Comentario dominical El Loco

Gibrán nos regaló El Loco en el año de 1918. Fue su primer libro escrito en inglés, su lengua adoptiva, con el cual cautiva la admiración de los lectores anglosajones, tras haber conquistado una gran celebridad en el mundo árabe con su extensa producción en ese idioma.

A través de la lectura de esta joya de la literatura establecemos una ambivalente conversación con un amigo muy íntimo, querido... al cual muchos desconocen antes de este encuentro. Al escucharlo, nos lográ convencer de adentrarnos en una profunda y esquisofrénica reflexión de nuestro propio ser, mientras nos estimula con ideas nuevas e inspiradoras.

Palpita con vigor sostenido un sentimiento de rebeldía, voces de protesta contra las duplicidades de los hombres, la mentira, la hipocresía, la insensibilidad y todos los falsos convencionalismos que gobiernan la vida. Expresión de gran alcance, que después de tanto tiempo de creado llega a nosotros con la misma validez y con total aplicación a nuestro entorno.

Los hombres viven, obran y reaccionan según “normas que les han sido trazadas”, y dicen cosas “solo porque la fuerza de la costumbre ha puesto en sus bocas”, no por convicción o porque las hayan sometido a su análisis y reflexión.

Nos enfrentamos a las grandezas y miserias de nuestra alma. Surge entonces en cada uno de nosotros un loco dispuesto a experimentar la libertad de vivir sin pretextos ni ocultaciones, y, sobre todo, sin la necesidad de que nos comprendan, porque cuando nos comprenden, encasillan y esclavizan algo de nosotros.

Y es El Loco quien precisamente encarna ese despojamiento, quien pone al descubierto lo más hondo y subjetivo de cada uno. Aparece para recordarnos que lo esencial habita cerca de nosotros y que podemos recorrer nuestro propio camino.

Cada narración constituye un mensaje muy simple, directo y no exento de ironía, destinado a hacernos reflexionar y a descubrir nuevos horizontes.

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