Vivir y morir en Hollywood

Vivir y morir en Hollywood
7mos01b

Hollywood, ese antiguo feudo de los indios cherokee, ha sido la tierra fértil para la creación de mitos vivientes. Muchos de estos hombres y mujeres, deseados y admirados por millones de espectadores, tuvieron una existencia placentera y soñada, pero ni el dinero ni el reconocimiento salvó a unos cuantos astros de experimentar finales tormentosos.

De estrellas que han perdido abruptamente su luz o de anónimos intérpretes que aspiraban a tener su nombre en el Paseo de la Fama, de esos hablaremos en esta serie que a partir de hoy le presentaremos todos los domingos de marzo en Mosaico.

Se tratan de casos, sobre todo los ocurridos entre los años 10 y 40 del siglo pasado, que se quedaron bajo la categoría de "sin resolver".

¿Razones? Para evitar escándalos que solo traen problemas en taquilla, los directivos de los estudios de cine, agentes y abogados "limpiaban la escena del crimen" antes de que llegaran las autoridades. Cuando no había tiempo para esto, uno que otro jefe de policía o fiscal guardaban silencio gracias a sobornos y contribuciones para sus futuras carreras electorales.

Cine mudo

El séptimo arte aún no hablaba, pero las desapariciones extrañas ya estaban presentes en el mundillo cinematográfico.

El 27 de octubre de 1911 ocurrió el primer escándalo del entretenimiento en California. Durante el rodaje de una producción fue muerto a tiros el director Francis Boggs a manos de un figurante japonés, un poco mal de la cabeza. Este pionero del séptimo arte estuvo a cargo 76 producciones y escribió 26 guiones.

Al obeso Roscoe Arbuckle lo descubrió para la comedia el director Mack Sennett. En 1921, durante una orgía en San Francisco se registró la violación (la penetraron con una botella) y posterior muerte de Virginia Rapte, de 25 años. El dedo acusador recayó en el actor, realizador y guionista de 120 kilos, quien fue sometido a tres juicios y en todos salió libre, pero las puertas de los estudios comenzaron a cerrársele. Arbuckle falleció arruinado en 1933.

A este hecho le siguió el asesinato, no resuelto, de William Desmond Taylor el 1 de febrero de 1922. La policía interrogó a los actores Antonio Moreno y Mabel Normand. Esa noche, el primero habló por teléfono con el cineasta desde un bar; y la segunda, lo visitó minutos antes de que un disparo en el pecho acabara con el director de 51 filmes y actor de 25 películas.

En la década del sesenta, el realizador King Vidor investigó este episodio con el objetivo de rodar una cinta biográfica, pero archivó el proyecto porque descubrió un cóctel de drogas, homofobia y corrupción, y los responsables aún vivían. El material recolectado sirvió para que el periodista Sidney D. Kirkpatrick redactara su novela Un reparto de asesinos .

A este caso le siguió la muerte del productor, escritor, intérprete y cineasta Thomas H. Ince el 19 de noviembre de 1924. Ese día fue visto demasiado entusiasmado a bordo del yate Oneida, propiedad de William Randolph Hearst, el millonario que inspiró el Ciudadano Kane de Orson Welles.

Los periódicos de Hearst informaron que había sido un fallo cardíaco en su casa (para evitar una investigación policial sobre consumo de alcohol en plena ley seca) y los medios de sus competidores hablaron de una indigestión en alta mar. ¿Teorías? Desde la que el magnate le disparó a Ince hasta la que lo envenenó al confundirlo con Charles Chaplin, presente en la embarcación y que supuestamente cortejaba a Marion Davies, la amante de Hearst.

Hablando de envenenamiento, esa fue una de las primeras hipótesis que se manejaron en torno a la muerte de Rodolfo Valentino, ocurrida el 23 de agosto de 1926 en Nueva York. La autopsia oficial reveló que le había sobrevenido una úlcera.

Llega el sonido

Edición Impresa