‘Cuando el destino nos alcance’

16 ABRIL.

Creo que así se llama una vieja película protagonizada por el desaparecido Charlton Heston. La trama: una humanidad del futuro, en crisis, en un ambiente contaminado, sin recursos naturales, sobrepoblado, gobernada por corruptos y en el que los más ricos pueden comprar una muerte de lujo. El pueblo es alimentado con un suplemento especial (Soylent Green), derivado del plancton, pero que, secretamente, es preparado con carne humana.

Cuando veo a cientos de personas, desesperadas en busca de agua me parece que las penurias de un destino incierto nos alcanzan. Es evidente, no se requieren grandes estudios para saber que vivimos una crisis hídrica y energética. Pero el futuro de cierta manera depende de lo que hagamos en el presente. Que el sector oeste tendrá cerca de un millón de habitantes en un lustro, que la población de la ciudad llegaría a tres millones en menos de 10, y que el parque de autos aumentará en más de 60 mil unidades en pocos años, no es desconocido. Las proyecciones demográficas de la Contraloría y de otros institutos así lo indican, Entonces ¿por qué nos alcanza el futuro? Porque nuestros gobernantes, empeñados en usar el poder como medio de riqueza personal y de su entorno, se olvidan de que el futuro tiene desafíos y amenazas, no solo ventajas y oportunidades.

Y cuando me refiero a gobernantes no solo hablo del Ejecutivo, sino también del Legislativo plagado de pedigüeños de votos y vendedores de esperanzas. Limitados en creatividad, iniciativa y compromiso, sus cacúmenes generan, casi siempre, planes para aferrarse al poder, y el grueso de sus iniciativas quedan reducidas a comprar conciencias con bolsas de comida y materiales de construcción. Padecen de miopía futurista, no sirven para planificar ni prever. El futuro nos amenaza con una grave crisis hídrica, mientras el Idaan, de gobierno en gobierno, “toma medidas”. El suministro de agua es vital e insoslayable. El negocio de proveerla puede ser rentable, bien administrado, con aplicaciones tecnológicas para garantizarlo y eliminar la morosidad (como los medidores con tarjetas recargables, con las que el usuario tiene que pagar la cantidad de agua que desea consumir). Para resolver el problema se requieren tres cosas: voluntad, decisión y asepsia política. Las limitaciones financieras y administrativas del proyecto son salvables, pero ya en la mente de bribones de alto vuelo se puede estar gestando la idea de inducir una privatización o tercerización, bajo la tesis de la incapacidad institucional para hacer las inversiones necesarias, tal cual se hizo con el sistema eléctrico cuando se privatizó un negocio que si bien es rentable para los irresponsables que hoy lo administran, también lo puede ser para una entidad estatal, seria y responsable, fuera del alcance de los políticos. El país puede tener un servicio de agua potable, eficiente, pues somos ricos en agua y, tal vez, podamos evitar que el destino nos alcance.

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