TRADICIÓN.PLANTA MILENARIA ENCUENTRA SU LUGAR EN EL COMERCIO LEGAL.

Los indígenas paeces buscan rescatar uso de la hoja de coca

Los indígenas paeces buscan rescatar uso de la hoja de coca
ORGULLO. Fabiola Piñacué muestra con orgullo la planta sagrada, materia prima de su promisoria industria de productos derivados de la coca.


Fabiola Piñacué estaba cansada de oír hablar mal de la hoja de coca. Sus profesores y compañeros de clases de Ciencias Políticas de la Universidad Javeriana se referían a la coca como si fuera lo mismo que la cocaína, y para Fabiola, que creció en el resguardo indígena Paez de Tierradentro, en el Cauca, al suroccidente de Colombia, donde desde niños aprenden a "mambear" (mastica) la hoja, la coca es una planta sagrada.

"La hoja de coca en realidad no es una droga, es fuente de vida, es un suplemento alimenticio que contiene muchas vitaminas y nutrientes, es bueno para casi todo, eso está probado científicamente", dice Fabiola, y con ese argumento empezó a ofrecer té de coca, que llevaba en un termo, a sus compañeros de clases.

Eso fue en el año 2000, recuerda Fabiola. Al principio, sus compañeros mostraron resistencia. No faltó quien la insultara diciéndole que estaba promoviendo el consumo de drogas, pero poco a poco, su discurso caló y la aceptación aumentó, al punto que Fabiola pasó de ofrecer su té de coca en las aulas universitarias a las ferias populares de Bogotá.

Ese fue el origen de lo que hoy se conoce como el proyecto Cocanasa, que produce varios alimentos derivados de la hoja de coca como galletas, vinos, aromáticas o té, frutas deshidratadas con hoja, y una gaseosa llamada Coca-sek, o Coca del sol, que es un energizante, que ha tenido mucha aceptación en el mercado local.

Además, produce una pomada que es benéfica para la artritis y los dolores reumáticos. Y entre los planes, está producir una harina, una especie de soya a base de hoja de coca.

Piñacué dice que las ganancias que genera la venta de estos productos se reinvierten en la comunidad.

Hoja maldita

Desde su existencia el proyecto Cocanasa ha hecho una inversión inferior al medio millón de dólares, una cantidad insignificante si se considera que el Gobierno de Estados Unidos ha invertido unos cinco mil millones de dólares a través del Plan Colombia para erradicarla.

Para el Gobierno colombiano las plantaciones de coca son el combustible de la violencia que impera en el país. Con esta hoja se producen al año, en cocinas y laboratorios clandestinos, unas 800 toneladas de cocaína que van a parar al mercado estadounidense y europeo.

Unos meses atrás, el Gobierno oficializó una cruzada más en contra de la planta, a la que bautizó como "la maldición de la coca".

Sin embargo, Fabiola cree que a la hoja de coca se le ha satanizado injustamente. "Es que no es lo mismo la uva que el vino, así que tampoco es lo mismo la hoja de coca que la cocaína", dice Piñacué, quien ahora lidera el proyecto Cocanasa.

Esta mujer recuerda que el consumo de la hoja de coca es un asunto milenario, que existe no solo entre los paeces, sino en otros pueblos indígenas colombianos, lo mismo que en Perú y Bolivia. En este último, donde a los turistas se les suele ofrecer un té de coca para rebajar el "soroche" (mal de altura) que da la altitud en La Paz (a más de 4 mil metros sobre el nivel del mar), las plantaciones de coca no pasan por ese velo de duda. Al contrario, su plantación y producción la promueve desde el presidente, Evo Morales.

Piñacué reconoce que a pesar de que la legislación colombiana ampara el derecho de los pueblos indígenas al uso y consumo de la hoja de coca con fines tradicionales y culturales, cada cierto tiempo, las autoridades les ponen trabas a estos productos naturales.

En estos días, el Invima (Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos) ha mandado a retirar sus productos con el argumento de que solo pueden consumirse en los territorios indígenas.

David Curtidor, asesor legal de Cocanasa, dice que no es competencia del Invima determinar esto.