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LUNES CON EL PIE DERECHO

LUNES CON EL PIE DERECHO: Voy porque voy

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LUNES CON EL PIE DERECHO: Voy porque voy

Stefy Cohen

OPINIÓN

En enero tuve la oportunidad de participar de un programa de emprendimiento en MIT. La primera noche estábamos allí 100 participantes con 100 ideas distintas, con la tarea de escoger las mejores 20. Habría siete rondas para presentar nuestra idea a algún otro participante.

Para cada ronda, había solo siete posibles puntos que debían repartirse entre las dos ideas que se presentaran. Ambos participantes debían llegar a un acuerdo para decidir cuál de las dos ideas merecía más puntos.

Se aconsejaba que en vez de repartirse democráticamente los puntos como 4-3, fuéramos honestos y los repartiéramos como 5-2 o incluso 6-1; ya que al final, las ideas con mayor puntaje resultaban escogidas.

Como cualquier dinámica con 100 personas (y además compitiendo porque escogieran sus ideas) eso en buen panameño, fue un “trepaquesube”.

Cada ronda demoraba tres minutos. Tú tenías un minuto para presentar tu idea y tu oponente tenía un minuto para presentar su idea. Luego, ambos tenían un minuto para deliberar cuál había sido la mejor idea y repartirse los siete puntos.

Sonaba una campana y tenías que moverte a encontrar otro participante para repetir el mismo procedimiento seis veces más.

La dinámica era estresante y acelerada. Algunos de los participantes con quienes yo competí, fueron muy democráticos. Me preguntaban cuál yo opinaba que era la mejor y me pidieron que yo asignara los puntos. Algunos participantes de frente me dijeron, tu idea está buena, pero prefiero la mía.

De muchas maneras, aquella dinámica reflejaba cómo en el mundo de los negocios todo se trata acerca de negociar (valga la aparente redundancia). En esa dinámica no había manera de identificar cuáles eran objetivamente las mejores ideas. Incluso, no había manera de identificar cuáles eran realmente las ideas más populares.

De esa dinámica saldrían victoriosas las ideas de aquellos emprendedores que hubieran negociado mejor cuántos puntos se llevaban por ronda.

He aquí la salvedad: ser el mejor negociante no necesariamente es señal de ser el mejor líder. Si fuiste demasiado agresivo para recibir la mayor cantidad de puntos a toda costa, no necesariamente serías un líder popular a la hora de que el resto escogiera en qué equipo quisiera estar. Y así ocurrió.

Algunos emprendedores quedaron entre los 20 escogidos por su puntaje, pero luego no supieron cómo atraer equipos para que se les unieran.

Una parte esencial del hustle es la mentalidad “voy porque voy”. Cuando uno está mentalizado a “voy porque voy” no hay obstáculo en tu camino que te detenga. En muchos casos, está mentalidad nos beneficia porque nos da la fuerza para no rendirnos y resolver hasta lograr nuestras metas.

Sin embargo, hay desventajas del hustle y del “voy porque voy”:

1) Como estás tratando de lograr tanto en tan poco tiempo: no tienes tiempo para los demás, ni para ti mismo.

2) Como estás siempre apurado, siempre eres impaciente con las ideas y las opiniones de los demás.

3) Como estás tan concentrado en tus metas, se te olvida ser amable con los demás.

“Voy porque voy” debe ser una filosofía para que nada se interponga entre tú y tus metas.

“Voy porque voy” debe ser tu lema y tu escudo ante el miedo y el derrotismo. Sin embargo, “voy porque voy” nunca debe ser una actitud.

Cuando todos los días actuamos que vamos por que vamos a toda costa, podemos ofender a los demás al punto que nos quedamos solos en nuestro camino.

“Voy porque voy” es una estrategia de batalla, mas no de guerra. Hay un límite para la liga de cuánto los demás van a aguantarse que todo se trate acerca de que nuestra idea gane sobre la de ellos. Hay mucho que podemos conseguir siendo extremadamente confiados. Pero hay mucho más que podemos conseguir, siendo amables con los demás. A la larga, se consigue más con persuasión que con imposición.

Es importante salir a tirar puñetes al mundo y hacer de nuestras ideas una realidad. Sin embargo, es más importante saber que debemos hacerlo bien sin perder la decencia ni la amabilidad. La ambición no justifica nunca ser morones arrogantes.

¿De qué nos podría servir el éxito si tenemos que pisar a todos los que nos rodean para alcanzarlo?

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Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

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