somos los custodios de la hacienda pública y los recursos del Estado. Debemos aspirar a ser Schindler, a ser José Renán Esquivel y a ser Jorge Illueca. Nada menos y nada más.

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