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26 ago El factor Di María

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El Real Madrid acaba de cometer un exabrupto. La venta de Ángel Di María por cerca de 95 millones de dólares al Manchester United es un error solo comparable con ese otro que a principios de este siglo quebró la hegemonía del Madrid en la cima del fútbol, y que tardó más de una década en reparar.

La transferencia de Claude Makelele al Chelsea FC en el verano de 2003 por la módica suma de 20 millones de dólares, en momentos en que no cuadraba el flujo de caja del equipo tras la adquisición récord de Beckham, fue la voltereta de la carroza en una calabaza y de los percherones en unos cuantos ratones.

Steve McManaman, exfutbolista inglés al servicio del Madrid cuando este ganó su octava Liga de Campeones, sintetiza en su autobiografía el paso de Makelele por el equipo blanco: “Era el más importante e infravalorado centrocampista del Madrid”.

Se va ahora Di María en un entorno semejante al que rodeó la partida de Makelele en 2003 tras haber ganado 2 ligas, una Copa de Campeones, una Supercopa de España, una Supercopa de Europa y una Copa Intercontinental.

La transferencia del argentino va precedida de la obtención de todos los títulos posibles para un club europeo, en seis años de competiciones y de padecimientos como haber tenido de técnico a “Angustias” Pellegrini o a “Robespierre” Mourinho. Pero sobre todo se encargó por sí solo de robustecer la ideología de la era Ancelotti. Su credibilidad descansó en el argentino.

Quiere decir que Di María es el jugador de mayor capacidad de acoplamiento del fútbol contemporáneo, una especie darwiniana próxima a desaparecer, o más bien un arquetipo construido con aportes del deporte profesional y de la chispa y el ingenio callejeros.

Si Makelele recuperaba balones y hacía pases que de inmediato se constituían en peligro para el adversario, en una función mensajera de que el Madrid contaba con soldados de todas las municiones, pues Di María representó la generosidad del equipo de darles a sus estrellas cuantas oportunidades necesitaran para triunfar en Europa.

Fue tal la transformación de Di María por el club español, son tantas las competencias adquiridas por él, que en el pasado Mundial de Brasil el seleccionado argentino se quedó corto, estéril, cuando dejó de contar con los servicios de la nueva contratación del Manchester United. De haber estado en la final contra Alemania, seguramente la Copa del Mundo se habría quedado en Suramérica.

Pero el fútbol no es más que el anverso y el reverso de la parodia humana. En Brasil apareció Colombia con James Rodríguez en todo su esplendor, en una carambola que nadie advirtió con la lesión de Falcao antes de la primera ronda. Entonces James debió complementar sus funciones en el mediocampo con movimientos de pivote y goles típicos de centro delantero. Anotó seis, ganó el trofeo de goleador, fue la revelación y un mes después se llevó por delante a Di María.

Al Madrid le costó James 110 millones de dólares y vendió a Di María por 95 millones. Cuadró caja pero descuadró al grupo.

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