El último cromagnon La ilusión y la cabanga

El último cromagnon La ilusión y la cabanga
El último cromagnon La ilusión y la cabanga

LA QUÍMICA. El macho en mí desapareció cuando la vi. Fue una transformación de energías y de químicos neuronales, que ya conoce quien ha amado y que desconoce quien le teme al amor. Sentí perder parte de mis piernas al acercarme, con cara de hombre de mundo y ojos de marinero que ha navegado por los avatares de la vida. Cuando me la presentaron, dejé de respirar. Cuando la besé por primera vez, algo cambió para siempre dentro del alma.

TRANSFORMACIÓN. Mis arrugas no desaparecieron, ni me creció el pelo. Lo único que cambió fue el universo entero. Las estrellas, antes solitarias, se besaban apasionadas con el viento.Y la mar, antes embravecida, hoy le acariciaba suavemente la nuca a las altivas rocas en la playa.Había alegría en su presencia y tristeza en su ausencia. De la libertad conocida y celebrada, prefería su compañía y sus ocasionales arrebatos de locura. La vida cambia constantemente. También el corazón.Los de habla portuguesa tienen una palabra para definir un sentimiento hermoso. Saudade, término intraducible en casi todos los idiomas, se refiere a una tenue fusión de melancolía, tristeza, soledad, añoranza, amor y, a la vez, cierto lánguido placer en sumirse en el dolor. En español no, pero en "panameño" sí existe un sinónimo de saudade: cabanga. El Diccionario de la Real Academia lo identifica como un vocablo puramente costarricense, lo cual no es cierto. Se apropiaron de Coto y ahora también juran que la cabanga es tica. ¡Jamás lo permitiré! La cabanga es muy panameña, meto. Debajo de todo el relajo y la parranda yace en nosotros un espíritu nostálgico que muchos queremos esconder. Cabanga, como saudade, evoca no sólo el recuerdo del ser amado o de la tierra lejana, sino algo más profundo; algo que se ha ido, que ya no está, que algún día fue, pero que forma parte de nuestro aliento, de lo que somos.

LA DESPEDIDA.Dos semanas pasaron con mi amor, cuando un amanecer me dijo explosivamente que se iba para Europa. Traté de vivir el resto del tiempo que ella se quedó en Panamá de acuerdo a la filosofía del Carpe diem, aprovechando el día en su máxima expresión. La noche antes de que mi amor se fuera, el bartender nos casó en una ceremonia alegre y llena de tequila. Pablo, el bartender, aparte de ser mi mano derecha por 18 años, también es un hombre juicioso. Tomó muy en serio su trabajo y nos obligó a dejar el tequila a un lado mientras duraba la pequeña ceremonia.Durante un año jamás volví a escuchar de ella. Durante un año me senté en la misma mesa, sintiendo los blues (la gringada más cercana a la cabanga) y, a veces, eso que los japoneses llaman sabishii, otro término imposible de traducir y que alude a un estado de venerable, desoladora y bella soledad. Todos pensamos que enamorarse es una bendición y una locura hermosa. Amar y ser amados: no hay sentimiento como ese. Yo también lo creo así... a veces.Pocos, muy pocos sentimientos son universales. La mayoría son culturales, todos aprendidos. Creo que la cabanga es universal. Creo que en este mismo momento, en algún confín del mundo, hay un hombre diferente a mí, diferente a ti, pero con sentimientos que nos unen y nos hacen iguales, como si de hermanos de sangre se tratase. No divago, no es un poema, sólo pienso. Y al hacerlo la saudade, la cabanga, el sabishii, los blues, vienen a mi alma, suavemente, recordando a mi ex esposa. A los amaneceres con ella. A las peleas, los besos y el eterno embrujo del amor...

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