Lágrimas para todos los gustos

Lágrimas para todos los gustos
LASERFOTO/REUTERS/Kim Kyung-Hoon

De todas ellas, la que más ha impresionado es la protagonizada por la tenista rusa Anastasia Myskina, derrotada en semifinales del torneo olímpico por la belga Justine Henin-Hardenne, número uno del mundo, después de desperdiciar una ventaja de 5-1 en el tercer set.

De pronto, Henin, de 22 años, entrenada por el argentino Carlos Rodríguez, comenzó a presionar a Myskina y la moscovita, tercera del mundo, ganadora de Roland Garros este año, se vino abajo sin remisión.

Hundida, Myskina no pudo soportar el momento en que Henin empató a cinco. Se echó a llorar como un niño, aunque se recuperó del golpe y siguió jugando hasta perder por 8-6.

Se puede llorar también por el éxito.

Lágrimas derramo la española Virginia Ruano cuando, con Conchita Martínez como compañera de dobles, se clasificó para la final del torneo olímpico, asegurando una medalla para su país.

Se puede llorar de rabia.

Como la remera Nuria Domínguez, la primera española en disputar una final A en skiff absoluto, en la que logró diploma olímpico por su sexto puesto, y que al termino de la prueba lloró amargamente.

Domínguez no lloró por no haber ganado una medalla, sino por la rabia acumulada contra el director técnico del equipo, el italiano Giovanni Postiglione, un “tirano’’ que “nunca ha escuchado a los remeros, ni hizo caso de sus sensaciones’’.

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