PERSONALIDADES.

La felicidad no siempre se pinta de rubio

Tiempo y mucho dinero en tintes se invierten para alcanzar la ilusión de ser rubia. A donde va una dorada melena es probable que detrás sigan miradas masculinas. Pero la fortuna, que es mujer y veleidosa, no se deja seducir.

Además de la mítica Marilyn Monroe, otras rubias tuvieron una triste vida. Farrah Fawcett, símbolo de los años 70, no pudo espantar el mal genio que aún la caracteriza. En su matrimonio con Lee Mayors, sufrió maltrato doméstico.

La que en un momento fue la hijastra de Farrah, Tatum O’Neal, tampoco la tuvo fácil como cuenta en su autobiografía A Paper Life. Fue la más joven en ganar un Oscar, a los 10 años, y por ahí mismo se introdujo en los excesos de Hollywood. Escogió por esposo a John McEnroe, quien no solo era malcriado en la cancha.

Mía Farrow, en los 80, fue la musa de Woddy Allen y su compañera sentimental en una relación compleja. Él terminó dejándola para unirse con la hija adoptiva de ambos.

Luego del éxito de ET, El extraterrestre, la rubia e infantil cabecita de Drew Barrymore, también precoz, se complicó en problemas de alcohol y drogas. Ejemplarmente Barrymore salió adelante.

La cantante de rock Courtney Love sufrió una niñez entre reformatorios. Su esposo Kurt Cobain se suicidó. No le ha ido mal con la música, pero sigue luchando contra las drogas, por las cuales perdió la custodia de su hija, la que recuperó en enero de este año.

Solo por si las dudas, no ponga peróxido en su pócima de la suerte.

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