LUNES CON EL PIE DERECHO

Lunes con el pie derecho: El síndrome del impostor

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OPINIÓN

Hoy empezaré con una confesión: justo antes de cada presentación en público, entro en pánico. En realidad, desde el día antes de cada presentación, mi mente está inundada de pensamientos tormentosos que me dicen cosas como: “Te va a ir mal. No estás lo suficientemente preparada. Hasta ahora has tenido suerte, pero la verdad es que no eres buena oradora. Esta es la peor charla que has escrito en tu vida”.

Estos comentarios obsesivos se sienten tan reales que de hecho empiezo a cuestionar mi trabajo y a cuestionarme a mí misma. Le quito mérito a cualquier preparación que le haya dedicado. Le quito mérito a cualquier logro anterior que haya conseguido. Me quito mérito a mí misma y me culpo por el descaro de estar realizando un trabajo en el que no pudiera ser una experta.

Antes pensaba que estaba loca y sola sintiéndome así. Pero con un poco de investigación, ahora reconozco que había estado sufriendo del síndrome del impostor. El síndrome del impostor es un tipo de ansiedad, común en los emprendedores, que nos hace sentir como fraudes en momentos clave de nuestra carrera. El síndrome del impostor se expresa frecuentemente en situaciones como: justo antes de entregar un trabajo importante, justo antes de recibir un premio, o justo antes de entregar una propuesta nueva.

El síndrome del impostor nos hace preguntarnos: ¿Quién soy yo para recibir este reconocimiento o aprovechar esta oportunidad? Nos hace sentir como si lo que estamos a punto de hacer o recibir está fuera de nuestra liga y que el trabajo que hemos hecho no es lo suficiente para merecerlo.

Más allá que latigarnos con comentarios de desconfianza propia, el peligro del síndrome del impostor es que muchas veces asusta tanto a los emprendedores que nos deja paralizados en la mitad de nuestro camino. Entonces, hay que aprender a identificar este síndrome para poder derrotarlo y no dejar que sea un obstáculo en el cumplimiento de nuestros planes y metas.

Primero, hay que saber de dónde vienen estos sentimientos. Los pensamientos y sentimientos asociados con el síndrome vienen de la amígdala cerebral, el centro primitivo del cerebro donde yacen las emociones básicas como la rabia y el miedo. Aunque la amígdala es totalmente efectiva protegiéndonos de situaciones de peligro físico, conspira en nuestra contra al activar este tipo de pensamientos irracionales cuando percibe los cambios en nuestras vidas como un tipo de “peligro”.

Segundo, hay que desarrollar una defensa para estos ataques inoportunos.

Debemos combatir la irracionalidad con racionalidad. La próxima vez que el síndrome de impostor te diga que “no has logrado nada con tu vida”, tómate unos minutos para hacer una lista de las cosas que sí has logrado. La lista puede incluir: comentarios positivos que hayas recibido, eventos que hayas organizado, negocios que hayas cerrado, trabajos que hayas publicado, números de ventas o métricas que hayas alcanzado.

Finalmente, sácale provecho al miedo. El rol del miedo siempre ha sido prepararnos para enfrentar cualquier situación adecuadamente. La única manera de convertirse en un experto es teniendo más experiencias. Entonces, en vez de dejar que el síndrome del impostor te permita rechazar experiencias, úsalo como la urgencia para seguir aprendiendo y seguir mejorando. Nadie sabe lo que está haciendo, pero triunfan los que no paran de tratar de descifrarlo. El síndrome del impostor te puede decir que no eres un experto. Es tu deber pensar: No, todavía. Cuando tengo una presentación en público me estreso. Para no dejar que ni por un segundo mis miedos sean ciertos, regreso y practico. Luego, recuerdo todas las veces anteriores que he sentido miedo y todas las veces anteriores que eso no ha impedido dar una buena presentación. Entonces, me relajo y entrego mi presentación desde mi más sincera generosidad y no desde mi miedo.

El síndrome del impostor es como una enfermedad autoinmune. Aunque intentara protegernos, en realidad nos hace daño. No dejes que tu miedo le robe al mundo de tu trabajo. No somos bobos. No nos estás engañando. Algo estás haciendo suficientemente bien para que se haya presentado la oportunidad que tienes enfrente. No eres un experto todavía, pero para eso está el camino.

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