“Mal año para los Kirchner”. Al primero que le oí este comentario fue a un empresario y político (opositor) argentino, que acababa de comprar una casa en el balneario uruguayo de Punta del Este.
Era uno de los tantos que en las últimas semanas se ha allegado a las costas uruguayas interesados en invertir en inmuebles, generando una especie de manada agregada no esperada. Una demanda cuyo propósito más que especulativo es la seguridad.
“En estos momentos tan embarullados, lo más seguro es comprar ladrillos”, explicó el flamante propietario.
–Y además fuera de Argentina: le comenté. “Eso por supuesto”, respondió y agregó su parecer sobre la suerte de la dupla matrimonial que ocupa la Casa Rosada.
–¿A qué año se refiere, al que se va o al que llega?, insistí.
–“Al que usted elija. A cualquiera de los dos”, fue la respuesta.
Si se trata del año 2008, en efecto en sus tramos finales los números muestran que la economía argentina comienza a hacer agua. Y no solo por la crisis internacional, sino como consecuencia lógica del desgobierno, que tuvo en el conflicto con el campo su momento más caliente, para luego desbocarse con una serie de medidas intervencionistas en busca de recursos (instituciones de previsión social), en nacionalizaciones (empresas aéreas) y en un continuo manejo “a dedo” de los índices oficiales.
La producción ha comenzado a caer y la inflación real supera el 20%, mientras se calcula seriamente que en el año que pasó la fuga de capitales fue del orden de los 20 mil millones de dólares, lo que igualaría el pico registrado durante la crisis del periodo 2001–2002.
A la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en el año 2008 le ha ido peor que a las “bolsas”. Su popularidad cayó 40 puntos: del 65% al 25%.
A su esposo Néstor, en tanto se le aparecen algunos nubarrones bastante oscuros en el horizonte. La justicia ha aceptado investigar una serie de denuncias sobre corrupción del ex presidente y de sus más allegados colaboradores y asesores, la mayoría de los cuales continúa en esas tareas y funciones en la presente administración de su esposa.
Son muchas las denuncias hechas, nada menos que por Elisa Carrió, una de las figuras más conspicuas de la oposición, y más allá de la instancia judicial, existe la sensación popular de que la mayoría de ellas son ciertas. Prácticamente nadie duda que los 800 mil dólares (como mínimo) de la valija de Antonini venían de Chávez para financiar la “campaña“ de Cristina, lo que en Argentina es un delito. El caso de los fondos de la provincia de Santa Cruz que gobernó Kirchner, que no se sabe bien dónde están ni cuántos son (entre 500 millones y 700 millones de dólares, más los intereses de casi una década) tarde o temprano va a “reventar”.
Hay muchos que aseguran que “con la justicia” no va a pasar nada. Puede que, por ahora, no ocurra nada. Pero la cuestión es que “la aparición” de los Kirchner en el gran escenario fue producto de una gran crisis o catástrofe, y con igual certeza se sostiene que “su desaparición” será determinada por una catástrofe mucho mayor.
¿Será en 2009?
