Coiba y la gallina de los huevos de oro

Actualmente son muy variadas las opiniones con respecto al uso que se le debe dar a este parque nacional. Algunos piensan que debe ser explotada turísticamente al dar paso a concesiones hoteleras en la misma. Por otro lado, los ambientalistas o ecologistas opinan que la isla debe ser conservada íntegramente con fines educativos y de investigación científica, semejante a un laboratorio natural de gran tamaño, tal como islas Galápagos lo fueron para el célebre Charles Darwin.

¿Quién tendrá la razón? Sinceramente no tengo con exactitud la respuesta a esta interrogante. ¿Que pueda Coiba convertirse en otro centro turístico como San Andrés y brindarle al país ganancias económicas a corto plazo, pero en detrimento del ambiente del lugar o, de que se encuentre en el interior de la isla la cura biológica para el sida y otras enfermedades que aquejan a la humanidad?, no lo sé, pero de lo que sí estoy seguro como licenciado en recursos naturales, es que veo en Coiba innumerables recursos y oportunidades, para lo que es necesario sentarse a pensar y debatir objetivamente –y por el tiempo que sea necesario– cuál es la mejor opción para su aprovechamiento, y que no nos ocurra como en el educativo cuento de La gallina de los huevos de oro, en el que la codicia venció a la razón y al final nos quedemos sin gallina (riquezas naturales de la isla) ni huevos (entradas económicas).

No dudo de que nuestro país pueda ser aprovechado, turísticamente hablando; además, no quiero ir en contra del progreso. Lo que pido es cordura y coherencia en asuntos tan delicados, para mostrarle a la nación y al mundo entero que así como poseemos un país enormemente bendecido, con tantas riquezas naturales, también poseemos gente inteligente y capaz de tomar decisiones sostenibles que vayan en beneficio de las mayorías, sin afectar a las generaciones futuras.

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