PATRIMONIO EN PELIGRO

El Casco Antiguo y el río Cheonggyecheon

Es inconcebible pensar que algún día se construya un edificio que tape la torre Eiffel en París, o que se rellene la isla donde reposa la Estatua de la Libertad en Nueva York, o que se construya una autopista que compita con la sagrada Plaza de San Pedro en el Vaticano. ¡Esto es simplemente inimaginable! Aunque sea doloroso reconocerlo, a veces hacemos lo inimaginable y lastimamos los símbolos fundamentales que nos identifican como sociedad. En ocasiones, hasta los destruimos por completo.

Uno de estos hechos lamentables ocurrió, por ejemplo, en Seúl, Corea del Sur, donde se aniquiló el monumental río Cheonggyecheon, el cual por cientos de años fue el alma y propulsor de la ciudad. El histórico río fue vital hasta la década de 1940 cuando se empezó a contaminar con aguas negras y basura. Cada vez más deteriorado y olvidado, el río además se convirtió en víctima de un fuerte crecimiento urbano en Seúl. Tal era la desesperación de construir calles y autopistas para satisfacer la cantidad de carros, que en 1960 se tomó la controversial decisión de construir 2 niveles de autopistas de 12 carriles tapando completamente el río.

Así, abruptamente, desapareció el símbolo magno de la ciudad. La ansiedad de construir autopistas cada vez más largas y anchas continuó por décadas hasta que ya todas las calles habían sido ensanchadas, y no había ya más espacio en el centro urbano de la ciudad. Fue entonces, en 2005, cuando se tomó la decisión más descabellada y visionaria en la historia urbana de Seúl: demoler la costosa y saturada autopista sobre el río Cheonggyecheon y, de ese momento en adelante, reorientar los fondos del programa de autopistas al sistema de transporte colectivo (trenes y buses).

Esta experiencia es oportuna y relevante dado el controversial dilema de dónde construir la fase 3 de la cinta costera. Para bien o para mal, esta fase impactará el Casco Antiguo, un invaluable patrimonio histórico de nuestra ciudad.

Dependiendo del recorrido final de la cinta costera se revitalizará el Casco Antiguo, o se lesionará su relevancia histórica. Frente a una decisión tan importante, sería beneficioso considerar las lecciones del río Cheonggyecheon:

1. Es inconcebible e inaceptable lesionar o destruir los monumentos históricos urbanos. 2. Es retrógrado e insostenible pretender resolver el problema de la movilización masiva de personas ensanchando calles y creando autopistas. Seúl es solo una de las múltiples ciudades donde se ha intentado y comprobado que, a largo plazo, esta agenda no es factible. 3. Lo más eficiente para arreglar el problema del tráfico urbano es crear un sistema de transporte masivo y áreas peatonales que sirvan de interconectores entre los diferentes modos y líneas de transporte.

Por lo tanto, es inadmisible rellenar o construir un tramo marino que ponga en peligro al Casco Antiguo.

Es más, detengámonos un momento y analicemos nuestra realidad urbana con visión amplia. En vez de construir costosas autopistas o ensanchar corredores que quedarán inevitablemente atascados con carros, por qué no utilizar el presupuesto en obras más efectivas, por ejemplo:

1. ¿Por qué no invertir en el sistema de Metro/Metro Bus, el cual es la solución real y final al problema del transporte masivo?

2. ¿Por qué no transformar nuestras decrépitas aceras en amplios bulevares peatonales que sirvan como el indispensable enlace entre la ciudad y las paradas del Metro/Metro Bus?

3. ¿Por qué no traspasar la función de “vía de transporte masiva” de la cinta costera al Sistema de Metro/Metro Bus? De esta forma, la cinta costera quedaría como un camino peatonal agradable e indispensable para la efectividad del Metro. Bajo esta perspectiva, ya el Casco Antiguo no sería un obstáculo que hay que circunvalar, si no todo lo contrario, sería el origen histórico de donde emanan el paseo por la Avenida Balboa, el revitalizado paseo por la Avenida de los Poetas y el paseo por la Avenida Central.

No construyamos una costosa autopista alrededor del Casco Antiguo que no resolverá el problema de tráfico y le quitará autenticidad a nuestro patrimonio. Investiguemos, evaluemos y propongamos. De nuestro silencio o participación depende la ciudad.

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