El significado de un grafiti

Los artistas callejeros aseguran que la sociedad todavía percibe los grafitis como una manifestación de vandalismo y destrucción.

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TEMÁTICA. Cada valla plasma en cada una de sus pinturas imágenes de la cinta costera. LA PRENSA/Luis E. Guillén TEMÁTICA. Cada valla plasma en cada una de sus pinturas imágenes de la cinta costera. LA PRENSA/Luis E. Guillén
TEMÁTICA. Cada valla plasma en cada una de sus pinturas imágenes de la cinta costera. LA PRENSA/Luis E. Guillén

Incomprendidos por la sociedad. Así se sienten los artistas panameños del grafiti .

Aun cuando por primera vez se les permitió expresar su arte -en las vallas que bordean la cinta costera, en la avenida Balboa-, los grafistas sienten que esta manifestación todavía es mal percibida.

Jean Carlos Anguizola, cuyo nombre artístico es Perse *Pel, está convencido: “el grafiti no es algo calle-jero, ni una práctica de vagos o vándalos. Le da vida y una expresión diferente y colorida a paredes abandonadas”.

Joshua Antúnez, conocido en el mundo de la pintura como Josta, coincide con Anguizola. Según él, un grafiti representa “más que solo garabatos”. Él, explica, no solo pinta paredes. También es contratado para decorar paredes de cuartos y pintar cuadros.

Anthuan Herrera, alias Sinless, asegura que así como unos se desahogan escribiendo, haciendo ejercicios o hablando, ellos lo hacen pintando.

Generalmente, explica, lo hacen con spray. Para una valla, por ejemplo, se usan de 12 a 20 latas de spray especial para grafiti. Cada una cuesta entre cinco y seis dólares.

Otra generalidad del grafiti panameño, explica Herrera, es que se pinta de noche. ¿Por qué? “Por temor a ser agarrados”, dice.

Y es que, en Panamá, el decreto alcaldicio N° 2025 del 1 de diciembre de 1995 considera que los grafitis son “contaminación visual”. Las multas van desde los 10 hasta los 5 mil dólares.

La mayoría de los grafistas en Panamá, asegura Eduardo De León, conocido como Nel-1 en el mundo de la pintura callejera, son hombres.

De León también asegura que los grafistas panameños son estudiados y tienen trabajos estables.

Él, por ejemplo, es dueño de una tienda de pintura.

Anthuan Herrera estudia arte en el Instituto Nacional de Cultura y trabaja en una entidad gubernamental, y su novia, que también pinta, estudia diseño gráfico y trabaja en mercadeo.

Según el sociólogo Bolívar Franco, solo se trata de jóvenes “que necesitan expresar algo”. Muchos de los mensajes, dice, son positivos y reflejan creatividad.

“El grafiti es una forma de arte que, bien encausada, puede terminar adornando más que afeando ciertas paredes y muros del país. El Inac debería invertir en reunir a estas personas para crear una cultura del grafiti. Debería dedicarse un malecón o un muro especial para que ellos pinten, y que no sea improvisada, en la noche”, concluye.

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Tomado de @CancilleriaPma

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