Aunque Ingrid Betancourt está secuestrada desde 2002 en algún recoveco de las selvas colombianas, la esperanza de volverla a ver para su madre, Yolanda Pulecio, no está dentro de Colombia, sino afuera.
Ella cree que la liberación de la ex candidata presidencial depende del dueto Chávez-Córdoba. A los dos, tanto al presidente venezolano como a la senadora colombiana, que es opositora del Gobierno, el mandatario colombiano les suspendió la mediación a favor de buscar un acuerdo humanitario para canjear a rehenes en poder de la guerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) por guerrilleros, en noviembre pasado.
"Es el momento en el que tenemos más esperanza porque ya empezaron las liberaciones, y eso es gracias al esfuerzo y a la intención del presidente Chávez y la senadora Piedad Córdoba", dice Pulecio.
En el último año, esta mujer, que sobrepasa los 70 años, ha permanecido tantos días en Caracas como en Bogotá. Además, ha viajado a Argentina, Estados Unidos, Italia, Francia, España. En los diferentes países se ha entrevistado con gobernantes y altos funcionarios, con sacerdotes, con gentes de ONG. A todos les ha pedido lo mismo: apoyo para lograr la libertad de su hija, que fue retenida por la guerrilla en el trayecto que conduce a San Vicente del Caguán, junto a su compañera de fórmula, Clara Rojas.
Ella dice que la comunidad internacional ha sido receptiva con su dolor y con el drama de los secuestrados colombianos. Cree que si no fuera por el secuestro de Ingrid, esta tragedia pasaría de noche en el exterior como ocurre en Colombia, donde a su juicio, al Gobierno no le importa la libertad de los secuestrados. En la voz de Pulecio hay un tono agrio no solo contra Uribe, sino en general, contra la sociedad colombiana. "Aquí la gente no es solidaria.", dice la matrona Betancourt.
Dice que no la conmovió la demostración masiva del 4 de febrero, en la que participó la recién liberada Clara Rojas, a quien todavía llama Clarita. Ella considera que en esa marcha hubo manipulación, sin embargo, deja un margen para la duda y dice, sin mayor entusiasmo, "ojalá" la gente esté cambiando.
De su hija conserva numerosos recuerdos en la sala de su casa. Hay retratos de varias etapas de la vida de la ex candidata. Y la mesa del centro está tapizada de las ediciones en distintos idiomas del libro que escribió Betancourt: La rabia en el corazón. Para ella, los 60 meses sin Ingrid han sido todos iguales de duros. "Para mí todos estos seis años han sido difíciles, sabiendo que ella sufre mucho allá", dice.
El pasado domingo, Pulecio le escribió una carta a su hija en semanario El Espectador en la que describe los esfuerzos más recientes que ha realizado para conseguir su pronta su liberación.
