Hoy por hoy

Omar Torrijos tiene a su nombre una avenida, un parque, un estadio de béisbol, un distrito, un área protegida, un mausoleo, una fundación y desde ayer un busto en el Parque Urracá. El hombre que rigió los destinos de Panamá desde 1968 hasta 1981 sigue siendo un desconocido en los textos de historia de los estudiantes panameños. El uso politiquero que se intentó hacer de su imagen para fortalecer la del actual alcalde capitalino refleja una línea divisoria entre los panameños. Aunque a Torrijos se le ha querido rememorar por la soberanía, se ha querido ocultar el alto costo humano y en libertades que tuvo su régimen. La juventud actual, y muy posiblemente las generaciones venideras, estarán en la oscuridad sobre las causas, las acciones y el legado del régimen de Torrijos. Falta el reconocimiento público de alguno de los peores días vividos por este país.

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