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Goles y letras Goles y letras

24 jul Viejo para el fútbol

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Había perdido 20 libras de peso, y el mayor motivador de la hazaña era la liga de futsal donde trabajo. En el torneo anterior jugué con el campeón, un equipo ventajoso porque tiene a “Messi” y a “Ronaldo”.

En las demás líneas cuenta con un exfutbolista juvenil de la Selección de Panamá, de 26 años, dos excelentes defensas y una completa lista de hombres de buena técnica. Sobre todos conscientes de su edad.

El arquero por sí mismo es un espectáculo, dentro y fuera del área. Es salsómano, tiene más de 50 años - ¿quién sabe si 60? -, una experiencia comprobada en 25 ligas seguidas -nunca se enferma ni se lesiona-, alto, camajanudo y dueño de una jerga en la que todo suena al revés. Posiblemente inventó el “¿Qué xopa?”.

Mi participación no fue la mejor. Pesaba 200 libras o más y por obvias razones me pusieron de suplente en todos los encuentros. Nunca anoté un gol, y eso que los marcadores quedaban 8–2 o 4–1.

En la final jugué menos de un minuto porque me expulsaron. La decisión desencadenó una serie de reproches míos hacia el árbitro, delante de la jefe de recursos humanos y de un muy alto directivo de la empresa. El momento alcanza a parecerse a las faenas de Balotelli.

La decisión fue la de abandonar al campeón, el flamante Real Flufla, y provocar un cisma empresarial. El siguiente objetivo consistió en sonsacar a varias figuras del Flufla e inscribirlas en el equipo de otra sección con posibilidades de llegar a la final. Se daba por hecho que sería contra los excompañeros, en un encuentro arbitrado por el juez de los reproches, y en una tarde en la que un desempeño excepcional mío sepultó al campeón defensor del título. Tantas bobadas juntas...

El partido se adelantó para la segunda ronda, un sábado de mayo antes del mediodía. Estaba fit, sin 20 libras, concentrado como un caballo antes de la largada. A primera hora de la mañana había salido a trotar 50 minutos para calentar los músculos y enfocar la mente en la revancha. Hacer de cuenta que no se tenían 37 años sino por ahí 20.

De regreso a casa, una ducha y una avena rica en proteínas y nutrientes. También un guineo para evitar los desgarros. Los 20 años asaltaron de improvisto, se reanimaron las hormonas, se despertó una mascota domesticada. Hice el amor...

Se jugó el partido. Perdimos 5–1.

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