JÓVENES DE ÉXITO

Maceteros que avivan el paisaje

Bárbara muestra uno de los productos hecho con cemento. Bárbara muestra uno de los productos hecho con cemento.

Bárbara muestra uno de los productos hecho con cemento. Foto por: Luis García

Maceteros que avivan el paisaje Maceteros que avivan el paisaje

Maceteros que avivan el paisaje

La vida de Bárbara Jaime Guzmán avanza a otro ritmo. Ella es ejemplo personificado de aquellas personas que logran cumplir todos sus sueños, porque no dudan ni un segundo de su capacidad para hacerlo.

A los 23 años de edad se mudó con su novio Andrés Pinto a Panamá a probar suerte. Ambos terminaron trabajando en el restaurante La Trona junto a Alfonso De la Espriella, al que había conocido Andrés mientras estudiaba en Chile.

Andrés era sous chef y Bárbara hacía de mesera, anfitriona, “de todo un poco”, dice sonriendo. Aunque estaba contenta, sentía que no estaba desarrollando todo su potencial y renunció para trabajar en el área de casting para la película Historias del Canal.

Al mismo tiempo, se mudaron de un apartamento que compartían con otra pareja de chilenos que se había ido a Nueva Zelanda a uno que, desde su punto de vista profesional, “era un desastre”. La falta de ventilación y la distribución de las paredes hacían que el calor se empeorara cada domingo que compartía con su novio cocinando, hasta que ella comenzó a desmayarse debido al calor.

Fue a una cita médica y le dijeron que sus desmayos eran debido a la asfixia por calor.

Intentando darle un giro a ese espacio oscuro que compartían, decidió invertir en plantas para inyectarle vida al apartamento, pero “me sentía como un fraude cuando se moría hasta el aloe vera”, recuerda Bárbara.

Ella investigó las plantas porque, naturalmente, aquellas que crecen en Chile son muy diferentes a las que abundan en Panamá, que sobreviven al calor y la lluvia.

Con el objetivo de sonreírle a la vida, buscó potes y maceteros, pero los que encontró eran de plástico o de cerámica y nada económicos. “Fue una necesidad de la casa lo que me llamó la atención. La gente ocupa muchas flores plásticas y los adornos, y aunque ahora me siento más panameña y sé de más lugares donde buscar para conseguir lo que quiero, siento que las cosas son muy rococó para mi estilo”.

Siempre había querido hacer muebles y poder trabajar con la madera y la cerámica interviniendo en ambos materiales.

Diseño en concreto

Cuando llegaron Bárbara y Andrés a Panamá, sus amigos más cercanos les decían ‘los pozys’ a ambos y cuando decidió crear la marca, sabía que quería transmitirle algo propio a ella. Así nació Poz, que suena a “pots” o maceteros en inglés, y le va como anillo al dedo.

Poz, además de maceteros, hace unos arreglos en los que cuelgan las plantas de un macramé de nudos dejando que la planta repose sobre un plato, creación de Poz. También tiene lapiceros, joyeros, potes grandes con líneas geométricas, letras, objetos con forma de origami, y mucho más.

“La familia de mi madre tenía una casa en el lago, y mi abuelo era un genio. Aunque tenía dos consultoras, si se echaba a perder la lavadora, él desarmaba el microondas para hacer funcionar la lavadora”, recuerda Bárbara.

Siempre le gustó colgar cosas con cuerdas. Así, le hacía columpios con lo que tuviera en sus manos y le enseñó a atar nudos para amarrar la lancha y la moto.

Le sirvió como base para sus potes colgantes y afianzó su técnica a través de tutoriales en Pinterest y YouTube. “La idea de las plantas colgantes es más delicada y bonita que tener aquellas cadenas de metales colgando”, asegura. Bárbara reconoce que sus creaciones son lineales, pero está incursionando en las curvas.

El proceso

Utilizando cemento, arena, pigmento de cemento para darle otros tonos y agua, Bárbara explica que para asegurarse de que sus productos no le salgan grumosos, ella antes los cuela con una especie de malla, tanto el cemento como la arena. Después le echa agua y los mezcla durante una hora. Cuando termina, se fija si hay exceso de agua y le echa productos de Argos o Sika para impermeabilizar, logrando tener un acabado más limpio.

Continúa entonces en el molde donde irá la mezcla y los deja entre dos y tres días, dependiendo de la humedad que haga para retirarlos y secarlos durante una semana. Los moldes “son como un PVC y no duran más de tres usadas”. Quisiera conseguir de silicona”, aclara.

Los colores que utiliza en sus creaciones no son solo los que ella prefiere. “El abanico de colores es el color que quiera, el diseño que quiera y aparte, voy y compro acrílicos de varios colores”, apunta.

Consumidores

Poz está a la venta en el Super Mini Diablo Rosso del Hotel Sortis, que se ha pronunciado apoyando lo local, al igual que en el pop-up shop de Objeto de Culto que es una vitrina más grande en Latinoamérica, porque tiene diseñadores de varios países. Cuando hay mercaditos como el mercado pop-up que se celebró en Panamá Pacífico, Poz también está presente.

Bárbara colaboró con Objeto de Culto para diseñarle una bandeja para exhibir joyas. Le pidieron la forma de un hexágono y ella utilizó pintura de color para carro “que pega súper bien, solo que es más difícil ocuparla, porque es chiclosa y el pincel marca” para lograr un efecto mármol. “Quedó súper nítido”, señala contenta.

Dice que la mayoría de los que le han comprado sus diseños son panameños y se asombra que haya sido mixto, tanto hombres como mujeres.

Muchos esposos se han dado cuenta que pueden tener plantas de manera varonil, mientras las mujeres están pensando en los rinconcitos. Un cactus es más robusto que una suculenta que es más delicada, por ejemplo, dice Bárbara.

“Ahora que está el tema de lo artesanal y local, la gente valora más lo que hacemos”, opina y es que a los consumidores les interesa saber la historia detrás de la creación y tener la certeza de que no están comprando una serie, sino que todo es hecho a mano y lo valoran aún más. Los precios varían, pero asegura que hay desde $20 hasta $200, dependiendo del proyecto que le pidan.

El plan

Al principio, Poz fue saliendo de a poquito hasta que Bárbara se dio cuenta de que personas fuera de su círculo le comenzaron a pedir cosas y se le fueron abriendo las puertas. “Amo tanto lo que estoy haciendo que toda mi casa es Poz”. Tiene pensado poner un local, como tienda taller o tienda estudio, donde pudieran llegar sus clientes a tomar un café o un jugo y comer un sándwich o una empanada mientras se preparan talleres.

Incluso, ha pensado en talleres para los niños de las escuelas de primaria, enseñándoles la importancia del reciclaje y lo que pueden lograr de ello para hacer vasos u objetos pequeños que pueden llevar a casa.

Recientemente, comenzó a trabajar con pallets, logrando crear una mesa multiuso que ahora reposa en el balcón de su casa. Bárbara se ríe cuando ve todo lo que ha logrado en tan poco tiempo. Si tuviera que volver a Chile o ir a otro país, quisiera dejar Poz andando en manos de alguien de confianza.

A sus 28 años, lleva viviendo 5 en Panamá y su novio Andrés es ahora sous chef en Jaleo con Pedro Masoliver. Ambos venían a probar suerte por un año, y ya tienen la residencia.

Perfil de Bárbara Jaime Guzmán

ESTUDIOS.

En 2005, se graduó de Bradford School, en Santiago de Chile. Hizo la licenciatura de arquitectura en la Universidad Andrés Bello en 2006 y en 2009 comenzó a estudiar paisajismo en el Club de Jardines. Finalizó en 2011 y ese mismo año se mudó a Panamá.

NEGOCIO.

Poz comenzó en 2014.

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