Cerveza: la bebida universal

Cerveza: la bebida universal
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(Viene de la 1b)

Imagínate que te estás tomando una sopa thom ka gai , esa exquisitez tailandesa que añade dimensiones de sabor donde jamás pensaste encontrarlas, cuando te estallan todas las papilas: si no tienes un vino muy específico, como p.e., un Gewurztraminer seco pero aromático, tal vez no puedas calzar muy bien con otro, pero sí con una cerveza, como p.e., una Altbier estilo Düsseldorf como la Grolsch Amber Ale, que con su cabeza de espuma cremosa y aroma dulce y maltoso, es perfectamente capaz de hacerle frente a la comida tailandesa con su cacofonía de hierbas y chiles picantes.

Para la comida mexicana, haz lo de “país donde fueres” ya que pica, sí, pero sus sabores un poco menos complejos calzan perfectamente con las Lager mexicanas, aunque perfectamente bien le puedes poner una cerveza panameña. Si eres de cancha larga, una Amstel Light o Balboa Ice, con sus sabores limpios y crespos, pueden ser exactamente lo que indicó el doctor: estas, en mi opinión, calzan divino con un seviche, que es siempre problemático de combinar con vino por la acidez de ambos. Además, para los que le tengan respeto al picante, las light son buenas con seviches picantes y otros platos con ají, ya que el alto contenido alcohólico potencia el picor.

Una cerveza tipo Stout, como la Guinness, irá de maravilla con un buen plato de sauerkraut con chuletas, por ejemplo, o con una parrillada de chorizos, aunque no hay cerveza que un chorizo desprecie: todas les van divino, y si le pones un poquito de mostaza dulce y picante, estarás en la gloria.

Otra cocina que va magníficamente con la cerveza es la japonesa, aunque en este caso, definitivamente recomiendo una Lager, no una Ale ni Stout. En el caso del sushi , actúa de igual manera que el gari o jengibre rosado encurtido ese que te sirven a la par, y con ciertos platos cocidos como el tempura o el yakitori , corta la grasa de maravilla. La comida india, al igual que la mesoriental, también se beneficia de una pinta bien fría: nada más imagínate un delicioso pollito al tandoor, con unas berenjenas con especias, todo empujado con un chapati calentito y una refrescante raita de yogurt con menta; o su equivalente griego, un pita satziki, con unas berenjenas fritas. ¿Vino? Tal vez un Retsina. ¿Cerveza? Definitivamente una Heineken.

En pocas palabras, lo que estoy diciendo es esto: la gastronomía de los países productores de vino, por antonomasia, se disfruta con los néctares de sus propias regiones. Pero si te sales del cordón vitivinícola, y entras a otras latitudes, ya sea al norte (piensa en un arenque ahumado con una cerveza) o al trópico (patacones con puerco con una pinta que llora de helada) te vas a encontrar con una gama gloriosa de cocinas étnicas: mexicana, peruana, caribeña; las clásicas barbacoas, pizzas y hamburguesas gringas; angoleña, marroquí, etc., en Africa; las cocinas del Sudeste de Asia y del subcontinente indio. Todas ellas, oda a la versatilidad de la cerveza.

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