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Esclavos en la selva brasileña

Esclavos en la selva brasileña
FAENA. La producción de madera, oro y carbón no se detiene en las entrañas de Brasil.


El inspector de trabajo Benedito Silva Filho y seis policías armados se mueven con cautela en medio del humo gris que envuelve al campamento de trabajo de Carvoaria Transcameta en la ciudad de Tucurui, en la amazonia brasileña.

En medio de la humareda hay un hombre solitario, vestido con pantalones cortos rojos manchados y sandalias de plástico gastadas.

Alexandre Pereira dos Reis deja de sacar paladas de carbón de un horno después de trabajar ocho horas y, suspirando, camina lentamente hacia los inspectores. El trabajador dice que la malaria, una tos crónica y una temperatura de 35 grados se llevaron lo mejor de él. "Esto te golpea fuerte", dice dos Reis, de 32 años. "Me iría si pudiera, pero necesito el trabajo".

Como cientos de miles de trabajadores en América Latina, dos Reis no cobra un salario. Trabaja seis días a la semana y no puede darse el lujo de irse; no tiene suficiente dinero para volver a su casa en Teresina, a unas 500 millas (unos 800 kilómetros), en el nordeste de Brasil. Dos Reis vive al lado de los hornos de ladrillo en Transcameta, en una choza sin ventilación, agua corriente o electricidad.

CAMINO AL SUR

El carbón que él y otros obreros producen quemando fragmentos de madera dura será transportado en camión al sur, a un alto horno que se encuentra a seis horas de viaje en automóvil. Será usado para la fabricación de hierro fundido o arrabio, un ingrediente básico del acero.

Ese arrabio va a ir a parar a automóviles y camiones fabricados en Estados Unidos por Ford Motor Co., General Motors Corp., Nissan Motor Co. y Toyota Motor Corp. El material que se convierte en el acero que usa Whirlpool Corp., la mayor fabricante del mundo de artefactos domésticos, y es usado en las fundiciones de Kohler Co., que fabrica lavabos y tinas, puede ser rastreado en su origen a los esclavos de Brasil.

"Esto es esclavitud", dice Silva, de 49 años. Sus ojos lagrimean por el humo corrosivo. Silva llegó en septiembre, sin hacerse anunciar, a este campamento de fabricación de carbón, uno entre un millar en la amazonia, para investigar informes de que se usa mano de obra impaga.

Los policías que lo flanquean esgrimen armas automáticas, listos para prevenir la violencia mortal que Silva asegura es parte del trabajo.

El inspector y los oficiales de policía determinan que los 29 trabajadores allí son esclavos que no han recibido su paga en meses.

Ford deja de comprar

Tres empresas –Ford, General Motors y Kohler– dicen que no sabían que el acero que usaban estaba hecho con material producido con la ayuda de esclavos. Ford y Kohler han comprado arrabio del importador National Material Trading Co., que es abastecido por el campamento de carbón que los funcionarios brasileños dicen que usa esclavos.

Ford, el tercer fabricante de automóviles más grande del mundo, y Kohler dicen que dejaron de comprar el arrabio de National Material Trading inmediatamente después de ser consultados por Bloomberg News acerca de los hallazgos en Brasil.

"Quisimos suspender los embarques hasta que comprendamos exactamente qué ocurre y si en verdad este material está entrando en nuestra cadena de suministro", dice Tony Brown, vicepresidente primero para adquisiciones mundiales de Ford. "Tomamos este asunto muy en serio".

Kohler dice que realizará su propia investigación. "Es claramente decepcionante descubrir que el proveedor del proveedor de nuestro agente empleó prácticas laborales esclavas", dice Steve Cassidy, director de adquisiciones mundiales de Kohler. "El uso de trabajo esclavo es una práctica ilegal, carente de ética y aberrante".

Whirlpool se opone al trabajo involuntario y cumple con las leyes en todos los países, dice la portavoz Jody Lau. Dice que Whirlpool cuenta con que los proveedores se aseguren del cumplimiento de prácticas laborales apropiadas.

GM toma medidas

National Material Trading vende arrabio a Intermet Corp., un productor de piezas de automóvil que fabrica componentes para General Motors. GM, el mayor fabricante mundial de automóviles, dejó de usar a Intermet como proveedor el 12 de octubre después de concluir que la empresa no respondía a preguntas acerca de mano de obra esclava con la suficiente rapidez, dice Bo Andersson, vicepresidente de GM para compras y provisiones mundiales.

El 19 de octubre, GM restituyó a Intermet como abastecedor después de concluir que la empresa proveyó suficiente documentación de que su cadena de suministro era libre de labor esclava, dice la portavoz de GM, Deborah Silverman.

CAMPAMENTOS

Los campamentos de carbón de mano de obra esclava están esparcidos a lo largo del Amazonas en Brasil, en un bosque tropical que cubre una superficie equivalente a 10 veces el tamaño de Francia, dice Marcelo Campos, que dirige el Grupo Especial de Fiscalización Móvil del Ministerio de Trabajo brasileño.

El grupo ha liberado a más de 20 mil esclavos en la década pasada. "Nada de esto existiría sin las compañías multinacionales que demandan los productos que ellos producen.

Son una parte clave de la economía globalizada, orientada hacia las exportaciones, en la que medra Brasil", dice Campos.

Esclavitud moderna

Más de un siglo después de que Brasil se convirtió en el último país de América en abolir la esclavitud en 1888, casi un millón de hombres y mujeres trabajan por una paga pequeña o inexistente como trabajadores forzados en América Latina, según la Organización Internacional del Trabajo, un organismo de las Naciones Unidas con sede en Ginebra que trata de mejorar las condiciones laborales.

Los reclutadores despachados por los propietarios de campamentos esclavos prometen trabajos de paga regular, dice Campos. Una vez que llegan a los campamentos en la amazonia, algunos trabajadores son obligados, a veces a punta de pistola, a trabajar para pagar deudas a sus jefes por comida y vestimenta compradas en tiendas de la compañía.

La falta de dinero, la selva impenetrable y las extensas distancias para volver a sus hogares les imposibilita abandonar los campos de trabajo.

En los asentamientos visitados por Bloomberg News en Brasil y Perú, los esclavos viven donde trabajan, en claros rodeados por kilómetros de espesura. Producen carbón, extraen oro, talan caoba y abren claros en la selva para convertirlos en pasturas para el ganado.