La CSS y la solidaridad

Solidaridad también es que los asegurados no dilapiden los recursos de la Caja de Seguro Social utilizando sin límite los servicios que presta.

Solidaridad es que todos tributen lo correcto, es decir, que todo el salario que recibamos sea gravado sin la utilización de subterfugios prefabricados como los gastos de representación, viáticos, honorarios profesionales, para de una manera legal evadir el pago de las contribuciones correctas. Los funcionarios de alto rango son los principales defraudadores del erario público y la Caja, pues disfrazan y desglosan sus altísimos salarios en estas categorías para evadir el pago de impuestos correspondientes. La presidenta debe aprovechar esta oportunidad para terminar su mandato con dignidad y como una obra verdaderamente trascendente, y enviar un proyecto de ley a la Asamblea Legislativa que prohíba la continuación de esta práctica en el Estado. Posteriormente tendrá autoridad moral para solicitar lo mismo a la empresa privada; entonces habrá verdadera solidaridad: los que más ganan deben tributar más para que el Estado pueda cumplir con su verdadera obligación, que es velar por los que menos tienen.

Solidaridad es también que los encargados de la administración de la Caja trabajen en:

Lograr la autorización que permita utilizar los fondos del programa IVM para fundar un banco del jubilado con el que se mejoraría el retorno del capital y se podrían obtener mejores condiciones para los préstamos a jubilados, sobre todo ahora que la banca pusilánime está reticente a conceder créditos a jubilados.

La búsqueda de alternativas para que los trabajadores informales –cuya economía anual se estima que alcanza los 400 millones de dólares– se incorporen al régimen de seguridad social.

Armonizar y optimizar los servicios de salud de la población con el Ministerio de Salud, en lugar de confrontarlo.

En estos momentos la primera obligación de un director de la Caja de Seguro Social es buscar opciones viables y propuestas razonables para lograr estabilizar la institución y salvarla del colapso, en lugar de estar intentando posicionarse políticamente usando para esto los recursos de los asegurados, ni tratar de implantar doctrinas decadentes rechazadas hasta por sus antiguos propulsores– que al parecer son las prioridades, según ha dejado ver por sus actos el ex director– que tuercen el concepto de solidaridad al emplear a los ex sindicalistas despedidos de las empresas que fueron privatizadas, al emplear a incompetentes parientes y recomendados de actuales líderes sindicales que le suministrarían piso a sus inconfesables y utópicas aspiraciones políticas, lo que ha quedado claramente evidenciado por el apoyo irrestricto de estos a su solicitud de reintegro para mantener sus canonjías y por el planeado socavamiento de la autoridad en la institución y el soliviantamiento de los funcionarios, poniendo en peligro con esta actitud los puestos de trabajo de los funcionarios que no han sido capaces de discernir que están siendo utilizados como tropa de choque con aviesas intenciones. En buena hora la junta directiva de la CSS tomó la decisión de solicitar su separación del cargo; ojalá su predecesor corrija el rumbo de la administración de la Caja y trabaje por el bien de todos los asegurados.

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