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31 jul Don Pinto Quijote

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Resulta ahora que Jorge Luis Pinto es un canalla. Apenas anunció su despedida de la Selección de Costa Rica y dijo que "durmió con el enemigo" durante un año y medio, unos cuantos escupieron su resentimiento y dieron a entender que Pinto era un tirano, que de antemano se esperaban sus triunfos contra Uruguay, Italia y Grecia, y que eran ellos los responsables directos y desconocidos de la epopeya mundialista.

La mayoría de los integrantes del equipo guardaron silencio. Se escucharon algunas voces, pero en un tono conciliador y sobre todo más leal con Pinto. Algo en el interior de los jugadores los lleva a reconocer que la disciplina del “tirano” y sus regaños y catilinarias sirvieron para cumplir una gesta sin derrotas solo superada por Argentina.

Viendo las cosas a la distancia, jugando a ser el diablo porque así se saborean mejor las cosas, nos imaginamos a ese “enemigo” tragándose su bilis recargada durante un año y medio, y cómo casi se intoxica en los penaltis contra Holanda.

Aunque habríamos pagado por verlo en los días posteriores al Mundial cuando toda una nación pedía y rogaba por la continuidad del técnico pasare lo que pasare, costare lo que costare.

Jorge Luis Pinto fue la figura estelar de los técnicos del Mundial, pese a su salario inferior hasta 35 veces en comparación con el de otros estrategas. Pese a dirigir al representativo de un país de menos de 4 millones de habitantes y con una liga local de diez equipos.

Y con tan poquito, sin ninguna trayectoria mundialista pero con jugadores que saben que la camiseta es la patria, Pinto fue uno de esos comandantes de las guerras de los hombres.

En estos días History Channel pasa una serie sobre las dos guerras mundiales y muestra los periplos sin fin de George Patton, el general de los Estados Unidos que junto a sus soldados atravesó primero el norte de África hasta llegar a Italia y zarandear a las tropas de Mussolini, y después desmembró las divisiones de la Luftwaffe en Normandía.

Pues Patton y Pinto son dictadores de la misma estirpe, temibles, dueños de una palabra tan recia como inmisericorde, capaces de gritarle a un caballo para que se arrodille, y más que nada vituperados y apuñaleados por sus propios compañeros pero también admirados por sus adversarios.

Terminada la Segunda Guerra Mundial, una película recrea el encuentro de Patton con su par ruso Gueorgui Zhúkov. Solo atinó a decirle “Hijodeputa” tras un brindis y una carcajada. En los tiempos extra del partido contra Holanda, el neurótico de Arjen Robben corrió a abrazar a Pinto y quizás le dijo que le gustaría tenerlo de jefe.

Ningún integrante del seleccionado costarricense festejaba los goles con su técnico.  El colombiano celebraba y saltaba y se daba la bendición sin quien lo acompañara, bien lejos de sus muchachos. Las cámaras lo preferían a él, advertían su mímica solitaria, como una sombra chinesca.

Ojalá el enemigo tenga la oportunidad de dirigir, clasificar y llevar a Costa Rica hasta los cuartos de final del Mundial de Rusia 2018. Y quien sabe si a la final. Estamos seguros de que solo dormirá con amigos.

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