Un peligroso aventurero en Panamá, Cuatro veces estuvo aquí.

De lo que nos salvamos

Continuando la serie de páginas de estas Raíces, dedicadas a tratar de recordar o hacer conocer en ellas a los importantes y conocidos personajes extranjeros que por múltiples y muy variados motivos en un momento u otro, y sobre todo en los tiempos pasados, visitaron nuestra nación, hoy continuaremos esta serie relatando los viajes (¿misteriosos?) que el aventurero estadounidense William Walker efectuó en diferentes fechas y siempre a lo ancho del territorio nacional.¿A qué se debió lo anterior? ¿Tuvo en mente, como lo hizo en países hermanos centroamericanos, estar preparando una futura invasión? ¿O fue mera casualidad? Nos inclinamos por la primera suposición. Más tarde y en los textos, veremos por qué. En la primera de las fotografías vemos la efigie de nuestro personaje de hoy. Es bastante engañosa, ya que de tan solo un metro y 60 centímetros de estatura y unas 120 libras de peso, ello no reflejaba, su carácter belicoso, lo intrépido que era y su gran capacidad de luchar por lo que consideró, sin razón, que era lo atinado. Le decían el ‘predestinado de los ojos grises’, sin que se imaginaran cuál iba a ser su fin. En la segunda de las fotografías, vemos uno de los bonos que él emitió y su valor. Con la compra de ellos pudo lograr al comienzo sus propósitos, el comprar armas y conseguir soldados. Por fin, en la última toma, vemos la tumba que desde el 12 de diciembre de 1860, y en Honduras, acogió a ese iluso y aventurero ser que perdió su vida por tratar de inmiscuirse en países con los cuales no tenía nada que ver. Continuando la serie de páginas de estas Raíces, dedicadas a tratar de recordar o hacer conocer en ellas a los importantes y conocidos personajes extranjeros que por múltiples y muy variados motivos en un momento u otro, y sobre todo en los tiempos pasados, visitaron nuestra nación, hoy continuaremos esta serie relatando los viajes (¿misteriosos?) que el aventurero estadounidense William Walker efectuó en diferentes fechas y siempre a lo ancho del territorio nacional.¿A qué se debió lo anterior? ¿Tuvo en mente, como lo hizo en países hermanos centroamericanos, estar preparando una futura invasión? ¿O fue mera casualidad? Nos inclinamos por la primera suposición. Más tarde y en los textos, veremos por qué. En la primera de las fotografías vemos la efigie de nuestro personaje de hoy. Es bastante engañosa, ya que de tan solo un metro y 60 centímetros de estatura y unas 120 libras de peso, ello no reflejaba, su carácter belicoso, lo intrépido que era y su gran capacidad de luchar por lo que consideró, sin razón, que era lo atinado. Le decían el ‘predestinado de los ojos grises’, sin que se imaginaran cuál iba a ser su fin. En la segunda de las fotografías, vemos uno de los bonos que él emitió y su valor. Con la compra de ellos pudo lograr al comienzo sus propósitos, el comprar armas y conseguir soldados. Por fin, en la última toma, vemos la tumba que desde el 12 de diciembre de 1860, y en Honduras, acogió a ese iluso y aventurero ser que perdió su vida por tratar de inmiscuirse en países con los cuales no tenía nada que ver.

Continuando la serie de páginas de estas Raíces, dedicadas a tratar de recordar o hacer conocer en ellas a los importantes y conocidos personajes extranjeros que por múltiples y muy variados motivos en un momento u otro, y sobre todo en los tiempos pasados, visitaron nuestra nación, hoy continuaremos esta serie relatando los viajes (¿misteriosos?) que el aventurero estadounidense William Walker efectuó en diferentes fechas y siempre a lo ancho del territorio nacional.¿A qué se debió lo anterior? ¿Tuvo en mente, como lo hizo en países hermanos centroamericanos, estar preparando una futura invasión? ¿O fue mera casualidad? Nos inclinamos por la primera suposición. Más tarde y en los textos, veremos por qué. En la primera de las fotografías vemos la efigie de nuestro personaje de hoy. Es bastante engañosa, ya que de tan solo un metro y 60 centímetros de estatura y unas 120 libras de peso, ello no reflejaba, su carácter belicoso, lo intrépido que era y su gran capacidad de luchar por lo que consideró, sin razón, que era lo atinado. Le decían el ‘predestinado de los ojos grises’, sin que se imaginaran cuál iba a ser su fin. En la segunda de las fotografías, vemos uno de los bonos que él emitió y su valor. Con la compra de ellos pudo lograr al comienzo sus propósitos, el comprar armas y conseguir soldados. Por fin, en la última toma, vemos la tumba que desde el 12 de diciembre de 1860, y en Honduras, acogió a ese iluso y aventurero ser que perdió su vida por tratar de inmiscuirse en países con los cuales no tenía nada que ver.

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William Walker había nacido en 1824 en Nashville, ciudad estadounidense enclavada en el estado de Tennessee.

El 13 de junio de 1855, acompañado de 58 hombres bajo su mando y a bordo de un velero, desembarcó en un puerto nicaragüense, contratado por un partido político de ese país. Parece mentira que las rivalidades políticas puedan alcanzar tal grado de insensatez.

En realidad, el objetivo del viaje de Walker tenía también razones muy diferentes. Dos años antes, había tratado de apoderarse de los estados mexicanos de Baja California y Sonora, pero fracasó (1853-1855).

Al invadir esas dos regiones, él pensaba en hacerlas independientes, para después anexarlas a su país. Naturalmente que el absurdo y siniestro plan fracasó. Todo fue financiado por esclavistas y sureños de su nación.

Pero en Nicaragua nuestro hombre no desistió, había firmado un contrato con un dirigente político nicaragüense, por el cual se le permitió invadir con sus tropas al país, ganando sangrientamente algunas batallas hasta apoderarse del mando de la nación y establecer un gobierno que, claro, fue reconocido por el presidente de EU, Franklin Pierce.

Por fin, toda esta absurda situación se resolvió, volviendo a fracasar los criminales propósitos de Walker con el apoyo de su país.

Pero el "predestinado de los ojos grises", como se le llamaba, y terco como una mula, pasó a Costa Rica, ya que seguía buscando países para conquistar, en donde lo vencieron y fue enviado entonces a Honduras, donde lo juzgaron y le dieron su merecido fusilándolo y enterrándolo allí.

¿Y qué tenía que ver todo esto con Panamá? Pues que la Nueva Granada, país al cual nos anexamos voluntariamente (hoy Colombia), a través de sus autoridades envió un comunicado al país norteño y a los centroamericanos en el cual, después de acertadas explicaciones, protestaba por los desmanes y acciones de Walker y su soporte estadounidense y hacía resaltar el peligro que para la estabilidad de la región significaba esa serie de procederes.

El resto del continente americano también se puso en pie de alerta. ¿Qué planeaban Walker y su país? ¿A dónde todo ello nos iría a conducir?

Aquí, Justo y Pablo Arosemena, Buenaventura Correoso, Tomás Martín Feuillet y Juan Urriola también protestaron por el ya citado inicuo proceder.

Mientras que algunos periódicos panameños que aparecían en inglés y eran propiedad de extranjeros se encargaron absurdamente de denigrar a Panamá y a sus ciudadanos. ¡Otro horror!

A todas estas, el aventurero William Walker nunca cesó en su labor. En 1850 tomó un vapor en New Orleans, fue a La Habana y vino hasta acá, desembarcó en Chagres, cruzó el istmo y el 20 de junio del año citado estuvo en esta ciudad capital.

En mayo de 1857 después de que Walker fue derrotado en Nicaragua, este volvió a cruzar nuestro istmo. No lo dejaron desembarcar ni a él ni a los 30 miembros de su tropa al llegar aquí. Gracias al gobernador de nuestro istmo, Bartolomé Calvo, se tomó esa importante decisión.

En 1859 estuvo en Colón y en Panamá, viajaba como James Wilson (¿por qué?). Más tarde y en el mismo año, pero en mayo y acompañado de un mayor y un coronel de su tropa, vuelve a pasar por aquí. Todo muy sospechoso, ¿no es cierto?

Cambiando de tema, en referencia al artículo del domingo pasado sobre Leopoldo Aragón, varios amigos nos han proporcionado los siguientes datos. Ellos desean que no se mencionen sus nombres.

Los datos son que nació en Chitré, que uno de ellos cree que el apellido de su madre era Escalona. No fue abogado, como decíamos. Era uno de los principales violinistas de la Orquesta Sinfónica Nacional. El nombre de su esposa era Rosita y con ella tuvo un par de preciosas gemelas de nombre Varnila y Rocío. Una hermana de Aragón trabajó en el Seguro Social. Él vivió en Washington y su esposa allí trabajó como traductora del Gobierno. Escribió un libro que tituló Kennedy y Fidel. Además, una vez vino a Panamá con el ánimo de convertirse en Presidente de la República. Estando preso en Coiba, lo fueron a visitar sus hijas y los policías les hicieron una calle de honor, pero fue de deshonor, puesto que se dedicaron a ofenderlas tocándole el exterior de sus órganos pudendos mientras caminaban.

Para salir de Coiba, Aragón se hizo un daño él mismo en el oído. Trasladado a Panamá, se tiró al mar desde su lancha. En fin, como vemos, realizó actos difíciles de explicar. Sin embargo, fue un hombre que supo defender sus ideas y por ello se inmoló. Creemos que por lo menos una placa o un busto o hasta el nombre de una calle se le debía conceder. A muchos se les ha ofrecido eso por menos.

Textos: Harry Castro Stanziola Fotografías: procesadas por Ricardo López Arias Comentarios: vivir+@prensa.com

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