ENFOQUE

ENFOQUE: El desperdicio de alimentos y las legumbres



Mariana Estrada *

OPINIÓN

La plataforma técnica del G-20 sobre la medición y reducción de pérdidas y desperdicio de alimentos, lanzada el 4 de diciembre, es un esfuerzo conjunto entre la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (Ifpri) que pretende generar conciencia y compartir las mejores prácticas para la medición y reducción del desperdicio y la pérdida de alimentos mundial.

La pérdida de alimentos se refiere a la disminución de productos comestibles en las etapas postcosecha y procesamiento de la cadena alimentaria, sobre todo en los países en desarrollo.

El desperdicio, por su parte, se produce con el desuso de alimentos a nivel minorista y de consumo, sobre todo en los países desarrollados.

La eliminación de la pérdida y el desperdicio de alimentos y los residuos es fundamental para mejorar la seguridad alimentaria.

Más de un tercio de los alimentos producidos en la actualidad se pierde o se desperdicia, y sin embargo, cerca de 800 millones de personas sufren hambre crónica.

Para alimentar a la población mundial prevista para 2050, se calcula que la producción mundial de alimentos debe aumentar en 60%.

La reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos jugará un papel importante en la consecución de este objetivo.

El despilfarro de alimentos tiene también impactos ambientales negativos debido al agua, tierra, energía y otros recursos naturales utilizados para producir alimentos que nadie consume.

Los costes financieros del desperdicio de alimentos son cuantiosos y ascienden a alrededor de un millón de millones de

dólares.

En comparación con otros cultivos, las legumbres tienen una huella reducida de desperdicio alimentario.

El modelo de Huella del desperdicio de alimentos de la FAO (FWF, por sus siglas en inglés) indica que la contribución de las legumbres al desperdicio total de alimentos -incluyendo la huella de carbono y la huella hídrica azul- es baja en todas las regiones, haciendo de ellas una fuente ecológica de nutrientes clave.

Las legumbres son también altamente eficientes en el uso del agua, especialmente en comparación con otras fuentes de proteína.

Por ejemplo, un kilogramo de carne de res cocida requiere 10 veces más cantidad de agua que un kilogramo de lentejas. Las legumbres requieren un procesamiento mínimo y sin refrigeración, lo que limita el consumo de recursos naturales en las etapas finales de la cadena de suministro alimentaria.

Debido a su larga conservación, las legumbres se pueden almacenar durante muchos meses y años sin estropearse ni perder valor nutricional.

Esto puede reducir la probabilidad de desperdicio alimentario por parte de los consumidores debido al deterioro, y hace de las legumbres una opción inteligente para los hogares que padecen inseguridad alimentaria.

Sin embargo, la producción de legumbres es menor en la actualidad que la de otros productos básicos, como los cereales, raíces feculentas y hortalizas.

Uno de los objetivos del Año Internacional de las Legumbres, que se celebra en 2016, es concienciar sobre los beneficios de las legumbres y alentar a una mayor producción y consumo de estos cultivos, pero ello debería hacerse de forma simultánea a los esfuerzos para evitar cualquier pérdida y desperdicio en la producción de legumbres.