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Francisco

el papa latinoamericano

La obediencia amorosa, la misericordia y el compromiso

de Jesucristo y sus enseñanzas son la guía de los jesuitas.

Los Ejercicios Espirituales

En 1521, Ignacio López

de Loyola, un joven y

culto hombre de armas

español que luchaba en el

Ejército castellano, cayó

gravemente herido duran-

te el sitio del Castillo de

Pamplona, asediado por

fuerzas franco-navarras.

Una bala de cañón había

pasado entre sus piernas;

rompió una y dañó la otra.

Durante su larga con-

valecencia, dedicada

al reposo y la lectura,

reflexionó profundamen-

te sobre cómo Dios lo

llevaba a prestar atención

a las distintas voces de

su interior: a los movi-

mientos de consolación

y desolación en su cora-

zón y su alma. Incluso,

aprendió a discernir las

fuentes de estos deseos y

pensamientos del corazón

y del alma: cuáles venían

de Dios, cuáles lo aparta-

ban de Él y –quizá lo más

importante–sobre cuáles

debía actuar.

En este período, que

coincidió con una estricta

formación académica en

España y Francia, Ignacio

aprendió la importancia

de buscar a Dios en las

experiencias ordinarias

y cotidianas; comprendió

que Dios estaba moldeán-

dolo para ser compañero

de Jesús. El fruto de esos

meses de oración y re-

flexión está contenido en

sus

Ejercicios Espiritua-

les

, un pequeño tratado

sobre la oración escrito

hace más de 450 años.

El método de oración que

se describe en los

Ejer-

cicios Espirituales

ayuda

a cada jesuita a seguir

a Jesús y a buscar la

voluntad de Dios en cada

circunstancia, para ense-

ñar, administrar o escribir,

y hasta para acompañar y

consolar a la persona que

atraviesa graves sufri-

mientos o injusticias.

Cuadro de San Ignacio de Loyola, fundador de la orden de la

Compañía de Jesús y autor de los Ejercicios Espirituales.

Tras los pasos

de Jesucristo

mente libres, y utilicen todos sus talentos y

oportunidades.

Su misión es construir un mundo donde

florezcan la fe, la justicia, la paz y el amor.

Al mismo tiempo, la espiritualidad jesuita

es realista ya que, al igual que Cristo, en-

frenta un mundo de crueldad, injusticia y

abuso de poder.

Esa espiritualidad abarca tanto el potencial

espiritual humano como la lucha diaria y

constante entre el bien y el mal. Ninguna obra

apostólica –sostienen los jesuitas– agota el

bien que se puede hacer.

sociales a seguir su camino hacia Dios, y

adherir a su compromiso de ayudar a las

personas a ser íntegras y santas.

La Compañía de Jesús intenta incorporar

estos mismos valores evangélicos en todas

sus obras, imitando la obediencia amorosa

de Jesús, aun a costa de la propia vida que,

al fin y al cabo, es considerada un regalo

sagrado de Dios.

El jesuita alberga un sincero impulso vital

que lo lleva a encontrar y practicar la forma

en que Dios quiere que los hombres y las

mujeres se sientan perdonados y total-

ada una de las grandes familias religiosas de

la Iglesia católica tiene una manera particu-

lar de seguir a Jesús y de responder a la inspi-

ración que proviene del Espíritu Santo.

La vida del miembro de la Compañía de Jesús

se centra en la imitación de Jesús, enfocán-

dose en el amor, la mente, el corazón, los

valores y las prioridades de Cristo.

Los jesuitas comprenden que en la base de la

vida de Jesús estaban la oración y una bús-

queda constante de cómo vivir una vida autén-

ticamente humana ante un Dios amoroso.

Jesús predicó el perdón de los pecados,

curó a los enfermos y poseídos, y dio espe-

ranza a los pobres y a los marginados social

y económicamente.

Habló de alegría, paz, justicia y amor; llamó

a hombres y mujeres de todas las clases

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